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El nombre de Joe Crepúsculo goza de ese poder evocador que te transporta a las noches más locas de una juventud ya nublada. Es imposible olvidar esos ambientes tórridos de un viernes noche, contenidos en cualquier bar del centro de una ciudad donde beber, sudar y bailar eran los principales quehaceres. Ahora, mientras el mundo sigue enterrado en un clima social tan preocupante como confuso, se erigen himnos cantados por trovadores contemporáneos, cuya misión es devolvernos un poco del desenfreno de antes.

Por eso, Joe Crepúsculo y sus ya míticos ritmos, son más necesarios que nunca. Con un éxito consolidado por lustros de irreverente tecno pop, Trovador tecno, su nuevo disco, supone una bomba de música enfebrecida, que te atrapa como entre las fauces de una bestia. Inmerso en una gira nacional, que le llevará a ciudades como Oviedo, Zaragoza o Barcelona, viene dispuesto a hacernos entender que, si no podemos ser como éramos antes del apocalipsis, al menos disfrutemos siendo quienes somos y lo hagamos danzando como demonios en cualquier bar del centro de Madrid donde bailar, sudar y beber eran los quehaceres principales.

Decía Milan Kundera en su obra cumbre que el ser humano nunca entiende la vida en el momento propio de vivirla. ¿Entendiste tú el éxito cuando te alcanzó, hace más de 10 años?
No sabría muy bien cómo responderte a esto, pero sí te diré que me hizo mucha ilusión que mi proyecto musical pudiera salir de ese cajón underground donde estaba, y que todavía me sorprende ver que puede llegar a más gente, porque al principio pensaba que estaba destinado a quedarse entre mi círculo de amigos. Así que me emociona ir a tocar a una ciudad y ver gente que viene a oírme. No sé si somos capaces de comprender la envergadura real del éxito, es decir, todos los factores, ramajes y nervios que lo componen, pero al menos podemos disfrutarlo.
¿Qué lecciones ha aprendido Joe Crepúsculo entonces?
A ser más profesional en la grabación y en los directos y, sobre todo, a ceder el trabajo a otras personas que lo hacen mejor. Hay que saber que siempre, pase lo que pase, tenemos algo que aprender y que cuanto más seguros estamos de algo, más posibilidad hay de que se tuerza todo.
Ahora la experimentación musical es la nueva vanguardia. Mezclar y zurcir los géneros con total libertad está más presente que nunca. Tú fuiste un pionero en España a la hora de experimentar. ¿Cuál dirías que es la clave para lograr el resultado perfecto?
No creo que haya un resultado perfecto, porque la música no es una ciencia. Hay cosas que gustan más a unos o no. Yo cogí géneros, pero siempre dentro del pop, siempre haciendo estrofas y estribillos; eso me hace un popero al que le gusta jugar con géneros, mancharme un poco la pata con un mejunje, para seguir siendo yo mismo.
Para poder experimentar hay que librarse de los prejuicios que uno puede sentir de ciertos géneros musicales. ¿Te ha pasado? ¿Has roto tus propias barreras musicales?
Yo no soy un experimentador, al menos musical. Pero los prejuicios no siempre son algo negativo, es lo que nos hacer ser lo que somos, siempre desde un punto positivo y sin odios. Los prejuicios nos hacen avanzar por el camino de nuestra creatividad.
El electro dance es una música respetada, pero muchas veces tildada de excéntrica. ¿Por qué crees que goza de cierta fama de incomprendida?
Tal vez sea porque siempre se ha ligado a un momento de la noche, y la fiesta y sus letras suelen hablar de eso. Yo he querido añadir un poco de profundidad con Trovador tecno, haciendo un techo más alto, para que la gente pueda saltar más sin golpearse la cabeza.
Yo, como tantos otros, soy muy muy fan de Mi fábrica de baile, es más, se sigue escuchando muchísimo en bares y clubes. Cuéntame, por favor, los orígenes de ese tema, aunque los hayas contado ya mil veces. Necesito conocerlos en primera persona.
No tiene una historia divertida detrás, ni tampoco triste. Hice una base, luego pensé una letra y la canté. Yo no era consciente de que pudiera ser un éxito, todo lo contrario, pensaba que el single del disco tenía que ser otro. Pero me convencieron de que no. Para que veas cómo a veces los creadores podemos estar más alejados de la interacción de nuestras canciones.

Acabas de presentar tu undécimo disco, Trovador tecno y yo siento curiosidad. Siendo el padre de tantos hijos, ¿hay alguno que sea el predilecto?
Siempre el último, porque es el que se parece más a mí. Como estoy en constante cambio y evolución, siempre es el último el que se adapta a mis curiosidades y sintoniza con mi humor. A veces escucho un disco mío antiguo y me da la sensación de que no sé quién lo hizo ni por qué. Me imagino que vivimos muchas vidas dentro de la misma.
En este disco hay un tema titulado El tren de la bruja, en el que hablas de los miedos superados y de aquellos que siempre te acompañan. ¿A qué le teme Joe?
A todo y nada a la vez. Las cosas que tenemos a nuestro alrededor son contingentes y todos, algún día, nos iremos. Pero incluso siendo consciente de esto, me sigue dando miedo todo. El ser humano es un ser extraño.
Has colaborado con Dani Costas en Brindar. Háblame de cómo creasteis esa canción.
Aaron Rux hizo la base, entre los dos hicimos la letra y luego le propusimos a Dani cantarla. Me hace mucha ilusión que esté en el disco, porque me encanta todo lo que hace y me gusta mucho acabar el disco con ella, con una despedida agridulce.
Durante la pandemia lanzaste Supercrepus 2 y ahora con este nuevo, ¿qué cambios has notado como cantante en relación con el clima social?
Todo. Ahora puedo mirar otra vez a la cara de la gente y se puede bailar. Para mí esto es crucial y me ha hecho muy feliz.
Supercrepus 2 era más rock, mientras que Trovador tecno es mucho más makina. ¿Por qué un giro así?
Para no aburrirme ni aburrir al personal.
Un cantante con tanta experiencia como tú, ¿qué papel diría que debe ocupar la música en tiempos como los que vivimos?
Divertir, pero sobre todo educar, en la medida que la diversión lo permita.
¿Dónde quiere que le pille el apocalipsis a Joe Crepúsculo?
En la playa, con la puesta de sol, comiendo alitas de pollo y bebiendo zumo muy frío de naranja.

Texto
Juan Martí
Fotos
Pablo Zamora

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