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Controvertida, atrevida y con mucha personalidad, así es Isamit Morales, la DJ nacida en Santiago de Chile que puede presumir de una carrera artística muy polifacética. Sumando su historial de performances, intervenciones sonoras, instalaciones y esculturas con la reciente fundación de Sin Sync School, posee una caja de herramientas cargada para alzar la voz ante las injusticias desde la creatividad.

Bajo el seudónimo de La Niña Jacarandá, Isamit es la “mamita” de la escuela de DJ feminista, no-binaria y anticolonial Sin Sync. Se ha creado un lugar seguro donde se ofrecen cursos introductorios para nuevos talentos y se articulan sesiones que alternan clases teóricas y prácticas, dejando al margen los límites, los saberes cerrados y la óptica hetero normativa. Sin Sync materializa el espacio que ella echó en falta durante su adolescencia, tanto a nivel físico como emocional, en el que el objetivo principal es que las alumnas aprendan a generar un lenguaje propio. Según Morales: “hacer música puede devenir en una forma de activismo y la enseñanza también puede serlo.”

Lo que absorbemos de niños es esencial. ¿Cuáles son tus primeros recuerdos y tus primeras experiencias en relación con la música?
¡Tengo uno de cuando tenía 3 años! Tengo muy buena memoria. (risas) Recuerdo que teníamos un tocadiscos en casa y como estaba encima de un mueble alto para mí, me tomaban en brazos y yo le daba al play. Me encantaba escuchar y bailar Tina Turner, Lucerito, Michael Jackson y Janet Jackson, que pensaba que eran la misma persona. También escuchaba mucha música mirando la televisión, me encantaba imitar los bailes de los vídeos.
¿Qué te impulsó a crear Sin Sync School? En alguna ocasión has confesado que durante mucho tiempo tu entorno te hizo sentir que dedicarse a la música era algo muy utópico, que no era una opción para ti. Quizás esta escuela sea el espacio que a ti te faltó.
Todo comenzó cuando empecé a pinchar en 2017. Al terminar, se me acercaban chicas para preguntarme cómo había aprendido, dónde, con quién, si había sido muy difícil… Llegado un punto, eran tantas que tomé conciencia de que muchas inseguridades que nos agobian y machacan como chicas, y grupo menos privilegiado, derivan de pulsiones hegemónicas. A primera vista, podemos percibir esto como limitaciones de carácter individual, que nos frenan a aprender cosas nuevas, o poner el cuerpo para presentar algo, y yo también estuve en ese lugar.
Durante años pensé que pinchar era algo inalcanzable, veía los cables y las mesas y me intimidaba. Daba por sentado que era una limitación mía, que yo era la insegura, la lenta. Es muy duro estar ahí y pensar que el problema eres tú. La hegemonía puede hacernos sentir que nada de lo que deseamos es realmente para nosotras. El hecho de tomar conciencia de eso fue lo que hizo que yo me quisiera movilizar y proponer un espacio realmente accesible para quienes estén comenzando, con los medios que tengan a mano.
La persona que tengo como referencia para considerar necesidades de una escuela así soy yo misma. A la ‘yo’ de 9 años que era tremendamente sensible a la música y a quien le hubiese ido genial si le hubiesen dicho: “¿Quieres estudiar música?”, o “¿por dónde te gustaría comenzar?”. A la ‘yo’ de 33, cuando recién me acerqué a estudiar esta disciplina y a quien le hubiese encantado aprender acompañada de otras chicas y personas que estuviesen más alineadas con los gustos musicales y propuestas estéticas que tenía.
¿Quiénes son tus fieles acompañantes en este proyecto? Entiendo que para crear un espacio seguro –que es uno de los objetivos de Sin Sync – hay que formar una base sólida de confianza y respeto.
Hay muchas personas que han orbitado entorno a este proyecto, algunas de manera más recurrente y otras de manera muy puntual, que han dejado aportes super valiosos.
Siento que las personas que han sido un gran apoyo, tanto moral como práctico, son Ikram Bouloum, Sergi Egea, L’afluent, Ashleigh Gorriti, Adrian Rodriguez (Engalanan), Debora Diaz, Gatasanta y Alvva. También las mismas estudiantes, ya que vamos constituyendo el espacio y sus dinámicas entre todas.

“Tenemos que admitir que tenemos pérdidas culturales y que es hora de ir sumando la cultura que nos merecemos escuchar.”
¿Cómo se gestó el nombre de la academia? ¡Es bastante peculiar!
Nació de forma un poco irónica, como diciendo: “mira mamá, sin sync y con los ojos cerrados”, y es una respuesta a esa tendencia que había de calificar a un DJ únicamente desde sus destrezas técnicas. El sync es un botón que sincroniza automáticamente dos canciones, es un botón que, aún en 2021, genera mucho debate sobre si quien lo usa es válido como DJ o no.
Me gusta tomarlo desde esa actitud y como una metáfora de los valores de la escuela que buscan exhaltar la búsqueda del lenguaje de cada artista, y que los medios y las maneras en que llega a sus resultados son solo apoyos y no el objetivo final.
Aunque admirable, veo arriesgado fundar una escuela especialmente para chicas y personas no binarias. ¿Por qué se tomó la decisión de crear un espacio exclusivo para estas dos comunidades?
Más que haberme levantado una mañana y haber declarado que este espacio sería así, esta necesidad y planteamiento resultan de un proceso que consiste en probar, pensar, equivocarse y volver a proponer. Hemos ido encontrando ese lugar que prioriza y cuida ciertos grupos porque, más bien, sería arriesgado seguir como antes.
Me motiva ver que somos tantas queriendo aprender y que las propuestas que hemos tenido hasta ahora ofrecen un lado técnico. Pero, desde mi experiencia, cuando me formé y fui a uno de estos lugares, encontraba que muchos valores que se promueven me quedan caducos. Reproponer un espacio de enseñanza es una oportunidad para revisar las historias que contamos, para buscar más referentes, para abrir la noción de lo que es y puede ser la musica electrónica, y para hacerlo con otras chicas. Me parece una necesidad tremendamente urgente, tenemos que admitir que tenemos pérdidas culturales y que es hora de ir sumando la cultura que nos merecemos escuchar.
Supongo que, a raíz de la pandemia Sin Sync habrá adaptado sus clases y contenidos a un formato online o híbrido. ¿Ha sido útil para que la academia pueda cruzar fronteras y crecer a nivel geográfico?
¡Sí y sí! Con las clases online descubrí, con mucha alegría, que es posible aprender a pinchar con ordenador y wifi, sin controladora. Como el tema de la accesibilidad es algo que me obsesiona, aquí se nos abrió otro campo.
Eso, y el hecho de llegar a sitios como Madrid, Valencia, Berlín, Santiago de Chile, La Asunción (Venezuela) y más, donde chicas que estén en la misma ciudad puedan conocerse, son motivación extra.

Hace poco recibisteis el premio Ballantine’s True Music Fund, que implica una beca de diez mil euros para seguir con el proyecto, además de ser seleccionadas por el colectivo de DJs Chica de Madrid. ¿Qué supone esta ayuda económica para ti y para Syn Sinc? ¿Cómo planteas invertir ese dinero?
Es tremendamente motivador recibir reconocimiento por parte de Chica y sentir que tu trabajo se entiende, se aprecia y contar con el apoyo económico que ayuda a hacer proyección de los próximos años.
En la búsqueda de esos equilibrios entre la sostenibilidad del proyecto y lo accesible de las clases, encontramos cuatro puntos que queremos reforzar. Uno es la plataforma web para compartir clases online. El segundo es sumar personas en el equipo de trabajo, para colaboraciones puntuales y otras que son recurrentes. También evaluar si nos favorece la compra de equipos técnicos, o si conviene más el alquiler de otro espacio de práctica que cuente con sus propios equipos de DJ y que nos permita acoger a más personas. Por último, una cosa que siempre hemos querido ofrecer son becas y, desde este año, podremos abrir plazas.
¿Cómo consigues que la música sea una herramienta de lucha, de revolución? Supongo que es una lección clave para tus alumnas.
¡Podría escribir una tesis solamente con esta pregunta! (risas) Primero es la necesidad de desarticular la hegemonía, la lucha en sí (la colonialidad, el racismo y el machismo que todas cargamos) y, después, en mi caso, lo he enfocado en la música y el DJ set porque son los espacios que más me resuenan artísticamente ahora, aunque veo esta urgencia de descolonizar todos los ámbitos que me han rodeado. Soy muy sensible a esto.
Es importante entender qué es lo que la política abarca, los lugares próximos y pequeños. Cuando hablo de política es, en primera instancia, entendernos como sujetos políticos y ser parte activa de esta narración. Es necesario darle a nuestra voz la importancia y el valor que merece y darnos cuenta que organizadas podemos mover mucho.
Esta noción ha sido clave en el momento de conjugar mi necesidad de decir lo que pienso y denunciar situaciones injustas con mi hacer artístico. Hacer música puede devenir en una forma de activismo y la enseñanza también puede serlo. Aunque también encuentro dificultad en definirme como activista, porque para mí son personas que están las 25 horas del día dándolo todo y exponiendo su cuerpo de manera muy intensa. Por el contrario, me cuesta muchísimo estar siempre en la calle y estar siempre al día. He entendido que mi aporte es desde otros lugares y que eso también es valioso. Por supuesto eso deriva en cómo enseño, los valores que busco promover más allá de los botones, y también en cómo planteo las sesiones de DJ, como potencia narrativa.
Se promueve y se comparte el trabajo de las artistas emergentes y recién salidas del curso a través de Sin Sync Prom Party y Sin Sync DJs. ¿Qué son estas dos instituciones? ¿En qué se diferencian entre ellas?
La Sin Sync Party es la fiesta que acompaña el curso para principiantes Sin Sync Clásica. Después de 6 semanas de estudiar todo lo que es la introducción al beatmatch, se cierra con una sesión de unos 20 minutos. La fiesta permite presentar esa sesión públicamente en la misma Sala Vol, que es donde damos las clases. Manteniendo siempre esa familiaridad, tanto del espacio de sala como de nosotras, ¡está bueno para presentar una primera sesión sin tanta presión!
Sin Sync DJs es una instancia para promocionar el trabajo de las artistas que han hecho la escuela. Surgió un poco sin proponérnoslo, ya que a pocos meses de comenzar con los cursos en 2019, comenzamos a recibir muchas invitaciones por parte de colectivos afines, clubs, exposiciones, y más.

“Hacer música puede devenir en una forma de activismo y la enseñanza también puede serlo.”
Hablemos del proyecto La Niña Jacarandá. La Niña sale de cómo se apellida tu abuela, así que es una palabra que te transmite ese calor familiar de casa. Jacaranda es un árbol originario de Sudamérica que ahora se encuentra en muchas otras partes del mundo, ¿podríamos decir, entonces, que es una metáfora en referencia a tu recorrido?
Ha sido un camino largo y siento que me he ido acercando a un nombre donde me siento realmente yo misma, en casa. Mi abuela Mercedes aún vive en Caracas (Venezuela), y cada vez que la llamo por teléfono me dice: “Cómo esta la niña?”, independientemente de la edad que yo tenga. En ningún momento se me cruzó por la cabeza usar eso para mi ‘aka artístico’, pero sí es cierto que ninguno de los nombres que usaba me tenían completamente satisfecha. También me siento conectada con “jacaranda” a nivel de sensación, de ver estos árboles en mayo y enterarme que vienen del sur fue suficiente para quererlo como nombre.
Aún así, sentía que algo faltaba. El ritmo pleno y lento que me trajo la pandemia del 2020, y el hecho de echar de menos a mi familia, intensificó mis ganas de conectar con ellos, investigando las historias que trascienden los abuelos, recreando recetas... De repente esa frase se asomó una tarde, mientras estaba pasando unas plantas a macetas más grandes, “La niña jacarandá” es mi casa.
¿Por qué decidiste lanzarte a sacar tu propia música? Explícanos el despegue, con el primer EP Clasiqueo Club Pack en 2020. Tengo entendido que se relaciona con una faceta de tu vida bastante personal.
Todo comenzó con mi obsesión por los bootlegs y edits hacia finales del 2019. Encontré desde el DJ set un lugar tremendamente elástico para elaborar propuestas sin pedir permiso. A esto se le suma que la mayoría de estas piezas toman referencias de canciones con las que he crecido y que tocan fibras especiales. En medio de esos ejercicios llegó la pandemia y pude darles una atención especial.
Llevaba tiempo queriendo hacer algo con las canciones de Los Prisioneros, así que entré un poco en el mantra de la melodía de Tren al sur. Como te comentaba en la pregunta anterior, los primeros meses de pandemia trajeron una lentitud de la que aún algunos días gozo, y en esa lentitud o manera de conectar, mi manera de escuchar y gozar la música también cambió. Recompuse la melodía de Tren al sur, cuando escuché la maqueta sentí la necesidad de cantar trozos breves, cosa que no había hecho nunca de manera pública, y también sentí una fuerte necesidad de materializar ese sonido de manera profesional. Esta canción estuvo muy presente en mi infancia y sé que para mucha gente en Chile también lo ha estado. Hay trozos de la letra donde me veo a mí misma, veo a mi padre y, también veo a mi abuelo.
En ese proceso me acompañó y apoyó tremendamente mi amigo Fran Mejias (DJ Phidias), ya que, al escuchar la maqueta, le fuimos dando cierre. De repente fue muy claro el hecho de agruparlos en un EP de título Clasiqueo. Como se acercaba Octubre de 2020 y se cumplía 1 año justo desde el estallido en Chile –que oficialmente comienza el 18 de octubre pero, de todo lo que recibí estando fuera, me parece igualmente importante cuando los estudiantes saltaron los torniquetes del metro– quise hacer público el disco el 14 de octubre, para subrayar la importancia de ese día y de todo lo que ha movilizado hasta hoy.

Cuéntame tus planes de futuro más cercanos. No sé si ahora estás más centrada en tu carrera como artista o en la escuela.
Tanto la instancia de enseñanza como la instancia de práctica artística requieren de mi cuidado. Una no podría ser si la otra no está presente. Estoy aprendiendo a darle aún más espacio a mi práctica artística, tendemos a descuidar nuestras propias necesidades artísticas, que también son urgentes.
¿Y qué tenéis planeado hacer en 2022?
Queremos sumar otros módulos en la escuela, que complementen el aprendizaje para estudiantes con otras artistas como Alvva y Gatasanta. Con el proyecto de La Niña estoy en proceso de aprendizaje otra vez, estoy siguiendo un curso de producción. He vuelto a entrar en diálogo con un grupo de canciones, esta vez venezolanas, a las que quiero dar otro tipo de escucha y textura. Aún está todo en fase embrionaria.
Mis planes futuros más cercanos involucran necesidades personales también. Hay periodos en los que recibes muchas flores y eso es delicioso, pero no puede ser lo único. Si eso se convierte en lo único, estás destinada a ser infeliz. Las flores van y vienen, lo único realmente importante es cómo te sientes tu cuando cultivas, siembras, y cuidas tus jardines.
Iré a Chile por un mes, después de 3 años sin ir. Quiero compartir y gozar intensamente a mi familia el final del verano santiaguino, el olor de sus frutas y devorar libros que sólo puedes encontrar ahí.

Texto
Aina Lino
Retrato
Natalia Solana
Fotos
Nacho G. Riaza

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