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Vivimos tiempos contradictorios. Una creciente e imparable extrema derecha acaparando portadas de periódicos internacionales, gobiernos que parecen sacados de una parodia hollywodiense, y al mismo tiempo, un colectivo queer cada vez más presente y con una teoría más avanzada. Y es ahí donde aparecen personas como Isaac Flores, justo cuando en medio de esa contradicción, sigue siendo necesario –quizás no más que nunca, pero sí con la misma intensidad– esa lucha incansable. Fotógrafo y artista, pero sobre todo, activista queer. Su fotografía es la mejor herramienta que ha encontrado para reivindicar, denunciar política y socialmente, mostrar lo más bello pero también lo más sórdido y descarnado de la sociedad.

Fue al cumplir la mayoría de edad cuando, después de que la sociedad le ‘obligara’ a reprimir ciertos instintos, decidió empezar lo que él llama “una especie de venganza artística”. Con la teoría queer como elemento fundamental, su obra bebe del camp, del trash, del drag, del underground, de la noche. Casi todo lo dispara en analógico, lo que conduce al valor que da al tiempo y a una producción que implica una mayor minuciosidad y precisión. Al final, como él mismo admite, un auténtico lujo en el panorama actual, en el que se nos exige una productividad inabarcable. Y además, y sobre todo, elige ese formato por ser el más idóneo para expresar lo que quiere transmitir.

Durante esta cuarentena le robamos un rato para conversar y para conocer su obra, sus intenciones, su universo personal. Y sobre todo, para aprender. Aprender de él –que conste que son palabras mías, él no es nada pretencioso– en nombre de un colectivo que grita por no ser olvidado y que no tiene miedo de expresarse y de ser libre, aunque a veces tenga que ser al anochecer, en un club underground de Barcelona.

Para empezar me gustaría que te presentaras. ¿Quién es Isaac Flores, artista y persona?
Isaac Flores es un artista de 26 años que lleva haciendo fotografías desde que tenía 18. Nací en Barcelona y me crié en un barrio periférico de la ciudad. Mi padre era andaluz y mi madre es murciana, de familia humilde, padre paleta y madre limpiadora que ahora cobra una pequeña paga de jubilación. Lo que se conoce como una familia de clase media baja.
De peque siempre me llamaron la atención las artes plásticas y notaba que tenía una sensibilidad diferente a los otros chicos, sentía cierta atracción por las cosas que se consideraban ‘de chica’: el maquillaje, la ropa, los juguetes, etc. Recuerdo ser bastante libre y fluir en mi forma de expresión. A medida que fui creciendo notaba que eso molestaba en mi entorno, me reprimí todo lo que pude para contentar a los demás y evitar problemas. Al terminar bachillerato, hice un punto y aparte. Empecé a aceptar mi sexualidad y empecé de cero. La cámara apareció en mi vida como un vehículo de expresión ocupando el lugar del dibujo. Pienso que todo lo que hago ahora es como una especie de venganza artística.
Primero, hablemos un poco de tu obra. Eres fotógrafo, aunque también he leído que no tienes claro si es por eso por lo que quieres que se te identifique o recuerde.
El problema o miedo que siempre tengo es que la gente me vea como una cámara con patas. La cámara es una máquina, detrás hay una persona con inquietudes, una mirada y unas vivencias. Creo que las etiquetas ayudan, pero por otro lado castigan un poco según como lo mires. Cualquier artista busca que su arte transcienda a su existencia mortal.
Si la gente me recuerda y mis fotografías no caen en el olvido, prefiero que me recuerden como alguien que vivió una época, un momento concreto en Barcelona y España, alguien que retrató y formó parte de una comunidad. Si la palabra fotógrafo tiene que estar al principio, no hay problema tampoco. Es una simple reflexión personal.
He visto que en la mayoría de tus series utilizas formatos analógicos, polaroids. Es decir, veo bastante nostalgia a nivel formal. ¿Hay algún motivo detrás de eso o es simplemente un tema estético? Sorprende en parte el hecho de que con todos los avances tecnológicos, tantos fotógrafos y artistas sigan recurriendo a lo analógico para fotografiar.
Empecé con formato digital y lo sigo utilizando, es lo más accesible y práctico según el trabajo o la ocasión. Cuando cumplí tres años haciendo fotografía de moda tuve un parón de un año, y cuando decidí volver, compré una cámara analógica automática para llevar conmigo al salir de fiesta. La idea era crear un álbum personal en blanco y negro, sin ninguna intencionalidad artística. Simplemente tenía ganas de seguir disparando. El resultado de las tiradas me sorprendió tanto que decidí seguir. Cada vez he ido adentrándome más en el mundo analógico porque consigo expresar mejor lo que quiero transmitir: la espontaneidad del momento, el descaro, etc.
El proceso es muy diferente, tienes que pensar que no puedes tirar cincuenta fotos a la vez, no sabes si has conseguido el resultado que quieres hasta que no ves las fotografías reveladas, no es inmediato, te hace mejorar el ojo, definir bien lo que buscas y quieres antes de disparar. Creo que cada vez hay más gente joven que recurre al formato analógico porque en un mundo donde todo son prisas y premia la inmediatez, tomarte un tiempo extra es un lujo.
Recuerdo terminar sesiones de cuatro u ocho horas y, al llegar a casa, en vez de descansar o comer, me pasaba tres horas seleccionando fotografías sin tener una presión detrás porque estuvieran listas al día siguiente. Es complicado parar o dosificar el trabajo hoy en día cuando el mundo te exige una gran productividad.

“La cámara apareció en mi vida como un vehículo de expresión ocupando el lugar del dibujo. Pienso que todo lo que hago ahora es como una especie de venganza artística.”
He leído sobre tu interés por la estética trash y campy. ¿Sería en la que enmarcaríamos tu obra? ¿Algo más que añadir para acabar de definir y/o delimitarla?
Totalmente, esos términos se ajustan bastante bien a lo que hago, son estéticas y estilos que adoro porque te rompen los esquemas y te hacen volar. La gente tiene que entender que mi entorno/comunidad vive de esa forma y son así, no es una simple llamada de atención como mucha gente piensa. Nadie se arriesgaría a ir montada y a expresarse de cierta manera en público si no fuera así. Sobre todo, cuando sabes que puedes ser víctima de una agresión.
Sacaste un libro fotográfico. ¿Por qué Barcelona se muere? Sé que amas tu ciudad pero ese título sugiere crítica. ¿Qué quieres decir con ello?
Amo Barcelona con locura y me parece una ciudad increíble para vivir, lo cual no implica que todo me parezca bien. El título es una crítica a la pérdida de identidad de la ciudad, soy consciente de que es un fenómeno global, pero me da mucha pena que las instituciones no sean conscientes, ayuden y pongan remedio. Cada vez es más complicado crear, todo son multas, restricciones y dificultades.
Tu fotografía es bastante explícita y descarnada. ¿Crees que es esa la mejor fórmula para que el trabajo documental que haces pueda convertirse también en herramienta de denuncia social y política?
Nina Simone dijo: “Es obligación del artista reflejar el tiempo en que vive”. Tienes que ser consciente de que hay una lucha social y política detrás de la gente que retratas, obviar todo eso no sería justo ni tendría sentido. Mi trabajo tiene una parte documental muy fuerte, cualquier artista queer tiene que tener un deber mínimo de poder denunciar y visibilizar lo que esté a tu alcance. Cada vez es más difícil expresar tu arte libremente en el mundo digital, he tenido muchos problemas en Instagram por el contenido que subo, por mostrar sin tapujos a mi comunidad. Soy plenamente consciente de que si retratara cuerpos normativos e hiciera contenido homoerótico como la mayoría de fotógrafos, doblaría o triplicaría mi visibilidad, lo cual me produce cierta pena y rabia.

Ahora me gustaría adentrarme en toda la temática queer, que es central en tu trabajo. ¿Qué es lo que te llevó a elegirla como elemento definitorio de tu obra?
Es muy simple, porque soy parte de ella. Yo no hago fotografías en una fiesta drag y luego voy a Pacha, ¿te imaginas? (risas). Ni soy un voyeur, ni esto es un fetiche o una moda. Retrato a mi gente porque me resulta fácil, me encanta, y tiene sentido dedicar tiempo, dinero y esfuerzo a algo de lo que formas parte.
Sé que tienes relación con Maricas Maricas y Woolman Family, dos colectivos barceloneses luchando por los valores, teoría y movimiento queer. Cuéntanos un poco cómo estás involucrado con ellos.
Las dueñas de Maricas Maricas se han puesto en contacto conmigo para colaborar y formar parte en eventos puntuales y se lo agradezco, me gusta ir para ver artistas que no veo a menudo y tengo bastante cariño, como Joan Galo y Leo Adef. La Woolman Family fue uno de los colectivos que primero descubrí, me reuní con Rocco Marvin, que es amiga y estilista, y fue amor a primera vista. Hemos hecho muchas fotografías a partir de entonces, son como familia. Admiro la decisión del colectivo a la hora crear espacios y familias para poder vivir de su arte.
Aparte de esos dos colectivos que comentábamos, ¿cómo está el panorama underground y queer en Barcelona? ¿Cuán necesarios crees que siguen siendo todos estos refugios para que la gente del colectivo se sienta protegida y pueda expresarse libremente sin miedo a represalias?
Te diría que cada vez veo más propuestas y que poco a poco se van conquistando espacios, pero todavía queda mucho por hacer. Es difícil encontrar tu sitio y sentirte bien en los ambientes que te tocan cuando estás creciendo, existe una búsqueda instintiva de salir para formar parte de algo en estos espacios, porque es donde la gente se puede mostrar libremente sin problemas. Me da bastante miedo la vuelta del confinamiento porque creo que todo lo que hemos ganado puede estar en peligro.

¿No envidias un poco a ciudades como Londres o Berlín, donde la escena está tan desarrollada?
Me da pena, hay mucho talento nacional que no llega a desarrollarse y cae en la nada por falta de medios, ayudas y la dificultad de emprender.
Además, veo que uno de los acercamientos más obvios en tu trabajo es al mundo del drag y del travestismo. Creo que hay mucha desinformación en cuanto a lo que esos términos significan. Cuéntanos lo que son para ti.
El drag para mí es la representación de un personaje o expresión artística que va más allá del género, y el travestismo es cuando una persona se viste o recrea un género diferente al suyo, así muy resumido. Creo que hay bastante confusión entre el travestismo y las identidades transgénero, porque aquí se usaba, y a veces se sigue usando la palabra travesti de forma incorrecta o como insulto a las personas trans. Muchas lo utilizan ahora de forma reivindicativa. Como los homosexuales con la palabra maricón, te lo apropias para que deje de tener una carga peyorativa. Pero la identidad de género y la sexualidad no tienen nada que ver en el asunto. Os animo a que entrevistéis a cualquier artista que se dedique a ello porque os lo explicará mil veces mejor que yo.
¿Qué artistas drag nos recomendarías? 
Os recomiendo a las integrantes de las fiestas @plumabcn, @lalogiaparty, @lasninias. También a @estrella.extravaganza, @queerthatofficial, @_pepeserrano, @personajepersonaje, @asulmarina, @briggita_lamoure y @badbixsamantha.

“Retrato a mi gente porque me resulta fácil, me encanta, y tiene sentido dedicar tiempo, dinero y esfuerzo a algo de lo que formas parte.”
La noche es un poco el refugio de la comunidad. Imagino que de ahí que la mayoría de tu obra esté enmarcada en la escena nocturna. ¿Qué te ha aportado todo ese mundo de fantasía que es la noche?
Para mí la noche ha sido mi escuela, he podido desarrollarme como persona y artista gracias a ella. Supongo que para las nuevas generaciones cada vez es más fácil formarse antes de salir de fiesta, gracias a Internet y las redes sociales.
Corrígeme si me equivoco. El movimiento queer irrumpe con la pretensión de ir más allá, para incluir y visibilizar a los más minorizados dentro del propio colectivo (transexuales, personas no binarias…). Ahora que la serie Pose se ha viralizado tanto, recuerdo una escena en que una mujer trans negra va a un bar gay y se niegan a servirle por no ser hombre, blanco y gay. ¿Cómo ves la situación de esas minorías desfavorecidas y excluidas dentro del propio colectivo?
El problema de los hombres gays es que han dejado atrás a las demás minorías del colectivo al alcanzar unos ciertos privilegios. Esto funciona así, te toleran porque tienes dinero y no das el cante. Os diría a los medios que deis más voz al colectivo trans, porque como me dijo mi amiga Virginia Ice una noche, estamos fuera del armario 24 horas a los ojos de los demás. Son las que más difícil lo tienen, necesitan mayor visibilidad y oportunidades. Y si una mujer trans blanca lo tiene difícil, una mujer trans racializada lo tiene peor.
¿Crees que dentro del movimiento queer pueden aparecer también unos estándares que necesitas cumplir para estar dentro? Por ejemplo, unos determinados cánones estéticos. Entiendo que para tu trabajo el componente estético sea esencial pero, ¿no crees que también se pueda ser la persona más queer del mundo llevando unos jeans y camiseta blanca?
A cualquier movimiento se le atribuyen unas señas estéticas, es inevitable. El movimiento queer las ha usado como herramienta para poder para desarrollar su discurso y forma parte de su expresión. No me parece bien que se frivolice y se desmerezca a alguien por un tema estético porque tiene la misma o más importancia la drag que sale montada a la calle que el filósofo queer en jeans y camisa blanca que escribe desde casa.

La mayoría de referentes dentro del colectivo son artistas, estrellas, iconos. ¿Qué pasa con las demás? ¿Crees que necesitamos también referentes trans o queer que no sean estrellas, es decir, empresarias, políticas, abogadas?
Obviamente, durante mucho tiempo, el colectivo ha estado abocado a sobrevivir y ser respetado exclusivamente dentro de un nicho artístico, y aunque hoy parece que todo está teñido con una capa rosa, sigue siendo muy parecido. La gente que ha decidido seguir con su carrera fuera de un ambiente artístico, en sectores dominados por hombres cis, lo ha tenido muy difícil o ha tenido que renunciar y esconder su identidad o sexualidad porque no te toman enserio, no te ven como igual, es así. Por eso, el papel de los medios y las instituciones es muy importante para que la cosa cambie.
Creo que hasta no hace mucho, en las superproducciones cinematográficas se habían metido –cuando se metían– a personas del colectivo de forma muy forzada. Últimamente, parece que esto está cambiando. ¿Qué opinas de Euphoria, Pose o Veneno (gran parte del equipo es transexual)? ¿Cómo valoras estos cambios?
Me parece genial y muy necesario. Una de las cosas más bonitas que he hecho esta cuarentena es ver Veneno con mi madre de 67 años. Estas producciones van a ayudar a mucha gente a abrir sus mentes y empatizar con el colectivo. Estoy súper feliz por Alex Saint, que trabaja de maquilladora en Veneno, me alegro un montón de que les den el foco que les pertenece. No puedo decir lo mismo de La casa de papel, que han desaprovechado una oportunidad de oro para dar trabajo y visibilidad a una actriz trans. Lo más triste es que a esa actriz le habría cambiado la vida a mejor si le hubieran dado la oportunidad.
Y para terminar, ¿cómo llevas el confinamiento? ¿Te ha servido para producir algo nuevo desde casa o para pensar en nuevos y futuros proyectos? ¿Algo que se pueda desvelar?
La cuarentena está siendo un viaje emocional muy fuerte. No estoy produciendo nada ni pensando proyectos. Lo más productivo que he hecho estos días han sido algunas entrevistas. Prefiero evadirme y no estar muy pendiente de las redes porque me dan ansiedad. Este año iba a hacer una exposición en Italia y había empezado a hacer las fotografías para un libro de Ocaña, pero ahora todo está en el aire. No sé qué me deparará el futuro.

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Jesús S Ferrera

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