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"En el diseño de producto, la belleza como meta puede tener diferentes caminos que conducen a un mismo fin. Para alcanzar esa meta que es la belleza, un producto debe estar equilibrado en sus diferentes dimensiones: técnica, concepto y forma". Son palabras de Álvaro y Pablo, o lo que es lo mismo de Goula/Figuera. Con varios premios ya en su haber a pesar de su juventud, desde su estudio firman proyectos que siempre responden a una máxima: hacer un uso honrado e inteligente de los procesos para alcanzar una forma estéticamente atractiva que logre emocionar al usuario.

Para empezar, ¿cuándo y por qué decidisteis formar un equipo de diseño?

Nos conocimos en primero de carrera, y fue entonces cuando empezamos a formar equipo en trabajos de la universidad. Para cuando nos graduamos, la mayoría de nuestro portfolio era conjunto. Además, los primeros encargos nos llegaron antes de acabar la carrera, por lo que la decisión de trabajar juntos profesionalmente estaba tomada mucho antes de que nos diéramos cuenta.

¿Cuáles han sido los pasos clave para llegar hasta donde os encontráis ahora?

No es fácil responder a esa pregunta, porque los hitos obvios en la vida de uno no siempre son tan determinantes como se pudiera pensar y, sin embargo, ciertos eventos casi inapreciables en su momento terminan resultando trascendentales. Por ejemplo, cuando acabamos la carrera nuestra idea, como la de casi todos los recién graduados, era la de encontrar un empleo. Y mientras buscábamos, decidimos reunirnos con unos compañeros de promoción en una nave industrial de Nou Barris para ir haciendo proyectos individuales y colectivos con los que mejorar nuestro currículo. Así, casi sin buscarlo, nació Fácil Design, que junto a dos socios más, se convirtió en nuestro primer proyecto empresarial, lo que tiempo después nos daría el valor y la experiencia necesarias para independizarnos y crear Goula/Figuera. Aún así, en una respuesta más convencional, rápidamente citaríamos la lámpara Folio (proyecto final de estudios de Pablo que, tras ganar un premio Design Plus y una medalla Adi, puso en producción la empresa de iluminación Estiluz) o el premio Injuve, cuyos cuatro mil euros de dotación nos vinieron muy bien en su momento.

Ser dos supongo que implica cierta convivencia en los procesos. ¿Cómo os complementáis en el proceso creativo? ¿Qué rol ejerce cada uno? Como en los Bouroullec, ¿quién es el zorro y quién el erizo?

La teoría suele decir que para que una pareja creativa funcione debe haber una clara división del trabajo entre sus dos miembros. Si eso fuera así, no funcionaríamos. También suele decir que las personalidades deben ser antitéticas, y ahí quizá nos acerquemos más a la teoría. En cualquier caso, nunca dividimos los roles dentro del proceso de diseño; tampoco nos repartimos los proyectos, y aunque al principio se pueda partir de una idea de uno de los dos, todo lo que sale de Goula/Figuera acaba siendo mitad Goula, mitad Figuera, ¡aunque suene a cliché! Yendo a la fábula del zorro y el erizo, Pablo es un zorro que vive en un interminable, frustrante e infructuoso intento de creerse erizo, mientras que Álvaro es un zorro relajado que, casi sin darse cuenta, acaba comportándose como erizo. Y la cosa parece que funciona.

Revisando un poco vuestras propuestas, podríamos decir que cada proyecto parte de premisas distintas. En Piedra Rosa el material adquiere mucha importancia, y por ejemplo en Folio trabajasteis en la capacidad de producir de un modo eficiente y económico sin perder el valor de la forma. ¿Cómo surge cada idea de proyecto? ¿Es algo azaroso e intuitivo?

La gran mayoría de las veces ni es azaroso ni intuitivo. Para que un proyecto nazca, puede haber dos premisas: el encargo de un cliente, que lleva asociado un briefing, o nuestro deseo de crear algo concreto. Incluso en este último caso, el proceso no es azaroso, ya que siempre nos ceñimos a un briefing autoimpuesto. No hay buen proyecto de diseño sin un buen briefing que defina claramente los objetivos, y todo buen diseño, simplificando, es aquel que cumple los objetivos. En el caso de los proyectos que nos encargan, la inspiración suele proceder del universo de la propia empresa: su historia, los procesos de fabricación que domina, los materiales con los que trabaja, sus clientes tradicionales, etc. Sin embargo, cuando diseñamos por puro placer, los límites los fijamos nosotros. Con Piedra Rosa decidimos que el punto de partida sería una piedra que se extrae en un pueblo cercano al lugar de nacimiento de la madre de Pablo, en Segovia, así que, en el fondo, el proyecto tiene un origen puramente sentimental.

Contadnos un poco el equilibrio que existe en vuestro trabajo entre técnica, belleza, concepto y formalización.

El fin último de nuestro trabajo es siempre la belleza, contribuir a que nuestro entorno artificial sea un poquito más hermoso. Pero la belleza tiene muchos enfoques, es un concepto escurridizo y variable, aunque no tan subjetivo como se suele decir. En el diseño de producto, la belleza como meta puede tener diferentes caminos que requieren diferentes procesos, pero que conducen a un mismo fin. Como dices, para alcanzar esa meta que es la belleza, un producto debe estar equilibrado en sus diferentes dimensiones: técnica, concepto y forma. Empezando por el principio: los procesos de fabricación (técnica), para que estén al servicio de la forma, han debido ser previamente estudiados por el diseñador, lo que le permitirá encontrar un concepto que enlace ingeniosamente técnica y forma. Así, los objetos industriales hermosos son aquellos que hacen un uso honrado e inteligente de los procesos para alcanzar una forma estéticamente atractiva que logre emocionar al usuario.

¿Cuáles son vuestros referentes?

Cuando empezamos, la mayoría de nuestros referentes eran otros diseñadores, como Van Severen, los Bouroullec o Barber Osgerby, pero últimamente hemos encontrado en el arte del siglo XX una fuente de inspiración muy rica: el minimalismo de Donald Judd, las exóticas esculturas de Bertoia o el alucinante Op art y el arte cinético de los 60 y 70. También nos interesa mucho la moda y la arquitectura. Últimamente nos encantan algunas cosas de Josep Font para Del Pozo o de Raf Simons para Dior.

Habéis colaborado con externos en varios proyectos, ¿veis la colaboración como una acción importante para avanzar como estudio? ¿Estáis colaborando con alguien ahora mismo?

Depende. La colaboración, entendida como suma de talentos particulares, siempre es bienvenida. Nosotros hemos colaborado con observatorios de tendencias y empresas, y desarrollamos una actividad docente paralela a la del estudio. Pero la colaboración, en términos de creatividad, puede ser nefasta, y por eso en las agencias de diseño, donde el trabajo suele ser colaborativo, nacen a menudo esos productos formalmente anodinos y sin personalidad cuya sola existencia se justifica por incorporar una invención o cumplir una función muy específica que, antes o después, caducará.

Habéis ganado varios premios tan reconocidos como el Lexus Design Award con la Bscooter o el Record Products Competition by Architectural Record Magazine con la lampara Maine, ¿obtener estos reconocimientos ha sido de ayuda para avanzar como estudio? ¿Os ha ayudado a poder producir y vender mejor vuestros productos?

Cuando empezamos, creíamos que una de las mejores maneras de hacer avanzar nuestra carrera pasaba por los concursos. Pero la mayoría de los concursos de diseño para jóvenes son herramientas publicitarias al servicio de las marcas que los convocan, no actos de mecenazgo. Además, muchos imponen condiciones abusivas, así que hace tiempo que no nos presentamos a concursos abiertos. Los premios son algo distinto, ya que reconocen un trabajo ya realizado. Como ya hemos dicho, en su día la Medalla Adi, del Adi Fad, y el premio Injuve, del Ministerio, supusieron un impulso importante para nuestra carrera. Aunque cualquier tipo de reconocimiento ayuda a dar visibilidad a tu trabajo, no creemos que premios o concursos sean la solución para los jóvenes diseñadores que buscamos construirnos un futuro. Suponen cierta ayuda en caso de tener dotación económica, o pueden impulsar las ventas de un producto en caso de reconocer cualidades del mismo, pero muchas veces tienen menos repercusión de lo que esperabas.

¿En qué estáis trabajando actualmente?

Nuestro último proyecto ha supuesto un cambio fundamental en la línea de trabajo que veníamos realizando: se trata de Lines & Dots, una colección de luminarias modulares, dinámicas y esculturales con las que hemos querido dar rienda suelta a la creatividad sin atender a los condicionantes técnicos o de presupuesto que imponen las marcas. Hemos optado por lo que siempre dijimos que nunca haríamos, la autoproducción, y estarán disponibles próximamente en la web y a través de puntos de venta seleccionados. Aún así, mantenemos nuestro trabajo para empresas, y por ejemplo, en la próxima Maison & Objet, que se celebrará en septiembre en París, dos marcas francesas presentan productos nuestros.

TEXTO
JÚLIA COMA

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