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Pol Esteve y Miquel Mariné unieron fuerzas gracias a sus ganas de compartir y desarrollar el punto de vista queer que tienen de la arquitectura, “una forma de estar en el mundo, conscientes del límite que el lenguaje verbal y las categorías ponen a la experiencia”. Su trabajo en Goig se construye desde lo perceptual e intuitivo, con una apariencia alejada “del buen gusto y la falsa modestia, a favor de la incomodidad y de la excitación”. Bajo esta premisa han ideado y dado forma a estancias, muebles, videoclips y exposiciones; y piensan seguir haciéndolo centrándose siempre en el presente, porque el presente, dicen, ya es futurista de por sí.
Detrás de Goig estáis Pol Esteve y Miquel Mariné. ¿Cómo os conocisteis y qué os animó a unir fuerzas y crear vuestro propio estudio?
Nos conocimos a través de amigos comunes. Los dos habíamos estudiado en la universidad pública de arquitectura de Barcelona, pero no coincidimos hasta después, cuando ya habíamos empezado a trabajar. La primera vez que nos vimos fue en la sala Apolo de Barcelona en un concierto de El Guincho, allá en sus inicios. Lo que nos unió fue las ganas de compartir y no trabajar solos, y también una forma común de ver la arquitectura desde una posición más ‘queer’. Quizá esta palabra suena como lugar común, ya que últimamente está algo desgastada, pero para nosotros es aún importante. Lo vemos como una forma de estar en el mundo, conscientes del límite que el lenguaje verbal y las categorías ponen a la experiencia.
Los dos coincidíamos en hacer una arquitectura que se construyera desde lo perceptual e intuitivo y no tanto desde el discurso teórico. También por una materialidad que huyera del buen gusto y la falsa modestia, a favor de la incomodidad y la excitación. La primera cosa que nos propusimos hacer fue una tetera a partir del movimiento de una mano. Nos fascinan los videoclips y habíamos estado haciendo algunos cortos de animación, de allí salió la idea de trasladar ritmo y movimiento a un objeto. Este primer intento no salió.
La pregunta es inevitable: habéis llamado Goig a vuestro estudio, que significa ‘gozo’ en catalán y se entiende como un sentimiento muy intenso de placer, satisfacción y alegría. ¿Por qué decidisteis llamarlo así? ¿Qué es para vosotros un gozo?
Al final la gente nos conoce más por goigoigoig, como se escribe nuestra web, que por goig. Así que sería triple gozo. Decidimos utilizar esta palabra en catalán, primero porque sonaba bien y algo raro en otros idiomas y, segundo, porque entendemos que quien hace arquitectura tiene que ser consiente del entorno para actuar con responsabilidad, pero también debe llevar el gozo al hecho de habitar. Para nosotros un gozo son los seres vivos y la contradicción. Los seres vivos porque nos dan amor, y la contradicción por que obliga a la pregunta, algo que creemos también debe hacer la arquitectura.

Trabajáis entre Barcelona y Londres. ¿Qué os aporta cada ciudad?
Barcelona es la ciudad donde nacimos y donde nos formamos como arquitectos. Es una ciudad que, a parte de reunir muy buena arquitectura de generaciones anteriores, en nuestros años de formación estaba en ebullición. El panorama musical, los espacios nocturnos o la escena de arte nos influenciaron mucho. Quizá en estos parámetros ahora está algo más aburrida, pero de las distintas crisis vividas en los últimos años han emergido nuevas consciencias sociales que aún hacen de Barcelona una ciudad súper excitante.
Londres nos permite estar en contacto con un contexto más amplio, principalmente a través de la Architectural Association, donde Pol da clases. Contradictoriamente, aunque la arquitectura que se construye en Londres está muy sometida a los requisitos del mercado, distintas instituciones de la ciudad han sabido crear un espacio de debate muy enriquecedor y con repercusión global. Aparte, hay pequeñas cosas cotidianas que nos inspiran, como encontrarte a Harry Bradshaw cuando haces la compra en el barrio.
Vuestros trabajos reúnen materiales naturales y un estilo mediterráneo que se fundamenta en la ecología social, material y económica. ¿Qué os llevó a marcaros estas bases?
Nosotros no describiríamos nuestro trabajo como de estilo mediterráneo. Ha sido casualidad que hayamos tenido proyectos en Menorca y Barcelona, y en consecuencia hayamos trabajado con materiales que equilibraban la ecología social, material y económica que define estos lugares. Creemos que esto es una posición lógica que debería pautar cualquier tipo de práctica. Es evidente que la presión de la actividad humana ejerce sobre ecosistemas naturales y sobre ecosistemas sociales tiene a menudo consecuencias no deseables. Creemos que la arquitectura, como todas las otras actividades, deben intentar evitar los desequilibrios.

Contadnos cuál es vuestra manera de trabajar. ¿Cómo os complementáis a la hora de desarrollar vuestros proyectos?
Cada proyecto es distinto y el estudio se adapta a él. Normalmente no trabajamos solos, sino que colaboramos con distintos expertos, desde el carpintero hasta el programador para instalaciones interactivas. La relación con las personas que nos encargan el proyecto también es muy importante para nosotros, y modifica nuestros roles. Entendemos la práctica arquitectónica como la orquestación de una serie de relaciones con agentes productivos, algunas de estas relaciones se extienden más allá de un solo proyecto.
¿Qué arquitectos y demás artistas componen vuestro imaginario?
La lista sería larga. Hay muchos, pero gran parte de nuestras referencias vienen de lo anónimo, o en otras palabras, de lo colectivo. En este sentido hay algunos libros como La mecanización toma el mando: una contribución a la Historia anónima que nos parece seminal en esta forma de mirar a la producción de espacios y también del arte. En este sentido, para poner dos ejemplos, en nuestro contexto más próximo, el impacto que tuvo el arte conceptual en una generación de artistas próxima a nosotros, o la música electrónica, que es una forma de producción musical donde a menudo la autoría se difumina, nos han influenciado más allá del nombre de ninguna autora en concreto.
Como hemos visto, habéis trabajado en varios proyectos diferentes entre sí, ¿con cuál os sentís más identificados y recordáis con más cariño?
La verdad es que todos son especiales, es como tener hijos, no puedes escoger uno. Lo que más nos gusta de los proyectos es establecer relaciones con personas que no conocíamos antes. Esto queda allí y allí esta el cariño.

¿Tenéis echado el ojo a algún espacio en el que tengáis muchas ganas de trabajar?
Hay al menos tres cosas que por motivos personales nos gustaría mucho hacer, más allá del espacio donde ocurran. Sin orden de preferencia: una discoteca, un espacio subterráneo, un hospital.
Contadnos cómo son vuestras casas. ¿Se parecen a lo que creáis para otros o preferís seguir otras pautas?
Nuestras casas son las que nos podemos permitir, no las que quisiéramos tener. En las dos hay bastantes libros. Miquel es más fetichista y tiene lámparas y muebles de reconocido diseño. También una terracita con muchas plantas, algunas japonesas, y una perra que se llama Cua. Pol se trasladó a vivir con una persona que le gustan los espacios estéticamente poco cargados, minimales, y los materiales nobles. Poco a poco ha ido colonizando la casa con elementos disonantes. Ha puesto un árbol de plástico en el baño como test de resistencia, como prueba de amor. 
Hicisteis una serie de vídeos que acompañan al disco Cala Nova Resort de Ulldeter. En él, no ponéis límite y utilizáis materiales de todo tipo: limones, jamón, purpurina, metal, arena, etc. ¿Cómo surgió la colaboración? ¿Qué teníais en mente a la hora de elegir materiales para estos vídeos?
Aleix Clavera, Ulldeter, nos pidió que representásemos visualmente las canciones de su álbum Cala Nova Resort. En total eran seis, y cada una de las piezas musicales hacía referencia a un espacio de un resort vacacional imaginario en el Mediterráneo. Hicimos seis vídeos, uno por canción, imaginando cómo serían los espacios que la música nos proponía. A Aleix, aparte de la música, le gusta mucho la comida, así que introdujimos materiales comestibles. Utilizamos comida como material principal para construir unas maquetas que luego filmamos. Las maquetas parecían un buffet libre como el que imaginábamos tendría el resort.

Hablando de sonidos, ¿suena música en vuestro estudio? ¿A qué artistas soléis escuchar?
Sí, suena música y escuchamos de todo, Maria del Mar Bonet, Bowie, Kelman Duran, Nathy Peluso o Vladimir Tarasov. También escuchamos mucha radio, nos gustan shows como PDA en NTS radio o Tempo Rubato en Dublab. 
Al revisar vuestras creaciones, vemos que se pueden apreciar tanto a nivel estético como conceptual. Por ejemplo, ocurre con el diseño de Taula abraçada –en castellano, ‘mesa abrazada’. ¿Cómo preferís que se entiendan? ¿Con qué intención ideáis vuestros proyectos?
Queremos que funcionen en todos los planos, que la experiencia sensorial complemente lo mental. En la mesa abrazada, madera y metal se abrazan sin que haya ninguna unión fija entre ellos. Si quieres extender la mesa, tu debes abrazarte a ella también para alargarla. En Casa Pons, por ejemplo la barandilla de la escalera la hicimos transformando la tipología tradicional. En esa zona de Menorca, las barandillas normalmente estaban compuestas de barrotes rectilíneos y barrotes curvilíneos alternados. Nuestra barandilla es una consecución de barrotes que van de lo rectilíneo a lo curvo, rompiendo lo binario a favor del matiz. En el diseño del espacio de la exposición Misterio de Caviria, de Toni Hervás, la concepción de la estructura, la circulación, lo que se ve y lo que no se ve, va de la mano de la obra del artista. En el trabajo de Hervás el mito griego de Cavirio se fusiona con el teatro de varietés, y es trasladado al espacio de la exposición que funciona como un decorado de teatro o túnel del terror con referencias a un video de Mónica Naranjo.

Hasta el pasado mayo se pudo ver vuestra instalación Entre totes en la exposición Beehave, de la Fundació Miró. La idea de este conjunto de obras era conocer mejor a las abejas y el interés por la apicultura urbana, a causa de la desaparición masiva del animal. Contadnos en qué consistió vuestra aportación.
La comisaria de la exposición, Martina Millà, nos pidió que diseñáramos una colmena para los visitantes. Al investigar sobre la arquitectura de las abejas nos pareció interesante cómo se comunican entre ellas haciendo unos bailes en el aire. Por eso quisimos centrar la instalación en el ejercicio de comunicación, más que en el espacio físico de la colmena. A la vez, la colmena puede ser entendida como una arquitectura colectiva, en este sentido la comparación con el bloque de pisos es directa. Sin embargo, nos interesaba más preguntar cuál es la idea de comunidad que tenemos. Para eso cogimos, slogans políticos de toda clase de partidos europeos que apelaban a la comunidad, al grupo. Hicimos unas pantallas con abejas volando, cuando un visitante se acercaba se unían para formar las palabras de los slogans. De alguna forma, las abejas te preguntaban si en tu idea de comunidad también están ellas. Por ejemplo, con uno de los eslóganes utilizados, queríamos que las abejas apelaran al publico diciéndole: “Entre Totes, Tot”.
En el apartado About de vuestra web se puede leer ‘Goig believes in the future’. ¿Cómo os lo imagináis? ¿Qué es lo que más esperáis de los años que vendrán?
No nos lo imaginamos, esta es la gracia del futuro. Rehuimos la idea algo setentera de imaginar escenarios futuribles. Preferimos centrarnos en el presente, que ya es muy futurista de por sí, convencidos de que el futuro será algo guay si actuamos en el ahora. En los años que vendrán, esperamos que la arquitectura empiece a trabajar con un abanico mucho más amplio de instrumentos espaciales, esto incluye tecnologías avanzadas, pero también nuevos materiales y agentes. No sabemos qué saldrá de todo esto, pero es una prospección excitante, que nos impulsa a seguir investigando.
Y hablando del futuro, ¿qué planes tenéis para el vuestro?
No nos gusta hacer planes, vivimos en el presente. Seguiremos trabajando mientras nos resulte estimulante.

Texto
Kira Parra
Retrato
Isaac Anis
Fotos
Rafa Castells, Pep Herrero/La Capella, Goig

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