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A veces, sea por inteligencia o por arte de magia, hay gente que nace con fuerza para cambiar el mundo y generar un pequeño y honesto caos, confiriendo a su propia generación algo de lo que sentirse orgullosa. Y la joven diseñadora Gina Berenguer forma parte indudable de ese hábil grupo. Mientras hace la cuenta atrás para irse a vivir a Los Ángeles, nos presenta, desde su barrio, su más reciente colección: Traga-Perra. Ella siempre lo tuvo muy claro, la gente real crea tendencia. Familiarizando –con su pensamiento independiente– lo tradicional con lo contemporáneo, te invitamos a conocer a la chica rebelde del momento.
En primer lugar, ¿qué es lo que más odias del mundo de la moda?
Solo hay que ver el último Salvados
A pesar de eso, estudias en la escuela de diseño BAU. Aparte de la colección Traga-Perra, ¿qué es para ti lo más importante de la carrera?
Creo que lo más importante, de forma general, es ser resolutiva. Tanto en moda como en la vida: no puedes bloquearte cuando tienes un problema, hay que solucionarlo y tirar hacia delante.
Cuéntanos un poco sobre esta colección de fondo blanco punteada de logos al estilo americano. ¿La realidad comercial como inspiración máxima?
El proyecto nace de la observación directa de la gente de mi barrio, adictos a las tragaperras, gente real que también crea tendencia. Decidí hacer moda para ellos, ¿y qué mejor que un chándal? Después de mi estancia en Los Ángeles, quise plasmar la masificación de la sociedad de consumo y para ello fusioné diferentes parches de multinacionales.

¿Cómo fue la elección de los modelos? ¿Cómo se han comportado esos dos “cuerpos reales, vividos y desgastados,” como los describes, frente a la cámara?
Nadie podría haber transmitido el concepto que quiero expresar mejor que ellos. Fue muy fácil, ya que son amigos de mi madre y hay confianza. A pesar de ser su primera vez, ¡parecía que llevaban toda una vida posando!
Las tragaperras pertenecen a un imaginario tradicional común, y se resumen en ellas mismas como una adicción. ¿Qué te hizo recuperarlas?
Titulé el proyecto así porque, de forma icónica, es lo que resume mejor el ambiente de mi pueblo.
Y si tuvieras que revelar una de tus adicciones, ¿te atreverías?
La música y la cerveza… (risas).

Vivir en La Floresta tiene sus gracias y prejuicios. ¿Qué memorias de ahí te gustaría compartir con nosotros?
La Floresta, para mí, es salud mental: vivir en la montaña me permite conectar conmigo misma y a la vez estar cerca del centro. Recuerdos tengo muchos, pero por mucha fama de barrio chungo que tenga, yo solo me encuentro con algún jabalí que otro cuando vuelvo a casa.
En tu perfil de Instagram juegas a menudo con temas como la sexualidad y el proceso de la juventud. ¿Cómo definirías tu presencia en las redes sociales?
Utilizo mi feminidad como arma artística. No me avergüenzo de que me gusten los stickers y la purpurina, creo que cada vez más mujeres aceptamos nuestra parte femenina y eso nos permite crear con más libertad, sin tapujos ni miedo al qué dirán. Amo a las mujeres creadoras y que luchan con su arte desde los setenta, de Judy Chicago, Tracy Emin, o Guerrilla Girls al fenómeno internet actual con Petra Collins o Arvida Byström… Cada vez más, vamos creando nuestros propios espacios, y hay que aprovechar las redes para conectarnos.
¿Cuáles son los objetivos para el futuro? ¿Hasta dónde le gustaría llegar a Gina Berenguer?
Pues mi objetivo seguir creando y aprendiendo, y mi idea para el año que viene es irme de internship a Los Ángeles.

Texto
Mariana Viseu
Retrato y fotos
Javi Perlado

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