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Acaba de publicar Flore, un álbum compuesto, mayoritariamente, por versiones de grandes clásicos de la música latinoamericana y caribeña, junto algunos temas propios como Marinera o La torre, en colaboración con Devendra Banhart. Hablamos con Gabriel Ríos sobre sus raíces, su herencia musical, y sobre cómo ha experimentado con ella en su último trabajo.

Primero de todo, enhorabuena por tu quinto álbum. ¿Dónde te pilla el lanzamiento de Flore?
Ahora estoy en Gantes, donde he vivido intermitentemente durante 25 años desde que vine en 1996. Estando aquí, en Bélgica, estás en el medio de Europa y puedes ir fácilmente a cualquier sitio. La verdad es que he estado brincando por el mundo durante estos últimos años, pero ahora me apetece estar un poco más tranquilo y disfrutar del lanzamiento y la promoción del disco.
Y tú, ¿cómo estás? ¿Cómo te ha hecho sentir este lanzamiento?
Estoy muy contento de haber tenido un proyecto en el que enfocarme y centrarme durante este año y, además, hacerlo en español. Hace mucho tiempo que me apetecía cambiar de idioma y que la gente me entendiera, lo estoy disfrutando mucho. Pero ahora la segunda parte de hacer música, que es presentarla, está un poco difícil, esperemos que no dure mucho más esta situación
En tu discografía escuchamos estilos muy distintos, empezaste en 2004 con Ghostboy con un género crooner latino y pop, en 2007 publicaste Angelhead dándole protagonismo a un estilo más electrónico, junto con pop y latino. Después fue The Dangerous Return en 2010, donde reinó el pop rock y, por último, un pop rock en acústico, This Marauder’s Midnight en 2014. Ahora publicas Flore, en el que la tradición y el folklore cobran protagonismo. ¿Cómo surgen estos cambios de estilo, es de forma espontánea o hay intención en ellos?
Tengo muchísima inquietud musical, tiendo a sabotear las canciones para ver si puedo encontrar algo más profundo. Cuando hago una canción, la cambio mil veces hasta que encuentro la versión que no me aburra, que incite algo en mí y en quien la escucha. Estoy seguro de que esta inquietud la he heredado de mi viejo. Él me hacía cassettes en los que siempre había una variedad increíble, desde Weather Report, o The Police a Miles Davis; ese eclecticismo me influyó desde temprana edad, así que lo de ir buscando y probando nace también de una fuerte conexión con él.
Presentas este álbum como un himno a tus raíces, a la tradición musical de América Latina y el Caribe. De hecho, la mayoría de los temas son versiones de canciones tradicionales latinas. Cuéntanos cómo se produce este acercamiento a tus orígenes, ¿por qué decides hacer este álbum ahora?
Hace mucho tiempo que quería hacer este disco, pero algo dentro de mí despertó a raíz de un viaje que hice a Puerto Rico para visitar a mi viejo hace 3 o 4 años. Al reencontrarme con la familia, los amigos, el calor, la música, reconecté con una parte muy importante de mí que llevaba un tiempo dormida. Este disco es una reacción, bastante tardía, de todo lo que sentí en ese viaje. El hecho de cantar canciones que ya existen me permite centrarme solo en su interpretación, y me da la oportunidad de regresar a Puerto Rico, regresar a mi juventud. Así que más que un homenaje a la música del Caribe o Latino América es un homenaje a mi niñez, y creo que mucha gente de Puerto Rico me va a entender con esto que digo, porque estas canciones, aunque no te gusten, están en nuestro imaginario. Durante el año, como hace calor, las ventanas siempre están abiertas, y las canciones entran desde la calle, desde los carros. Es una isla donde constantemente hay ruido: los motores, el reggaetón, los coquis, los disparos, la salsa vieja, la salsa gorda; estas cosas que todos reconocemos fue lo que me hizo empezar este proyecto y poder así regresar, a través de la música, al mundo de mi niñez.
Fue creado durante el confinamiento, ¿verdad? ¿Influyó esta situación en querer homenajear a tus raíces?
Pues la verdad es que sí. Había tratado varias veces de empezar con el disco, pero no encontraba la manera de hacerlo. Era consciente que no podría llegar a hacer un disco como hicieron Buena Vista Social Club, porque me falta el ambiente para poder crearlo. En Bélgica siempre me he sentido bastante aislado con mis fantasías musicales, así que no sabía muy bien cómo iba a grabar un disco en español. Pero durante el confinamiento me di cuenta de que necesitaba un proyecto en el que centrarme y poner toda mi energía, y lo aproveché. Aun así, soy una persona bastante casera, y no me volví muy loco con el encierro porque ya es lo que acostumbro a hacer, estar en casa viendo películas, leyendo, haciendo mi música; obsesionarme con un proyecto es algo que me viene bastante natural.
¿Cómo viviste este acercamiento estando encerrado?
Honestamente, me encanta trabajar de esta manera, obsesionado con algo y no tener nada más que hacer. Tuve la suerte de contar con mi amigo y productor Rubén Samama, con el que estuvimos trabajando todo el tiempo, lo que no sé si para él fue tan placentero estar conmigo. Es complicado estar con alguien que se obsesiona con cosas, como me pasa a mí (risas). Pero nos permitió sumergirnos por completo en el mundo surreal que estábamos creando, e investigar con los sonidos que nos apetecía, así que considero que tuve mucha suerte, porque, durante la grabación de un disco, siempre estas lleno de energía y fuego.
Has comentado que las canciones que conforman el álbum son las canciones que tanto a tu padre y a tu abuelo les gustaría verte cantar, ¿qué papel juega o ha jugado tu familia en tu interés por la música?
En mi casa siempre había música, no recuerdo muchos momentos de silencio. Recuerdo que, por la noche, mi abuelo se bebía sus cervezas y escuchaba Los Panchos o Glenn Miller, era su momento para desconectar y olvidar su época de soldado. Por otro lado, a mi papá siempre le ha encantado todo tipo de música. Cuando yo era chiquito mi papá tocaba mucho la canción de El ratón, y a mí me daba miedo, era algo fantasmagórico y un poco de castillo de Drácula, por los acordes, el ritmo forzado, que puede ser muy sensual pero también bastante oscuro. Toda la vida he estado rodeado de música y sonidos que luego he reinterpretado, esa obsesión musical viene de mi viejo.
¿Tienen algo que ver las canciones que has versionado, como Alma mía, Panteón de amor, o Vagabundo, con tu herencia musical familiar? ¿Qué representan para ti esas canciones?
Son las canciones que siempre han sonado en casa y en la calle, uno se sabe las letras casi sin darse cuenta. Vagabundo, por ejemplo, es una canción que asocio a mi abuelo y con no querer pertenecer a ningún sitio, ser un ciudadano del mundo, y que el único hogar que se tenga sea la persona con quien uno está. Por otro lado, también he incluido canciones con las que no me crié, como Alma mía, por ejemplo. Me la enseñó un amigo que estudió en Cuba y desde entonces he sido un gran admirador de Bola de Nieve (Ignacio Villa).
Estas canciones me emocionan mucho, pero también son una excusa perfecta para volverme un poco loco y buscar una manera completamente diferente de interpretarlas. Conocer bien la melodía y la letra me permite ser mucho más libre para descartar cosas, tirarme al vacío y ver lo que pasa.
Hemos visto que en el tema de La torre cuentas con Devendra Banhart, ¿cómo surgió esta colaboración?
Yo siempre he sido un seguidor de Devendra Banhart, me encanta como escribe canciones, es muy original. Me siento cerca de él porque tengo la sensación de que también es un poco satélite, continúa cantando en español, pero tiene su propia forma de hacerlo por haberse ido de Venezuela, imagino. Me encanta descubrir gente que hace las cosas diferentes, a su manera, con su propia lógica interna.
Cuando escribí La torre, durante los primeros meses del confinamiento, sentí que su voz sería perfecta para cantarla conmigo. La escribí pensando en él y en qué pasaría si esa colaboración se diera. Cuando me dijo que le gustaba la canción y que quería participar me puse muy feliz, pasó de ser algo que solo existía en mi imaginación a ser algo real. Fue muy divertido cantar sobre el fin del mundo con él.
¿Con que otros artistas te haría especial ilusión colaborar?
Hacer una canción con Manu Chao me encantaría porque lo sigo desde que estaba con Mano Negra y lo escuchaba mucho; con su primer disco en solitario, me cambió la vida. Era algo totalmente diferente a lo que estábamos acostumbrados a escuchar en Latinoamérica. Sería un placer poder colaborar con él algún día. Y con Rodrigo Amarante también me encantaría. Su manera de hacer música, también su originalidad, el alma que tienen las canciones que compone me hace muy feliz, me alimenta la imaginación musical.
Cada dos semanas has ido publicando nuevos temas del álbum, hasta su lanzamiento definitivo el día 12 de febrero, haciendo así que las canciones tengan más protagonismo por sí solas y el conjunto se vaya formando poco a poco, como un álbum en construcción. ¿Por qué habéis decidido presentarlo de esta manera? ¿Crees que es la nueva forma de presentar la música?
Con mi último disco, hace 7 años, también lo hice de esta manera. Saqué una canción cada mes durante un año entero y fue increíble. Estar grabando mientras otras canciones ya han salido es una forma de mantenerte en el flow de algo, y a la vez, te da la oportunidad de acercarte al público poquito a poco, conectar y mantener esa conexión. Yo no lo trato como una cuestión de marketing, sino como el modo de invitar a la gente a mi imaginación, pero sí que es verdad que la gente está empezando a hacerlo, y cada vez más.
Hablemos un poco de inicios, ¿recuerdas cuál fue tu primer acercamiento a la música?
Mi primer recuerdo musical fue el disco de John Lennon, Double Fantasy. Me crie en Los Ángeles durante los primeros años de mi vida, y recuerdo que cuando escuché (Just Like) Starting Over, con el efecto eco en la voz de Lennon, sentí una sensación extraña, como si fuera algo surreal y místico. Al cabo de unos años quise aprender a tocar la guitarra, y como iba a una escuela católica, la única forma de aprender acordes era metiéndote en el coro de la iglesia, y así lo hice. Más adelante descubrí el punk rock y todo se liberó, me di cuenta de que cualquier persona puede agarrar una guitarra y expresarse sin tener que pensar mucho en la técnica. Desde entonces he intentado mantenerme lejos de saber lo que estoy haciendo, no quiero saberlo. La idea de algo siempre es más importante que hacerlo, y si como a mí, no te gusta estudiar, vas a tener que obsesionarte con la música para poder sacar lo que otra gente saca estudiándola.
A los 17 años te mudaste a Gante para estudiar pintura, cuéntanos como surgió esa decisión, ¿por qué Bélgica, y por qué el cambio de la pintura a la música?
Me vine a Bélgica por amor y para descubrir mundo. Mis viejos nos educaron para ser aventureros y explorar mundo, cuando se me presentó la oportunidad de cumplir ese sueño romántico de ir a estudiar pintura a Europa, no dudé en aprovecharlo. Siempre me ha gustado tener distintas formas de expresión, y la pintura es una de ellas. Desde niño que tengo la necesidad de estar creando todo el rato, como si fuera un hechizo, y si no lo hago, me vuelvo loco. Durante los 5 primeros años estudié en la Academia de San Lucas, en Gante, aunque durante ese tiempo no dejé de hacer música. A medida que iba pasando el tiempo e iba recibiendo más influencias de la música belga y su filosofía artística, empecé a obsesionarme más y ya nunca paré.
Y a pesar del cambio, ¿continuas pintado actualmente o forma parte del pasado?
Durante el confinamiento he empezado a pintar otra vez, pero soy una persona de extremos, y si empiezo a pintar no puedo parar, me obsesiono. Pintar es algo que me consume, y me encanta, pero no tengo suficiente confianza en mí para dedicarme a ello, porque, no he pintado durante muchos años y si me pusiera en serio tendría que esforzarme mucho en ello y sacar tiempo a la música. Pero el arte visual es algo que me encanta, es un arte directo, como la música.
En el caso que sigas pintando, ¿tienes procesos creativos parecidos cuando pintas y cuando haces música? ¿Dónde encuentras la inspiración?
Tanto para una como para la otra, el secreto está en no saber lo que estoy haciendo, ver cuáles son les accidentes que le corresponden al instinto. El reto reside en tener expresar tu instinto, sentir la emoción y volcarlo en el arte. No saber lo que uno está haciendo es imprescindible para crear, porque, aunque tu no lo sepas, tu cuerpo si lo hace.
Volviendo a la situación en la que nos encontramos actualmente, ¿cómo vas a enfocar la presentación del disco?
Ahora que empieza la presentación del álbum, tengo alguna actuación cerrada en televisión, pero todavía estoy dándole vueltas a cómo quiero enfocar las canciones en el directo. Quiero que los conciertos sean lo más acústicos y orgánicos posible, que tengan su propia vida y que la gente conecte con eso. La parte mala de todo esto es que falta tiempo para que podamos subirnos a un escenario, y me entristece mucho porque la segunda etapa de crear un disco es tocarlo en directo y relacionarme con mis oyentes. No soy una persona muy sociable en mi vida personal, y subirme a un escenario es mi forma de vincularme con la gente.
¿Crees que a raíz del Covid-19 va a haber un antes y un después en la forma de consumir música?
Seguro que sí va a afectar, de hecho ya lo está haciendo. Pero no creo que sea solo responsabilidad de la pandemia, sino que hace tiempo que estamos cambiando la forma de consumir música. Ahora tenemos más acceso a cualquier álbum de cualquier grupo, no como antes, y eso hace que podamos vivir más experiencias sensoriales. La música es una conexión directa a la memoria y a las partes de nuestra alma que realmente no quieren ni pueden expresarse por conversaciones o por formas racionales, y pienso que la música siempre va a tener ese poder.
Y para acabar, acabas de publicar nuevo trabajo, pero, ¿tienes algún otro proyecto en mente, algo que nos puedas adelantar?
Aunque de momento estoy ocupado pensando en cómo puedo gestionar los directos, también me planteo que tipo de álbum puedo hacer después. Estoy pensando en volver a grabar en español, pero conociéndome, les puedo decir que haré una cosa ahora y mañana cambiar a otra totalmente distinta. No soy muy fiel a mis intenciones, pero sí a mis instintos.

Texto
Alexandra Navas Capilla
Fotos
Petra Katanic

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