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Fru*Fru es el dúo creativo formado por Rosana Galián y Paula Vilaplana, dos chicas que se conocieron cuando estudiaban arquitectura en Alicante y que desde el 2010 siguen creando proyectos de performance, instalaciones de arte y fabricación digital. Actualmente, incluso con un océano de por medio, siguen trabajando juntas a partir de formatos y lenguajes mass media e investigando en torno a la transformación del espacio doméstico con la intrusión de las nuevas tecnologías. Hoy descubrimos un poco más de ellas y de su trabajo.
Rosana, Paula, antes de presentaros como dúo, ¿podéis explicarnos un poco quiénes sois a nivel individual?
Rosana: Nací en Murcia en 1985 y crecí rodeada de estímulos creativos. Desde pequeña, mi madre me motivó a practicar actividades extraescolares que explotasen mi expresión propia (como escultura y teatro) y mi padre me transmitió su gusto por la pintura como coleccionista de arte murciano. Aunque la arquitectura nunca fue mi vocación, me formé como arquitecta entre Alicante y Madrid. Estas escuelas me dieron la posibilidad de practicar la arquitectura de forma tangencial e interdisciplinar. Durante mis años en Madrid, trabajé en el equipo de la arquitecta Izaskun Chinchilla. Ella influye enormemente en mi forma de diseñar y de pensar en la tecnología. En 2010 fundo, junto a Paula, Fru*Fru, y en 2017 arranco mi marca propia, Garrastudio.
Paula: Yo nací en Alicante, también en 1985. Estudié entre Alicante, Madrid y París y siempre me ha interesado la arquitectura más como forma de pensamiento o acción que como práctica constructiva. De ahí el interés por acercar desde mi trabajo la arquitectura a otras esferas como la performance o la música. Actualmente vivo en Nueva York, donde estudio un máster en crítica, comisariado y prácticas conceptuales en la Universidad de Columbia, que compagino con  mi trabajo en Fru*Fru y Vilaplana Studio. Diseño, escribo y organizo acciones que cuestionan los límites de la disciplina de manera crítica y performativa.
Os conocisteis mientras estudiabais arquitectura en Alicante. ¿Cómo y con qué objetivos surge Fru*Fru? El nombre es bien original. ¿Qué hay detrás de él? ¿Por qué decidís llamaros así?
Fru*Fru surge en un coche, como la mayoría de nuestros proyectos. Nos presentábamos al concurso para el diseño de la zona VIP del festival SOS 4.8 y la organización nos exigía un nombre de equipo para mantener el anonimato. En la radio del coche sonaba Radio3 y explicaban el término francés frufrú. Según explicaban, frufrú es una onomatopeya que se utiliza para describir el sonido que hace la ropa interior femenina (tules y encajes) cuando se roza. Nos encantó la sonoridad, las connotaciones femeninas y sensuales, y la doble léxica melliza. Enseguida decidimos utilizar este nombre para el concurso –que ganamos. El nombre ‘frufrú’ era ya un amuleto y decidimos apropiárnoslo como nuestro alter ego. La estrella que separa las sílabas apareció después como icono del mundo pop (star) y como símbolo perteneciente al mundo digital (asterisco).
En Fru*Fru replanteáis la arquitectura convencional por una que incorpora elementos relacionados con la percepción de la tecnología y los medios de comunicación de masas. ¿Por qué decidís presentar una arquitectura más mediática?
La tecnología está más presente que nunca en nuestras vidas cotidianas. Las redes sociales se han convertido en un canal muy poderoso desde el que generar contenidos que pasan rápidamente de la esfera de lo privado a lo público. Son herramientas que operan desde el espacio doméstico conectado a Internet y facilitan la generación y difusión de contenidos y de personajes. De hecho, son medios que favorecen la construcción de identidades, una identidad que se multiplica y se define de maneras distintas en función del canal utilizado (imágenes, vídeos, textos de caracteres restringidos).
Imaginemos a Miley Cyrus fotografiándose modo selfie desde el espejo de su baño y compartiendo esta imagen con sus seguidores; imaginemos a una pareja anónima manteniendo una cena romántica a distancia vía Skype; imaginemos a una ama de casa abriendo las puertas de su cocina a Youtube para mostrarnos su última receta…
Desde Fru*Fru articulamos varias preguntas que abren nuestras líneas de investigación: ¿Cómo transforman estas acciones el espacio doméstico tradicional? ¿Cómo la arquitectura puede dar respuesta a este fenómeno tecnofílico? ¿Cómo nuestros diseños deben integrar estas nuevas prácticas? ¿Cómo esta nueva arquitectura debe utilizar protocolos de difusión mass media?

Está claro que vuestra manera de trabajar responde a una necesidad de los tiempos en los que vivimos. ¿Creéis que todavía hay mucha gente (en el ámbito profesional, en el vuestro en particular) que debe ‘despertar’ y darse cuenta de que estamos en 2019 ya? ¿Cubrís este vacío porque veis que todavía hay muy poca gente trabajando la arquitectura pensada en clave de nuevas tecnologías?
La tecnología está evidentemente presente en nuestro día a día, pero parece que la arquitectura todavía la sigue incorporando como un intruso: las formas de vida han cambiado radicalmente con el salto digital y, sin embargo, seguimos construyendo siguiendo patrones obsoletos tanto en los modelos de relación o familia como de relación con la tecnología.
Creemos que hay distintas prácticas en la arquitectura que, aunque no incorporen necesariamente la tecnología de una forma tan literal, son rotundamente contemporáneas e imprescindibles para dar respuesta a otros fenómenos sociales. No hemos descubierto el oro ni creemos estar solas en este nicho. Entre otros muchos nos viene a la mente el maravilloso trabajo de Nerea Calvillo, que visibiliza la contaminación del aire a través de dispositivos tecnológicos en las ventanas, o el de Andrés Jaque, que reflexiona sobre lo urbanismos producidos por plataformas como Grindr.
¿Dónde encontráis fuentes de inspiración a la hora de diseñar?
Cada proyecto bebe de fuentes distintas en función del formato o la audiencia, pero a menudo buscamos referencias de la cultura popular o el mundo del pop, desde Jayne Mansfield o Amanda Lear a fenómenos virales como el twerking. Hay muchas referencias, gente a la que admiramos y de la que nos nutrimos, como las performances de Miranda July y María Jerez, las exposiciones de Iván López Munuera, los dibujos de Laura Callaghan, los videos de Juno Calypso, o la puesta en escena de Björk.
Muchas veces, la música ha sido objeto de vuestros proyectos y performances, como la construcción de prótesis para bailar tecktonic, voguing y twerking, o la creación de un cuarto propio (de una Riot Grrrl) en el festival S.O.S. 4.8. ¿Qué relación guarda la música con vuestros proyectos?
La música es una de nuestras mayores aficiones y lo que nos une fuera del trabajo. Vamos juntas a conciertos, festivales, y a través de muchos amigos que se dedican profesionalmente a la música. Curiosamente, muchas veces esta afición se ha transformado en proyectos, siempre de forma natural. En Dance Craze, atrévete a bailarlo la música era el detonante: era un proyecto dentro de un festival (el SOS4.8) para una exposición, Fan Riots, en la que se reflexionaba sobre la potencialidad política del pop, algo que nosotras exploramos desde los bailes subversivos.
La música es una de nuestras mayores aficiones y lo que nos une fuera del trabajo. Vamos juntas a conciertos, festivales, y a través de muchos amigos que se dedican profesionalmente a la música. Curiosamente, muchas veces esta afición se ha transformado en proyectos, siempre de forma natural. En Dance Craze, atrévete a bailarlo la música era el detonante: era un proyecto dentro de un festival (el SOS4.8) para una exposición, Fan Riots, en la que se reflexionaba sobre la potencialidad política del pop, algo que nosotras exploramos desde los bailes subversivos.

“Las formas de vida han cambiado radicalmente con el salto digital y, sin embargo, seguimos construyendo siguiendo patrones obsoletos.”
¿Cuál ha sido el proyecto de Fru*Fru con el que más habéis disfrutado?
Es muy difícil elegir al hijo favorito. Pero quizá recordamos dos performances con especial cariño. Afectivamente diríamos Dance Craze, atrévete a bailarlo dentro del contexto de arte del festival SOS4.8 en Murcia. Escenificamos con nuestros alumnos de proyectos un baile como culmen de un año de docencia inolvidable y aprendimos muchísimo de ellos. Profesionalmente, la performance Eurasic Bath. Fue todo un reto actuar por primera vez en inglés en una institución como el museo Victoria & Albert de Londres.
¿Es verdad que tenéis un fetiche con el rosa?
Hace un par de años dirigieron esta pregunta a una mesa redonda de la que formábamos parte en el colegio de arquitectos de Alicante. Todos éramos arquitectos que trabajábamos con la fabricación digital y, curiosamente, todos utilizamos predominantemente este color. Creemos que puede ser la respuesta de una generación que intenta romper con la estética blanca y que reivindica la figura femenina en la arquitectura.
En febrero de 2017 expusisteis i desarrollasteis la performance Eurasic Bath en el Victoria & Albert Museum, una de vuestras favoritas, según nos decís. Era una instalación que reflexiona sobre los cuartos de baño como espacios de producción cultural, que superponen cultura y tecnología para construir una identidad eurasiática de la intimidad y el consumo. ¿Cuál es vuestra visión sobre la invasión de las nuevas tecnologías y las redes en espacios tradicionalmente privados como los aseos, en este caso?
Ampliando un poco algo que comentábamos antes, los cuartos de baño nos parecen espacios esenciales desde los que discutir muchas de las controversias que afectan el espacio doméstico y la arquitectura más ampliamente como la barrera difusa entre lo público y lo privado, la construcción biopolítica de los cuerpos y los espacios en los que operan, la performación del género… Son espacios que condensan muchas de las discusiones que nos interesa incluir en nuestro trabajo.

¿Cómo os imagináis la arquitectura en un futuro?
Nos gusta esa cita de William Gibson, que dice, “The future is already here – it's just not very evenly distributed”. A menudo nos tachan de futuristas cuando lo que hacemos es intentar dialogar con problemáticas que suceden ahora. Esperamos que la arquitectura (del presente y el futuro) responda a las tecnologías, modelos e inquietudes del momento en el que son diseñadas.
Paula, actualmente vives en New York y desarrollas investigaciones paralelas colaborando con las universidades de Columbia y Princeton, y Rosana, tú te encuentras en Murcia con un proyecto personal. ¿Cómo es eso de trabajar juntas a pesar de tener un océano de por medio
Nuestras dinámicas de trabajo el último año rizan nuestras teorías de cotidianeidad tecnofílica. Con la diferencia horaria hemos trabajado básicamente con audios de Whatsapp. En primer lugar, lanzamos los proyectos en un Skype (Paula desde las escalinatas de Columbia o cocinando recetas asiáticas desde su casa, y Rosana en la oficina o metida en la cama con su gato Garritas). Tras la línea de trabajo establecida, no trabajamos de forma individual, sino por superposición; grabamos un audio informativo antes de ir a la cama con los avances y escuchamos al despertar el audio de la otra para poder continuar su trabajo.
En 2015, el rapero de San Francisco Swanisimo Hyperlatino os pidió que le diseñarais un collar inspirado en un Tiranosaurio Rex para una de sus performances. Rosana, ¿influyó ese proyecto en la creación de tu propia marca de joyería acrílica, Garra Studio?
El collar para Swan deriva quizá de otros objetos o prótesis que ya desde Fru*Fru habíamos diseñado a escala ‘accesorio para el cuerpo’ para nuestras propias performances. Este y el resto de diseños han influido en mi nuevo proyecto de Garrastudio, claro. Tanto las herramientas técnicas como los procesos creativos adquiridos siendo arquitecta son extrapolables a distintas disciplinas. Diseño joyas como diseño muebles, o también casas. Dibujo con los mismos softwares y utilizo los mismos detalles constructivos a distinta escala. Incluso a veces, los materiales son los mismos (acrílicos, tornillos, etc.)

“A menudo nos tachan de futuristas cuando lo que hacemos es intentar dialogar con problemáticas que suceden ahora.”
Rosana, en Garra Studio diseñas joyas inspiradas en ornamentos de culturas clásicas. Tu primera colección, CHI-01, está inspirada en la cultura oriental, ¿qué es lo que más te interesa de ella? ¿A qué se debe que sea la primera?
En CHI-01, cada joya redibuja, con cariño, motivos pertenecientes a la cultura china y revisa sus simbologías. Pero en este proceso nos interesa más visibilizar la capacidad de trasmitir mensajes de los ornamentos que apropiarnos de los símbolos en sí. Es decir, con el ejercicio creativo intentamos reflexionar sobre cómo la acción de ornamentar no responde a un decorado inocuo, sino que está cargada de distintos deseos populares.
A través de las historias que acompañan las piezas se extrae un catálogo de sinónimos de ornamentar. Al adquirir la joya, recibes un certificado que describe estas relaciones. Así, leer sobre las carpas (línea Koi) nos hace entender que ornamentar puede ser domesticar; leer sobre los tigres (línea Ying) nos hace entender que ornamentar puede ser asegurar; leer sobre los dragones (línea Yang) nos hace entender que ornamentar puede ser erotizar; leer sobre las pagodas (línea Taa) nos hace entender que ornamentar puede ser politizar, y leer sobre la ópera de Pekín (línea Yingxi) nos hace entender que ornamentar puede ser codificar.
Paula, en tu estudio, Vilaplana & Vilaplana, trabajas en proyectos de diseño y espacio público, tanto experimentales como teóricos, estudiando los comportamientos urbanos y domésticos contemporáneos desde una perspectiva postfeminista. ¿Cómo se ve eso representado en tus proyectos?
Hemos trabajado en varios proyectos para espacios públicos que responden de maneras distintas: hicimos hace poco una intervención en una pescadería de Logroño en la que a través de unos sensores se activaba una pieza sonora. La instalación aparecía a modo de caparazón formado con piezas de metacrilato, DM y plástico reciclado integrando sensores de movimiento conectados a lámparas LEDs, espejos y lentes de aumento para captar la actividad de humanos y langostas. En una pieza de audio combinábamos una voz humana citando a D. Haraway con el sonido característico de las langostas y el conjunto humano-langosta formaba un ser compost.
Actualmente estás desarrollando investigaciones en Nueva York. ¿Qué es lo que más te impresionó en la arquitectura conceptual estadounidense?
Cuando llegué a Nueva York me sorprendió la superabundancia de espacios dedicados a la magia, las psychic shops, presentes por toda la ciudad, y a menudo regentados por mujeres mediums. Conseguí una fellowship en la Universidad de Columbia y he empezado a desarrollar un proyecto llamado Haunted Real Estate, que investiga las conexiones entre arquitectura victoriana, género, magia y mercado inmobiliario. Será una pieza que combine teoría crítica y relato documental con una parte más visual para la que estoy fabricando prototipos y simulaciones en realidad virtual.
Para ir terminando, ¿tenéis algún próximo proyecto pensado? ¿Cómo os planteáis este año que justo empezamos?
2018 ha sido un año muy completo para nosotras: hemos realizado instalaciones en Madrid para el proyecto The Futch, una performance en Superhumanity, diseños para eventos en la Universidad de Princeton, en la Floating University de Berlín, para MUCC, el Festival de música y arquitectura de Murcia, etc. Todavía no sabemos qué nos deparará 2019 pero esperamos seguir produciendo con la misma intensidad y cariño.

Texto
Clara Muñoz

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