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Buenos Aires lo vio nacer, crecer y forjarse como uno de los artistas más reconocidos de la escena argentina. A día de hoy, el muralista y escenógrafo Franco Fasoli –también conocido como Jaz– ha recorrido el mundo pintando en espacios públicos con los que crea cierta complicidad a través de su obra. México, España, Italia, Marruecos o Alemania, son algunos de los países por los que sus brochas han pasado, dando como resultado murales urbanos que exploran el concepto de identidad de cada comunidad.

Se sumergió en la producción artística desde muy joven, “vengo de una familia de artistas de diferentes ramas, tanto músicos, actores, pintores como escultores”, nos cuenta. Fue en el taller de su abuelo donde empezó a dibujar y a aprender “algunas nociones más técnicas”, luego estudió cerámica en su ciudad, pero no fue hasta finales de los noventa cuando empezó a usar las calles de Buenos Aires como canvas y el graffiti como medio de expresión.

Pinturas, murales, esculturas y cerámicas, “de esta combinación fue surgiendo una voz propia y un fuerte interés por el panorama del arte Argentino”, recuerda el artista. Influenciado por su país natal, sus experiencias en México y la historia latinoamericana, Fasoli pinta mediante metáforas: luchas, danzas, rituales, animales humanizados o individuos deshumanizados; escenas que funcionan como alegorías de las realidades latinoamericanas y sus contradicciones. Su trabajo es una exploración de las identidades, subculturas y contraculturas de las ciudades por las que pasa, y así las representa en su lenguaje favorito, el artístico.

También te conocen como Jaz en la escena artística, ¿a qué se debe el apodo?
El apodo Jaz me fue dado hace ya 20 años cuando empecé a pintar graffiti. En el mundo del graffiti el apodo es algo fundamental sobre todo por el anonimato que se busca y para evadir problemas legales, lo cual en un país como Argentina es prácticamente ridículo pretender tener problemas legales por hacer un graffiti. Al principio el apodo fue 'Jazz' como la música, la base fundamental de la estética sobre las letras que tanto me interesaban en esa época. Con el tiempo y la explosión popular que tuvo tanto el graffiti como el mural, mi seudónimo fue mutando a Jaz, y se convirtió en una bandera de visibilidad en los festivales y eventos que empezaron a aparecer en todo el mundo.
Bueno Aires te vio nacer, crecer y desarrollarte como artista. ¿Cómo ha influenciado Argentina tu producción artística? ¿Qué otros países, lugares o experiencias han forjado tu estilo actual?
Argentina y Latinoamérica son los ejes fundamentales de la mayoría de mi obra; incluso desde los primeros graffitis me interesaba mucho que hubiera un vinculo con el lugar, con el territorio y su historia. Las contradicciones de esta tierra, su imaginario político, sus mitos, fiestas y tradiciones son el maná del que abrevo constantemente, visitando momentos y anécdotas para disparar escenas propias donde aparecen varias caras de esta región.
México es sin duda un lugar que me ha influenciado muchísimo, tuve una breve pero intensa experiencia viviendo en Ciudad de México y la oportunidad de recorrer el interior del país varias veces, su vastedad y multiculturalidad atravesada por los problemas políticos, la infiltración cultural, la mezcla de lo moderno y lo milenario, el barroco popular de sus calles, la comida, el metro, los puestos en la calle... Hay más inspiración en diez metros de calle en Ciudad de México que en un museo de Europa.
Por otro lado la pintura mural me ha servido de herramienta para poder viajar por muchísimos lugares a los que, precisamente por trabajar al pie de calle, me ha permitido dejarme empapar por experiencias que como turista nunca hubiera tenido. De esta manera todos los viajes de alguna manera han contribuido a alimentar mi propio lenguaje y mi imaginario.
Empezaste tu travesía artística usando las calles de Buenos Aires como canvas, expresándote sin limitarte frente a los ojos de tu propia ciudad. ¿Dónde dirías que yace la línea entre el arte urbano, como el graffiti, y el vandalismo? ¿Consideras el graffiti un símbolo de rebeldía?
Esta es la eterna pregunta que nos hacen y nos hacemos nosotros mismos, en mi propia experiencia es algo que hoy en día no influye mucho en mi práctica. Me gusta pensar como un devenir muy personal donde uno puede ir atravesando unos u otros campos. El graffiti y los graffiteros más ortodoxos se rigen por ciertas leyes que yo no comparto, el arte urbano también considero que se ha convertido en una herramienta que terminó atentando contra si misma en varias ocasiones, y poniéndose muchas veces al servicio de lo que se supone que se opone. Todas estas cuestionen, al menos a mí, me impulsan a seguir en la deriva, sin utilizar ninguna bandera que me coarte y me impida explorar, pero soy muy consciente y agradecido de todo lo que me han otorgado estas escenas en mi recorrido.
¿Si veo al graffiti como un símbolo de rebeldía? Creo que sí, lo puede ser en un periodo de la vida y del contexto en el que te encuentres, es muy diferente hacer graffiti en una ciudad o sociedad híper regulada como por ejemplo la escandinava, donde pintar un nombre en una pared es visto como todo un acto de rebeldía; pero en un lugar como Latinoamérica el graffiti es el último problema al que se enfrenta tanto las autoridades como la sociedad. Los límites de lo permitido y lo ilegal son muy vagos, los problemas son mucho más estructurales, por eso el graffiti per se no tiene la misma fuerza, la misma carga de rebeldía. Rebeldía en una ciudad como Buenos Aires puede ser cruzar bien la calle.

“Hay más inspiración en diez metros de calle en Ciudad de México que en un museo de Europa.”
Tu trabajo consiste en murales a gran escala, pinturas y esculturas. ¿Cuál es el mayor reto de hacer murales de grandes dimensiones? ¿Cuentas con un equipo para el proceso o lo haces totalmente solo?
En mi caso el mayor reto es la idea, el vincular lo que yo quiero hacer con lo que el lugar puede llegar a merecer o no. El espacio público es un terreno en disputa, y uno muchas veces llega a un lugar sin tener la más mínima experiencia sobre él, y para mí ese es el momento mas difícil, la instancia en la que cobra o no sentido lo que puedo llegar a pintar. Después el proceso en sí es bastante sencillo entre muchas comillas; yo tengo mucha experiencia en grandes escalas desde que comencé a trabajar en teatro pintando las escenografías, y eso me dio una abanico bastante grande de habilidades para poder trabajar con grúas, andamios, escaleras o palo extensor. Una premisa propia para el mural es trabajar con las limitaciones del lugar, no sobre exigir al lugar y sus limitaciones.
Normalmente trabajo solo, me encanta ese momento de soledad en un lugar público, completamente expuesto pero aislado al mismo tiempo, consigo mucha mayor concentración en una pared en el medio del centro de una ciudad que en mi estudio y eso es algo que disfruto mucho. Siempre que intenté trabajar con asistentes fue muy complicado poder transmitir mi forma de encarar un mural, la cual puede cambiar en el mismo momento que la estoy explicando.
Tu obra contiene su propia mitología, basada en símbolos y rituales de diferentes países. ¿Nos puedes explicar en qué consiste esta mitología? ¿Cuáles son algunos de los símbolos recurrentes en tus murales?
Siempre me interesó la historia y por sobre todo la historia latinoamericana, toda la diversidad de culturas milenarias atravesadas por el colonialismo, las independencias y construcciones de estados modernos. Me interesa revisitar acontecimientos que considero relevantes para pensar y repensar la identidad y algunos de los mecanismos que se han utilizado para esa construcción, monumentos, rituales, conflictos armados, levantamientos populares, fiestas, etc. Con esa argamasa voy construyendo relatos propios sobre el cómo me atraviesan esos acontecimientos. Son recurrentes el uso de felinos o más bien de disfraces de felinos, que en varias culturas es utilizado para representar figuras de opresión y poder, así como imágenes de otros animales como metáforas.
En muchas de tus obras, los personajes no poseen cabezas o son reemplazadas con las de animales. En otras se repiten las escenas de luchas o enfrentamientos, ¿por qué? ¿Qué declaran estas escenas y cómo se funden con los espacios en las que se encuentran?
Muchas veces me interesa mantener ese anonimato colectivo y recurro a los personajes enmascarados o los animales que en ciertas culturas latinoamericanas son utilizadas para referirse principalmente a una fuerza a enfrentar.
El conflicto per se no me interesa, sino más bien generar cierta tensión entre los participantes, esa calma aparente antes de un acontecimiento que puede surgir trascendental. Muchas veces he usado espacios que pueden reconocerse como estadios o tribunas de futbol donde todo puede suceder en un espacio que los contiene.

En murales como Independencia de Benalup, ubicado en España, los personajes tienen cabezas de pájaros. En otras, los animales salvajes parecen tener el poder. ¿Qué representan las aves en tus obras? Y, ¿qué significa el uso de otros animales como bueyes, águilas, toros o tigres?
En el caso puntual del mural de Benalup-Casas Viejas, utilicé los pájaros locales, así como toros y ciervos también originarios de la zona, para graficar un posible encuentro/enfrentamiento entre los nombres de la ciudad, y a raíz de ello la visión que se percibe de su propia historia, considerando también los Sucesos de Casas viejas en 1933.
Dependiendo del lugar de emplazamiento del mural intento utilizar animales que me remitan a su historia o acontecimientos específicos, y así toco temas que pueden resultar sensibles en el espacio público. Los tigres o jaguares son figuras más que recurrentes en mi trabajo, en ellos recaen muchas historias y rituales en diferentes culturas latinoamericanas, por eso me interesan como actores de muchas de mis narrativas.
Apreciar obras de arte en una galería o un museo es una experiencia completamente diferente a encontrarlas en un espacio público. Has pintado murales en ciudades de Alemania, Marruecos, Argentina o Francia. ¿Qué buscas transmitir con estas obras? ¿Qué valor le dan a los espacios urbanos?
En estos 20 años pintando en el espacio público los incentivos han ido mutando, sobre todo cuando comencé a realizarlos en ciudades nuevas, ciudades a las que muchas veces visitaba por corto periodo de tiempo. Al principio fue un impulso de auto significación en el espacio público, más ligado al periodo que comencé a hacer graffiti (en el sentido más ortodoxo de la palabra). Con el tiempo el interés fue cambiando, la reflexión sobre la propia obra y sobre la implicación de ella en el espacio publico empezó a tener más peso. Ahí es donde me interesaba más trabajar ciertas temáticas ligadas con el lugar, con los materiales que surgieran de ese mismo lugar.
También es innegable el profundo interés por la escala y visibilidad que permite la calle, muchas veces fue y es más importante mi experiencia egoísta sobre una superficie; es paradójico pero completamente expuesto pintando en la calle es donde mayor concentración logro a la hora de trabajar. Verdaderamente adoro esa sensación de burbuja en un entorno expuesto, hay algo performativo en todo el proceso que me fascina y es muy difícil de transmitir o registrar. Yo lo vivo de manera muy egoísta y en este momento es uno de los motores esenciales del porqué continuo pintando en la calle.
Tu trabajo explora el concepto de la identidad, sobre cómo colectivos e individuos forman sus identidades. ¿Cómo nació tu interés por las subculturas y contraculturas?
Mi interés viene desde que comencé a vincularme con las escenas del hip-hop, el skate y BMX de Buenos Aires en los años noventa, todos movimientos importados que encontraron pequeños grupos locales donde florecieron, pero siempre al margen de lo que en esos años era mayoritario. Así comenzó mi apego con esos grupos que luego abrieron mi interés por otros movimientos y subculturas, tanto para vincularme con ellas como para trabajar sobre ellas. Una de las primeras que estudié fueron los Barra brava, tanto en Argentina como en Brasil, y como toda la liturgia alrededor de ellos fue calando en nuestra idiosincrasia. Creo que ahí comienzo a reflexionar sobre una temática que luego desarrollaría durante años.
Tus obras se han exhibido internacionalmente, desde México y Argentina hasta Italia, Francia, o Alemania. ¿Qué te depara este 2021? ¿Qué planes tienes para este año, si la crisis Covid-19 no se interpone en tus decisiones?
El 2020 ya fue un año lleno de aventuras que ni el 80% de ellas me esperaba, lo que me deja completamente predispuesto a lo que el 2021 quiera anteponerme. En 'concreto', si es que el Covid me permite usar esa palabra, tengo proyectada una muestra en Suiza, la presentación de mi libro Público/Privado en Argentina (la cual fue suspendida en 2020 por obvias razones) y estar más en Buenos Aires después de haber estado lejos durante muchos años.

Texto
Romina Román

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