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El proyecto Fragmentario viene de un juego de palabras que une varias ideas, una intención de ir despacio y trabajar con el tiempo. El aguacate es el medio que la artista multidisciplinar María Elena Pombo usa para este ejercicio: la abundancia de esta fruta, convertida en un icono pop, le ha permitido hacer pruebas sin miedo.

La mayoría de sus investigaciones son proyectos abiertos a los que volver en un momento dado de un futuro cercano. El estar fuera de Venezuela, y que sus familiares y amistades estén en rincones diferentes, le ha permitido viajar por todo el mundo. Fue en 2018, mientras trabajaba en la colección de moda Rosa terráqueo y por un problema de espacio, cuando empezó a triturar las semillas en su estudio de Brooklyn. Nace así el concepto de ‘sociedad de semilla de aguacate’ y su participación en la última Bienal del Diseño de Londres.

Empecemos hablando de María Elena y Fragmentario. Ambas van de la mano y acompañan a un proyecto que ha ido evolucionando desde tus comienzos como estudiante en Parsons. Pero antes de esto, ¿cómo empezó tu camino en el mundo del arte e investigación? ¿Era una vocación o curiosidad que venía de más atrás?
Desde pequeña me ha interesado mucho crear e investigar, pero no fue hasta que me fui de Venezuela que entendí que esto podía ser algo más que un hobby. Estudié Ingeniería en Caracas, y mi último año de estudios lo hice en Francia, donde se amplió mi visión de lo que podía ser mi vida. Regresé a Venezuela, me gradué, y me fui a Nueva York, donde estudié diseño de moda en Parsons. Después de graduarme empecé a trabajar para Michael Kors, luego para una marca de ropa de hombre y finalmente una marca de yoga.
Siempre en mi tiempo libre estuve haciendo proyectos personales, y después de varios años sentí que tenía que dar una casa a estas ideas. Lo que unía a todas estas ideas era una intención de ir despacio, de trabajar con el tiempo y no en contra de él.
¿Y cómo surgió Fragmentario?
Escribí varias palabras asociadas con esto, y luego busqué maneras de expresarlo de una manera no tan explícita. Jugando con Google Translate, el sistema me tradujo “por partes” en español a “fragmentario” en gallego, el idioma de mis abuelos paternos. Me gustó esta palabra y todas las ideas detrás de sí, y la tomé como un seudónimo (y casa para mis proyectos). Me abrí un Instagram con este nombre y empecé a compartir mis experimentos e investigaciones. Ahí me encontré con una una comunidad de personas muy diversas pero unidas por su curiosidad.
Al tener este proyecto de manera pública, al mismo tiempo que trabajaba como diseñadora de moda, me di cuenta de que iba a tener que escoger entre estos dos caminos. No tenía claro cómo sería este camino de Fragmentario, pero decidí darme 3 meses para explorarlo. Eso fue en enero 2017. Los 3 meses se han convertido en más de 4 intensos años de investigación y creación.
Tu país es Venezuela, pero ahora mismo vives en Nueva York. Tu familia está por todo el mundo repartida, y además parte de tus proyectos tienen parada en lugares como Japón. ¿Este flujo de culturas, viajes y tradiciones ha servido de inspiración para crear Fragmentario?
Siempre me han interesado mucho las personas y las culturas. Crecí en una Venezuela de migrantes (un resultado del boom petrolero). Esto nunca fue discutido por medio de conversaciones explícitas. Nadie nunca me explicó lo que significaba que mis abuelos paternos fueran gallegos, que mi tío fuera peruano, que mis amigas fueran hijas de colombianos y de alemanes. Simplemente me daban un cocido, un ceviche, una arepa un poco diferente y un Pumpernickel.
Cuando me fui de Venezuela, la gente me preguntaba cómo era mi país, qué comíamos, cosas así. Más allá de las arepas, no sabía cómo responder, porque nunca me había preguntado, de manera seria, qué significaba ser venezolana (de la misma manera que no me pregunto día a día qué significa el hecho de que respiro aire). El estar fuera del país, y que mis familiares y amistades estén en rincones diferentes, ha despertado muchas conversaciones y un replanteamiento sobre quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes seremos. La respuesta, por supuesto, es diferente para cada quien. Estas conversaciones informan mucho mi trabajo y cómo lo comunico.

El aguacate en Venezuela es una fruta de producción tradicional y con un cultivo generalizado en todo el país. ¿Crees que convertirlo en parte de tu proyecto fue una especie de reconciliación con el momento en el que dejaste tu país? ¿Antes de irte habías reparado en la importancia que podría darte?
Hay muchas cosas que di por sentado mientras vivía en Venezuela. El clima, la luz, la multiculturalidad, el acceso al mar y a frutas frescas todo el año. Cuando me fui del país conocí por primera vez al aguacate Haas. Ese aguacate chiquito y con piel rugosa y negra. Creo que ni siquiera entendí que eso era un aguacate. En Venezuela los aguacates son grandes y con piel lisa y verde. No sólo me parecía físicamente extraño, la manera en que la gente hablaba de él, como algo lujoso y/o cool, me parecía más raro aún. Descubrir que podía extraer color de su semilla al hervirla, algo que desconocía en Venezuela, hizo que me diera curiosidad entender qué más desconocía sobre esta fruta (que tenía en el jardín de mi casa) y en general sobre mi país y sobre mí misma.
Fragmentario ha evolucionado como una excusa para intentar responder estas preguntas. Al final ha sido el aguacate el medio para este ejercicio, y es porque esta fruta es un icono pop y tengo acceso a un gran volumen de sus semillas en Brooklyn y en el mundo. Esta abundancia me ha permitido hacer pruebas sin miedo, lo cual, a su vez, me ha permitido entender bien a esta semilla y crear junto a ella.
La primera parada de toda esta aventura con Fragmentario fue el tour Ahuacatl, un tour por Europa que terminó en la semana de la moda de París. ¿Lo describirías quizá como una búsqueda de identidad? ¿Cuál fue el proceso o descubrimientos más importantes de esta primera etapa?
En el momento más que verlo como una búsqueda de identidad, lo vi como un paso concreto para diseñarme una vida que tuviese sentido en mi realidad de ser parte de una diáspora.
Ese verano de 2017 tenía en Europa varios eventos importantes de gente que quiero. Se me ocurrió hacer una gira de talleres, para justificar quedarme 2 meses allí y poder ir a todos estos encuentros. Decidí que fueran todos con semillas de aguacate porque era algo que podía pedirles que me guardaran a amistades, familiares y a mis anfitriones de los talleres.
Al planificar talleres en España, Italia y Alemania, me di cuenta de que la semana de la moda en París era la semana siguiente a mi última parada en Berlín. Tenía una colección cápsula en marcha, utilizando semillas de aguacate, y me pareció que era una manera en la que tenía sentido terminar la gira. En el momento fue armar un rompecabezas con piezas que ya tenía y que no entendía del todo. Fue importante ver que sí podía diseñar mi vida en una manera en que mi trabajo y mi vida personal trabajaran en conjunto, no en contra. Si no existiese una diáspora venezolana, esa gira no hubiese ocurrido. Si no hubiese un consumo masivo de aguacates en el mundo, tampoco.
La segunda colección o parte de este tour tiene como elemento principal el agua de diferentes partes del mundo. ¿Nos podrías contar un poco más? ¿Es un proyecto que sigue abierto a investigación?
Durante esa gira en Europa, en cada ciudad al hervir las semillas de aguacates para obtener el tinte para los talleres, las tonalidades variaban. Esto es causa de la diferencia de minerales en el agua de cada ciudad. Yo sabía que esto ocurría, pero pasar 2 meses viéndolo y explicándolo me hizo pensar que podía ser la continuación de mis exploraciones con las semillas de aguacate.
Mi plan inicial era volver a hacer una gira en 2018, pero ese año no pude salir de Estados Unidos porque apliqué a una Green Card, y mientras ese proceso está en marcha, no puedes salir del país. Le pedí entonces a las mismas amistades y familiares que me habían guardado semillas en 2017 que me mandaran agua de sus ciudades por correo. La idea en principio era mapear la diáspora venezolana con estas distintas tonalidades de rosa aguacate, pero rápidamente se volvió un proyecto global, porque personas que no son venezolanas quisieron participar y abrí el proyecto a quienes quisieran enviarme o traerme sus aguas. Usé algunas de estas aguas para teñir textiles que luego utilicé para crear una cápsula de moda que presenté en A/D/O en Brooklyn, y textiles que utilicé para crear una instalación efímera y un performance en Yamamoto Seika en Osaka.
Sigo explorando esta idea del agua. No he utilizado todas las aguas que tengo. Siento que son muy valiosas y que quiero entender la mejor manera de despedirme de ellas. Sigo también recibiendo agua. Ya no las pido activamente, pero la gente recuerda que en algún momento coleccioné agua y me siguen dando. Ahora mismo en Londres, dos chicas que vinieron a traerme semillas de aguacates para mi exhibición en la Bienal de diseño me trajeron también muestras de agua. Es bonito ver cómo los proyectos coexisten y se apoyan entre sí.

Adentrándonos un poco más en este momento que ya estás viviendo con la Bienal de Londres, desde el año pasado comenzamos a ver en tu Instagram días y días de trituración de aguacate en tu estudio. Un polvo rosado inundó tu vida. ¿Era el inicio de esta exposición?
En 2018, mientras trabajaba en Rosa terráqueo, tenía muchísimas semillas de aguacate. Empecé a triturarlas por un tema de espacio y el resultado me recordó a la arena de Playa Colorada, una playa en el este de Venezuela que tiene una arena anaranjada. Por un lado, me hizo recordar mucho a mi infancia en playas del caribe. Por otro lado, me hizo preguntarme si este polvo, esta arena rosa, podría comportarse como la arena normal. Tenía ya para ese momento una visión de una sociedad de semilla de aguacate, y empecé a explorar esta idea.
Al mismo tiempo, me topé con la Bienal de Diseño en Londres, la cual tenía como tema ideas de ‘resonancia’, algo en lo que obviamente tenía mucho tiempo pensando. Sin la resonancia del aguacate en el mundo y sin la resonancia de la diáspora venezolana, mi trabajo no sería posible. Contacté a los organizadores y les planteé este proyecto de La rentrada para el pabellón de Venezuela. Una economía, y una identidad, para una Venezuela post-petróleo en torno a la semilla del aguacate. Les dije que quería aplicar de manera independiente. Un pabellón de la gente, para la gente, sin tener un Estado de por medio. Les gustó la propuesta y empecé a desarrollar el proyecto. No fue hasta 2020 que hice público este proyecto y compartí el proceso a través de mi Instagram, los días de polvo rosado que mencionas.
La exposición La rentrada nació con un montón de ladrillos que también íbamos viendo en tus redes sociales. ¿Has tenido que modificar o evolucionar a un nuevo lugar el proyecto? ¿Cómo está pensada la exhibición dentro del espacio?
En principio quería hacer una casa de adobe de semilla de aguacate. Quería irme a Londres unos meses antes de la exhibición para construirla allá. El mismo mes que mi proyecto fue aceptado para la Bienal de Diseño de Londres, me ofrecieron un trabajo como profesora en Parsons School of Design en Nueva York, lo cual me quitó la flexibilidad que había tenido en los primeros años de Fragmentario. Los ladrillos surgieron como una solución más portátil.
La idea era hacerlos en Nueva York y armar con ellos una estructura en Londres. Decidí hacer 2021 ladrillos como una especie de historia de Venezuela ilustrada (2021 es un año importante en nuestra consciencia colectiva) y con ellos determinar la estructura. Eventualmente decidí presentarlos como ‘libros’. Los ladrillos están en bolsitas selladas al vacío, cada una con nueve ladrillos, ordenadas cronológicamente en la parte superior de un estante en mi exhibición. Arriba y difíciles de alcanzar, porque así es la historia, hay que hacer un esfuerzo por estudiarla y sacar sus propias conclusiones. Debajo de los ladrillos sellados, hay varias de las exploraciones hechas con semilla de aguacate: vidrios de semilla de aguacate, cerámicas de semilla de aguacate, plásticos y cueros de semilla de aguacate, un reloj que está funcionando con energía de semillas de aguacate, etc. También en este nivel hay treinta y tres ladrillos de semilla de aguacate libres, sin plástico; representan los años que puedo ubicar por mí misma, los que he vivido. Bajo esto se encuentran algunos de los libros que formaron parte de mi investigación de este proyecto y otras exploraciones que contribuyeron.
¿Qué más nos puedes contar de la exposición?
En la parte baja del estante hay tres televisores, cada uno con un video diferente. Ciencias de la Tierra, que muestra como mis procesos son una copia de procesos de la naturaleza; Introducing: avocado seed oil, que muestra un coche utilizando como combustible aceite de semilla de aguacate en vez de gasolina; Welcome to la rentrada, donde explico el proyecto y el contexto en el que nace, qué tienen que ver estas semillas de aguacate con los migrantes venezolanos y el petróleo. Junto a los televisores, están algunos de mis textiles teñidos con semillas de aguacate, sosteniendo todo, porque esa investigación de tintes naturales, son los pilares de todo este mundo que desarrollé en los últimos dos años.
En una pared tengo parte de mi investigación, artículos de periódico con noticias sobre Venezuela y el mundo en general, y también algunas de mis propuestas ‘inmateriales’.
En otra pared tengo una colección en progreso de semillas de aguacate donadas por gente en Londres. Ha sido muy bonito ver crecer la pared cada día y gracias a incluir a otras personas, se han podido generar conversaciones alrededor de temas del proyecto, que hubiese sido difícil en otro contexto.

Hablemos un poco del vídeo de La rentrada. De estos aguacates, que son los protagonistas de la obra, sacas un polvo que se convierte en arcilla. También podemos usar directamente la semilla. ¿Este proceso tiene relación con el vídeo? ¿Cómo te diste cuenta de todos los usos que podría tener esta fruta?
En el vídeo muestro las aplicaciones y también cuento parte de la historia de por qué este proyecto es necesario. Para mí, el primer minuto es el más importante. Ahí muestro pescadores que transportan un autobús en tres barquitos, una señora haciendo jugo con una licuadora sin electricidad y un señor destilando su propia gasolina. Todos riéndose, celebrando su ingenio y burlándose de una situación sumamente opresiva. Reír para no llorar.
Con La rentrada yo estoy básicamente copiándome de este ingenio del que crecí rodeada en Venezuela. En ese vídeo lo muestro y lo reinterpreto a través de la semilla de aguacate, la cual al final es una excusa. Me di cuenta de todos los usos de la misma manera que esta gente creó esas soluciones: utilizando los recursos a mi alrededor, perdiéndole el miedo a intentarlo y creyendo en mí misma.

Venezuela es un país movido principalmente por una economía con base en el petróleo y con un ala migratoria importante durante los últimos años. ¿Dirías que este proyecto con tantas aplicaciones es una declaración de intenciones al re-enfocar el aprovechamiento de recursos en tu país?
Más que aprovechar recursos, diría aprovechar nuestras habilidades. Crecí en un ambiente donde había un complejo generalizado por no ser lo suficientemente ‘primer mundistas’. Fue un mensaje que internalicé y del que no pude liberarme hasta que me fui de Venezuela. Me parece un problema grave. Hay un ingenio con el que crecí rodeada en Venezuela que nosotros mismos no celebramos lo suficiente. Lo damos por sentado, como el clima.
Una vez terminada la Bienal, ¿tienes en mente cuáles son los siguientes pasos para Fragmentario?
La rentrada es un proyecto de investigación que siempre he entendido como una especie de camaleón que puede tomar muchas formas. En Somerset House, el lugar donde se llevó a cabo la Bienal de Diseño de Londres, tomó una forma, pero estoy planificando otras vidas para La rentrada en Nueva York y en Venezuela.
Desde principios de año, he estado hablando con la empresa alemana Eco Office para evaluar la viabilidad de hacer integraciones de arte y arquitectura con mis exploraciones hechas con semillas de aguacate en algunos de sus proyectos. Estoy bastante entusiasmada. Hemos tenido conversaciones muy honestas e incluso se animaron a ofrecer patrocinio para la exhibición. Al parecer tendré una rentrada inesperada en Alemania.



Texto
Sara Rodríguez Rojo

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