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La filósofa y escritora Elizabeth Duval logra poner en el foco principal el debate sobre los nuevos conceptos de género, y a la vez pone en duda y rechaza la lógica de identidad que sustentan algunos argumentos. Lo hace en su tercer libro, Después de lo trans, donde demuestra su talento literario y nos ayuda a reflexionar y conocer conceptos complicados.
En apenas un año has publicado Reina, Excepción y ahora Después de lo trans mientras estás estudiando Filosofía y Filología en la Sorbona en París y hay que recalcar que perteneces a la Generación Z, que para gran parte de la sociedad piensan que solo están frente a una pantalla y haciendo vídeos de TikTok. ¿Eres la excepción o las otras generaciones que no conocen de verdad las inquietudes que tienen los Z?
Que las generaciones anteriores no entiendan a los más jóvenes es algo que lleva sucediendo desde que hay algo así como 'viejos' y 'jóvenes' organizados en sociedad. A mí ahora se me considera Z, pero esta clasificación, que surge del marketing, podría perfectamente desaparecer dentro de unos años, y yo ser encuadrada dentro de lo millennial.
Los que son un poco más mayores que los que ahora son jóvenes usaban Tuenti, como yo usé, e igualmente estuvieron largo tiempo frente a una pantalla; yo por ejemplo no he llegado a conocer TikTok. Pero claro que habrá gente escribiendo, estudiando, haciendo cosas; quizá, siempre y cuando no haya grandes recesiones económicas, más que nunca antes en la historia, también debido al poder democratizador de Internet y del libre acceso al conocimiento.
Las generaciones no tienen diferencia entre sí por arte de magia, sino por cuáles son las condiciones económicas y socioculturales que atraviesan a un grupo determinado de personas. Luego, sobre las inquietudes individuales, podemos debatir todo lo que queramos…
Después de lo trans, tu nuevo libro, aborda desde la teoría y la crítica la realidad trans, lucha en la que llevas desde los 14 años. ¿Qué pueden aprender de tu libro las feministas terf (feministas radicales trans-excluyentes) y la población que no quiere comprender lo qué está pasando ya hace muchos años?
Yo ya no lucho, o aspiro a tener que luchar lo menos posible en ese frente. Debatir sobre lo trans me coloca en una posición de demasiada vulnerabilidad y preferiría tener que hacerlo cuanto menos mejor: es emocionalmente cargante tener que responder siempre sobre lo trans y yo hace mucho que no soy una activista.
Del libro pueden aprender jurisprudencia, sentencias de derechos humanos, cómo llegaron a existir las personas trans, un poco de historia de estos conceptos… Pero esto, claro, siempre que no se venga con la cabeza llena de odio o miedo. No puedes aprender nada si ya estás podrido por dentro.
En el libro abordas la serie Veneno, los conceptos de género de la izquierda o los libros de Paul B Preciado. ¿Por qué has escogido estas referencias?
A mí me aburre lo nuevo o lo más novedoso y creo que la obsesión por encontrar siempre el non plus ultra es una tontería porque la mayoría de cosas ya están inventadas o discutidas: lo recuerda Pau Luque y es bien cierto, la historia de las ideas es como una noria.
Los debates de la izquierda cultural y la izquierda materialista llevan presentes desde hace décadas y yo recupero textos de la segunda mitad del siglo XX.
Los libros de Preciado también tienen ya un cierto recorrido, y no le menciono sólo a él, sino a textos feministas de hace tiempo, libros de los noventa, los ochenta o anteriores… En cuanto a Veneno, me interesaba examinar la representación audiovisual más reciente de lo trans, porque es de los nuevos paradigmas de los que podemos aprender.
¿Cuál es la parte más complicada que te costó introducir en el libro?
No sé si me costó introducir algo: lo que había hablado al principio con la editorial era algo menos denso, complejo, menos teórico, pero claramente yo hice con eso lo que me dio la gana y tuve la suerte de que a mis editores les pareciera bien y enriquecedor que pasara completamente de su proposición inicial.
Durante el confinamiento no escribí casi nada, y lo que me permitió volver a engancharme al libro fue escribir el tercer capítulo sobre la falsa estadística del 80% de paro en personas trans, en el que hablo también de lo que me horroriza de la noción de tolerancia o la autorreferencialidad: a partir de eso, aunque ya había escrito cosas como el capítulo de Preciado antes, al menos en parte, todo fue bastante fácil.
¿Recomendarías el libro a Carmen Calvo?
Se lo hemos mandado. En el prefacio a la segunda edición habrá unas cuantas aclaraciones sobre lo que a ella le escandalizaba de la autodeterminación de género. Se lo recomendaría a cualquiera que quisiera saber sobre el tema; a lo mejor podemos discutirlo tranquilamente. No seré yo quien busque la confrontación.
El Gobierno de España tiene constantemente un borrador sobre la Ley Trans y de borrador nunca pasa a ser un documento real. ¿Qué crees que está sucediendo en verdad?
Hay una pugna constante entre el PSOE y Unidas Podemos por la patrimonialización del feminismo y de los derechos LGTB, hay un cálculo electoral en busca del voto 'moderado' o 'centrista', hay una reacción al amplio consenso social de hace unos años que busca restaurar una situación anterior y borrar derechos de las personas trans. Debates, todos.
Pero, cuando ningún Ministerio del PSOE le manda revisiones o sugerencias al Ministerio de Igualdad para mejorar el borrador de la Ley Trans, mientras que Carmen Calvo va por todos lados hablando de inseguridad jurídica, una empieza a no creerse las excusas empleadas una y otra vez para retrasar el paso de esa ley por el Consejo de Ministros. Los responsables directos son el PSOE. La responsable directa es Carmen Calvo.
Las redes sociales se han convertido en un auténtico circo romano, ¿crees que Twitter o Instagram e incluso Twitch pueden ser las voces de las calles?
Son microcomunidades en las que se grita mucho, pero en las cuales la gente no suele salir de sus burbujas o entornos pequeños. No es la vida real. Creo que esto queda claro con el confinamiento y nos resulta evidente ahora que estamos todo el día en esas redes sociales.
Yo disfruto mucho a veces de Twitter, hay comentarios muy ingeniosos, pero hay otros días que no lo soporto. La voz de la calle es otra cosa y, en todo caso, no es nunca una voz, sino una pluralidad de voces.
A raíz de tu participación en el programa Playz he leído que habías recibido numerosas cantidades de insultos y mensajes de odio, ¿cómo se puede fomentar una idea constructiva o un hilo formativo si no hay medidas en las redes sociales?
También recibí mucho cariño. No es sólo en redes sociales: también hay insultos y odio en los comentarios de las entrevistas en los periódicos. Yo creo, de forma general, que las redes sociales nunca van a ser el lugar de la reflexión pausada, del diálogo, del sentarse a hablar. Es la jungla y hay que aprender a manejarlas. De ahí, también, las guillotinas twitteras…
¿Qué piensas sobre la introducción de la temática trans en los medios de comunicación como ya está pasando en programas como Maestros de la Costura, Masterchef, First Dates o ahora la versión en español de RuPaul's Drag Race?
RuPaul's Drag Race no es temática trans, sino drag, y aquí me gustaría establecer una distinción muy clara. La identidad trans no es que hombres homosexuales se pongan disfraces y compitan en un concurso. Es normal que aparezca en concursos como los otros que mencionas, porque la gente trans existe, forma parte de la población en general. Pero su representación en estas cosas no me interesa tanto, quiero ver a gente que no obedece a criterios morbosos o a clichés, personajes estereotipados.
¿Qué proyectos tienes para este año?
Ahora estoy muy concentrada con la promoción de Después de lo trans, con los estudios, con mis colaboraciones periodísticas, y en abril haré una gira promocional en España, pero si me preguntas por proyectos que no tengan nada que ver… La editorial Lengua de Trapo está publicando una colección llamada Los nuevos episodios nacionales, con historias de escritores como Sabina Urraca, Isaac Rosa, Juan Bonilla o Vicente Monroy, y yo preparo una novelita corta, para esa colección.
Daré algunos títulos para indicar por dónde irán los tiros; todo ficticio en este texto que preparo, nada biográfico: Los justos de Albert Camus, Los combatientes de Cristina Morales, El romance del comunismo americano de Vivian Gornick son algunas de mis inspiraciones.
Y publico un segundo poemario este año, que espero anunciar dentro de unos cuantos meses. Así que, en un total de dos años, serán cinco o seis libros publicados en solitario. No está nada mal, creo yo.

Texto
Miriam Martínez
Retrato
Hannah Waheed

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