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Quien diga que las historias solo habitan en los libros se equivoca: las obras de David de las Heras se pueden leer sin necesidad de pasar página. Originario del País Vasco, comenzó su carrera como artista pictórico en su estudio de Bilbao y fue tras su paso por la escuela Massana de Barcelona cuando sus obras como ilustrador comenzaron a viralizarse. La sinergia perfecta entre el mundo de la pintura y el de la ilustración hacen de David de las Heras uno de los artistas nacionales con más potencial de los últimos años. En sus obras no hay lugar para la representación literal: aquí y ahora, la metáfora se hace gráfica. 
Tu carrera comienza ligada al mundo de la pintura, ¿por qué tomaste la decisión de formarte en ilustración?
La razón más importante por la que finalmente decidí formarme en la ilustración fue por un tema económico. No quería renunciar a dedicarme a un trabajo creativo, y vivir de la pintura era y es algo casi imposible. La ilustración es una disciplina que siempre me ha gustado y a nivel laboral está más definida que el mercado del arte. A nivel artístico espero no dejar de seguir evolucionando como pintor, y aunque en estos momentos no me dedique a ello como profesión, intento seguir haciendo exposiciones y crear obra.
¿Cómo abordas un encargo en ambas disciplinas? ¿En qué difiere el proceso creativo a la hora de realizar una pintura en comparación con el de una ilustración?
A nivel gráfico no difiere mucho una disciplina de la otra. Sigo siendo muy pictórico dentro de la ilustración. Lo que cambia completamente es la idea y el concepto. En un encargo de ilustración, tengo en cuenta eso mismo, ilustrar, ilustrar un texto, complementar con una imagen una idea concreta que abra puertas y ventanas en el lector.
En la pintura, la relación con el espectador es mucho menor, no tengo que pensar a quién va dirigida la imagen, se crean vínculos pero de una manera más indirecta. La pintura, para mí, es más bien una medicina, un ejercicio de escapismo, una manera de sacar las cosas que no entiendo y que quiero comprender: intento traducirlas en una imagen gráfica, las transformo en algo que puedo observar desde fuera.

En el momento de abordar un trabajo, ¿cuáles son los principales referentes a los que recurres para encontrar inspiración? 
Si es algún encargo concreto, por ejemplo para prensa o para una portada, intento buscar referencias en esos campos, qué se ha hecho hasta la fecha y qué puedo aportar ahora mismo. Sobre todo pienso en cómo una imagen podría seducirme, qué debería tener para que me llamara la atención y cómo podría no olvidarme de ella en mucho tiempo. Al final los gustos varían, pero la mayoría tenemos una educación visual muy parecida y llena de símbolos comunes.

Recientemente has abandonado el estudio Domingo en Barcelona y te has mudado a Madrid, ¿a qué se debe este cambio de localización?
A querer coger aire y querer ser valiente.
Ahora que tienes la experiencia de haber trabajado en ambas ciudades, ¿cuáles crees que son las ventajas e inconvenientes de cada una de ellas en relación al mundo de la ilustración y del arte en general?
No llevo mucho tiempo en Madrid, y si soy sincero a nivel laboral no he experimentado ningún cambio. Las dos son ciudades en las que a nivel artístico te sientes muy inspirado, pero en la profesión de ilustrador la mayoría de encargos se realizan a través de internet. Cuando vivía en Barcelona trabajaba para clientes de Madrid, y ahora sigo teniendo los mismos y nuevos contactos de Barcelona.

El pasado Sant Jordi, la publicación Cuando el negro se hace rosa nos sorprendió a todos con ilustraciones de carácter erótico. En ella colaboras junto a otros artistas como Ricardo Cavolo, Amaia Arrazola o Chamo San. ¿Qué tipo de trabajos prefieres abordar acompañado y en qué terrenos te mueves mejor en solitario?
Tuve mucha suerte con esta publicación, la verdad es que salió redonda. Desde un principio tuvimos muy claro lo que queríamos, y al tener todos un estilo muy diferente no hubo problema de que unas ilustraciones se pisaran con otras. Es verdad que me gusta más trabajar en solitario, me gusta tener todo bastante controlado, pero a veces una mirada externa ve cosas que quizás tú, por estar tan metido en algo, no consigues ver.
Ahora mismo cualquiera puede mostrar su trabajo a través de las redes sociales, ¿cómo crees que incide esto en el panorama artístico?
Por una parte es una suerte poder tener un escaparate gratuito y visible por todo el mundo como son las redes sociales; pero por otra, lo que también se consigue es darle valor a ciertos trabajos que quizás no lo tengan, se crean modas y se acaba valorando lo que haces por el número de followers; y eso es un peligro para la profesión y para la educación visual que queremos dar.

¿Cuál es el mayor logro que valoras haber conseguido hasta ahora en tu carrera profesional?
Levantarme cada mañana feliz, pensando en las ganas tremendas que tengo de ir a trabajar al estudio y dar forma a algún encargo.

¿Hay algún proyecto que por determinadas circunstancias aún no hayas podido desarrollar, pero que te gustaría llevar a cabo tarde o temprano? ¿De qué se trata?
Hay varios, y uno en concreto que llevo años deseando realizar. Nací y viví en Euskal Herria y pasé muchos años en Catalunya, el tema de los nacionalismos me fascina, las fronteras y los conflictos que se generan a causa de ello; quería hablar de esto de una manera más poética y hacer una reflexión sobre la idea de hogar, una especie de atlas personal.
Estás representado por la agencia Pencil Ilustradores en España e Iberoámerica, y has expuesto tu obra en Portugal y Alemania. ¿Dónde crees que se valora más el trabajo de los ilustradores y cuál será el destino de tus próximas exposiciones?
El trabajo de los ilustradores en España a nivel económico está muy poco valorado a pesar de sus grandes profesionales, por ello muchos tienden a trabajar para el extranjero, donde el oficio sí está bien remunerado. Yo estoy intentando salir un poco del mercado nacional y trabajar para otros países, ¡a ver qué tal! Las próximas exposiciones que realizaré serán en Donosti en otoño y una pequeña en Madrid a principios del próximo año.
Y por último, ¿un consejo para eliminar las manchas de óleo?
¡Mejor no quitarlas! Que quede el rastro de aquello que hiciste, pero si manchas tu mejor camisa (la de los domingos) mi consejo es que en el mismo instante uses un paño limpio con un poco de aguarrás para quitar la mancha, y que después elimines lo que queda con agua caliente y jabón. Pero a veces no hay manera de quitarlas ni por esas, así que disfruta de tu mancha y cuenta batallitas sobre cómo te la hiciste, a lo Lewinsky pero en un contexto artístico.

Texto
Gema Terol
Retrato
Mireia Arasa

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