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‘Activismo’ es una palabra que a día de hoy está en boca de todo el mundo. En las redes sociales se está practicando un activismo que, en muchas ocasiones, se queda solo en compartir una foto o una frase –aunque, por supuesto, sí se están consiguiendo cosas, como estamos viendo sobre todo en Estados Unidos últimamente. Pero la verdadera lucha se sigue librando cuando alguien dedica tiempo y esfuerzo a una causa, apoya a ONGs, es voluntario, organiza manifestaciones, etc. 
Los tiempos cambian, pero el activismo artístico siempre está ahí, y este es el que practica Dave Santleman. Mediante su libro, El triángulo rosa, un volumen autoeditado y cuya mitad de los beneficios se destinarán a Kif Kif (organización sin ánimo de lucro que ayuda a personas migrantes y refugiadas pertenecientes al colectivo LGTB+ en España), el escritor, actor y director de teatro consigue dar voz a historias conmovedoras, sensibles e íntimas.

Junio es el mes del orgullo, y aunque ciertos partidos políticos –y la última ley que prohíbe poner la bandera LGBT+ en edificios públicos– quieren ocultar una parte de la realidad e incluso retroceder en la lucha por unos derechos iguales, muchos agentes de la industria cultural siguen frenándolos a base de obras de todo tipo. La serie Pose, el reality RuPaul's Drag Race o el documental recién estrenado Disclosure: Ser Trans en Hollywood son algunos de los ejemplos más claros de que la historia e identidades LGTB+ están entrando en el mainstream de forma imparable. Dave Santleman, desde la literatura, consigue hablar de historias imposibles y de amor prohibido que tanto han llenado el imaginario queer a lo largo de la historia.

La última agresión homófoba registrada en España fue el 9 de febrero en Barcelona, aunque seguramente habrá muchas más. ¿Se puede combatir la homofobia en las escuelas y educar desde la tolerancia con la lectura?
Es la manera más potente de hacerlo, en mi opinión. El objetivo primordial del colectivo LGTB+ es la normalización, soñamos con un mundo utópico en el que no hiciera falta hacer diferencias porque, realmente, el ser una cosa u otra no supondría diferencia alguna. Para eso, la educación en diversidad es fundamental, así como la visibilidad de las historias y personas del colectivo, ya sea a través de un representante político, una película o, en este caso, un libro.
El triángulo rosa es tu primera novela, y es un claro homenaje a todas las personas que quieren vivir su amor en libertad y que no pudieron, sobre todo en el contexto de la II Guerra Mundial. ¿Qué les dirías a las personas que en 2020 siguen intentando que el amor no sea libre?
Que intenten enfocarlo desde la raíz del asunto: a fin de cuentas, todos queremos las mismas cosas en la vida. Si te paras a pensarlo, son más las cuestiones que nos unen que las que nos separan y, en los momentos realmente decisivos es el amor lo que mueve tierras y océanos. Y lo que nos ayuda a salir adelante. El amor es el sentimiento más legítimo de la naturaleza humana, y eso es algo que no entiende de ideologías ni colores políticos.
El libro se inspira en Rudolf Brazda, el último superviviente (que se sepa) de los que llevaron el triángulo rosa en los campos de concentración nazis. ¿Por qué lo escogiste para escribir el libro? ¿Hay algo de este personaje que te identifica?
Porque su experiencia era increíblemente cruda y conmovedora, el mejor ejemplo de una parte de nuestra historia que nos ha definido y hecho ser quienes somos como colectivo y, aun así, estaba cayendo en el olvido. Merecía ser recordada. Y por supuesto que sí, te puedo asegurar que cualquier persona que, en mayor o menor medida, se haya sentido diferente en alguna ocasión por su orientación sexual se sentiría identificada y empatizaría con las cosas que contaba Rudolf – independientemente de las creencias, edad o procedencia que tengas.
La novela cuenta la historia de amor entre Erich, un alto cargo del Partido Nazi, y Hannes, un escritor al que conoció en el campo de concentración en 1939. ¿Eres de los que cree en amores imposibles con finales felices?
Por supuesto, aunque la vida se empeñe una y otra vez en que no lo haga. Soy un romántico empedernido, no lo puedo evitar. ¿Qué es el amor sino una fe casi ciega en la otra persona, ilusión y esperanza? No le veo sentido a entregarte al amor si no lo haces por completo y creyendo que será para siempre, por difícil que resulte.
El triángulo rosa se enmarca en un contexto histórico, social y político muy concreto y del que hemos escuchado hablar cientos de veces. ¿Qué fuentes de información has utilizado para escribir la novela?
La información con respecto a los triángulos rosas es escasa en cualquier medio, pero como todo en la vida, si buscas terminas encontrando. Las entrevistas que dio Rudolf Brazda en vida me fueron muy útiles, así como el libro que escribió él mismo. También me serví bastante de documentales, que si bien no hablaban específicamente de los triángulos rosas, sí que me ayudaron a entender y profundizar mucho más en el contexto histórico de la trama.
En uno de los últimos poemas descubiertos de Federico García Lorca, Los amores oscuros, se ‘descifra’ que se quedó en España en sus últimos días por amor, concretamente por Juan Ramírez de Lucas, un periodista que falleció en 2010. ¿Has pensando en investigar estas historias durante la guerra civil o el franquismo en España?
Sí, es algo sobre lo que he leído pero me encantaría indagar más en profundidad. Para bien o para mal, España es un país con muchísimas historias al que el tipo de acontecimientos narrados en mi novela no le son ajenos.
Los jóvenes escritores tienen grandes dificultades para publicar sus primeras novelas, ya que se está dando espacios a influencers o creadores de contenido para publicar. ¿Cómo fue poder encontrar una editorial? ¿Crees que el tema también influyó?
No la encontré, directamente. Toqué a todas las puertas que se me ocurrieron, grandes y pequeñas. Y ninguna mostró interés, la gran mayoría ni siquiera me respondieron. Otras, por su parte, llegaron incluso a preguntarme cuántos seguidores tenía en redes sociales, a lo que respondí que yo era escritor, no influencer. Y tuve que montármelo por mi cuenta, como siempre.
Es injusto, pero en cierto modo lo entiendo: cualquiera que conozca el sector editorial un poco sabe de su decadencia. Es un negocio, como todo en esta vida. Y como cualquier negocio en decadencia, no puede permitirse apostar por otra cosa que no sea un proyecto que ofrezca ciertas garantías –aka seguidores que puedan convertirse en clientes potenciales.
Las redes sociales, y más concretamente Instagram, se han convertido en un escaparate para el negocio. ¿Qué facilidades estás encontrado y qué aspectos negativos crees que hay?
Mentiría si dijese que no he conseguido cierto público externo gracias a las redes sociales, pero si te soy sincero, la gran mayoría de mis lectores vienen recomendados por otros lectores. Yo soy algo antiguo para esas cosas y sigo creyendo que no hay nada que funcione mejor que el boca a oreja.
Estás destinando el 50% de los beneficios de la novela a la asociación Kif Kif, que trabaja con refugiados y migrantes LGTB+. ¿De dónde surge esta idea?
Desde antes incluso de acabar el manuscrito tenía claro que quería donar parte de los beneficios a alguna causa benéfica, y cuando descubrí la labor que hacía Kif Kif lo tuve claro. Mi libro habla de la lucha por amar libremente, por lo que si genera algo de beneficio, tiene sentido que vaya destinado a la continuidad de esa lucha (que está lejos de haber llegado a su fin en muchas partes del mundo). ¿No te parece?
Para acabar, cuéntanos más sobre tus próximos proyectos.
Estoy trabajando en la traducción al inglés de la novela. Me encantaría poder acercarla a mercados internacionales como el de Estados Unidos, especialmente con todo lo que está ocurriendo allí ahora. Un recordatorio de las cosas por las que ya hemos pasado no les vendría nada mal para evitar que vuelvan a suceder.

Texto
Miriam Martínez

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