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Cristina Lizarraga es cantante y teclista en el grupo vasco Belako, pero posee una caja a rebosar de herramientas para alzar la voz. Tras participar en varios podcasts, sacar una reveladora carta contra el ‘majirulismo’ en la prensa y publicar su primer fanzine Quítame La Culpa, esta joven artista es una de las voces feministas más desenvueltas dentro del panorama artístico español.
Para quienes no te conozcan, ¿en qué consiste tu día a día? Eres cantante y teclista del grupo Belako y has creado el fanzine Quítame La Culpa, ¿cómo definirías tu carrera?
Soy una persona pluriempleada que, a veces, desgraciadamente, me autoexploto un poquito porque hago muchas cosas, pero también creo que es porque tengo mucha energía dentro y me ayuda canalizarla a través de cosas creativas que me nutran o me hagan sentir válida al hacerlas.
Mi día a día cambia muchísimo de una semana a otra. Hay días que tomo clases de francés, hay días que escribo, días que me dedico más al grupo… Hay días que tengo mil cosas a la vez y otros que son más tranquilos y con horarios de jubilada, pero en general soy una persona bastante activa y creativa.
Primero hablemos de tu faceta musical, ¿cuándo empiezas a formarte como músico?
De pequeña hacía solfeo, piano y esas cosas, pero no me encajaba muy bien el rollo académico. Lo dejé porque me sentía presionada en la escuela de música, pero reconecté con la música de una forma más libre cuando en el instituto en Francia creamos un grupito para un festival de estudiantes que querían sacar proyectos creativos adelante.
¿Cómo se formó la banda? ¿Cuáles son los puntos en común que compartes con el resto de miembros y que os animaron a uniros?
Desde siempre sabía que quería estudiar Bellas Artes, así que empecé la carrera. Allí conocí a Josu Ximun Billelabeitia y hablábamos todo el rato de música y estábamos en un grupo de gente muy motivada por todo lo artístico y lo creativo. Pero Josu y yo teníamos una conexión, una sintonía muy fuerte por la música que escuchábamos y a raíz de eso fundamos el grupo con su hermana Lore. En paralelo con la carrera de Bellas Artes, la carrera del grupo fue avanzando, pero yo creo que mi formación como músico se concentra en la práctica que me han llevado todos estos años con el grupo.
Belako no nació con la pretensión de ser un proyecto de vida, pero ha acabado siéndolo. Ha pasado a ser una profesión que ha llegado por un camino de muchísimos aprendizajes.
Habéis tocado en el Arenal Sound, Primavera Sound y muchos más festivales. ¿Cómo planteáis vuestro futuro como banda a corto plazo? ¿Os habéis planteado dónde queréis llegar?
Ahora estamos intentando retomar el proceso que ya habíamos empezado antes de la pandemia, que era que el grupo gire más en el extranjero. De hecho, la mayoría de nuestras canciones son en inglés y, la verdad, nos interesa tocar en países anglosajones, por Latinoamérica y Europa, pero está siendo complicado. Con los efectos del Covid en la sociedad se está generando ese efecto embudo que implica que los promotores, las salas y los festivales, se encuentren saturados. Así que, con paciencia, que la autopista está colapsada.
A corto plazo queremos encontrar tiempo para componer nuevos temas. El último disco, Plastic Drama, lo sacamos en 2020, que era un momento muy complicado, y ahora hemos sacado una edición deluxe junto a otros artistas para darle un poco de cariño.

En alguna ocasión te has quejado de comportamientos tóxicos por parte del público. ¿Ves muy difícil que estas actitudes acaben desapareciendo?
De la misma manera en la que me he dado cuenta de lo que implica profesionalizarse en el mundo de la música tocando, he entendido lo que es el machismo a través de la carrera musical, que ha sido el terreno en el que me he movido. De hecho, todo esto me animó a escribir una carta quejándome sobre esto que se publicó en Icon. A partir de los pocos recursos de los que disponía por aquel entonces, y teniendo en cuenta lo mucho que han cambiado las cosas desde 2016, en la carta yo me quejaba de los periodistas que hacían alusión a cómo yo o mi compañera íbamos vestidas, que se nos pusiese una lupa encima por si tocábamos bien o mal… Y, en general, de sentir que no podíamos estar tranquilas en el sitio donde estuviéramos como sí podían estarlo nuestros compañeros. Ser un grupo de dos chicos y dos chicas hace muy obvias las desigualdades que hemos vivido.
Este año, al volver a los conciertos con la gente de pie y, por mi parte, con muchas más cosas aprendidas, escribí un artículo hablando de las conductas del público. La prensa escribe cosas, tiene una responsabilidad social y luego se normalizan unos comportamientos que provocan que nos comamos unas chapas tremendas. Es cierto que nos las comemos todo el grupo en conjunto, pero ciertamente mi compañera y yo tenemos que aguantar unas connotaciones de acoso bastante peliagudas.
Justo en este artículo vi que te referías a la gente que adopta esta toxicidad de una manera muy peculiar, ¿qué son los ‘majirulos’?
Este término me parece maravilloso. Me lo descubrió Listillas, que es una cuenta de memes muy guay. La gestiona una chica muy mordaz y con un humor superafilado de Valencia que se llama Marina. Vino a vernos a un bolo de estos en los que acostumbran a pasar este tipo de movidas y fue testigo de la cantidad de comportamientos inapropiados que me tuve que comer esa noche.
No hablo de comentarios que a priori ya dirías que están fuera de lugar. Me refiero a muchos tíos que venían de majos a darme su opinión, con superioridad, como a informarme de que creían que toco bien, como si, aunque no les hubiese pedido su opinión, no pudiese vivir sin saberla.
Y es que claramente no solamente has tenido voz encima del escenario. Aparte de escribir artículos de forma puntual, hace menos de un año publicaste tu primer fanzine que bautizaste Quítame La Culpa. Para los que aún no lo conozcan, ¿de qué trata? ¿Por qué este título?
El ejercicio de quitarse la culpa es entender que no está bien que aquello negativo que sucede en el espacio íntimo tendamos a llevárnoslo hacia lo individual. De allí nace la culpa de creer que tú estás haciendo algo mal y por eso te ocurre eso a ti.
Quítame La Culpa ha tenido una recibida impresionante, seguramente inesperada. ¿Cómo y cuándo se gesta este proyecto?
Hasta la pandemia mi mayor ocupación era el grupo de música, pero a raíz del confinamiento tuve más tiempo para escribir, que hacía tiempo que quería hacerlo. Sacar el proyecto de Quítame La Culpa adelante me demostró que también me divierto mucho haciendo otras cosas. Eso sí, era un proyecto personal que no sabía muy bien dónde me iba a llevar. Durante tiempos pandémicos y con pocos conciertos, tuve la oportunidad de empezar a hacer algunas presentaciones, a conocer gente de distintos medios, comencé a colaborar en algún programa y algún podcast y eso me llevó a darme cuenta de lo mucho que disfruto escribir.
¿Qué opinas del amor romántico? Según expones en el fanzine, aún es un elemento jerarquizado dentro de nuestra sociedad. ¿Cómo puede condicionarnos? ¿Y a las relaciones?
Con lo que más he aprendido es hablando con mis amigas sobre mis experiencias, más que de ningún ensayo; pero es cierto que viéndolo todo con perspectiva, te das cuenta de que el amor romántico lo impregna todo, no solamente la ficción, sino también el consumo, la educación y en todos lados. De alguna manera, cuando parece que lo empezamos a ver en las relaciones sexo afectivas y estamos empezando a desromantizarlas, romantizamos automáticamente otras situaciones, otras relaciones, como una especie de mecanismo adictivo al amor.
¿Entra en tus planes un segundo fanzine?
Ahora estoy intentando sacar la segunda parte de Quítame La Culpa, pero sobre las amistades, sobre cómo el amor romántico opera también en estas y en las jerarquías, en ciertos mitos, en relaciones afectadas por la toxicidad, etc.
En el fanzine argumentas tus ideas revolucionarias, tus quejas y tus opiniones a partir de testigos reales. Personalmente, creo que todas las mujeres podemos identificarnos –al menos– con algún fragmento de Quítame La Culpa. ¿Sentías que en el momento de verbalizar vivencias de distintas mujeres plasmabas historias muy íntimas o, más bien, te estabas limitando al exponer algunas de las carencias que componen nuestra sociedad?
Escuchar la historia de otra persona y hacer este ejercicio de empatía nos permite entender que se trata de un problema social y estructural. Funciona muy bien contar historias reales y personales porque hablan del mundo en el que vivimos.
A raíz del fanzine, ha nacido el podcast del mismo nombre. ¿Cómo gestionas esta oportunidad? ¿Cómo dirías que se complementa con el mismo fanzine?
Se complementa totalmente. Fue una experiencia nueva para mí, hice algo desde cero. Escribí el guion elaborando cuatro episodios, dando una lectura actualizada al fanzine y poniendo voz a las historias con algunas de las participantes. O sea, lo hice como el propio fanzine, como un relato coral. La experiencia fue maravillosa y me siento súper orgullosa de cómo quedó.
Participó Alejandra Culo Mala, que es quién ilustró los memes del fanzine. En el podcast habla conmigo y, de hecho, tiene sus propios memes en versión audio. En una de las entrevistas aparece Nerea Pérez y hablamos del caso de Rocío Carrasco, porque gracias al fanzine hice una presentación con ella en Madrid y luego ella hizo un artículo sobre Rocío y me entrevistó. Son esas cosas que van generando eco y sinergias.
Además, conocí a Elisa Coll después de la publicación del fanzine y gracias a ella yo empecé a nombrarme como bisexual; al entender eso, me apetecía dotar el podcast de esa dimensión sobre la culpa y la bifobia.

¿En qué estás centrada ahora mismo? ¿Qué podemos esperar de ti a corto plazo?
Tengo un poco en stand by el segundo fanzine que te he comentado porque me han surgido más proyectos que también me hacen muy feliz, estoy escribiendo algo con unas amigas, por ejemplo. Todavía no puedo decir gran cosa porque implica a más gente, pero aunque haga muchas cosas por mí misma, disfruto mucho trabajando con más personas. Hacer las cosas en equipo resulta muy gratificante.
También espero que los de la banda tengamos tiempo de componer antes de finales de verano, pero ya se sabe que estas cosas funcionan a largo plazo y requieren calma.

Texto
Aina Lino
Fotos
Sharon López

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