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El arte de Cristina Banban está protagonizado (mayormente) por mujeres de todas las edades, colores, y tamaños. Pero sus obras son más el reflejo de cómo los paradigmas que hasta ahora habían funcionado se están quedando obsoletos. Conceptos como el amor o las relaciones humanas toman nuevas formas, y hay que saber adaptarse a ellas. Cristina lo hace, y además lo pinta. Y por eso, hoy hablamos con ella. 
Aunque naciste en Barcelona, te mudaste a Londres justo después de graduarte en Bellas Artes, donde todavía sigues. ¿Qué te impulsó a tomar la decisión? 
Quería vivir por un tiempo en otro lugar y pensé que Londres era una buena ciudad donde poder desarrollar mi trabajo. Sentí un impulso y lo hice.
¿Qué tal te va te va viviendo en una de las áreas más creativas de la ciudad, Hackney Wick?
Hackney Wick cambió mucho (cambia todo el tiempo); es difícil encontrarte con otros artistas en activo si haces la comparación con años atrás, donde había mucho más ambiente artístico. Ahora tenemos cafés trendy e inmobiliarias, pero es una zona que a mí me sigue gustando bastante. Cada mañana veo los restos de la noche anterior –latas vacías, trozos de pizza y un graffiti nuevo cubriendo el anterior. Cada día. Las calles mutan constantemente con colores e historias nuevas, y eso lo encuentro inspirador.
Imagino que tu entorno te influye mucho a la hora de pintar.
Creo que el estado de ánimo es la base de lo que será la pintura o dibujo en concreto, siempre empiezo partiendo de ahí. El contexto en el que me encuentro así como la música que escucho, el tiempo, la luz, las relaciones con gente y lo que sucede a nivel personal está conectado y todo influye y se refleja en mi trabajo.

Si tuvieras que describir tu estilo, ¿cómo le definirías brevemente? ¿Sufrió algún giro drástico, por ejemplo, al mudarte a Londres?
Ha sido un proceso orgánico, no creo que puedas encontrar ‘tu manera de hacer’ de forma instantánea. Y sí, surgió después de dedicarle muchas horas y encerrarme en el estudio aquí en Londres. Me baso en la figura humana, que distorsiono exagerando sus formas, para contar historias. Son retratos de individuos, parejas o grupos y uno de los temas que más trato son las relaciones. Me gustaría entenderlos como retratos de la sociedad en la que vivo, ya que se construyen por historias personales pero también colectivas.
El uso del color, los brochazos fuertes, y las capas gruesas de pintura forman parte de tu identidad como artista. ¿Cómo te enfrentas al lienzo en blanco? ¿Cómo es tu proceso creativo?
Dibujo mucho, a diario, y casi siempre de memoria. Cuando tengo en mente cómo van a ser la composición y los personajes, hago un boceto antes en papel y luego lo paso al lienzo. Una vez encajado el dibujo, voy construyendo la imagen a base de muchas capas de pintura. No tengo una rutina pero intento estar en el estudio todo el día sin interrupción porque así me concentro –y trabajo con música.
Está claro que lo tuyo es retratar personas, y la mayoría de las veces, acompañadas o relacionándose. ¿Quiénes son?
Son inventados, personajes imaginarios que utilizo para contar una idea, un sentimiento, una reflexión sobre algo que me inquieta a nivel personal.

Tus sujetos también se caracterizan por sus figuras curvilíneas, además de por encontrarse en situaciones cotidianas: desde cotillear el móvil tirado en la cama hasta poner la lavadora, pasando por charlas en el sofá comiendo pizza. ¿Son un retrato de la sociedad del consumo visto desde un punto de vista crítico?
Es el punto de vista que tú como espectador le quieras dar. En muchas ocasiones me he encontrado con lecturas de una pintura totalmente contrarias a lo que yo pensé en un inicio. Lo interesante es que se despierten emociones o preguntas, y eso depende siempre de tu historia.
Y hablando de consumismo, ¿cuán importante es para ti que los espectadores nos identifiquemos con las historias que vemos a través de tus cuadros?
En mi opinión, toda expresión artística es un acto por conectar con el público.
Afirmas que escuchar a la gente y sus historias te ayuda a encontrar inspiración. ¿De qué personas e historias estamos hablando? ¿Y a qué otras fuentes de inspiración recurres?
La vida misma es una fuente. Creo que estamos en un momento donde se están redefiniendo conceptos universales como el amor y las relaciones. Nuestra generación está experimentando cambios en la manera de entender lo que se nos ha venido inculcado con la familia, el materialismo y los dogmas sentimentales que debían durar para toda la vida. Esto se manifiesta en el día a día en cómo actuamos con los otros y nos vemos a nosotros mismos, y eso me interesa e intento formalizarlo en las pinturas.


¿Cuáles son los mayores retos a los que te enfrentas cuando trabajas? ¿Y tus miedos como artista?
El mayor reto es hacer un buen trabajo con cada pintura. Un miedo puede ser no conseguirlo.
A pesar de que la mayoría de tus obras son de gran escala, estás experimentando también con formatos más pequeños ahora. ¿Qué tal te va de momento?
Es interesante cambiar de formato porque exige pensar de otro modo. El dibujo, en contraste con la pintura, que es un proceso mucho más lento, me obliga a tomar decisiones de un modo más inmediato. Hasta ahora he tenido una exposición de trabajo sobre papel, titulada My Dear Demons, en The Dot Project, aquí en Londres.
Y ya para acabar, ¿qué planes de futuro tienes? ¿Cómo se presentan los próximos meses?
¡Se presentan con mucho trabajo!

Texto
Vincenza Nobile
Retrato
Erola Arcalís

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