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El D’A Film Festival siempre llega con la primavera y, aunque este año solamente la veamos a través del balcón, el festival nos invita más que nunca a viajar al mundo de lo imaginario y lo real con una programación de sesenta y cinco títulos internacionales que podemos ver en Filmin del 30 de abril al 10 de mayo. Un matrimonio, el del festival y la plataforma, que aunque pueda parecer de conveniencia va a darnos muchas alegrías. ¿Quién dijo que había que casarse solo por amor? En esta ocasión, el impacto del Covid-19 en el sector cultural, ha hecho de la necesidad virtud.

Conversar con Carlos R. Ríos es siempre muy estimulante. Conocedor de la escena del cine independiente como pocos en nuestro país, es un luchador incansable en pro de la socialización de la cultura cinematográfica. Con él queremos invitaros a asistir a la celebración de la diversidad de lenguajes y temáticas del cine de autor que podéis disfrutar solo en Filmin. Bien pensado, este matrimonio une a dos pilares del tejido cultural que comparten la misma pasión: la defensa del buen cine y la libertad creativa de sus autores. Sin duda, un acto de amor.
¿Cómo recuerdas tu infancia? ¿Fuiste un niño feliz?
Buena pregunta, mi infancia la recuerdo llena de imaginación y juegos. Y sí, tuve una infancia feliz, nací en un pueblo, La Seu d’Urgell, y recuerdo tardes y tardes en las calles, en los campos, en el río, jugando y teniendo una libertad de movimiento total.
¿Cuándo empezó tu fascinación por el cine?
Mi fascinación empezó con las sesiones de cine en versión original de Tve 2 a mediados de los 80, y con mis primeras escapadas a Barcelona para ver cine y teatro, con 16 años. Luego ya cuando llegué a Barcelona en 1986 empecé a recuperar todo aquel cine que no pude ver en mi pueblo, cine de autor, europeo, independiente, siempre en versión original. Mi formación cinematográfica se la debo al trabajo realizado en aquellos momentos por los cines Maldà, Casablanca, Arcadia, Capsa, y especialmente al trabajo realizado por el Circulo A, los grandes programadores de cine en versión original desde los años 60 hasta el año 1992.
¿Hubo alguien, algún familiar o amigo, que te facilitara el acceso al cine de autor?
No, autodidacta total, pero sí recuerdo que mis padres siempre me llevaban al cine los domingos, a la película que fuese. Tengo dos recuerdos que nunca borraré: una sesión de Holocausto caníbal, tuve pesadillas durante cinco días, y 2001: Una odisea en el espacio, en mi pueblo se estrenó mucho, mucho más tarde y me quedé fascinado, aunque también dormido, era pequeñito. Cuando ya era mayor la recuperé y es la película que más veces he visto. También recuerdo con cariño las sesiones de cine de los sábados y domingos de mi colegio, tenía un cine espectacular, y allí vi por primera vez Naves misteriosas, del gran Douglas Trumbull, que marcó para siempre mi predilección por la space opera y films de naves espaciales – por cierto, de todo tipo, sin discriminar.
¿Significó el cine una iniciación en tu vida?
Creo que sí, pero también el teatro, a veces digo que me gusta más que el cine, a modo de broma. El cine y el teatro ayudaron a formarme como persona, con sus cosas buenas y malas, a ver mundo, a conocer y entender otras realidades o fantasías.
¿En qué fue decisivo tu paso por la facultad de Ciencias de la Información de la UAB?
Fue decisivo ya que aprendí de todo y nada, pero sobre todo aprendí a ser intuitivo, a improvisar, a ser versátil en los trabajos que he tenido que realizar en mi vida.
La dirección del D’A es el resultado de una trayectoria que me gustaría que explicaras brevemente al lector.
Mi trayectoria vinculada a festivales de cine empezó a finales de los 80, trabajé tres años en el Festival de Cine de Barcelona, Films i Directors. Aprendí mucho esos años y sentaron las bases de muchos de los conocimientos en los proyectos que inicié más adelante, como Cineambigú i Baff, con la asociación 100.000 Retinas, y en el nuevo siglo, la promotora audiovisual Noucinemart, distribución del mejor cine de autor. Y el proyecto D’A Film Festival Barcelona, con el que ya llevamos diez ediciones.
¿Qué valoración haces del desarrollo del festival en su décimo aniversario?
Muy positiva. Es un festival que nació en una época de crisis económica y al ajustarse a esa situación, el festival pudo crecer paulatinamente y de forma ordenada. En diez años el festival ha crecido mucho en todos los aspectos –programación, invitados, actividades paralelas, al igual que su repercusión y presupuesto– y ahora está entre los festivales líderes e influyentes del país. Esto se ha logrado gracias al equipo del festival, a las colaboraciones de instituciones y patrocinadores, y por supuesto, gracias a las respuesta del público; este público es el que ha logrado que el D’A sea un festival de éxito.
El festival ha sido el primero en España en asumir que esta edición iba a ser online debido a la crisis por el Covid-19, ¿cómo afrontáis esta edición tan atípica?
Fuimos los primeros en anunciar la mutación o cambio de festival presencial a festival online, no había muchas opciones a mediados de marzo y demasiadas incertidumbres, pero tomamos una decisión acertada viendo cómo ha evolucionado todo, muy a nuestro pesar. El festival no tendrá la experiencia presencial, la esencia de compartir cine en los espacios habituales, pero lo más importante era salvar el trabajo realizado durante meses y salvar la programación que teníamos cerrada. Es un honor contar con la colaboración de Filmin, que tiene el mismo ADN que el D’A, cuidar y promocionar el mejor cine contemporáneo, de autor, independiente, más arriesgado. Y en esta edición, en vuestras casas.
De las 65 películas que programáis, ¿cuáles destacarías?
Siempre es difícil destacar unas, pero están esos grandes autores como Werner Herzog, Arnaud Desplechin, Christophe Honoré, Lou Ye o Jessica Hausner, y sin olvidar la excelente sección Talents, la mejor forma de conocer el nuevo talento internacional, los directores y directoras del momento.
Entre los autores de este año me gusta especialmente la película Rouvaix, une lumière, de Arnaud Desplechin, que se estrenó en Cannes el año pasado y cuyo actor, Roschdiy Zem, ganó el César a mejor actor protagonista. ¿Qué la hace imprescindible?
El retrato tan acertado de una ciudad deprimida económicamente. Desplechin orquesta un drama social policiaco de gran altura y en realidad una gran e incisiva película sobre el miedo ‘al otro’.
Otra gran película es la de Werner Herzog con su documental esperadísimo No Mad: in the Footsteps of Bruce Chatwin, un homenaje a su amigo fallecido por el SIDA en 1989. ¿Por qué no hay que perdérsela?
Herzog y Chatwin, no hace falta decir más, un magnífico documental para profundizar sobre estos dos totems.
También presentáis lo último de Kiyoshi Kurosawa, To the Ends of the Earth. El título parece muy apropiado...
Kiyoshi Kurosawa es uno de los directores imprescindibles del cine contemporáneo y todo un referente del cine asiático. Sus propuestas siempre son refrescantes e interesantes, con ese tono y cadencia que nos tiene acostumbrado una parte del cine de autor asiático.
Por tradición asociamos la asistencia a un festival de cine al ambiente de las salas, las conversaciones post-proyección, las actividades paralelas, etc. Ver la programación desde casa rompe con estos rituales. ¿Cómo os planteáis la interacción con el público?
Con algunos debates online, pero este año esta interacción se pierde en gran parte. Pero como he dicho, en esta situación de confinamiento, lo más importante es ofrecer cultura, ofrecer las películas, a la espera que recuperemos la libertad de movimiento pronto, que parece que será así, aunque tengamos que llevar mascarillas.
En el D’A habéis apostado por apoyar proyectos en fase de desarrollo que en el futuro veremos en el festival. ¿Cómo habéis resuelto las sesiones de mentoring?
Está en stand by hasta que no podamos realizar los encuentros presenciales. Ha sido un golpe duro tener que posponer sine die este proyecto de La Pedrera D’A Film Lab.
¿Cómo valoras la evolución de la escena cultural en Barcelona en estos últimos años? 
Sigue siendo muy viva, con muchas propuestas de todo tipo, pero valoro mucho que en Barcelona existan muchos proyectos culturales de iniciativa privada con apoyo de las administraciones. A pesar del apoyo de las instituciones aún queda por apoyar más a la cultura, como se ha hablado estos días. La cultura es un bien de primera necesitad también.
De la industria cinematográfica independiente española, ¿a qué directoras y directores hay que seguirles la pista?
Luis López Carrasco, Carla Simón, Victor Moreno, Lois Patiño, Andrés Duque, Oliver Laxe, Chema García Ibarra, Neus Ballús, Mauro Herce, Meritxell Colell… entre otros muchos, me gustaría citarlos a todos y todas.
Terenci Moix siempre me decía que el cine era un substitutivo de los cuentos que se contaban alrededor del fuego en las masías. Para él el cine representaba un sueño. ¿Estás de acuerdo?
Sí, totalmente. El cine para mí ha sido el gran narrador de cuentos, de historias, de fantasía y una de las formas de hacerme soñar. El cine es una forma de vida en todos los sentidos.

Texto
Sergi Doladé
Retrato
Oscar Orengo

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