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Carles Murillo no cree demasiado en el diseño de autor y, puestos a elegir, y llevando la contraria a otros profesionales del sector, prefiere que sus diseños no sean identificables. Tampoco es muy fanático de definir la creatividad, entre otras cosas, porque quizá “tiene respuestas infinitas”.

Huyendo de tópicos, reconoce que el trabajo de profesor, además de ser difícil de compaginar con la carrera profesional, no siempre es gratificante –aunque eso no evita que le brinde a sus alumnos consejos tan brillantes como que los premios solo son importantes cuando los ganas tú. Es un acérrimo defensor del humor, aunque considera que, en realidad, hace más falta en la vida que en el diseño. Carles Murillo ejerce su vocación con reglas propias, fruto de muchos años de trabajo, de nuevos retos y, sobre todo, de “la lucha constante por no ser etiquetado profesionalmente”. Con motivo de su participación en la primera edición del festival Fes ESDesign de Barcelona, hablamos con él sobre su visión del diseño, su pasión por este, y cómo ve el futuro del sector.

Para aquellos que aún no te conocen, ¿quién es Carles Murillo? ¿Cómo te adentraste en el mundo del diseño gráfico?
Pues Carles Murillo es un diseñador gráfico enamorado de su profesión (casi desde el primer día que la conoció), que intenta disfrutar y aprender todo lo posible en cada proyecto y que cree en la constante metamorfosis del diseñador como modus vivendi. Y te lo digo hablando como los futbolistas, en tercera persona.
Entiendes el diseño como un proceso que requiere absoluta pasión y dedicación. ¿Qué aspectos de tu trabajo son los que más te apasionan y han logrado que te mantengas en activo durante más de una década?
Pues, probablemente, ese concepto que avanzaba de metamorfosis es uno de los puntos clave. Enfrentarte a nuevos retos que te obligan a aprender, conocer realidades, proyectos, mercados y personas distintas; documentarte e investigar para crear una base sólida para los proyectos y poder llegar de manera eficaz al target; ayudar a la gente a concebir, dar forma y sacar adelante sus proyectos, etc. Ese punto tan orgánico, mutante y exigente del diseño, de alguna manera, creo que nos pone en una posición privilegiada.
Combinas tu trabajo de diseñador con el de profesor. ¿Cómo se retroalimentan cada una de estas vertientes? ¿Alguna idea fundamental que aspires a inculcarles a tus alumnos mediante las clases?
Pues, básicamente, intento inculcarles que la implicación, la pasión y el know how son la clave de todo. Y una buena idea, claro. Creo que el diseño siempre tiene que tener una parte pasional y otra racional. Ser un buen profesional, entender las necesidades, conocer el target al que te diriges, y gestionar todos los procesos y actores implicados en un proyecto es tan importante como conseguir que el proyecto sea singular y que, de una manera u otra, consiga emocionar y ayudar –por su rigor, por su utilidad, por su concepto, por su impacto, por su mensaje, por su belleza, por su tacto…
A menudo, por desgracia, no se consigue que el mensaje llegue a los alumnos. Eso sí, el trabajo de profesor no siempre es gratificante y, muy a menudo, es complicado compaginarlo con la actividad profesional. Pero en cada grado, postgrado o máster recibes una serie de respuestas positivas o percibes determinadas energías que, de alguna manera, te hacen mantener la fe y querer seguir con ello, por así decirlo.

Esta semana, has realizado un workshop para Fes ESDesign, un festival para profesionales, estudiantes y amantes del diseño. ¿Nos puedes contar un poco en qué ha consistido? ¿Qué beneficios crees que tienen iniciativas como esta, que te permiten compartir espacio con otros creativos?
Pues, básicamente, ha sido una maratón de ideas libres y composiciones imperfectas que tenía como objetivo crear una pequeña publicación que trate con fanatismo un tema que les obsesione. Después de una introducción al origen, historia, evolución y tipologías de fanzines, los asistentes han trabajado por grupos para pensar, editar, diseñar y producir su propia publicación. Hemos visto ejemplos que van desde el primer fanzine de ciencia ficción a libros múltiplos de artistas contemporáneos pasando por el punk, el comic, los dadaistas, los situacionistas, Provo, Fluxus, los Simpson, etc.
Hablemos de tu obra. Desde diseños cercanos al minimalismo a folletos plagados de color, ¿cada trabajo es tan único como parece? ¿Hay algún elemento que tengan en común todas tus creaciones?
No sabría decirte, supongo que el elemento en común es que yo estoy implicado, y ese hecho, inevitablemente, conlleva unas maneras concretas de reflexionar y proyectar. Siempre intento ser lo más honesto posible y plantear los proyectos desde cero, buscando la singularidad tanto en el concepto como en el resultado. Es una opinión muy personal y sé que no todo el mundo está de acuerdo, pero no creo en el diseño de autor, sobre todo en lo que a lo formal se refiere, al estilo. Me parece antinatural, poco honesto e inadecuado, pero sí creo que, como te decía, cada uno tenemos ciertas maneras de proyectar que, tal vez, nos hacen identificables. Aunque me gustaría que no fuera así.
En uno de tus trabajos, la campaña de comunicación para Laus Awards 2019, propones encontrar las diferencias entre escenas cotidianas en las que ganar un premio ha supuesto algún que otro cambio. Teniendo en cuenta este caso, ¿el humor suele jugar un papel clave en tus creaciones?
No necesariamente. Aunque (y ahora no diré ningún secreto) el humor es clave y necesario en la vida en general, no todos los proyectos demandan o necesitan humor, lógicamente. Unos proyectos necesitarán solemnidad, otros conceptos más experimentales o abstractos, otros tonos más poéticos, etc. Así que creo que no se puede generalizar. En mis proyectos personales, de todas maneras, creo que sí tiendo a trabajar desde el sentido del humor. Supongo que es mi hábitat natural, donde estoy más cómodo.

Ilustración, packaging, pósters, trabajo editorial… No hay nada que se te resista. Sin embargo, ¿hay alguna modalidad de diseño gráfico que sea tu predilecta?
Inevitablemente, por trayectoria, estoy más especializado en diseño editorial, y es donde más cómodo me siento y el medio que mejor conozco. Pero como te decía, la lucha por no ser etiquetado profesionalmente es larga y dura, aunque bajo mi punto de vista, necesaria. Siempre he intentado abrirme, ser lo más versátil posible y conseguir proyectos distintos, justamente para romper esa tendencia a etiquetarnos que tenemos todos. Y no siempre es la mejor de las decisiones a nivel profesional porque puede despistar, confundir y generar desconfianza, pero a nivel personal es una decisión muy necesaria y enriquecedora bajo mi punto de vista.
Y de todos estos proyectos que has llevado a cabo, ¿con cuál te has sentido más satisfecho hasta la fecha?
Es difícil saber de qué proyecto me siento más satisfecho, pero, probablemente, el trabajo que llevo haciendo durante más de diez años con la Sala d’Art Jove de Barcelona es uno de ellos. También la reedición ilustrada del mítico Barcelones, de Vázquez Montalbán, que hicimos junto con Pau Gasol hace cosa de dos años. Y claro, la ‘niña de mis ojos’, la revista Yuca, que es el proyecto ideal en muchos sentidos. Co-editamos con nocturnidad y alevosía con dos editoras colombianas maravillosas (Juliana Gómez y Lina Rincón), y los tres números que hemos sacado hasta la fecha han sido puros actos de amor hacia el papel, la edición, la cultura, la fotografía, la literatura, el arte, el diseño, etc. Trabajar en familia, descubrir el trabajo de gente muy potente y crear una red de colaboradores fantástica. Trabajo muy duro, pero extremadamente gratificante.


Recientemente, los proyectos de Loreak y ahora Ondarreta –en los que colaboro con el estudio vasco Pensando en Blanco–, que han sido muy ambiciosos, grandes, complejos e intensos y que me han permitido aprender y crecer, sobre todo, en aspectos como la dirección creativa, la dirección de arte o la identidad 360º. Y en los que es clave el trabajo en equipo con otra familia que quiero mucho y que forman el capo Borja Garmendia, Nikola Susaeta, Iker Basterretxea y Aurora Polo.
La reciente campaña de los Laus, en la que disfruté como un niño pensando las escenas, escribiendo los guiones, describiendo los personajes de las viñetas y, posteriormente, las animaciones, pensar la música, el ritmo, los efectos… Un lujo haber formado y trabajado con esa especie de banda de rockstars que eran Marc Torrent (en la ilustración), Genís Rigol (en la animación) y Nico Roig (en el sound design).

También fueron importantísimos los doce años que estuve en el estudio Bisdixit; recuerdo con mucho cariño, por ejemplo, la serie de posters The Future is Unwritten, donde, en plena época de crisis, lanzábamos un mensaje optimista con un lenguaje en cierta manera poético. Hay otros muchos proyectos, como la imagen para el Festival de Jazz Costa Brava, donde pude trabajar con Sara Santos (de Workship, con la que aún, hoy en día, seguimos colaborando puntualmente y que también ha colaborado como profesora en el workshop), o gente como Ana Domínguez, Alex Gifreu, Pere Alvaro, Núria Sierra o Joan Guardia.
Una de tus creaciones es el póster El proceso creativo, con la que obtuviste gran reconocimiento en los premios Laus 2017. ¿Es eso la creatividad? ¿La capacidad de encontrar multitud de caminos a la hora de unir dos puntos? ¿Tú como la defines?
No me suele gustar responder con máximas a preguntas tan complejas, pero sí, sí lo creo (risas). Fuera coñas, la gracia de este póster, justamente, es que reflexiona con humor y ofrece muchas respuestas distintas a una pregunta tópica que lleva años y años en todas las sobremesas, entrevistas o convenciones sobre creatividad y que, en realidad, creo que no tiene respuesta posible. O, más bien, que tiene respuestas infinitas.
De ser galardonado en este certamen, pasaste a convertirte en miembro del jurado. ¿Cómo se vive esa experiencia? ¿Resulta complejo juzgar el trabajo de otros creativos habiendo estado antes en su lugar?
Mmm… de eso hace muchos años ya, pero sí es complejo y una gran responsabilidad, aunque también una gran oportunidad de poder ver el resumen de los proyectos supuestamente más interesantes de un año en un solo día… todos juntos. Una gran foto panorámica del estado del diseño anual. Dicho esto, te diré lo que siempre le digo a los alumnos: los premios solo son importantes cuando los ganas tú. Pero me encantan los Laus, son una fiesta, una celebración y una oda al diseño.

En los últimos años, hemos vivido gran cantidad de cambios, desde el auge de las redes sociales hasta la accesibilidad a programas que antes estaban solo en manos de unos cuantos profesionales. ¿Cómo crees que esto le ha afectado a tu sector? ¿Sientes que llega a haber intrusismo o puede ser favorable que haya más creativos haciendo propuestas con las que poder entretenerse e inspirarse?
Bueno, a mí, personalmente, me abruma, en cierta manera, que haya tanto y tanta ‘profesional’. Pero lo cierto es que el diseño está muy presente y es necesario en tantos y tantos ámbitos que, en realidad, cada uno y una puede encontrar su lugar o nicho en el mercado, ajustado a su nivel/profesionalidad y al bolsillo y necesidades del proyecto. Y el llamado intrusismo, siendo muy optimista, se supone que puede incluso poner en valor al ‘buen diseño’ –aquello de ‘no valoras del todo un buen diseño hasta que lo comparas con uno malo’.
Ante la sobreinformación a la que estamos expuestos y a la cantidad de imágenes que vemos al día, poco podemos hacer más que filtrar y tener claro cuáles son tu criterio, tus principios y tus valores. Pero no veo a las redes como el enemigo. Es fantástico el acceso que tenemos a la información o lo fácil que es seguir el trabajo de la gente a la que admiras.
Has vivido multitud de experiencias que son el resultado de muchos años dedicados a la que es tu pasión. ¿Qué habilidades has desarrollado –por voluntad propia o por pura supervivencia– durante este tiempo? ¿Lo más importante que has aprendido?
Creo que eso que llamamos know how. Es lo más importante, sin duda, y me ha enseñado que conceptos como la empatía, la intuición, la cintura, la implicación, la honestidad, el corazón y el trabajo, por decir algunos, son los más importantes. Un oficio se aprende trabajando y, cuanto más curras, más herramientas adquieres, más control tienes y mejores prestaciones ofreces.
Y, después de este recorrido, ¿cuáles son tus proyectos y planes de futuro?
Pues intentar mantenerme pequeño, seguir llevando los proyectos del punto A al punto B y continuar disfrutando y aprendiendo de la profesión. Si puede ser rodeado y trabajando con amigos y amigas, pues mejor que mejor. Eso sí, me encantaría implicarme en el diseño de una colección de libros de bolsillo y en el diseño de otra revista periódica. ¿Alguien en la sala?


Texto
Claudia Luque

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