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Líneas marcadas, colores lavados y momentos extrañamente naturales. Pero ante todo, un estilo fotográfico orgánico en el que no tienen cabida fondos profesionales ni grandes artificios. La forma de mirar de Carla Step nos traslada a parajes insólitos, que en cierta manera nos evocan al vacío, a la soledad; pero no a una soledad pensada como algo negativo, sino más bien como un sinónimo de libertad.
Para empezar, me gustaría que nos hablaras un poco de ti ¿Quién es Carla Step?
Carla Step es una chica de Barcelona con dos hoyuelos muy marcados en las mejillas, tiene un gato persa llamado Karma y le gusta mucho ir en bici.
¿Por qué la fotografía? ¿Hay otras ramas artísticas que te llamen la atención?
He crecido con una madre apasionada por las artes plásticas que utilizaba la ropa como lienzo, y un padre bailarín, músico y artista en general. Supongo que eso ha condicionado mucho mi forma de entender el mundo. Todo lo que hacía en mi infancia, en mis ratos libres, era pintar o bailar, no había nada más.
Me decanté por la fotografía de una manera más bien causal, no meditada. La fotografía es la herramienta de mi generación: crecí con Fotolog, luego vino Facebook, después Instagram. Es el medio que mejor se adapta a la rapidez en la que vivimos y supongo que por ello el más explotado en la actualidad. Lo que más me gusta es la inmensidad de perfiles que puede englobar el término ‘fotógrafo’; es un mundo muy grande con una variedad infinita de aplicaciones y formas de trabajar.
Pero también me llaman la atención muchas otras ramas artísticas y, de hecho, me cuesta mucho definirme como ‘fotógrafa’. Por ejemplo, mi último proyecto –que pronto verá la luz– es un libro autoeditado con escritos, imágenes, pinturas y muchos sentimientos. En absoluto es un libro donde prima la fotografía, es un conjunto donde todo tiene importancia.

¿Cuál es tu formación académica? ¿Hasta qué punto opinas que la fotografía se enseña o se aprende por sí misma?
Estudié bachillerato artístico y después, pese a tener muy claro que quería ser fotógrafa, no me apunté a ninguna universidad. Me cabreaban un poco los precios abusivos de las escuelas y decidí formarme con la práctica. Después estudié un grado superior en diseño gráfico, y en segundo lo dejé. Desde entonces todo lo que he hecho es trabajar e intentar formarme con la experiencia.
Mi opinión es que una escuela puede ayudarte a tener una base técnica que te de confianza para encarar los trabajos, eso es lo que más he echado de menos. Pero no me convencen los formatos que se proponen ni mucho menos los costes de estos. Echo en falta más variedad y apertura de miras. Creo que es algo que debería hablarse más, estoy segura de que no soy la única artista que ha vivido algo parecido.
¿Qué crees que te ha aportado la fotografía? ¿Ha influido en tu crecimiento personal? Y, por otro lado, ¿cómo crees que tu vida afecta a tu fotografía?
La fotografía me aporta mucha diversión y libertad, y son dos cosas que, aunque suene a tópico, agradezco infinitamente. Ahora mismo me costaría mucho entender un trabajo que no me dejase divertirme y tener libertad de decisión. Me gusta saber que por mucho que cambie y evolucione, ella siempre puede cambiar conmigo.
Por otro lado, imagino que habrá muchos aspectos de mi vida que condicionen mi estilo fotográfico, pero uno de los principales tal vez es la ausencia de muchos recursos a la hora de fotografiar. Ni luces artificiales, ni fondos profesionales. Mi cámara analógica no tiene fotómetro y en muchas ocasiones he tenido que inventarme los parámetros. No quiero sonar quejica, siempre ha sido algo divertido y creo que te ayuda a ser más espabilado e imaginativo en el proceso de creación. Evidentemente, con los años uno tiene que profesionalizarse y cuando tengo encargos que lo requieren me busco la vida para conseguir el material. Pero, curiosamente, los mismos clientes a veces me piden que trabaje de esta forma menos técnica y más libre.
Líneas marcadas, colores lavados y momentos extrañamente naturales. Háblanos un poco de tu estilo, de tu identidad como artista.
Mi estilo ha ido evolucionando, como el de toda persona creativa. Cuando empecé me gustaba mucho el blanco y negro y con el tiempo he ido pasándome al color (el analógico ha tenido mucho que ver con eso). Todas mis imágenes siempre tienen algo de orgánico, me gusta que sean naturales, sin grandes artificios. Respecto a los colores hay una anécdota que me hace gracia recordar y es que, de pequeña, recuerdo ver a mi madre vestir siempre ‘colores tierra’ –como ella les llama– y yo siempre le hacía broma con eso. Ahora me he dado cuenta que estos ‘colores lavados’ son aquellos ‘colores tierra’ de mi madre. Todo se pega. (Risas)

“El vacío me da paz, no lo concibo como algo negativo sino más bien como libertad.”
Los viajes y la fotografía espacial parecen ser puntos fuertes en tu forma de mirar el mundo. ¿Qué significan para ti los espacios que inmortalizas, qué te tienen que evocar?
Cuando empecé a hacer fotos siempre fotografiaba personas, pero con los años ha ido ganando más protagonismo la de paisajes o espacios. Soy una persona a veces un tanto solitaria y depender de un sujeto para fotografiar me agobiaba un poco. Recuerdo decirle a un amigo que patina que lo que más envidio de los skaters es que pueden salir a patinar y pasárselo bien sin la necesidad obligada de tener compañía. Con la fotografía de espacios creo que he cumplido eso. Me gusta encontrarme a solas y poder hacer lo que más me gusta, es casi un ritual zen para mí. Hace un par de años conocí a María Sunset Spek, una de mis mejores amigas que también es fotógrafa, y me influyó mucho encontrar alguien con quien compartir esta vertiente dentro de la fotografía.
Un arco en un paraje desolado, un edificio a medio construir y unas escaleras al mar. Tu obra parece plasmar muchas referencias al vacío. ¿Por qué?
Imagino que porque me gusta la soledad. El vacío me da paz, no lo concibo como algo negativo sino más bien como libertad. Este tipo de imágenes me hacen sentir libre.
Argentina, Escocia, Inglaterra. ¿Dirías que la fotografía es el motor de esos viajes o más bien un medio para ilustrarlos?
A partes iguales. Me gusta mucho viajar, y poder mezclarlo con la experiencia de fotografiar lo hace aún más emocionante. Aunque no creo que encaje del todo en la definición de ‘fotógrafa de viajes’, ya que no me preocupa tanto explicar el lugar de la forma tradicional –monumentos, calles, gente, establecimientos, miradores– sino que me llaman más la atención pequeños detalles arbitrarios como una rama caída en medio del camino o un gran ventanal.

Aunque tus fotografías siguen una misma estética, encontramos mucha diversidad en tu trabajo. ¿Tienes alguna preferencia? ¿Cuáles dirías que son las fotografías que más te gusta hacer?
¡Y todo lo que no enseño! Durante estos años he hecho un poco de todo, cosas que me gustaban y cosas que no tanto, pero siempre lo he visto como una oportunidad de crecer y aprender. Actualmente lo que más me gusta hacer es fotografiar espacios, desde paisajes hasta arquitectura e interiorismo.
¿Algún proyecto en mente? ¿Hacia dónde te gustaría dirigir tu trabajo en un futuro próximo?
Tengo un libro-objeto autoeditado que espero sacar a la luz en breves, y también una serie de retratos en la cabeza. Me gustaría seguir orientando mi trabajo hacia el campo de la fotografía de espacios y viajar, viajar mucho.

Texto
Maria García Prades
Retrato
María Sunset Spek

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