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“Quienes somos ahora y donde estamos es el resultado de diferentes momentos y etapas. De todo lo tocado y lo vivido”, cuenta Manu. Él, junto con Xoán, son Blanco Palamera, y desde que comenzaron su camino juntos han pasado siete años. No con este proyecto, sino con otro y no en esta ciudad (Madrid) sino en su Santiago de Compostela natal. Manu estaba buscando un batería para un proyecto musical y entonces apareció Xoán. Y así hasta ahora. “Hubo un momento que tuvimos que preguntarnos: ¿Dejamos de hacer esto? ¿Seguimos? Y por supuesto elegimos seguir”.

Hace apenas unos días lanzaban single en digital de su tema Aire, cuya cara b es un remix de la canción a cargo del músico y productor gallego Baiuca, con el que además de raíces, comparten sello. Como guinda del pastel, estrenaban videoclip para el mismo tema, dirigido por Héctor Ramos (999k), con la colaboración del cineasta Adrián Canoura y las diseñadoras y artistas Kika Ramil y Carlota Pereiro.


Aire
, junto con otras nueve canciones, forman Promesas (Raso Estudio 2019), el álbum debut del dúo que se mueve entre sonidos desde el neo-soul al chillin’ pop. Un trabajo fresco, limpio y honesto. Directo y sin pretensiones. Su fórmula, dicen, no tiene trucos: horas y horas de trabajo. Y una cosas más. “Avanzar de la mano de gente que tiene confianza de verdad puesta en nosotros y en las que nosotros confiamos, también. En realidad, de esta manera es como estamos haciendo todo en este proyecto. Esto hace que funcione tan bien”, cuenta Xoán. Así juegan Blanco Palamera. Sin suerte ni trampas. Y de momento está claro que van ganando.
Blanco Palamera tiene un sonido muy fresco, lleno de matices y actual que se podría encuadrar un poco dentro de lo que ahora llaman soul contemporáneo. ¿Cómo acabasteis en estos sonidos?
Xoán: En realidad fue todo de manera natural. Siempre nos interesamos por muchos estilos diferentes y pasamos por muchas cosas. Este sonido no fue algo que buscáramos. Simplemente refleja un poco lo que estábamos escuchando en su momento y ahora mismo. No creo que se deba definir en un estilo concreto ni hemos apostado por ir solo en una línea. Lo próximo que saquemos podría ser diferente, quién sabe. Creo que estamos en constante cambio.
Bossa, funk… El abanico de referencias que desplegáis a lo largo del disco es amplio, pero a pesar de toda esta variedad, el resultado final es un sonido muy personal, redondo y muy pulido. Y la verdad, se os ve muy cómodos donde estáis ahora, ¿no?
Xoán: Sí, al final lo importante es hacer algo con lo que te sientas cómodo en ese momento, y ahora nos sentimos muy cómodos con lo que estamos haciendo. Pero como comentábamos antes, quién sabe en un futuro con lo que estaremos cómodos. Tocamos a diario y cada día que tocas, aparece una idea diferente.
Manu: Se podría decir que estamos poco tiempo cómodos en el mismo sitio. Al final, dependiendo del momento, varía mucho lo que escuchamos y lo que nos influencia. A lo mejor lo que nos gusta ahora, en unos meses, ya no tanto y tal vez queramos cambiarlo. En verdad tampoco creemos que haga falta preocuparse demasiado. Sea una cosa u otra, al final siempre va a ser siempre Blanco Palamera.
Del sonido de Blanco Palamera han dicho que “ni se raja, ni se rompe. Se expande”. Esto va en la línea de todo lo que comentáis antes pero por concretar un poco más, ¿hacia dónde se expande?
Xoán: Esa frase resume muy bien todo esto que venimos diciendo. Ya no se trata tanto de estar cómodo o no, si no de avanzar y cambiar, de que ese cambio es positivo. Creemos firmemente que, hagamos lo que hagamos, tenemos que aportar algo, innovar y tratar de hacer las cosas nuevas. A lo mejor no de una manera diferente, no se trata de eso.
Manu: Tiene que ver con hacerlo desde otra perspectiva. Descontextualizar cosas nos parece una idea muy interesante en la música, por ejemplo. Creemos que es necesario aportar nuestro granito de arena en todo esto.


Todo lo que comentáis sobre influencias, explorar, estar abierto es algo muy generacional. Muy millenial. Hoy en día tenemos acceso directo, fácil y rápido a toda clase de músicas de diferentes lugares y épocas. Esto hace posible todo lo que me contáis: investigar, curiosear sonidos, etc.
Manu: Sí, así es. Somos parte de esa generación y nuestra educación musical no solo dependió del entorno en el que vivíamos si no que nosotros mismos la buscamos y construimos en cierta manera. Tenemos esa herramienta que es internet y nos permite sumergirnos e indagar más en la dirección que queramos. Esto es bueno y malo a la vez porque tanta información también puede hacer que te pierdas. Aunque en nuestro caso no fue así. Más que a perdernos nos ayudó a encontrarnos.
Además de tener al alcance de la mano toda esta variedad de sonidos, también existe una mayor facilidad de medios a la hora de crear música. Por ejemplo, vuestro caso. Habéis producido todo el disco vosotros mismos. ¿Cómo fue este proceso?
Manu: Laborioso. Nos movimos entre Catoira, Santiago y Madrid.
Xoán: Tenemos un colega en Galicia, en Catoira, que se montó un estudio casero allí. Grabamos parte de los instrumentos con él: baterías, algún bajo, alguna guitarra, etc.
Manu: La parte más acústica de lo que se escucha.  Además hay mucho trabajo, sobre todo, delante del ordenador. Como la mayoría de la gente que hace música hoy en día, el 70% viene del ordenador. Aunque sea nuestra. Al final lo consideramos un instrumento más. De todos modos, lo que intentamos con el disco es que fuera un trabajo orgánico y también que sonara así. Creo que esto está muy presente, se nota, y ayuda al mensaje del mismo. Hay muchos paisajes sonoros, mucha variedad. También el propio proceso de producción, el grabar una cosita aquí, una cosita allá, pensamos que afecta en todo el disco y, algo que podría parecer un inconveniente, creo que al final nos ayudó bastante a que fuera muy variado en cuanto a sonidos.
Es variado pero todo el disco forma una pieza muy redonda. En esto también juega buena parte la estética que envuelve el trabajo y encaja a la perfección con vuestro sonido: pulido, sobrio, elegante. Para esto, habéis optado por algo minimalista, un blanco y negro de contraste alto. Se podría decir que la identidad estética tiene un peso fuerte en Blanco Palamera, ¿no?
Xoán: Sí, a todo esto que comentas íbamos a llegar seguro de una manera u otra. Porque es eso, es una parte más del grupo.
Manu: En una parte del proceso. Contamos con Kika Ramil, una diseñadora gráfica increíble que, como nosotros, es también de Santiago de Compostela. Antes de terminar incluso las grabaciones decidimos contactar con ella. Ya habíamos trabajado juntos en el pasado, no como Blanco Palamera sino en un proyecto anterior. Kika se volcó con nosotros y es como un miembro más del grupo. Antes de terminar las grabaciones, el hecho de ir hablando con ella de conceptos visuales hizo que todo tomara una coherencia que acabó afectando mucho a la propia música también.
Es decir, que todo este universo visual fue una parte integrante ya desde el propio proceso creativo e identidad estética y sonora se desarrollaron de la mano. Algo como una retroalimentación.
Manu: Justo. El sentido de las letras, el orden de las canciones… la historia del disco, en definitiva. Todo cobra sentido y se construye en paralelo a esta identidad visual.

Y contadme entonces, ¿cuál es la historia del disco?
Manu: Promesas es un viaje personal. Un viaje dentro de uno mismo pero con los demás también. Como la vida misma, vaya. Eso es lo que intentamos. Está dividido en cuatro estaciones: invierno, primavera, verano y otoño. En general, es un poco el momento de darse cuenta de que hay algo que te afecta. Tampoco se trata de entrar en terrenos muy personales pero va un poco por ahí. Darse cuenta de una situación, aceptarla, tratar de cambiar, ser capaz de cambiarla y convivir con eso que te va a hacer crecer como persona. Dicho en pocas palabras ese es el recorrido del disco. Se trata un poco de que el mensaje sea universal y pueda calar.
Xoán: Ese mensaje es algo con lo que uno se puede identificar fácilmente, que todos conocemos, de una manera u otra. Aunque cada uno tenga su historia concreta.
¿Cómo estáis sintiendo la recepción del público en general del trabajo?
Xoán: Bien, muy bien. Obviamente no tenemos la fuerza para llegar a millones de personas pero estamos satisfechos y muy contentos. Sobre todo porque sentir que a la gente que le llega, le llega de una manera sincera y es por lo que empezó todo esto.
Manu: Tenemos la sensación de que este disco sigue creciendo con cada persona que lo escucha y nos transmite qué piensa y cómo le llegó. Nos está dando mucha fuerza para seguir haciendo lo que hacemos y está siendo un camino muy bonito.
Estos meses lleváis un ritmo muy alto de conciertos. Lo último, hace unas semanas, teloneando a Babasónicos en Madrid dentro de la programación del Sound Isidro. Antes de eso presentasteis primer trabajo también en la ciudad en un concierto más en petit comité (aunque con llenazo en la sala) y también formasteis parte del cartel del Melonafest 4. Así que, además de buen ritmo, en formatos muy variados.
Xoán: Sí, es verdad y eso es algo que nos gusta mucho. Nos apetece experimentar con el directo. Ahora mismo estamos haciendo un show con un poco más de caña, más movidito, porque también nos gusta ver a la gente bailar. Pero en el pasado ya tuvimos algún acústico más íntimo y creo que nos movemos muy bien en este territorio. Una sala con veinte o treinta personas, todo muy chill… Nuestra música para ese formato va muy bien. La idea es ser capaz de equilibrar los dos palos.
Y respecto a planes a corto-medio plazo, ¿Qué cosas tenéis en mente?
Manu: Lo próximo que viene es el 13 de julio en los aperitivos del Thyssen en Madrid. Luego el 7 de agosto estaremos en Santiago en Noitinhas; el 10 en el festival Noroeste en A Coruña, y el 30 en el Ressona en Valencia. Más adelante, el 16 de noviembre, estaremos tocando de nuevo aquí en Madrid en la Sala Sol en un concierto muy especial, así que reservad desde ya la fecha. Además iremos soltando poco a poco más material, videoclips y también material gráfico y físico. En definitiva, que esto solo está empezando. Aún nos queda mucho por dar y por compartir.

Texto
Blanca Quintanilla

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