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Como buena italiana de origen, vive la vida al dictado de sus dos pasiones: su imprenta tipográfica manual y la fotografía. Cuenta que la primera vez que vio un cuadro de Dalí, entendió que la pintura iba mucho más allá de los bodegones que colgaban en las paredes de su casa y empezó a interesarse por el arte. Durante años se ha dedicado al estudio de las técnicas fotográficas del siglo XIX y la impresión tradicional. Su persistencia fue decisiva para crear Lauren Press, una imprenta de tipos móviles donde ofrece servicios de impresión y de estampación artesanal para proyectos de diseño, obra gráfica y libros de artista por encargo. Sus trabajos personales invitan a observar y admirar letras impresionantes, con formas bellísimas y bien construidas. Dalí decía que una pintura es una fotografía hecha a mano. Arcangela Regis reivindica el uso de las manos para la creación y ha recuperado la magia de la impresión para que las letras nos hablen.

¿Cómo surgió tu fascinación por la imprenta?

Uno de mis mejores profesores de tipografía en Eina fue Pablo Martín y un día trajo unas tipos a clase. Cuando las tuve en mi mano fue revelador. Todo lo que había leído en los libros tomaba forma y empecé a trabajar con ellas. Me lo pasaba muy bien, era como volver a la infancia. Imprimí algunos trabajos con las tipos de madera de Pablo y al poco tiempo empecé a aprender a utilizar tipos de plomo. El ordenador es muy cómodo, pero no me aporta lo que me dan mis manos, positivar una foto en un laboratorio no es comparable con verla directamente en la pantalla de la cámara digital. La tecnología tal vez aporta rapidez y practicidad, pero se lleva toda la magia por delante; lo digital hace que todo tenga el mismo aspecto. Las técnicas antiguas, en cambio, tienen un encanto único que es todo el proceso de creación, y este está presente como huella en el resultado: eso es lo que a mí me parece interesante. El cerebro, las manos, el estómago y el corazón trabajan conjuntamente.

¿Por qué valoras tanto el uso de las manos?

Somos la generación que se educó aún sin ordenadores. En mi casa la tele se veía poco y los libros formaban parte de mi entorno. Estudié diseño justo cuando empezaban a introducirse los ordenadores en las aulas, pero mi tendencia siempre fue trabajar usando las manos. Descubres cosas, te equivocas, aprendes de los errores, el tiempo que lleva hacer un proyecto te ayuda a reflexionar, no existe el control z para eliminar fallos, siempre tienes que volver a empezar. La herramienta que utilizas le da un acabado a la pieza muy particular que ayuda a reforzar el concepto.

¿Cuándo decidiste crear Lauren Press?

Nace en 2012 después de muchos años de investigación y búsqueda de material. Con el tiempo fui recopilando tipos y tuve la suerte de que me regalaran parte de mi archivo, pero fue fundamental encontrar la máquina que buscaba. Tras montar AtelierRetaguardia con otros fotógrafos, donde hacíamos investigación sobre técnicas fotográficas del siglo XIX, en 2009 me fui a Londres a visitar la biblioteca de impresión St. Bride Printing Library y a conocer a algunos impresores de renombre. Al poco tiempo estaba colaborando con la St. Bride Library y ayudando a un impresor, así que decidí quedarme.

¿Qué aprendiste allí?

Entendí muchas cosas que, una vez más, había leído en los libros. Conocí a muchos impresores y sobre todo conseguí la máquina que quería para trabajar, una Albion Press de 1845 que se define como Iron Hand Press, que es la versión industrial de la máquina que inventó Gutenberg. Estuve trabajando un tiempo en I.M. Imprimit con Ian Mortimer, el mejor impresor que trabaja con este tipo de máquina, y me enamoré de su sencillez y versatilidad. En la biblioteca también pude imprimir con una Albion material de su archivo, gravados, tipos… Viví dos años en Londres concentrada en la impresión hasta que, por intervención divina, conseguí la máquina de mis sueños.

¡¿Por intervención divina?!

(Risas) Justo en el momento en que había decidido regresar a Barcelona, conocí a una señora que vendía la máquina de su hermano fallecido, y tras escuchar mi historia me dijo que yo era la persona que estaba buscando y me la regaló.

¿Cuál es la historia de la máquina?

Pertenecía a Brian Williams, un ilustrador extraordinario que trabajaba para cómics y juegos de rol. Utilizaba la tinta, el lápiz y el aerógrafo para hacer ilustraciones increíbles a mano. Él la compró a un marchante, pero no he conseguido más información. La cuidó muchísimo, reparando las piezas él mismo; está intacta, cosa muy difícil de conseguir. Sigue siendo vigente y va a durar más que cualquier impresora digital. Unos amigos impresores ingleses me ayudaron a traerla, recopilé toda mi colección de tipos y al poco tiempo abrí Lauren Press.

¿Qué tipo de trabajos realizas?

Me gustan los trabajos por encargo, porque hacen que pueda salirme de mí misma y hacer cosas que no me habría planteado. Siempre es un reto adecuar el material tipográfico disponible al concepto del cliente, y al tiempo, claro. Todo se hace a mano en esta prensa, hay que adaptarla para cada impresión de forma diferente, preparar el papel humedeciéndolo antes, preparar la tinta, aplicarla y finalmente imprimir manualmente cada hoja, no hay botones ni automatismos. Requiere tiempo y a veces los clientes, por desconocimiento, no lo tienen en cuenta. Lo mío es slow printing en su máxima expresión. Es la máquina de Gutenberg, es la que tengo, la que me gusta y con la que me siento cómoda. Hago carteles de tiraje limitado, libros de artistas o ediciones especiales, como la carpeta de socios de la Fundación Foto Colectània que hice el año pasado y que este año vamos a repetir, pero son tirajes de 100 o máximo 500 copias. Puedo hacer más sin problema, la única cuestión es que necesito tiempo.

¿Cuáles son tus referentes estéticos?

Hay miles en cada siglo, pero normalmente cierro los libros y parto de cero. Me gusta colocar las letras encima de la mesa e ir probando composiciones. Cuando hago, carteles, camisetas o bolsas, busco un juego tipográfico que realce la forma de la letra.

Son homenajes a la tipografía, ¿no?

La función de la tipografía es que el mensaje sea legible. Hay un tipo de letra para texto y otro para el titular. Cada mensaje se comunica con una letra distinta y tiene que ser útil para la lectura. En mis camisetas o pósters no hay mensaje, hago unas composiciones en las que la tipografía es protagonista. Lo has dicho bien, es un homenaje a la tipografía y a su historia.

De hecho, típos en griego, significa huella. Es bonito pensar que la letra deja rastro…

Ese es un concepto recurrente tanto en mi trabajo de fotografía como en imprenta. El rastro, la huella, el signo, el símbolo…

¿Sigues un criterio estricto para escoger las tipos de tus trabajos de composición?

Depende un poco del idioma en el que trabaje, ya que los acentos no los encuentras en todas las tipos. Normalmente trabajo con tipografías provenientes de Inglaterra, y lógicamente no existen acentos. Si recibo un encargo para componer una frase en castellano y alguna palabra lleva acento, puedo tallar el acento en linóleo y adaptarlo, pero eso solo lo puedo hacer en tamaños grandes. Si trabajo con letras pequeñas no es posible, y por lo tanto tengo que usar una tipo que tenga el material que necesito o hacer una plancha en metal o fotopolímero. Uno de los criterios fundamentales es el material que tienes y sus limitaciones; otro, el trabajo, su finalidad y concepto.

Además de su valor romántico, ¿qué aporta este tipo de impresión?

Aporta un aspecto visual diferente a la pieza y un aspecto táctil, dos cosas muy ligadas. El aspecto visual es porque el material es el que es, y estoy limitada por el espacio vital de cada letra, no puedo invadirlo. En el momento de componer un texto hay unas limitaciones a respetar, mientras que en un ordenador casi todo está permitido. Con la impresión, el espacio de cada letra se respeta porque no puedes solapar las letras de madera, tengo que imprimir dos veces para conseguir un efecto que el ordenador me daría en un momento. La sobreimpresión da un acabado distinto al que obtienes en una impresión digital. En fin… son dos técnicas diferentes y darán resultados diferentes.

¿Existe un cierto revival de la impresión tradicional?

Desde 2009 han abierto muchas imprentas y esto es interesante, pues en España el concepto de private press no había existido antes, al contrario de Estados Unidos o Inglaterra. Se trata de imprentas de carácter privado que realizan pocos o ningún trabajo comercial, y que están especializadas en la realización de proyectos personales, mayoritariamente en la edición de libros. Allí hay mucho interés por este tipo de trabajos, bibliófilos, instituciones y ferias especializadas. Aquí ha habido impresores muy buenos pero más dedicados a trabajos comerciales, pues su imprenta era su oficio y su sustento, y no había mucho más tiempo para otro tipo de proyectos. Las escuelas de diseño no apuestan mucho por los talleres de impresión y se ha separado el diseño de lo que se considera artístico, o sea grabado o técnicas de impresión. Son reacios porque el concepto es más importante, pero la técnica también es útil para reforzar el proyecto. En cambio, en Inglaterra casi todas tienen un departamento de impresión a disposición del alumno y se enseña y promueve el uso de diferentes técnicas, y esto se puede ver en en el diseño cotidiano.

¿Desconocemos las ventajas de la impresión tipográfica?

Poca gente sabe que existe y a veces cuesta entender que se necesita más tiempo y algo más de dinero para hacer un encargo. Por otro lado, yo puedo hacer 5 unidades o 500, en cambio una imprenta normal no. Una de las ventajas de la imprenta manual es que puedo hacer un tiraje corto y cambiar cosas durante el proceso. Hay diseñadores gráficos a quienes les encanta y otros le tienen tirria porque no le ven ningún sentido. Consideran que está obsoleto y fuera de lugar dedicar muchas horas a hacer una cosa que puedes hacer en muy poco tiempo con el ordenador. En cierto sentido, lo entiendo. También hay quién la defiende a muerte y no hay para tanto. En todo caso, a mí me cansa entrar en esta diatriba. Es una técnica de impresión, y como tal, la eliges para determinados trabajos en función del tipo de proyecto y del concepto. Para algunos casos tendrá sentido, para otros no.
Personalmente funciono mejor trabajando a mano, y con ello intento evitar cierta uniformidad tecnológica.

¿Cómo definirías tu trabajo?

No me defino nunca como artista, me parece un término muy maltratado. Yo produzco obra gráfica. La vida es como es y no nos lo pone fácil, así que la idea es aburrirse lo menos posible. Para mí el pasado es necesario porque entiendes el origen de las cosas y te ayuda a comprender porqué están hechas como son. He llegado a montar la imprenta porque esta forma de trabajar es la que me gusta, y lo que a mí me aporta producir a mano comparado con el ordenador es totalmente diferente. Al final tenemos que ser felices con lo que hacemos, y para mí la imprenta es más interesante y me emociona más. Desde pequeña, siempre he tenido la necesidad de usar las manos; no solo las tenemos para comer o para cerrar una puerta, las tenemos para construir. Da rabia definirse porque en el fondo puedes ser muchas más cosas.

Tienes una serie de pósters que definen tu visión del mundo que podremos ver en el Fad Design Market los días 18 a 20 de diciembre.

Es un trabajo de protesta que se titula Subversión basado en temas punzantes como la privatización de la sanidad, la guerra, las torturas, la precariedad laboral o la crisis económica. Cogí como referencia las advertencias de las cajetillas de tabaco que me parecen osadas, ya que no se aplican a los coches, al dinero, al teléfono, al ordenador, ni a las armas. Solo sustituyendo la palabra tabaco por guerra, tortura, precariedad, sanidad… el mensaje se adapta perfectamente a cada tema. Me gustaba la idea de proponer una versión diferente de estas advertencias. Quise también variar la técnica, no utilicé ni tipos de madera, ni de plomo. A partir de mis conocimientos de grabado, acabé usando plástico, linoleum, madera, hilo, transfer, cualquier cosa que me ayudara a plasmar el concepto y que no me obligara a tener imprenta u ordenador. Esa es mi postura y sí, ¡hay otra manera de hacer las cosas!

¿Cuáles son tus proyectos inmediatos?

Estoy preparando un curso para la Escuela Bau, que se impartirá en enero y en el que el alumno aprende a emplear distintos materiales y diferentes técnicas para poder imprimir en casa, con el objetivo de que se acerquen a la impresión sin que necesiten de una imprenta. Más adelante, ofreceré talleres específicos en mi taller. También preparo un librito que se titula La copa de Higía, que nace a partir de mi colección de 30 grabados de la copa con la serpiente, símbolo de las farmacias y que he ido recopilando de varias imprentas. Viendo todos los grabados en conjunto, ves la evolución del diseño de un símbolo gráfico muy conocido y resulta muy interesante. También hace referencia al proceso de recopilar material durante años. Tengo más libros en la cola de impresión, pero todavía se están perfilando.

¿Mirar al pasado es una constante en tu vida?

De pequeña me pasaba horas mirando libros, siempre me iba a la buhardilla o al sótano de la casa familiar a hurgar a escondidas. Me fascinaba encontrar documentos entre las telas de araña que estaban escritos en caligrafía y eso me ayudaba a fantasear sobre quién lo habría escrito, con qué, por qué… Me gustaba ver los muebles en desuso con cajones que abrían mal, o mirar periódicos antiguos, libros de cuentas, cartas personales, fotos, todo eso me ayudaba a imaginar otros mundos. Mi abuelo era un fotógrafo amateur y todo su archivo era mágico para mí, así que me hice cargo del archivo fotográfico familiar. Es muy distinto leer los libros de historia a leer cartas en las que se cuenta la historia a nivel personal, lo hace más real. Saber de dónde vienes, conocer cómo se hacían las cosas antes, comprobar que todo se repite y que no inventamos nada me parece imprescindible. Posiblemente, un niño ahora cree que las letras salen del ordenador. Del mismo modo que le enseñamos que las manzanas no salen de la nevera, sino de un árbol, o que los huevos los pone una gallina, a mí me gusta enseñarles que las letras se han impreso así durante siglos y siglos. Aparte de que es increíble como invención, la imprenta es muy ingeniosa.

Texto
Sergi Doladé
Fotos
Marc Medina

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