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Sin miedo, la artista Alice Spadaro explora diferentes técnicas para poder expresarse. Explica que toda su obra está basada tanto en su carácter como en su pasado. Curiosa y observadora, la gran variedad de lugares en los que ha vivido le han aportado cosas totalmente diferentes, desde los colores pálidos de Ámsterdam hasta la unión entre naturaleza, sol y mar que le aportan su natal Sicilia y su ahora nueva casa, Barcelona.
Cuéntanos un poco sobre ti, Alice, ¿Qué te hizo venir a Barcelona desde Italia?
Me mudé directamente desde Ámsterdam hace un año y medio. Después de cinco años en el Norte Europa, me di cuenta que mi alma Mediterránea necesitaba volver a su raíces. Mi familia es Siciliana, así que buscaba un sitio donde naturaleza, sol y mar pudieran convivir con una gran energía creativa y oportunidades para cultivar mis pasiones. Volver a Italia no era una opción, también porque sentía la necesidad de afrontar un nuevo desafío, de seguir explorando y creciendo en otro país que no fuera el mío. Barcelona ha estado siempre en mi top list de ciudades donde vivir, y a los 30 decidí hacer un cambio de escenario y de vida. Una de las mejores decisiones que he tomado hasta ahora.
Líneas simples, rectas y curvas, colores planos, pasteles y terrosos juegan con la abstracción en un sinfín de expresiones artísticas que abarcan el collage, la escritura, o incluso la moda. ¿Cómo definirías tu trabajo?
Hay una conexión imprescindible entre mi trabajo y lo que soy yo: lo que hago es una extensión directa de mi carácter, de mis experiencias, de mi pasado. Los colores y las formas son el resultado de un lenguaje que encuentra su raíces en la región de mis padres, Sicilia, una isla tan grande que parece tierra firme y donde hay muchísimas contradicciones formales, cromáticas y ontológicas. También lleva rastros del largo periodo que pasé en Ámsterdam, con su influencia escandinava y sus colores pálidos y llenos de luz blanca. Por eso, pienso en mi trabajo como algo fluido, que adapta su contenido al contexto exterior, manteniendo un brillo propio, un alma fiel a su origen.
Has comentado que viviste en Ámsterdam. ¿Qué destacarías de esa época a nivel personal y profesional?
Ámsterdam me dio mucho y me quitó bastante. Me gusta decir que viví tres vidas diferentes en esta ciudad porque fueron tantos los cambios radicales con que me topé. Llegué a mis veintes, cuando quería comerme el mundo entero pero no tenía ninguna idea de como es la vida real. Así que este fue un periodo de formación y de cambio muy intenso para mí, lleno de sentimientos fuertes y de lecciones valiosas. Aprendí a creer más en mí misma, a valorar las sinergías y a rodearme de personas positivas.

Tu trabajo se basa en contar historias personales mediante palabras, dibujos o collages ¿En qué momento y por qué decidiste que tenías la necesidad de exteriorizar tu mundo interior a través de diferentes disciplinas creativas?
No creo que haya un momento puntual, ya que esta necesidad siempre estuvo presente, desde mi infancia. Mis recuerdos de niña están llenos de exteriorizaciones artísticas de todo tipo, desde el origami hasta el barro, las construcciones de casitas de papel y las muñecas de hilo de lana. Mi abuela ha sido un ejemplo fundamental de la capacidad de sacar arte de cualquier objeto o situación.
El cambio real llegó cuando me di cuenta de que quería compartir mis ideas y mi mundo con los demás de manera consciente y activa, y eso pasó entre el bachillerado y la universidad. El collage empezó a ser mi técnica favorita durante los años de la universidad, como necesidad para expresar mi amor por el papel. Las palabras llegaron más tarde, como contraparte musical de las formas bidimensionales.
Alice, tus piezas tienen un estilo muy marcado. ¿A qué sueles darle más importancia en tus obras, al concepto y la historia o a la parte formal?
Me encantan las historias. Para mí no es posible concebir algo que no lleve un mensaje, un cuento, un recuerdo. El aspecto formal es algo que se afina, que cambia y envuelve; la constante fundamental es tener algo que decir. Creo que la importancia del concepto es algo que me llevo desde mis estudios en diseño industrial, junto a la necesidad de coherencia.
Tus collages generalmente están basados en una gama cromática muy delicada, formada por suaves colores pasteles y terrosos, pero, ¿cómo representas emociones como la ira o la tristeza?
La tristeza la veo con colores planos, sin brillo y de la misma gama cromática. No importa el color en sí mismo. La ira es violenta, engloba todo. Me la imagino en formas grandes de colores como el picante del pimiento o el ácido del limón.

¿Has pensado alguna vez en representar estas historias mediante otra técnica diferente?
A menudo. Explorar técnicas nuevas es algo que me estimula mucho y me ayuda a no aburrirme. Necesito desafíos continuos para sentirme viva. Barro y serigrafía son algunas que me pondré a experimentar muy pronto.
Desde collages hasta copywriting pasando por set design y hasta algún proyecto en textil, abarcas muchas disciplinas creativas. ¿Quiénes son tus influencias en todas ellas, y en otros campos en los que todavía no te hayas atrevido (como el cine y la música, por ejemplo)?
Últimamente me acerco mucho a la poesía y a las biografías de los artistas. En general me encantan los escritores detallistas, que describen objetos y sentimientos con la misma fuerza y sensibilidad, como Erri De Luca o Banana Yoshimoto. Matisse, Frida Kahlo, Sonia Delaunay, Isabelle Ducrot, Nathalie Dupasquier, Maira Kalman y Bruno Munari son algunas personalidades geniales e inspiradoras en el mundo del arte y del del diseño. Me fascinan las historias detrás de las personas o de las pelis. Flipo con directores como Mike Mills o Xavier Dolan, y actrices como Greta Gerwig o Diane Keaton. Bossa Nova, el soul estilo Motown de Otis Redding, el new soul de Noname y la voz de Silvia Pérez Cruz son las músicas que me inspiran más en este momento.
¿Tu proceso creativo es el mismo en todas las disciplinas que trabajas?
En principio soy muy instintiva. El tiempo de elaboración de una ilustración o de un texto es relativamente breve. La mayoría del trabajo es antes, cuando voy reflexionando de manera activa (y no) y absorbiendo estímulos, inspiraciones, que voy convertiendo en algo. Un poco lo que pasa en el proceso de la fotosíntesis. En la última fase hay un momento de refinamiento y limpieza. En general, el proceso no cambia, pero sí que hay excepciones –como en todo.

Hace poco creaste una colección cápsula de camisas posicionándote en contra del fast fashion. Háblanos un poco más sobre tu visión y opinión respecto a la moda rápida.
Mi posición sobre la moda rápida es muy critica. Mi abuela es costurera y siempre me enseñó el valor del trabajo que hay detrás de una prenda. La atención a los materiales y la producción es algo que desde la edad adulta ha sido muy importante. Cuando vi el documental The True Cost, me di cuenta que hay algo más imprescindible: otra vez, las historias de las personas que hay detrás de la ropa que compras. Creo que es un deber moral tener en cuenta las condiciones de trabajo, el daño moral y ambiental que el fast fashion está aportando. No hay una respuesta única, pero invertir en los diseñadores atentos y valientes, comprar ropa de segunda mano e informarse sobre las marcas es fundamental para convertirnos en compradores responsables.
Has realizado varias exposiciones en Barcelona, entre las más destacadas, Diosas imperfectas y L’ora Dorata. ¿Cuál ha sido la que más has disfrutado y por qué? ¿Hay planes para hacer más, ya sea en Barcelona o en cualquier otro sitio?
Cada una tiene su propia alma y me ha aportado mucho en su manera. L’Ora dorata ha sido mi primera expo en Barcelona, con todas las satisfacciones y las inseguridades que cada primera vez trae. Finis Terrae, la segunda, ha sido la afirmación de un recorrido empezado hace tres años. Diosas imperfectas me dio la oportunidad de experimentar con el papel en tamaño más grande y de introducir la figura humana por primera vez. Me encantaría hacer un par más de exposiciones el próximo año y ya estoy trabajando en ello.
Hemos visto que has hecho varios workshops. ¿Qué podemos aprender en tus sesiones? ¿Dónde nace tu pasión por cultivar la creatividad en los demás? ¿Y, cuándo serán las próximas?
Mis workshops ayudan a enfrentarse a la ilustración de manera muy instintiva y natural. La técnica del collage ayuda a tener menos miedo de los errores porque puedes cambiar los elementos hasta que obtengas el resultado que deseas. Me gusta el intercambio de energía que hay durante las sesiones: yo misma aprendo mucho de como la gente se acerca al papel. Cuando trabajas mucho con una técnica, hay el riesgo de quedarte siempre en los mismos recorridos y automatismos. Ver otras maneras de enfrentarse al medio es muy útil y inspirador. Justo en este momento estoy planeando los próximos que haré a partir de otoño.
¿Qué tienes pensado hacer en un futuro?¿Tienes algún nuevo proyecto entre manos?
¡Tengo mucha ilusión en los planes futuros en los que me estoy enfocando! Haré una nueva colección cápsula de Fabulae muy pronto, y estoy trabajando en algunas colaboraciones, tanto en el tema de escritura como en ilustración.

Texto
Andrea Rueda

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