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Geometría orgánica, así se titula el último trabajo de Alberto Lorenzo, un proyecto que propone una reflexión sobre los productos que consumimos y nos invita a quitarnos la venda impuesta por nuestra sociedad de consumo, promover la consciencia en defensa de nuestra salud y cuestionaros las verdades universales.
Hola Alberto, para los que no te conozcan todavía, ¿podrías hablarnos un poco de ti? 
Soy Alberto Lorenzo fotógrafo y diseñador del barrio madrileño de Aluche, actualmente trabajo en AXT Estudio y de Co-dirijo AM Producciones. Trato de involucrarme en temáticas medioambientales, soy un apasionado de las tendencias visuales y defiendo la fotografía como elemento comunicativo. 
En tu último trabajo denuncias los alimentos transgénicos, ¿por qué crees que es importante denunciarlo?
El ser humano ha manipulado los alimentos desde que ha tenido conocimientos en agricultura. Un tomate por muy ecológico que sea no es natural, el tomate originario solo crece en los andes y es incomestible, el problema viene cuando se plantea una alimentación experimental que tiene como único fin el de la rentabilidad, no el de la mejora de nuestra alimentación. El acuerdo TTIP tiene mucho que ver en esta problemática además de ser un motivo de incertidumbre para la agricultura europea.

¿Qué te ha influido en la elección del tema? ¿Habías tenido ya algún tipo de relación artística tan directa con él?
La mayoría de la población tiene problemas estomacales por lo que cada vez tendemos a ser más ‘expertos’. Pero lo que realmente me ha influenciado para interesarme por este tema es la relación directa en la forma de consumir alimentos con el medio ambiente, no somos conscientes de que nuestra dieta tiene bastante que ver con la contaminación mundial. Además, desde el punto de vista directa del diseño, la manipulación en publicidad es algo muy presente dentro de nuestro oficio. Por otro lado hablando en términos estéticos, la variedad de formas orgánicas y tonalidades hacen que todo alimento orgánico sea un elemento muy potente, puedes trabajar con las piezas casi como elementos escultóricos.
¿Por qué has decidido reflejar esta crítica de manera irónica?
Es un tema del que era necesario hablar desde otro punto de vista. En publicidad se desvirtúa nuestra creencia de la realidad, incluso de nuestros instintos más básicos, con la idealización entre otros de productos de comida basura. Manipulan una imagen para hacer algo perfecto y apetecible, por lo que se me ocurrió utilizar este tipo de manipulación en torno a la idealización de los alimentos ecológicos. Por medio de la ironía podemos encajar de manera mucho más contundente muchos de los mensajes que queremos transmitir.
¿Cómo planeas tus procesos artísticos? ¿Y este en particular?
El concepto es la pieza angular de todo el proyecto. En este caso, las imágenes las he ido generando a partir de la conexión de dos palabras, explorando la relación entre ellas por similitudes o incoherencias. Siempre intento ser un poco libre a la hora de generar piezas, ya que todo lo que sea centrarnos exclusivamente en un proyecto o una serie nos hace descartar muchos conceptos interesantes.

Cuéntanos un poco más sobre el proceso de investigación previo que llevaste a cabo. 
Leí artículos de diferentes medios, pero a través de documentales es donde más he profundizado, ya que visualmente es como mejor digiero la información. No hay que dar una solución a un problema, no somos científicos si no artistas, en mi caso la iniciativa es plantear hipótesis que promuevan una serie de efectos dentro del público. 
¿Cuál es el objetivo de este proyecto?
La concienciación social sobre la temática, es decir, acercar el tema al espectador desde una imagen relacionada directamente con las tendencias, la moda, el arte o la ironía.
¿Podrías hablarnos de su trasfondo social? 
En una sociedad alienada por el consumismo es necesario utilizar el arte como medio comunicador para ofrecernos una ración de realidad. En este caso, nuestra dieta era un claro objetivo en el que trabajar.

Hablas de incitación y placer. ¿Por qué crees que seguimos consumiendo estos alimentos si sabemos que son perjudiciales?
Realmente el fast food tiene mucha similitud con el tabaco, renunciamos a nuestra salud a cambio de un acto de rebeldía contra nuestro propio cuerpo y a un estilo de vida. También entra mucho en juego una mentalidad arraigada en la cultura del siglo XXI, la accesibilidad, los bombardeos publicitarios y un ritmo de vida cargado de estrés, sueldos bajos y una falta de tiempo para dedicarle a nosotros mismos.
¿Qué relación ves entre tu obra y el documental Super Size Me
Super Size Me fue un hito documental, que demostró en primera persona los datos médicos como prueba irrefutable. El mensaje de mi obra viene a ser el mismo, solo que en Super Size Me se analiza la problemática desde el realismo y el ataque directo al fast food, mientras que en mi caso trato de cambiar el paradigma a través de potenciar lo correctamente saludable, evitando precisamente lo criticado para centrarme más en la solución. Al fin y al cabo, hasta la mala publicidad es publicidad. Pero en líneas generales comparto la misma finalidad del documental: crear un estilo de vida saludable o al menos ser conscientes de la manipulación a la que nos sometemos.
En Geometría orgánica destacas las diferencias entre las dietas oriental y occidental. ¿Crees que es posible cambiar los hábitos alimentarios de la sociedad de consumo actual para tener una vida más sana (y, por ejemplo, ayudar a prevenir enfermedades)? 
Es algo muy arraigado en la sociedad al igual que el consumismo, la contaminación o la forma de gobernar y de crear gobiernos. Se trata de un conjunto de situaciones que nuestra sociedad tendría que ser capaz de cambiar. Un control sobre nuestra dieta es algo que depende en mayor medida del consumidor que otros temas, por lo que la concienciación de cada individuo repercute con resultados directos y perceptibles en cada uno. Es algo que se puede cambiar exponencialmente de manera individual, y a lo que hay que sumar un avance en la medicina moderna basada en una cura a través de la prevención.

¿Hasta dónde querías llegar en la concienciación social?
Hasta el punto en el que simplemente se cree un debate, y hasta conseguir que al consumidor le resulte fascinante y apetecible cualquier producto ecológico.
A veces, el arte sirve más para plantear preguntas que para ofrecer respuestas. ¿Crees que has conseguido generar una reflexión colectiva?
No tengo forma de medir la repercusión de mis imágenes si no es desde mi propio individuo, pero desde luego serán imágenes más beneficiosas para la sociedad que cualquier cartel publicitario de McDonald’s.

Texto
Mireia Torra

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