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“¿Quién habrá sido la primera persona en cantar en la historia de la humanidad?”, se pregunta en voz alta Alba Casas, mejor conocida como Albany, en mitad de nuestra conversación. Los recuerdos de infancia suceden a los interrogantes de marcado carácter histórico y existencial, en un momento en el que la cantante confiesa estar reconectando con sus raíces. Desde que debutase sobre los escenarios de la mano de Yung Beef, no ha dejado de crear y de conocerse a sí misma. Ahora desvela su nueva mixtape, Se trata de mí, con el que abre un nuevo episodio en su carrera. “Voy a hacerlo genial, como quiero”.

“Pura”, responde Albany cuando le pedimos que describa su música en una sola frase. Un adjetivo que, si bien es inherente a su trabajo –en el que habla de lo más auténtico que tiene, sus vivencias–, trasciende sus canciones y se plasma en su personalidad. Un recorrido por sus sentimientos que huye de la imagen estereotipada de la música moderna, tildada de vacía y pretenciosa en repetidas ocasiones. Albany le canta al amor (y al desamor), al dolor y a sí misma. “Una gran superación ha sido ser pobre y ahora estar bien”, comenta en relación a los obstáculos que ha tenido que superar hasta llegar a donde está a día de hoy. Una posición de aparente privilegio que conlleva una exposición pública constante, y en la que reconoce no sentirse del todo cómoda. “Lo que menos me gusta es el faranduleo”.

El clan Kardashian, Bad Gyal o C. Tangana, al que se refiere como Pucho y junto al que colabora en su single Bebé, incluido en su última mixtape, aparecen en el diálogo que se prolonga durante más de una hora. Una conversación distendida bajo un sol abrasador que le sirve a la cantante para compartir otra reflexión, en este caso sobre los pequeños placeres de la vida. “El otro día me puse a pensar por qué soy tan pesada con las terrazas y con el sol, y caí en que es porque soy de Andalucía”. Y es que aunque nació en Cataluña, su infancia transcurrió en el sur de España, conectada al flamenco, un género al que promete acercarse próximamente, convertido en la banda sonora de su casa mientras crecía. Su madre Charo, la misma que ponía a La Húngara mientras fregaba, es el pilar de sus planes a futuro. “Mi sueño es que me vea triunfar, cien por cien y súper arriba, antes de que se muera”.


Alba, para aquellos que aún no te conozcan. ¿Podrías presentarte brevemente?
Me llamo Alba, me dedico a hacer música y soy una persona normal, en realidad.
“Tengo el alma vacía, y me siento perdida en la inmensidad”, entonas en tu single No estoy bien, incluido en tu recién estrenada mixtape, Se trata de mí. ¿En qué momento vital te encuentras?
Ahora estoy genial, creo que en el mejor momento de mi vida. Cuando empecé en la música no me lo tomaba en serio. Después, conforme fui descubriendo cosas, entrando en la industria y un montón de gente nueva empezó a formar parte de mi vida, me perdí un poco y no sabía cómo actuar ni cómo comportarme. No era yo hasta hace nada, dos meses como mucho. Cada vez me voy encontrando más cómoda conmigo misma, y me noto más aceptada por la gente. Ahora puedo decir que estoy empezando a ser yo. Porque incluso cuando hice Sugar Mami tampoco era yo.
Ahora viéndolo en perspectiva, ¿en qué notas que no estabas siendo tú? ¿En la actitud que habías adoptado, en el tono de tus canciones, en tu imagen…?
En todo, en actitud, no sé. También se me une con mi vida, mis traumas y mis mierdas. Pero sí, la gente tenía una idea de mí que no era yo. Yo no soy una reggaetonera materialista, yo que sé.
Es cierto que, viendo declaraciones tuyas anteriores, tiendes a invertir más tiempo rompiendo etiquetas a las que se te ha asociado reiteradamente que profundizando en aquellas que verdaderamente te representan.
¡Eso es! Soy muy inocente y no me doy cuenta de que estoy haciendo algo que puede verse de una manera, hasta que unos meses después de repente empiezo a ser consciente de lo que ha parecido o lo que estoy dando a entender. Es difícil.
Y de todo lo que se ha dicho de ti, ¿hay algo que te haya molestado especialmente? O tal vez algún término o etiqueta con la que no te sientas en absoluto representada.
Sí, por ejemplo que soy materialista. El otro día me escribió un chico y me dijo que había dejado de escuchar Sugar Mami porque me reía de los pobres. ¡Y es verdad! Realmente no digo nada de forma directa, pero sí puede ser, ¿sabes? El arte es arte, y al fin y al cabo, cada uno lo interpreta como quiere. Si te expones al público, te arriesgas a que cada persona exprese su pensamiento. Siempre te intentas explicar lo mejor posible para que se entienda al cien por cien, pero aun así hay gente a la que le vas decir blanco y va a escuchar negro.
Lo que está claro es que en lo profesional estás de celebración. Tras adelantar tres de los temas que formarían parte de tu mixtape en las últimas semanas, hace apenas unos días desvelabas los nueve singles de forma íntegra. ¿Qué significa este nuevo trabajo para ti?
Estoy reconectando con mis raíces, con mi verdadera yo. Ya no me da vergüenza nada.
El dolor, la muerte o el llanto vuelven a hacer acto de presencia en tu single Ya no, cuyo videoclip, dirigido y producido por Alvs Von Per, estrenaste hace tan solo unas semanas. Temas recurrentes en un género al que se ha tendido a asociarte, el sad trap. ¿Es este el comienzo de una nueva etapa en tu carrera, o una continuación del viaje que emprendiste subiendo un video a YouTube al canal de unos amigos?
Es un antes y un después. Antes simplemente hacía música, me gustaba y me lo curraba, porque me gusta currarme las cosas. Pero ahora tengo todo lo necesario para hacerlo bien de verdad y dirigirlo yo. Ahora voy a hacerlo genial, como quiero.
¿Te sientes más segura ahora?
Sí, muchísimo más.
Y cuando dices que tienes todo lo que necesitas para hacerlo bien, ¿a qué te refieres? ¿A los medios, al apoyo de tu equipo, al conocimiento….?
Ahora estoy muy a gusto. Tengo a mi mánager, que me cae muy bien (risas). El productor, que además es mi chico. Todo está bien focalizado. Y mi madre, a mi familia le va muy bien. Quieras que no, eso te ayuda.
Y precisamente hablando de etiquetas y estilos musicales, has admitido en repetidas ocasiones no sentirte cómoda con el término trap cuando se refieren a tu música. “Este género habla de otras cosas que yo no quiero representar, cualquier día te hago un disco aflamencado con guitarra”, explicabas. ¿Cómo definirías tu música en una sola frase?
Pura.
¡Ha bastado con una palabra! ¿Siempre lo ha sido, o ahora es más pura que nunca?
Siempre, siempre lo ha sido.
Intimidad, amor y superación eran los tres adjetivos que escogías para describir tu nueva mixtape, Se trata de mí. Pero centrándonos en la superación, ¿qué obstáculos has tenido que superar en el proceso de creación de este nuevo trabajo? Son muchos los artistas que se han visto afectados por la pandemia.
Siempre hablo desde que nací, he superado muchísimas cosas. El bullying que sufrí en el colegio, que me hizo ser muy introvertida y tener pensamientos de bicho raro. Yo me llevaba fatal con mi madre y en mi casa no había buen ambiente, había mucho odio, y eso también lo he superado. Ahora me llevo genial con ella. El típico ex novio, ese primer amor que está siempre dando por culo, también lo he superado. Esas pequeñas cositas, bastantes en verdad.
Y tal vez sean esas dificultades que has tenido que enfrentar las que te permiten ahora escuchar a la gente, sentándote a analizar lo que tu público puede haber interpretado con tus canciones y permitiéndote aceptar tus propios errores. ¿No crees?
Así es. Y una gran superación ha sido ser pobre y ahora estar bien. Es increíble eso.
Otro obstáculo innegable ha sido la pandemia. Y lo sigue siendo, aún a día de hoy. ¿Cómo te ha afectado en lo profesional?
En cuanto a trabajo ha sido una catástrofe, pero en lo personal ha sido muy guay. He conectado con el mundo. Yo era una persona que casi no salía, estaba como encerrada, y ver que todo el mundo estaba igual que tú… Fue una sensación muy rara, como si todo se hubiese puesto al revés, no sé.
¿Eres de las que han creado sin parar durante los meses de confinamiento, o de aquellas que necesitaron un respiro evadiéndose del mundo?
Sí, hice muchísimas canciones. Luego no saldrán ni nada, porque yo que sé. Pero hice muchísimas, quince o veinte.

Y si hay algo que no se puede pasar por alto, son las exquisitas colaboraciones que encontramos en esta nueva mixtape. C. Tangana o Yung Beef te acompañan en algunos de tus temas. ¿Qué te aportan las canciones junto a otros artistas?
Qué te voy a decir, si realmente son los dos mejores de España, o los más reconocidos. Además son amigos.
¿Cómo surgieron las colaboraciones? ¿Tú se lo propusiste a ellos o surgió de forma espontánea?
Pucho sabía que iba a hacer la mixtape y se quiso meter. Yo le dije que genial. La de Fernando ya estaba antes. Realmente el disco solo iba a tener una colaboración, que era la de Fernando, que salió súper casual un día en el estudio. Pero luego surgió la de Pucho…¡Y cómo no la iba a meter!
Con Yung Beef mantienes una estrecha relación desde hace años, desde que te invitase a subirte al escenario de su fiesta electrónica Infierno. ¿Qué nos puedes contar sobre este momento?
Yo ya sabía quién era él, y yo subía mis canciones de puta mierda. Se ve que le hicieron gracia o algo y lo dijeron en una radio o en un medio. Me llegó el rumor de que habían estado hablando de mí. Al tiempo, Fernando me siguió en Instagram y me habló. Como subió un post preguntando quién querían que tocase en Infierno, yo le hablé. Me contactó y me preguntó cuánto quería, y lo cerramos por cien euros. Así fue. Ese fue mi primer concierto. Pensé que tenía que haber pedido más (risas). Lo hice porque quería ir. La gente flipó cuando vieron que mi primer concierto era con Yung Beef. Todo fue muy inesperado.
La Zowi, a quien fotografiamos hace muy poco, también te ha acompañado en tu consolidación como artista. De hecho, ella te acompañó en la fiesta de Fernando. Y de ella has dicho ser colega, aunque en teoría se os pudiese considerar competencia. ¿Hay un buen ambiente entre compañeros de profesión? ¿Impera la rivalidad o el apoyo mutuo?
Uf, no lo sé. Yo tengo un lío ahí… He tenido amigos, luego me he dado cuenta de que no eran amigos, he visto cómo iba la movida, el interés, etc. Pero sí, hay personas a las que tengo un montón de cariño y otras que me dan asco. Pero vamos, como todo en la vida.
¿Hay alguna escena musical que te llame la atención por el ambiente que se respira?
El indie, el R&B, el funk.
¿Y algún artista al que admires?
Roy Woods me gusta un montón. T-Pain, Akon, siempre digo lo mismo (risas).
Cada vez son más las mujeres que triunfan en la música urbana, el trap o el R&B. Y es que aunque hayan sido víctimas del patriarcado y del machismo históricamente, las mujeres son imprescindibles en la historia de la música. Y si no que se lo digan a las grandes folclóricas. ¿Estamos avanzando por el buen camino?
Queda mucho por hacer, pero creo que en la música vamos bien. Cada vez veo a más mujeres con reconocimiento.
¿Es el arte totalmente libre, o se debe tener en cuenta el impacto que pueden tener ciertos mensajes sobre el público? Más aún cuando se trata de una audiencia muy joven.
Es libre, pero sí que es verdad que si tienes mucha repercusión, tienes que medir tus palabras. Me gusta el arte libre, pero siempre que sea bueno. Cundo es malo, ya ni es arte ni es nada. Es como un error, no sé.
Hace poco hablamos con Kidd Keo sobre este tema, ante lo cual él insistía en que la responsabilidad de educar recaía en los padres.
Yo siempre que sea bueno… Por ejemplo, hay una cosa de la que me arrepiento que me he dado cuenta. Tengo una canción que se llama Ella no sabe, tiene varios años. Hablo de mi ex, que si tiene novia, que me sigue queriendo a mí, y la engañamos. Y eso es guay y tampoco es nada súper malo, pero pasan los años y ahora pienso, qué cojones. Una chica me puso un tweet que decía “cuando escucho esta canción, mi lado feminista muere”. Y es verdad, qué mierda estaba diciendo. Hay que tener mucho cuidado, porque aunque no sea una locura, sí que es verdad que no me gusta dar esos mensajes en mis canciones.
¿Te gusta escuchar las primeras canciones que lanzaste, o lo evitas a toda costa?
Al igual un día, si me baja la regla, me pongo mi primer álbum y lloro. Pero solo un poco (risas).
¿Y la música que acabas de sacar?
Nunca, nuca escucho mi música. Si estoy con un colega y pone la canción, le digo que la quite. ¡No puedo, no sé por qué la gente la escucha! (risas).
¿Y por qué crees que la gente te escucha?
No sé, les molará. Porque se sienten identificados, ¿no? No sé.
Yo creo que sí, es fácil sentirse identificado con tus letras, en las que te abres en canal.
Es muy guay porque, aunque no me escucha muchísima gente, los que lo hacen lo sienten a muerte. Eso es bueno, yo no tengo prisa. Prefiero tener poco y guay, que muchísimo y malo.
Hay emociones de las que hablas que son universales, por lo que me imagino que tu público es muy variado. ¿Quiénes son tus oyentes principales?
Hay gente de todo tipo, pero el que más hay es el prototipo de trap, urbano.
No pudiste evitar llorar cuando escuchaste el primer mixtape que habías sacado, años después y viéndolo desde otra perspectiva. “Me di cuenta de todo lo que había superado y pasado”, comentabas entonces. ¿Has tenido una vida dura?
Sí, mucho. Mi vida es como… Todo surge a raíz de mi madre, que sufrió malos tratos. Estuvo 10 años sufriendo malos tratos, ha luchado muchísimo por sacarme adelante a mí y a mi hermano. Siempre hemos tenido que estar huyendo, de lado a lado, por eso hay muchas cosas que no me acuerdo. Fue un poco como una película de persecución, en la que el padre persigue a la familia. Luego, sobre las drogas, yo no es que le diga a la gente que no se drogue, si eres mi colega y te veo de fiesta tomándote una pastilla y pasándotelo bien, yo genial. Pero si te veo jodido y que te estás arruinando la vida por las drogas, como yo sé lo que es eso, ahí es cuando te digo que no me mola. Yo también salgo y me bebo una copa.
Algo que me ha llamado la atención es que, al contrario que otros muchos artistas que reconocen haber empezado a cantar queriendo mostrárselo al mundo cuanto antes, tú no tenías prisa. “Ya llegará el día”, decías. Y mientras escribías en tu libreta, hacías tus primeras pruebas y experimentabas con algunas letras, dándole algunas de ellas a tu hermano. ¿Cuál es tu parte favorita del proceso creativo?
Me encanta crear, tener una idea, una melodía, un ritmo, o una base que me llene. Y sobre todo, escribir y cantar. Componer y estar en el estudio.

¿Eres muy perfeccionista?
Sí, mucho. Soy muy pesada y si tengo que trabajar con otra persona soy muy cabezona.
Parece que la fama y el reconocimiento público son dos de los valores más preciados en la sociedad actual, en la que no compartir lo que estás haciendo en redes es como si no lo estuvieses viviendo al cien por cien. Pero hay muchos creadores cuyo rostro no es conocido, al menos fuera de la industria musical, que se dedican a componer canciones para otros artistas. ¿Contemplas esta opción como próximo paso en tu carrera?
Sí, me encantaría escribir una letra o hacer una canción para quien sea.
¿Para alguien en concreto?
Uy… Me da igual. ¡Para quien quiera, yo estoy aquí! Es el mejor trabajo, porque es donde está la pasta, estás en la sombra y nadie te da el coñazo. Yo lo veo perfecto, porque a mí no me gusta ser la famosa del grupo.
Y aunque no te guste, es cierto que en los últimos años tu popularidad no ha dejado de crecer. ¿Cómo lo llevas?
Cansa mucho. Si a mí que no soy nadie ya me cansa, imagínate si algún día… Pero bueno, bien, mejor llorar en Miami que en tu casa, ¿no? (risas). Creo que llegaré a un punto máximo y haré otra cosa, enfocado a música pero otra cosa.
Y además de la música, ¿qué otras artes te gustan?
El diseño me gusta mucho. La moda, me gustaría hacer ropa. Tener un sello, yo que sé. Depende de cómo vaya surgiendo, pero algo relacionado siempre. Estar detrás de canciones de otra gente.
Después de haberme sumergido en tu perfil de Spotify, he rescatado uno de tus primeros temas que precisamente alude a tu madre, cuyo título es I told my mom I will neva stop shining. Toda una declaración de intenciones. ¿Qué imágenes te vienen a la cabeza cuando piensas en este primer capítulo de tu carrera
¡Qué bonita es esa! Esa canción la hice cuando salí a la vida, cuando me fui de casa, y era como una sensación… No sé cómo explicarla. Echada para adelante, con ganas. Cuando das el paso de empezar la vida adulta y te vas, con la esperanza de volver mejor. Pero aun así es duro, porque me fui sin tener nada.
Has lanzado varias mixtapes, pero hubo una de ellas que marcó un antes y un después en tu trayectoria, Alcohol & Sullivans. Incluso fuiste a Londres a grabarla. ¿Fue un punto de inflexión en tu forma de entender y hacer música?
Sí, la grabé allí, pero porque me dio la gana. Tenía un colega que tenía un estudio, nada profesional. De hecho él curraba de camarero, pero yo fui y me la grabé ahí, así sorprendía a la gente y me pegaba el viaje (risas). Así que para nada fue el contacto más profesional (risas).
A media que se avanza y se cosecha éxito, aumentan los seguidores, las apariciones en prensa y las reproducciones en las plataformas de streaming. Pero también se es más consciente de lo difícil que es la industria musical, frecuentemente asociada a la competitividad entre artistas, la precariedad o la excesiva importancia concedida a la imagen. ¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta de este sector?
Parece que no, pero hay muchos egos. Lo que menos me gusta es el faranduleo, la gente que te apoya pero en verdad no, y que lo hacen porque tienes un colega que es no se quién, etc. Eso es lo que no me gusta. Pero una va aprendiendo.
¿Y lo que más te ha sorprendido?
La gente se me ha caído. Muy triste, y te diría cosas, pero…
Lo que está claro es que hagas lo que hagas, siempre va a haber polémica. “Al ser un personaje público, la gente se cree que por ser tu fan ya eres suyo”, comentabas hace unos meses en una entrevista con Los Xavales. ¿Cuanto más conocida, más odio recibes?
No creas, el balance es más bueno que malo. Me quedo con eso y ya está. Tengo unos fans muy leales, pero también unos haters muy haters.
¿Por qué te critican?
Yo creo que no saben ni lo que dicen, porque no me pueden odiar si no me conocen. Pienso que están en etapas malas de su vida, o son personas que odian a toda la escena y están frustrados y el problema lo tienen con sus vidas. Me gustaría ayudarles, porque realmente si yo trato bien a esa persona que me odia, seguro que se hace mi amiga. Pero tampoco vengo a salvar a la humanidad, así que ódiame hasta que te canses o no te importe un pimiento.
Y en una era definida por las redes sociales y los fenómenos virales, tu objetivo último es reducir tu presencia en Internet a dos plataformas, YouTube y Spotify. ¿Lo ves posible? ¿O es imprescindible compartir cada paso que das para que te presten atención?
Me gustaría, pero ahora mismo no lo veo posible. Tal vez en un futuro, pero creo que en unos años surgirá solo. Instagram no va a durar toda la vida, creo que bajará la intensidad.
Realmente, este fenómeno de las redes es algo muy reciente. Nuestros ídolos de infancia, entre los que sé que destacas a Selena Gómez o Demi Lovato, vivían ajenos a ellas. Había firmas de discos, conciertos multitudinarios y giras en las que los fans hacían lo que fuera por estar dos segundos junto a sus referentes. Ahora, sabemos donde están y lo que hacen con solo coger el móvil. ¿Se ha perdido parte de la esencia?
Antes era yo y la televisión. Me encantaba Selena Gómez y quería hablar como ella. Lo que he notado es que la tele se ha ido a la mierda, básicamente, y ahora lo que hay es Internet, las redes y el móvil. Todo va evolucionando. Mis hermanos pequeños ahora están con TikTok, están a la última y se saben todas las canciones.
“La vida es un bucle, todo el rato lo mismo”, decías hace unos meses. ¿Todo está ya inventado, o aún es posible innovar en la escena musical?
No vivimos mil años para verlo, pero a largo plazo sí creo que habrá cambios. La gente dice que nos vamos a mudar a Marte en un futuro y yo creo que eso sí puede pasar. Lo que pasa es que no lo vamos a ver nosotros. Será otro bucle, pero en Marte. En la música pasa lo mismo que en la moda, puede que innoves y vuelvas al principio, y eso parezca innovador porque los de ahora no sabían que eso ya existía.
En los comentarios de YouTube de tus distintas intervenciones y entrevistas, el público destaca tu humildad como algo muy favorable. Tal vez se valore especialmente porque hay muchos artistas egocéntricos y prepotentes, ¿no crees?
Falta muchísima humildad y cabeza. La gente está cegada en triunfar, en ser el más guapo. Y eso no vale para nada, lo que triunfa es lo contrario.
¿Cuál es el valor más importante para ti?
La humildad, la lealtad y la sinceridad.
¿Y un sueño por cumplir?
Pues mira, eso lo he pensado al principio de la entrevista, que se me ha iluminado la mente. Mi sueño es que mi madre me vea triunfar, cien por cien y súper arriba, antes de que se muera. Triunfar en plan Beyoncé.

Texto
David Alarcón
Fotografía
Felipe Longoni
Estilismo
Dav Martens
Peluquería
Sergio Serpiente
Maquillaje
Sergio Antón de las Nieves
Asistente de fotografía
Joan Hurtado

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