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Charlamos con Aizpea Lasa Villa, artista pamplonesa sumergida en la autoedición de fanzines, sobre mundos paralelos y manchas abstractas, sobre cómo el caos invade su espacio de trabajo y sobre cómo el resultado final de la obra se convierte en algo totalmente opuesto a ese desorden. Y es que Aizpea lleva el interés por el arte y el gusto por la creación en la sangre, experimenta desde pequeña pintando de una forma muy especial, y procura no perder esa esencia en su trabajo actual.
¡Hola, Azipea! Antes de nada, ¿podrías presentarte? 
Me llamo Aizpea y nací en Pamplona hace 30 años. Estudié Técnicas Gráficas en mi ciudad natal y más tarde fui a Bilbao a estudiar Bellas Artes. Mi último año de universidad lo pasé en Linz, Austria, gracias a la beca Erasmus.
Todo el rato estoy maquinando o haciendo cosas, la verdad es que no paro, tengo la necesidad de estar constantemente aprendiendo. Suelo trabajar en mi casa, pero donde más me gusta hacerlo es en el estudio, que comparto con varias personas de las que aprendo muchísimo. Aparte de dibujar, que es lo que me apasiona, me gusta dar paseos por la ciudad, conocer nuevos lugares, ir a la biblioteca y a librerías a hojear libros de todo tipo… Desde hace tiempo colecciono revistas, digamos que tengo un fetiche con las publicaciones en general.
Tu nombre es muy peculiar.
Aizpea no es un nombre muy común, y menos por la zona Guipúzcoa. A mi madre y a mi padre les encantó cuando conocieron a una actriz de San Sebastián que se llama Aizpea, y desde entonces tuvieron claro que si alguna vez tenían una hija la iban a llamar así. Es un nombre en euskera, y significa ‘’debajo de la roca.’’

¿En qué momento decidiste dedicarte al arte?
Desde pequeña siempre me ha interesado todo lo relacionado con la creación, ya fuese dibujar o pintar, me encantaba hacer figuras con barro y hasta desmontar aparatos electrónicos y volver a montarlos de una manera totalmente caótica. Pero creo que esto suele pasarle a cualquier pequeña criatura en su fase de crecimiento. Es cierto que mi madre y mi padre se dieron cuenta que realizar ese tipo de actividades me gustaba muchísimo, y cuando tenía 4 años decidieron llevarme al estudio de un pintor de Pamplona. Impartía clases muy libres, nos dejaba experimentar a lo bestia, era genial. Tengo muy buenos recuerdos de esas clases, y a día de hoy intento trabajar de la misma manera que lo hacía por aquel entonces.
Creo que siempre he sido consciente, de alguna manera, de que quería dedicarme al mundo del arte, pero no fue hasta años más tarde cuando lo tuve claro.
¿Cómo fue empezar en el mundo laboral? ¿Qué hay después de un Erasmus?
Volví a mi casa, no tenía mucho dinero y estaba bastante perdida, así que decidí alquilar un estudio con una amiga y mi pareja para poder crear. Por esa época compaginé trabajos esporádicos para vivir, y el resto del tiempo lo invertí en dibujar y no parar de pintar. Durante mi estancia en Pamplona creamos un colectivo artístico llamado Y Peluda con mi pareja y mi amiga de estudio, con el que hacemos pequeñas publicaciones autoeditadas, y Pan de Molde, un fanzine colaborativo. 
Pan de Molde ha tenido muy buena acogida, ya estáis maquinando el quinto numero. En él participan artistas de diferentes países. Tiene que ser difícil seleccionar qué trabajos salen en el fanzine, ¿qué es lo que determina dicha selección?
Estamos muy contentas con el fanzine, hace poco cerramos la convocatoria y hemos recibido muchísimas propuestas. En los primeros números todo fue más sencillo, no hacíamos convocatoria abierta, sino que nosotros contactábamos con el artista, le mandábamos la ficha técnica y ya estaba hecho. Empezamos con la convocatoria abierta en el número anterior, y eso hizo que el círculo se ampliara y gente de otras ciudades (e incluso de otros países) nos mandaran sus propuestas. A partir de aquí, todo se complicó un poco más, ya que no todos los trabajos tenían cabida y tuvimos que hacer una selección.
Buscamos que cumplan los requisitos técnicos, además de eso, es importante que la imagen refleje el tema elegido, que tenga una riqueza visual y sobre todo que a primera vista nos transmita o produzca alguna sensación. Siempre funcionamos de la misma manera, cada uno hacemos una selección individual y la ponemos en común entre los tres, normalmente solemos coincidir y seleccionamos las mismas imágenes. Todo se complica cuando dudamos de alguna y nos gustan diferentes propuestas, ¡pero lo bueno de ser tres es que cuando hacemos votación nunca hay un empate!

Te mudaste de Pamplona a Bilbao, ¿de que manera afectó ese cambio a tus creaciones?
Pamplona es la cuidad donde he nacido, la amo y la odio a partes iguales. Trabajé allí durante tres años y he de decir que conocí a mucha gente nueva y que salieron muchos proyectos interesantes, pero necesitaba moverme, cambiar de aires. Un día una buena amiga me dijo que me acogía en su casa, así que me vine para aquí. Mi día a día no ha cambiado mucho respecto al de Pamplona, vengo al estudio a trabajar, luego a casa y al estudio, así es mi rutina.
Vemos que como base formal en tus últimos trabajos partes de la mancha y de figuras geométricas, y creas una especie de dimensión paralela en tus dibujos. ¿Qué nos podrías contar sobre esta forma de crear?
Normalmente, cuando empiezo a hacer un dibujo soy bastante caótica, pero una vez acabado puede parecer todo lo contrario. Siempre parto de una idea muy básica, algo que me haya pasado, algún tema de actualidad, algo que he escuchado de paseo o en el bus camino a casa, entonces esa idea se va desarrollando y cogiendo forma a medida que voy avanzando con la pieza. Me gusta generar pequeños mundos paralelos donde hay ciertos personajes, formas naturales, geométricas e incluso manchas totalmente abstractas. Para mí, todas esa formas tienen vida cuando las traslado al papel. Forman parte de un pequeño universo que he creado, y en cada pieza esas formas generan historias que están abiertas a múltiples interpretaciones y lecturas según el espectador.
La autoedición debe darte mucha libertad creativa, pero también supone una autogestión importante, ¿qué pesa más?
Yo diría que la mayor parte de las cosas que te ofrece el mundo de la autoedición son positivas. Me gusta esa parte más experimental, ya que puedes utilizar diferentes materiales en una sola publicación, es decir, si tú publicas con una editorial es muy difícil que puedas utilizar muchos tipos de papeles, troquelados, o diferentes recursos, porque al final hacen que el objeto final se encarezca. No te digo que no haya editoriales que no lo hagan, pero es muy arriesgado para ellas, no suele ser lo común. Sin embargo, tú misma puedes hacer una tirada más pequeña invirtiendo un poco más de dinero. A la hora de publicar contenido, en mi caso, si quiero dibujar o escribir lo que me dé la gana, lo puedo hacer: no tengo que estar pensando o preocupándome si esta parte del texto quizás me la puedan eliminar, o este otro dibujo no me lo publiquen. Hago lo que me apetece y como que yo quiero, para bien o para mal. No hay censura. Eso sí, lo he de hacer todo: aparte de ser la autora, también toca ser editora, relaciones públicas, distribuidora, contable, etc. Quizás eso sea lo más tedioso y lo que menos me gusta de la autoedición. Pierdes muchísimo tiempo haciendo ese trabajo que podría invertir en dibujar.

¿Se puede vivir de pequeñas publicaciones?
Algo de dinero dan, la historia es que si metemos intermediarios de por medio, el dinero que se gana es menor. Así que, si lo hago todo yo misma, las ganancias serán para mí. 
¿Qué opinas sobre la situación artística actual en España?
En mi opinión, a pesar de que en este país no se trata muy bien a la cultura y el arte, hay gente con muchas ganas de hacer cosas y sacar adelante proyectos. Cada día hay más propuestas alternativas que son muy interesantes: pequeños festivales de música, cine, proyectos de autoedición, nuevos planteamientos expositivos, eventos, charlas, etcétera. La gente en la calle se mueve, tiene ganas de salirse un poco de lo formal, de lo de siempre, y eso para mí es esperanzador.
¿Cuáles son tus planes de futuro? ¿Tienes pensado mudarte al extranjero?
Creo que viajar, conocer nuevas culturas y lugares es muy enriquecedor y fundamental, pero todo depende del momento y las ganas que una tenga. Ahora acabo de mudarme a Bilbao y no tengo intención de moverme. Tengo varios proyectos en marcha, tanto aquí como en Pamplona. Aunque no suelo mirar a largo plazo, no descarto la posibilidad de irme al extranjero en un futuro. Argentina es un país que me llama la atención, Canadá podría ser otro sitio interesante y Sudáfrica ya sería la bomba. Creo que es un país que ha sufrido muchísimo, lleno de historias y con una diversidad cultural increíble, muy diferente a lo que yo he vivido. Sería un buen sitio donde poder desarrollar diferentes proyectos relacionados con la cultura y la contracultura sudafricana, conocer artistas locales, descubrir cosas nuevas que aquí no llegan.

Texo
Paula Rodríguez

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