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Muchas veces sentimos que necesitamos un cambio en nuestras vidas, o que necesitamos un lugar al que poder llamar nuestro. En La poesía solo muere cuando termina, Adelaida Lamas nos muestra el retrato de una juventud que cada vez está más comunicada pero a la vez más sola que nunca. Mezclando el escenario del extrarradio de Barcelona con una imagen cuidada e, inevitablemente, bonita, nos presenta la problemática que muchos jóvenes sufren durante los primeros años de la vida adulta: el miedo a crecer.

Si alguien que nos lee no sabe quién eres, ¿puedes presentarte?
Mi nombre es Adelaida Lamas. Acabo de terminar mi primer cortometraje narrativo de ficción como directora y guionista. Un proyecto que sale de la escuela de cine Escac y que fue seleccionado ganador por Escac Films para su producción y distribución. En 2008 decidí abandonar mi doctorado en neuropsicología para sumergirme sin retorno en el terreno artístico. Desde entonces, cada uno de los pasos que he dado me han traído hasta el momento en que decido hacer cine. También soy madre de una maravilla de la naturaleza que se llama Rita y que es la mayor de mis musas.
Estudiaste psicología, pero acabaste decantándote hacia el cine y el arte, ¿por qué? ¿Los unes de alguna manera? ¿Has tenido siempre una inclinación hacia el cine, o esta pasión apareció más tarde?
Lo artístico siempre ha estado ahí y me capta de manera natural por encima de todo. Me licencié en psicología como podría haberlo hecho en física cuántica o periodismo. Soy profundamente curiosa, sensitiva y con un marcado sentido de la estética, llegando incluso a rozar la manía. Además, quizás por mi historia personal, siempre he sido muy crítica e inconformista con las convenciones sociales y el papelazo de las mujeres en la sociedad y en mi entorno. Creo que por eso me decanté por la investigación, por mover el conocimiento y poner en cuestión todo lo que me rodeaba.
El verdadero problema, si lo hubo, fue que no podía con la investigación animal, a la que rechazo. Decidí dejarlo para seguir investigando desde otro paradigma, el artístico, algo que me permitía mayor libertad exploratoria como autora que la propia ciencia. Infinitos postulados de búsqueda de verdad holística y crítica, y desde algo tan mágico como es compartir la mirada. Lo he ido viendo cada vez más claro. Todo ha sido fruto de las decisiones que ido tomando a lo largo de los años. Me he ido entusiasmando. También te digo que estoy segura que necesitaba dar esta vuelta para entender las cosas como las entiendo ahora. El punto de vista no se aprende en una escuela de cine.
También estás en Miniature Films, un estudio creativo independiente fundado en 2008. ¿Cómo surge este proyecto? ¿Qué trabajáis más con este estudio?
Miniature aparece en 2008 porque teníamos que firmar de alguna manera, y con algún nombre, una serie de trece episodios de corte experimental que teníamos en mente llamada La metamorfosis de la palomita, y que se emitiría en más de treinta canales de la Xarxa de Televisións Locals de Catalunya. Así que, junto a Roger Amat, co-fundador de Miniature, empezamos en el desaparecido Do, un mítico programa de nuevos formatos audiovisuales que no tenían cabida en la televisión convencional y del que, como nosotros, han salido un montón de profesionales con los que mantenemos muy buenas sinergias aún. Como el proyecto tuvo bastante éxito y se programó en varios festivales nacionales e internacionales, después se nos pidió que lleváramos la dirección de la imagen del programa. Y así seguimos durante años, dándolo todo.
Más proyectos y algunos premios han seguido llegando hasta hoy. Fuimos haciendo y produciendo con mucha ilusión y ganas, generando finalmente una marca bastante personal y en la que además de ser rigurosamente estéticos, siempre había un marcado concepto y cierto punto de crítica e ironía. Tenemos la suerte de poder trabajar con mucha libertad y eso se nota. Tampoco hemos tenido demasiados prejuicios hacia el circuito creativo, y si han aparecido, los hemos volcado en el propio proyecto para ponerlos en cuestión. Tal fue el caso de Televisió Espai Expositiu. TVEE, un nuevo formato televisivo que fue premiado con el Grand Laus Audiovisuales en 2012, y en el que invitamos a toda una generación de artistas a llenar la televisión de contenido artístico contemporáneo y sin censura. Un gustazo de proyecto que contaba con el apoyo de Hangar y en el que participaron más de una veintena de artistas emergentes. Los proyectos que desarrollamos con Miniature transitan de forma amplia por las diferentes esferas de la producción audiovisual, desde el arte hasta la televisión o la publicidad.

El título de tu último cortometraje es La poesía solo muere cuando termina, ¿qué historia esconde detrás? ¿Tiene algún significado personal para ti?
La poesía solo muere cuando termina es una frase que mi pareja me explicó que le escuchó decir a un homeless en la calle un día. Se me quedó grabada porque me pareció precioso el contraste, lo vi muy bonito; lleno de poesía y de decadencia como la vida misma. Personalmente, estoy interesada en este tipo de contrastes. Los personajes que genero están llenos de contradicciones y en ellas radica su belleza –o al menos el interés que a mí me despiertan. Creo que la vida está hecha de contrarios y que en las emociones más complejas solemos encontrar este tipo de lucha dentro de nuestras propias sensaciones. Nada es enteramente de un color. Esto es lo que he querido desarrollar en esta historia. Me interesa que las emociones actúen a dos niveles en todo momento. Nada acaba de ser del todo divertido, ni del todo triste. Entonces ya había rodado la maqueta, que se llamaba de otra manera. Pero esta frase mostraba (y encriptaba) muchas de las cosas de las que quería hablar.
En tu corto se habla de un viaje de iniciación y de inseguridad por parte de las dos protagonistas, que son muy jóvenes. ¿Piensas que siempre nos enfrentamos a esta inseguridad de crecer a medida que nos vamos haciendo mayores?
La inseguridad y la incerteza son inherentes al ser humano. Necesitamos saber que lo que estamos haciendo encaja en algún lugar, y qué sentido tenemos. Tomar perspectiva con respecto al todo. Y esto se va aprendiendo con los años a base de trabajo, encontrar tu camino y permitirte cierto tiempo de soledad para leer, escuchar música, ver cine o simplemente quedarte quieta focalizando tu atención en nada, solo en ser consciente. Formarte de la manera que sea, la que elijas, e ir resolviendo esas inseguridades e incertezas que están ahí para hacerte avanzar. La adolescencia se ha alargado prácticamente hasta los treinta. Cada vez estamos más comunicados, pero al mismo tiempo también más solos. Necesitamos buenos amigos cerca y personas interesantes con las que hablar y aprender cosas. Pero también necesitamos un margen de intimidad para desarrollarnos. Estando solo se aprenden muchas cosas y no es algo malo, a no ser que se lleve al extremo.
La primera frase de la sinopsis es clara y concisa: “Bea está deprimida pero no lo sabe”. ¿Crees que esto les sucede a muchos jóvenes en la actualidad? ¿Alguna vez te has sentido como Bea?
Creo que todos nos hemos sentido en algún momento como Bea pero no hemos querido parar. Hay un afán por seguir adelante y de la forma más rápida posible. De ninguna manera podemos quedarnos atrás. Por otro lado, somos seres cíclicos. Nuestras energías y el modo en que nos sentimos –a nosotros y a los otros– varía en mayor o menor medida, desde el polo alegría al polo tristeza; mezclándose e interrelacionándose, de tantas y tan variadas maneras, que a veces cuesta ser conscientes al cien por cien de lo que estamos sintiendo. A mí, por ejemplo, en un momento personal muy difícil y de mucho estrés que atravesé, y en el que de ninguna manera me podía permitir parar, mi cuerpo y mi mente siguieron adelante, pero empecé a tener sensación de náusea, sentía estrictamente asco. Muy sartriano. Y muy Bea. Creo que fue cómo mi organismo expresó en ese momento lo que le estaba pasando. Después se pasó, pero mi cuerpo me estaba contando cosas importantes.

El tema fundamental en el cortometraje es el miedo a crecer. ¿Por qué elegiste esta temática? ¿Qué quieres transmitir al poner a una chica tan joven enfrentándose al reto que se le propone delante, siendo este tan maduro y difícil?
A pesar de no ser autobiográfico, sí que surgió todo por la idea del miedo a crecer, en base a una reflexión y a un cuestionamiento personales desde el momento vital de cambio en el que me encontraba, tras mi recién estrenada maternidad. Empezar en el lavabo de una discoteca, por ejemplo, mientras están de fiesta era la excusa argumental para hablar de todo lo demás. El cortometraje es un género tremendamente difícil en el que has de arrancar, condensar, mantener y resolver en muy poco tiempo una historia lo más compleja posible o que, por lo menos, tenga alguna idea fuerte de base. Has de seleccionar de qué estás dispuesta a hablarle al espectador sinceramente y por lo que pedirle su tiempo, esperando que entienda, al menos parte, de lo que querías contarle en tan poco tiempo.
Todas las ideas argumentales movían la historia hacia una resolución de forma rápida y natural. Funcionaban en la búsqueda de una estructura académica. Y todo empezó como una práctica de clase. Por el camino participamos en el proceso de descubrimiento de todo lo que está en juego por debajo de esas nociones más claras. En lo sutil se desgrana el verdadero conflicto, y este se manifiesta delante de la cámara. Nosotros nos convertimos en testigos privilegiados del conflicto de estas jóvenes y vemos hasta dónde son capaces de movilizar su energía. El arco de Bea comienza muy abajo pero al final de la historia es capaz de hacer un cambio pequeñito pero fundamental en su interior, en su mirada. Un cambio verosímil.
Con esta historia presento a unos personajes que son llevados al extremo para ver cómo son capaces de reaccionar y de cambiar. Me interesaba que fuera un viaje, que estimulara el crecimiento de los personajes ante la adversidad.
Ahora bien, en una escena, la protagonista imagina a una niña corriendo hacia ella en una carretera. ¿Qué inspiró esa escena y qué significado tiene?
Esta escena es la más mágica, y se te queda dentro sin quererlo. Es pura realidad. Nadie está actuando. Esa pequeña niña asustada tiene múltiples lecturas y todas válidas. Está ahí para que podamos proyectarnos. En mi caso la veo como el niño asustado que todos llevamos dentro y al que hay que cuidar. Es, además, un claro homenaje a Lost Highway, de David Lynch. Quién mejor que él para hablar de los laberintos del ser humano y el mundo onírico.
Tengo la sensación durante todo el cortometraje que la imagen es preciosa, pero que la temática y los diálogos son tan reales que a veces no son bonitos. Creo que el hecho que nos muestres que la vida no siempre es bonita, aunque lo parezca, es lo que le da la belleza a La poesía solo muere cuando termina. ¿Querías transmitir esto cuando estabas escribiendo por primera vez el guión?
Así es. La idea estética ha estado bastante clara desde el inicio. En base a ella iban apareciendo las localizaciones, las actrices, etc. Sofía Ocaña, la directora de fotografía, enseguida entendió las sensaciones y el tono de lo que quería explicar gracias a referentes como Rosetta, L’enfant, Paris, Texas, Night on Earth y Victoria. En todas ellas reside esta belleza de la decadencia de la que hablamos y que buscaba. Dura y directa. No estaba muy interesada en lo efectista de la emoción, pero sí que todo avanzase en dos niveles de contraste a la vez. Para mí es más enriquecedor.

Elegiste el extrarradio de Barcelona, un lugar puramente industrial donde muchos jóvenes van de fiesta a los polígonos perdidos entre campos de secano. ¿Por qué elegir esta localización? ¿Tiene alguna importancia personal?
La belleza está en los márgenes. El guion está llevado al límite de sus posibilidades con la técnica de darle la vuelta a todo lo que tienes delante para ver hasta dónde funciona. Una de esas vueltas más fue complicarles la vida a Bea y a Laura a la hora de decidir la localización de partida y el entorno en el que transcurría todo. Estarían lejos de la comodidad y, por lo tanto, de la ciudad. Sería extrarradio. Coherente con sus psicologías como personajes marginales y que se sienten perdidos y aún muy fuera de la sociedad.
Además, aumentaba la tensión dramática: el conflicto sería mayor y nuestras expectativas de éxito, más bajas. No es lo mismo que la meta esté a trescientos metros y puedas llegar en metro, que si te echan de un taxi por no llevar un duro, que si está a veinte kilómetros y ese mismo taxi te deja tirada en medio de la nada. Serás más escéptica y estarás más atenta a ver qué sucede.
Beatriz y Laura son encarnadas por Paula Ayet y Cris Stölhe, quienes están involucradas en la escena creativa pero no en el de la actuación. ¿Por qué decantarse por actrices debutantes o ‘no profesionales’? ¿Qué tal fue la experiencia de trabajar con ellas?
Es lo que hablábamos antes de tomar decisiones en el guión en pro de la narración y sus objetivos. Lo mismo pasó con las actrices: cuanto más jóvenes fueran los personajes, más conflicto, más difícil de resolver, más contraste. Y también más interesante, al menos de partida. Si a esto le sumamos que no sean profesionales y no estén acostumbradas a trabajar narrativa, lo que salga de ellas y valga finalmente para el film será genuino, muy real. Quería el máximo naturalismo y verdad posibles. Tanto en el arco de la luz, como en los movimientos de la cámara, como en rebajar al máximo las actuaciones como tales de las protagonistas. Las reacciones de las actrices debían poder estar casi en el límite de lo robado delante de la cámara. Con Júlia Obiols, la montadora del corto, decidimos incluir en el montaje muchos momentos fuera del set propiamente dicho porque eran ellas tal cual y nutrían de forma sincera al personaje en la dirección que buscábamos. Si no hubieran aparecido Paula y Cris, hubieran conducido la historia Elena Martin y Marta Cañas, dos actrices profesionales fantásticas. Fue una decisión muy difícil y llena de riesgo, pero gracias a ella La poesía solo muere cuando termina hoy es lo que es.
Trabajar con Paula y con Cris ha sido una experiencia enriquecedora, un precioso reto. A pesar de que no estaban familiarizadas con los tiempos y procesos de trabajo en el cine, fueron tremendamente generosas y pacientes. Hubo, por ejemplo, muchos problemas técnicos con el sonido directo de los rodajes y tuvimos que hacer jornada de retakes y un par de jornadas de grabación de ADRs (grabación adicional de diálogo). Ellas tenían que doblarse a sí mismas encima del plano, cuadrando labiales y manteniendo la intención y el tono de las frases lo máximo que les fuera posible. Fue increíble ver cómo lo cuadraban a la primera. Se les daba verdaderamente bien y jamás lo habían hecho.
Durante todo el corto escuchamos sonidos crudos que escuchamos en las calles –como coches, aviones, aire, grillos, gravilla, etc. – mezclados con notas de piano. ¿Cómo se complementa esta banda sonora con la historia? ¿Qué quieres transmitir con esta mezcla?
El sonido es el relieve, le da tridimensionalidad a la imagen. El cincuenta por ciento del trabajo del film está aquí, es la influencia secreta en las emociones del espectador y es importante no dejar sin jugar esta carta. En este caso, el sonido directo del corto era un verdadero drama. Así que fue toda una suerte poder implicar a Arturo y a Eloy, y que no salieran corriendo. Era de verdad el mayor reto para terminar de construir las sensaciones de la historia. Si no funcionaba el sonido, nada funcionaría.
Fue increíble ver cómo se iba construyendo una gigante nave sonora con millones de capas, algo parecido a los créditos con que abre Star Wars. En esa ‘nave’ se apoyaba finalmente la verdad del corto. Y lo mismo pasó con la banda sonora. Sabía que quería algo muy oscuro y atmosférico, orgánico, y que matizara en esa dirección el tono de la acción. Les enseñé el corto a Pedro y a Biel, a los dos les gustó y en seguida se volcaron. Incluso consiguieron que el tema que había compuesto anteriormente Eloi Manen para el corto –y que estaba segura que incluiría donde está– encajara perfectamente (aunque con unos pequeños arreglos) con todo lo demás que estaban trabajando. Una suerte de sinergias. Es la fase que más he disfrutado y en la que más he aprendido.
También ha colaborado el artista francés Para One con un tema que suena al final del cortometraje, titulado Elevation. ¿Fue una canción hecha especialmente para el corto? Si no lo fue, ¿qué importancia tiene dentro del hilo conductor del film? ¿Por qué elegiste esta canción?


El tema de Para One apareció de camino en coche a la última localización exterior. Estábamos ya algo cansados después de una semana de rodaje. Paula puso algunas canciones y nos enchufó energía, entre ellas, este tema al que esa misma tarde iba a ver actuar en el Sónar acompañado de un coro de jóvenes de diecinueve años, The South African Youth Choir. El tema –que es una maravilla– consiguió ponerme como mística en cierta manera, me movió cosas. Me parecía que acababa de hacer un clic natural al final de la historia. Y ya, después del rodaje, cuando todo el equipo se fue y me quedé sola en la terraza de mi casa, me la puse de nuevo. Definitivamente tuve un sentimiento muy fuerte de que todo encajaba. Conseguí contactar con Para One, aunque sin mucho ánimo de que fuera a hacerme caso. Pero resultó que el proyecto le gustó y después de algunos meses pudimos cerrar nuestra colaboración con Elevation en los créditos de la peli. Era el contrapunto perfecto al final anticlimático. Tremendamente humano y celestial. Un sueño hecho realidad.

Este cortometraje ha sido producido por la Escac y la plataforma de mecenazgo cultural Verkami, ¿volverías a confiar en el mecenazgo online? ¿Qué sentiste al ver que gente anónima ayudaba a tu proyecto?
Sin Escac Films y sin los ciento veinte mecenas que apostaron por el proyecto no habríamos podido tirar adelante y finalizar el proyecto. Era la primera vez que hacía algo así en todos los sentidos. Tuve que aprender de cero y en muy poco tiempo. Sacar adelante un crowdfunding realmente es mucho trabajo. Menos mal de la ayuda de Marta Ávila, la directora de producción. Trabajas antes, durante y después. Primero para presentar y comunicar la campaña con todas sus recompensas, después para mantenerla durante cuarenta días activa, y por último, hacer un sprint final. Le pedimos ayuda a todo el mundo. Es raro porque, aunque no quieras, te sientes un poco spam. Pero es la opción que queda si no tienes otra forma de financiarte y quieres sacar adelante un proyecto en el que crees, ya sea de cine, editorial, de música o de cualquier otra cosa. De verdad, espero que toda la gente que ha apostado por el proyecto se sienta gratificada el día que pueda ver el corto y piense que ese trabajo ha sido posible gracias a pequeños y grandes gestos individuales como el suyo. Salí realmente sorprendida del apoyo de la gente. Quien menos te esperabas estaba ahí. Es una sensación muy buena y que te hace trabajar con más compromiso y confianza si cabe. Son muchas pilas.
El cortometraje se pre-estrenó en junio, ¿qué sentiste al ver tu trabajo por primera vez en una gran pantalla? ¿Cómo reaccionó el público?
La sala de cine es magia pura. Los sentidos se amplían y si todo va bien, y consigues meterte, el artificio se convierte en realidad, te vas a otro lugar. Las reacciones del público al ver el corto en el pre-estreno han sido muy buenas, mucho mejor de lo que me las esperaba. Me sentí muy feliz de todas las críticas y valoraciones. Se fijaban en aspectos como la atmósfera del corto, el arco de la luz o el diseño de sonido y la verosimilitud con que la habían vivido. Realmente es muy emocionante poder compartirlo a este nivel. Incluso hubo algunos hombres de mediana edad, a los que no conocía personalmente, que tuvieron la necesidad de acercarse a contarme que le había movido cosas, cuando la historia la llevan dos chicas jóvenes de diecinueve años. Sientes que has conectado aun sin creer que fuera posible. Esto es el mejor premio de todos.
Actualmente, el cortometraje está trabajando su distribución en dieciocho países. ¿Qué te está aportando distribuir tu trabajo por tantos lugares? ¿Qué esperas?
El mayor de los premios es llegar al público; que lo programen y dejarlo ir. Esa es mi mayor ilusión. Que todo el mundo pueda ver el corto y que puedan sentir cosas.

¿Ya has recibido algunas críticas/reviews sobre él? ¿Qué te han dicho sobre el trabajo hasta el momento?
De momento el corto no ha salido del entorno académico y privado. Es ahora cuando se está trabajando en su estreno al público de cara al 2018. Por lo tanto, las críticas que he recibido hasta el momento son de mis profesores y tutores de la Escac. Entre ellas, me dicen que tiene garra, un estilo muy marcado y muy buena atmósfera. Subrayan que hay un crecimiento de interés hasta el final, que se agradece. Dicen que es un buen corto.
Una vez haya acabado la distribución por los festivales, ¿planteas volver a pasarlo de cara al público para que todos puedan verlo? ¿Cuál es la vida de un corto después de los festivales?
La idea ahora es intentar aprovechar todo el circuito de exhibición de festivales, que es más restrictivo, para luego ya poder realizar todo tipo de muestras y proyecciones públicas.
Después de los festivales, con suerte, a lo mejor también podemos plantearnos distribuirlo en plataformas de como Filmin o incluso pasarlo en la televisión. Pero una vez se acaben todos los circuitos promocionales (dentro de unos dos o tres años), la idea sería ponerlo online abierto al público para que todo el mundo que quiera pueda verlo.
Finalmente, ¿en qué otro proyecto te gustaría embarcarte en los próximos meses?
Me gustaría mucho terminar algún día no muy lejano el guión de un largometraje. Estoy trabajando en ello, pero en una fase muy inicial y donde todo va fluyendo poco a poco, sin presiones. Por el momento, no repetiría con un cortometraje porque me parece un formato muy difícil. Pero la verdad es que nunca se sabe.


Texto
Sandra Iglesias
Retrato
Roger Amat

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