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Estrecho y alargado, el decorador Parolio no se equivocó cuando le dijo a Rodrigo Taramona –uno de los socios del bar– que allí no tenían un local, tenían un tren. Pues lo cierto es que dio en el clavo. Entrar en The Passenger es tener un billete de ida en algo que nos traslada un poco al Orient Express o al Transiberiano, solo que en vez de partir de París o de Lisboa y llevarnos a Constantinopla o a Vladivostok, el viaje comienza en medio de Malasaña y promete llevarnos hasta el centro de la noche madrileña. 

¿Cómo? En un elegante vagón-comedor, uno de madera oscura y mullidos asientos de piel marrón. Y la experiencia no puede ser más completa, porque mientras disfrutamos de uno de los mejores cafés de la capital –ecológico y 100% arábica– o uno de los cócteles estrella del bartender Joaquín Poyatos, podemos ver paisajes rurales y urbanos a través de tres grandes ventanas que proyectan imágenes grabadas por trenes reales en movimiento.

Lo interesante es que la velocidad de este tren de los años 20 varía según van girando las agujas del reloj. Tardes más relajadas a ritmo de soul y jazz para la hora del café, con una más que recomendable carrot cake y una carta centrada en los quesos provenientes del afinador local Poncelet. Otras de las estrellas de este vagón-cafetería son la torta de aceite de oliva virgen ecológico con jamón ibérico, queso brie y mermelada de tomate, tortas de salmón, quesadillas trufadas de queso comté y nachos con un guacamole que puedes hacer tú mismo, además de fondues y tablas de quesos suaves y fuertes, entre otras exquisiteces.

Sin embargo, cuando la noche pide caña nadie duda en echarle más carbón a la locomotora. Entonces el rock and roll cobra protagonismo en la sala, fundiéndose con los retratos de sus leyendas fotografiados en trenes y estaciones durante los años 70. Además, The Passenger ya es conocido por sus famosos domingos de lonche & ponche, una fiesta vespertina con picoteo, barra libre de ponche y música en vivo, mientras que el primer domingo de cada mes se celebra #ThePassengerLive!, un evento en el que se invita a un músico callejero a tocar mientras que la mesa que más dinero le done es invitada a una botella.

Y si bien es verdad que este nuevo espacio de culto para los amantes del buen café, las cervezas premium y los cócteles perfectos se engloba dentro de las reconversiones que proliferan últimamente por el barrio de Malasaña –que no deja de reinventarse y de abrir nuevos bares a ritmo vertiginoso–, The Passenger plantea un concepto novedoso y sólido que ya se ha hecho un hueco en la noche madrileña y promete seguir echando vapor para rato. Estética antigua –que no vintage–, camareros simpáticos, música de la buena y un ambiente distendido parecen ser el combustible perfecto. ¿Te subes?

TEXTO
ALINA LAKITSCH

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