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Es Baluard Museu d’Art Contemporani de Palma de Mallorca abre la primera temporada expositiva de 2021 con la muestra colectiva Memoria de la defensa: arquitecturas físicas y mentales que invita a reflexionar, desde nuestra contemporaneidad, sobre los motivos arquitectónicos, físicos y mentales por los que se construyen estructuras de defensa en nuestras sociedades, dando visibilidad a la contradicción y a la paradoja que caracteriza la historia. En este sentido, nos lanza la pregunta: ¿de qué o de quién nos protegemos? El planteamiento nace a partir de la idea de fortaleza, como la que rodea el muso y que fue proyectada hace cuatro siglos por el ingeniero renacentista Giovan Giacomo Paleari Fratino. Comisariada por Imma Prieto y Pilar Rubí, se podrá visitar hasta el 26 de septiembre.

Ellas hacen mención a que nuestro presente se caracteriza por una considerable multiplicación de fronteras y estructuras de separación: en 1989, con el derribo del Muro de Berlín, se contaban seis; hoy, en 2021, con una creciente militarización de los pasos limítrofes, se cuentan sesenta y tres. Un muro hace referencia a cualquier estructura de ruptura, visible e invisible, que genera un límite, una frontera que puede ser física, geográfica o cultural.

La muestra se organiza en tres áreas diferenciadas que permiten ahondar en la dicotomía que apunta hacia los motivos por los que se construyen estructuras de defensa. Como se subraya a lo largo del recorrido expositivo, aquello de lo que solemos defendernos no tiene que ver con una agresión física, sino más bien con el miedo que provoca la cercanía y la asimilación de ideas ajenas o, mejor dicho, con aquello que puede modificar nuestros modos de pensar y hacer. Tal y como las comisarias nos cuentan, una vez más se abre ante nosotros el abismo que separa lo político de lo social o, dicho de otro modo, se da visibilidad a la separación existente entre el sistema que nos cosifica y los derechos humanos.
El primer espacio, a modo de introducción, engloba obras que nos acercan a distintos momentos históricos en los que, por un lado, se refleja la necesidad de levantar fortificaciones y por el otro, permite plantearnos cómo las conexiones con el pasado son más de las que imaginamos. El fresco de la Conquista de Mallorca (s. XIII), reproducido por primera vez para la exposición, nos plantea contradicciones del tipo: ¿a quién protege la muralla? A través de planos de distintas épocas e iconografías varias, nos aproximamos a escenarios en los que el miedo al otro se hace presente.

El segundo ámbito plantea el doble juego que se esconde tras antiguas fortificaciones y actuales muros, haciendo de contrapunto contemporáneo. Los barrotes de M131 nos acercan al realismo político de Juan Genovés, mediante el que da visibilidad a una multitud que huye y denuncia la dictadura española.

Peter Halley, en Six Prisons, utiliza la geometría y el color para plantear el espacio-tiempo de nuestra sociedad en clave antropológica y critica el orden político-social asfixiante y oclusivo en el que vivimos. Se incide en la necesidad de mantener vivas las memorias, así como de conservarlas y reactivarlas.
Por este motivo, desde el departamento de Educación de Es Baluard Museu se ha llevado a cabo Memoria del Lugar, un proceso de investigación sobre la historia del contexto físico inmediato en el baluarte de Sant Pere, presentando un recopilatorio testimonial de personas vecinas o vinculadas a los barrios próximos al museo. Las entrevistas, que se pueden consultar en la web, permiten conocer diversos aspectos del contexto histórico más cercano, como la transformación del barrio, anécdotas de la época de la Guerra Civil o la explosión de 1963 que destruyó parte de la muralla, además de reflexiones sobre la situación actual de la zona y el cambio en los modos de vivir y de relacionarse en la sociedad actual frente a peligros externos. De este modo, suma a esta exposición las vivencias y reflexiones de personas que han formado parte de un barrio que siempre ha actuado de bisagra entre lo propio y lo ajeno.

El tercer espacio se compone de un conjunto de instalaciones y propuestas videográficas. Profundizamos en la arquitectura defensiva desplazándonos a territorios que han vivido recientes conflictos armados: de Oriente Medio a Kosovo. Subrayamos la importancia de reconocer que hay muchos modos de militarizar un estado, sin que este se defina como tal, en nombre de la defensa si se asegura la legitimidad para la destrucción.

En este espacio se pueden ver las filmaciones de Lida Abdul de los suburbios de Kabul en 2006. Por su parte, Roy Dib nos plantea un escenario similar y nos acerca al Líbano. Si por un lado, reaparecen fronteras y muros entre Líbano, Palestina e Israel, por otro nos acercamos al encarcelamiento en el que vive una pareja. Siguiendo este mosaico audiovisual, en Starfighter, Wolf Vostell critica las políticas de rearme defensivo en la Alemania Occidental y su alineación político-militar con la OTAN. My Apologies to Time 3, de Kemang Wa Lehulere, convierte viejos pupitres escolares en una serie de pajareras conectadas mediante tuberías de acero.
Finalmente, en la exposición se plantean diferentes conexiones con el presente más inmediato: miedo a las ideas, pandemias, cárceles, muros y fronteras. De la mano de María Jesús González y Patricia Gómez tenemos el testimonio de quienes quedan silenciados tras el muro de la prisión. Petrit Halilaj cuelga sus esculturas en el vacío y materializa la memoria infantil. Closed/Locked, de Antoni Muntadas, llevada a cabo durante el confinamiento en Nueva York, vuelve a incidir en la contradicción y la paradoja. Cerramos las puertas al virus como enfermedad, cierto, pero a través de amables carteles y simpáticos letreros donde leemos "We hope to see you soon".

Contrariamente, sellamos y atrincheramos nuestras calles ante las vindicaciones llevadas a cabo durante el Black Lives Matter; el miedo a las ideas se vuelve a desvelar con contundencia. En un momento en el que los museos son y han de erigirse como espacios de encuentro y acogida, de cuidado y afectos, hay que pensar qué estructuras físicas y mentales bloquean la posibilidad de convertirse en comunidad.

Texto
Alexandra Liesse

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