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Hace un par de semanas tuvo lugar por fin la tercera edición del Mallorca Live Festival. Esta vez, con artistas internacionales que podrían habernos hecho confundir su cartel con el de cualquier festival ya consagrado. Como isleño, he de decir que la cosa prometía. De hecho, el segundo día ya colgó el cartel de sold out. ¿Cumplió con todas estas expectativas? Vamos a descubrirlo.

La cosa se empezó a caldear el viernes alrededor de las diez y media: Bad Gyal e Izal coincidían en horario. Los últimos actuaron en el escenario principal, el Sol House, donde presentaron Autoterapia, su último trabajo. Fue bastante multitudinario pese a las dudas después de todo lo acaecido en los últimos días: la polémica en la que se vio envuelto el líder del grupo por supuesto acoso en redes. A pesar de todo, los fans no decepcionaron y estuvieron allí.

Sin embargo, para mí la cita con Bad Gyal era ineludible: está en todos los festivales del país (o en la mayoría); por algo será. Con ella todos bailamos hasta sudar. Ritmo, baile, pasión: el público y sobre todo, ella. Lo vive de manera especial y se deja la piel en los directos. Abrió como ya es tradición en sus últimos conciertos con Tu moto, presentando así algunos de los nuevos temas de la última mixtape, para seguir con algunos de sus ya clásicos: Fiebre, Mercadona o Jacaranda. Y así se presentó: “Venimos de Barcelona, pero nos podéis ver en cualquier parte del mundo ahora mismo”. Y es que ya lo dice su canción, “Cada finde un bolo…”. Eso, y la reacción del público, no hace más que confirmar que Bad Gyal llegó, hace ya más de un año, para quedarse.

Tras la considerada 'reina del trap' siguió Cancha Via Circuito. El argentino ofreció una sesión experimental en el mismo escenario. Nos descubrió nuevos sonidos y formas de entender la electrónica mezclándola con cumbia y demás ritmos tropicales. Poco después, empezó en paralelo el concierto de uno de los cabezas de cartel, los escoceses Primal Scream. Un público no demasiado entregado y un concierto que parece que dejó indiferente: quizás no fue una de las mejores elecciones del festival.


Cuando terminaron los grupos y cantantes, llegó el turno de los DJs. Henrik Schwarz, con un set de deep house, y el mítico Solomun, que cerró la primera jornada de festival con una sesión que duró tres horas y que definitivamente caló en el público con su sonido envolvente tan característico: techno, house, con bajo funky y melodías eufóricas. Mantuvo al público ahí hasta el final. Y así, por todo lo alto, se cerró el primer día de festival, que sin duda nos hacía presagiar que la segunda jornada, con los cabezas de cartel actuando, iba a ser de lo más espectacular.

Alrededor de las ocho actuó Morgan en el escenario Estrella Damm: la voz dulce pero a veces quebrada de Nina daba paso a la nocturnidad con canciones de discos anteriores como Home o Goodbye, y con algunas de su último disco, Air, como Sargento de Hierro o Blue Eyes. Fue sorprendente cómo el festival combinaba multitud de géneros sin aparente vínculo entre sí: la electrónica más pura, el rock, y de repente, raperos con versos reivindicativos –con referencias al feminismo, a la pobreza, y a la superación–, como fue el caso de Kase O, que actuó en el Sol House Stage a eso de las nueve.

Lo del Columpio Asesino no fue especialmente multitudinario. Una cosa estaba clara, cantarían Toro, el hit que les propulsó al estrellato en 2011. Parece que la gente lo intentó, pero no fue hasta el final cuando lograron prestar atención, cuando sonó la mítica canción que todos esperábamos y se pudo cantar aquello de “te voy a hacer bailar, toda la noche”. Además, el concierto fue interrumpido por algunos problemas de sonido.


Y justo después, sin duda, lo más esperado del festival: The Prodigy. La banda inglesa hizo su aparición estelar minutos antes de que empezaran a caer las primeras gotas. La lluvia fue en aumento a medida que la música rompía más y más. Pero ni eso ni nada hubiera sido capaz de apaciguar a un público tan entregado. Con unas luces estáticas en blanco y un sonido solemne se dio paso a las verdaderas estrellas: Liam, Keith y Maxim, que a los pocos segundos rompieron esa solemnidad y empezaron a saltar sin descanso. Fueron los que llenaron de verdad el escenario principal, no cabía ni un alfiler, y los pogos no cesaban. Nos deleitaron con temas tan míticos como Breathe, Firestarter o Voodoo People y, sobre todo, con una vitalidad que sigue sorprendiendo pese a los años que llevan encima de los escenarios entregándose al máximo.

!!! (CHK CHK CHK) y Vitalic coincidían en horarios. Pero ya se sabe, no puede salir todo perfecto. Aún con la lluvia, los primeros pudieron dar su concierto en el escenario principal: los mallorquines estuvieron aguantando el mal tiempo para disfrutar del concierto. Por suerte, Vitalic estuvo en el escenario Estrella, cubierto por una carpa. Aquello estaba a reventar, y el francés no decepcionó. Es una apuesta segura: la sesión tuvo momentos de éxtasis como lo son siempre cuando suenan Second Lives, My Friend Dario, o una de las más recientes, Waiting for the Stars.

¿Y qué mejor forma de cerrar que Nina Kraviz? A la rusa se la podría considerar la reina del techno en un mundo que está governado por hombres. Según la opinión de muchos no fue de sus mejores sesiones: aburrida, demasiada tralla, etc. Lo que es indudable es que la mayoría estuvo ahí dándolo todo hasta que los de seguridad obligaron a abandonar el recinto pasadas las seis de la madrugada. Lo que presagiábamos hace un mes es ahora real: el Mallorca Live Festival se ha convertido en cita obligada en la agenda festivalera.

Texto
Jesús S Ferrera
Fotos
Javier Bragado, Andrés Iglesias, Xavi Torrent

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