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Había ganas, había ganas de que Madrid volviera, y qué mejor manera de hacerlo que disfrutando de LEV Matadero, Festival de Electrónica y Experiencias Inmersivas, que se llevó a cabo del 23 al 26 de septiembre. Desconozco si fue o no casualidad que este gran evento se programara para coincidir con la apertura de locales de ocio de Madrid, pero no pudo ser si no otro motivo más de gozo y disfrute para un fin de semana que ha sido toda una experiencia. Ni siquiera un clima lluvioso y desapacible ha impedido que ese mítico templo de la cultura que supone Matadero de Madrid se convirtiera en un punto de encuentro para todos aquellos deseosos de experimentar las inéditas experiencias ofrecidas por este festival en el ámbito de la música electrónica, la creación audiovisual y el arte digital.

Me gustaría empezar aplaudiendo el increíble circuito de cuatro instalaciones audiovisuales de gran formato, grandes novedades que han ocupado diferentes espacios de Matadero. Una de ellas era del montrealés Martin Messier, que haciendo honor a su mantra “Machine Music Movement Light” ha construido una instalación bautizada como Impulse, en donde unos rayos se entrelazan través de unos paneles de metal convirtiendo algo similar a la sinapsis cerebral en una especie de poseía tan visual como psicodélica.

Nada atrás se quedaba el montaje ideado por el colectivo Tundra, afincado en San Petersburgo, que gracias a una fila de instalaciones holográficas llamadas ROW (Signals for Space), conmemoró el 60 aniversario de la aventura espacial del cosmonauta Yuri Gagarin. Con este proyecto, Tundra logró crear un ambiente poderoso y envolvente, casi hipnótico que, personalmente, me ha recordado a cierto vídeo maldito de aquel terrorífico remake dirigido por Gore Verbinski. Algo perturbador en el mejor de los sentidos. 


El dúo creativo Adrien M & Claire B participaron con una instalación que venía a ser un libro pop-up que han titulado Acqua Alta., en las antípodas del estilo oscuro de Tundra. Gracias a una aplicación de realidad aumentada, Adrien y Claire han compuesto un recorrido en el que cada página de su libro, extendida a lo largo de una mesa, se convierte en el escenario de una historia de amor tan triste como poética en donde una pareja lucha contra la tormenta que amenaza con separarlos.

El colectivo Total Refusal, compuesto por los austriacos Robin Klengel, Leonhard Müllner y Michael Stumpf se van a un extremo aún más diferente con el work in progress de su trabajo más reciente: una grabación dentro del videojuego de acción Tom Clancy’s: The Division 2, donde con un tour por un Washington D.C post apocalíptico nos convertimos en testigos de un alegato contra el capitalismo y el americanismo más rancio.

Durante esta edición, tampoco podía faltar la sección Vortex, de las más visitadas en este festival, por ofrecer las últimas novedades en lo que se refiere a realidad virtual y el VR Cinema. Las limitaciones de aforo debido a la Covid reducían mucho la capacidad de la Nave 0, donde se realizaba el evento, pero la espera para conseguir una de las gafas de realidad aumentada, merecía la pena con creces.


El reconocido artista multidisciplinar Jakob Kudsk Steensen, con su trabajo Aquaphobia ha inundado Matadero con unos complejos paisajes y ecosistemas, en donde el agua y sus múltiples formas conforman un camino onírico con fines aparentemente introspectivos. Maravilloso también el espectáculo cerebral de Jeanne Susplugas, en donde uno podía recorrer el cerebro gracias a su montaje virtual de todo aquello que esconde el cráneo humano.

Respecto al cartel de conciertos, Grischa Lichtenberg & Ivankova y Alvaro Chior se encargaron de iluminar la noche del viernes, abriendo las puertas de un fin de semana con las actuaciones de Croatian Amor & Varg2TM, que mostraron su buena simbiosis colaborativa con una actuación caracterizada por un confuso montaje de vídeo que incluía inquietantes insectos amarillos. Por último, Paloma Peñarrubia y Azalea Ferrer, miembros de Bromo, usaron su sesión como canal para transmitir reivindicaciones sobre la ambición humana.

Texto
Juan Martí
Fotos
Lukasz Michalak / Estudio Perplejo

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