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L'Arc de Triomphe, Wrapped, una obra de arte king size temporal para París, podrá verse durante 16 días hasta el 3 de octubre de 2021. La intervención muestra el Arco de Triunfo envuelto en 25.000 metros cuadrados de tejido de polipropileno reciclable de color azul plateado y sujeto con 3.000 metros de cuerda roja; un guiño sutil a los tonos de la bandera tricolor. El sueño de toda una vida para Christo y Jeanne-Claude era embalar el célebre monumento de la rotonda de l’Étoile, y por fin lo han conseguido, aunque de forma póstuma.

Aplazado varias veces a causa del Covid-19, el ‘embalaje’ del Arco de Triunfo por fin se inició el 12 de septiembre. Esta no es la primera intervención descomunal de Christo, el artista estadounidense de origen búlgaro en la capital francesa. En 1985, ya había embalado el Pont Neuf. Junto a Jeanne-Claude, su esposa fallecida en 2009, también envolvió en 1995 el Parlamento alemán bajo una suerte de sábana de 100.000 metros cuadrados.

El arte que se emancipa de lo establecido irrita, incomoda; parte de la incomprensión y la ignorancia para ser finalmente aceptado, abrazado y enaltecido. Fue el caso de la Torre Eiffel, de las esculturas de Rodin, de la pirámide de Pei o de las vanguardias y movimientos artísticos de todos los tiempos, edades y eras. Es su sino. La obra póstuma del artista Christo, fallecido en 2020, ha suscitado reacciones polarizadas en redes sociales y medios franceses.

Por su originalidad y su voluntad de ‘ocultar’ un monumento histórico primordial, esta obra es objeto de debate, polémica y controversia en soportes digitales e impresos. En un artículo publicado en Le Monde el 11 de septiembre, el arquitecto y amigo del artista Carlo Ratti solicitaba que el Arco de Triunfo fuera ‘desembalado’ por razones ecológicas: “Desde el punto de vista medioambiental, ¿podemos permitirnos desperdiciar 25.000 metros cuadrados de tela para envolver un monumento?”. Desde luego; un retal de tela reciclable insignificante comparado con el despilfarro perseverante de la fast fashion.
No son pocos los haters que han puesto el grito en el cielo por el coste de la instalación, que asciende a 14 millones de euros, a pesar de que fuera el propio Christo quien pagase de su bolsillo la factura. Aparte de esta suma, es la estética de la obra la que es cuestionada por activistas políticos (en su mayoría de derechas) y que culpan a la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, de querer destruir la imagen ‘noble’ de la capital francesa.

“El sueño de #AnneHidalgo: meter #Francia en una bolsa de basura. Así lo hace con el #ArcDeTriomphe. El provechoso negocio de la nada”, critica André Bercoff, escritor y periodista franco-libanés. “¡Pero qué monstruosidad! Una bolsa de basura sobre uno de nuestros monumentos más gloriosos. Realmente quieren mancillarlo”, tuiteó Florian Philippot, presidente del partido político Les Patriotes (LP). Otros se han mostrado más entusiastas al valorar el proyecto, subrayando que la intención de Christo era precisamente embalar los monumentos históricos para que su importancia pudiera ser de nuevo redescubierta, reconocida y comprendida tras el desembalaje.

Christo y Jeanne-Claude nacieron el mismo día, el 13 de junio de 1935. Christo huyó del comunismo búlgaro a través de Viena y llegó a París en 1958. Tras conocer a Jeanne Claude, trabajaron juntos y llevaron a cabo un proceso de investigación absolutamente singular. Ambos se acercaron al nuevo realismo, pero se alejaron rápidamente de él. Su práctica era inclasificable y peculiar, y su firma era esta forma de embalaje colosal.
Anaël Pigeat, editora y crítica de arte francesa, ha destacado en un documental la importancia que tenía para Christo el término preciso de ‘embalaje’. No se trata de empaquetar, sino de embalar, porque esta palabra contiene la idea de viaje, de desplazamiento, algo fugaz y nómada. Este ‘envase’ es una forma de resaltar lo cotidiano de una manera insólita. Es una invitación a detener la mirada, a crear un tiempo suspendido.

Christo se embarcó en esta reflexión en 1957. Empezó envasando un bote de pintura, para continuar con todo tipo de embalajes de objetos pequeños. Cubrió muebles, cochecitos de niños, un carrito de supermercado... para pasar seguidamente a los embalajes a pie de calle, como el muro de barriles de petróleo (el telón de acero de la rue Visconti, 1968). Después, su obra se trasladó al ámbito del paisaje y los monumentos.

Cuando llegó a París, Christo alquiló una pequeña habitación cerca del Arco de Triunfo y desde entonces se sintió violentamente atraído por el monumento. En 1962 realizó un fotomontaje del Arco de Triunfo envuelto, visto desde la avenida Foch. Casi sesenta años después, el proyecto ya es toda una realidad. Efímera, eso sí; antes de que se desvanezca para siempre, casi al mismo tiempo que su creador.

Texto y Fotos
Paco Neumann

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