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“La base de todo en la vida y de toda la creación es la duda”, afirmaba Jaume Plensa ayer en rueda de prensa. Y su exposición en el MACBA de Barcelona, comisariada por el director del museo, Ferran Barenblit, lo corrobora justo al entrar: un gran interrogante de aluminio y hierro (la obra Firenze II) nos da la bienvenida. La muestra, que inaugura hoy 30 de noviembre y se podrá visitar hasta el 22 de abril del año que viene, plantea un recorrido que se extiende a lo largo de tres décadas, desde los 80 hasta hoy, por la obra de uno de los artistas catalanes más reconocidos mundialmente.

Barenblit, el director de la institución y comisario de esta exposición sin título, conoce a Plensa desde hace veintiocho años –ahí es nada. Y como le conoce tanto, sabe bien qué temas recurrentes han atravesado el monumental cuerpo de trabajo de Plensa, sobre los que destaca uno: “La capacidad del arte de hacer preguntas sin obtener respuestas sólidas”. Para él, “es una exposición que cuestiona la historia social y cultural de occidente desde la ilustración”. Algo muy necesario en los tiempos que corren porque, según afirma, “hay mucho que cuestionar: cómo entendemos la ordenación del mundo, las relaciones, las grandes promesas del progreso, o nuestra realidad de hoy”.

Aunque la duda sea la principal protagonista, no está sola. La espiritualidad, la música, la fluidez, la poesía o el silencio la acompañan a la vez que convierten la planta baja del MACBA en un patio para amantes del arte. Plensa afirmaba que sus obras no hay que tocarlas, sino acariciarlas –y también mostraba preocupación por el comportamiento de la gente al visitarla estos días. “Hay exposiciones que también deben educar”, nos comentaba simpáticamente mientras nos guiaba a través de las salas.

Obras como Glückauf?, que trata sobre la Declaración de los Derechos Humanos y que remete a las cortinas de cadenas metálicas de los comercios que el artista frecuentaba de pequeño, o Matter-Spirit, una instalación de dos gongs gigantes que al tocarlos hacen vibrar, tal como el título indica, la materia y el espíritu, invitan al espectador a interactuar con ellas. Eso sí, con ternura, otro concepto en el que Plensa hizo hincapié.

Pero este no es el único punto que destaca. “El arte tiene la capacidad enorme de crear puentes que nos unen”, comentaba. Y para tenderlos, hay que escuchar. “Creo que gritar cada vez sirve de menos”, afirmaba de manera crítica pero serena. “Vivimos en una época muy ruidosa y quisiera que la obra generase este silencio para podernos escuchar a nosotros mismos”. Las piezas Rumor (que juega con el agua, la luz, y los reflejos), Valence (una instalación con veintiuna puertas que ocupa una sala entera), o Dante’s Dream (cuyo protagonista es el fluir incesante del agua), son las que mejor consiguen que nos demos cuenta de cuán escaso y preciado es ese silencio.

La música, el sonido y la vibración hacen de contrapunto en otras obras y salas. Además de las dos mencionadas antes, una de las más destacadas es la instalación que hay en el exterior, a modo de jardín. “He puesto mucha energía en trabajar en el espacio público y en introducir belleza en el día a día de la gente”, dice el artista. Con las catorce esculturas abrazadas a árboles que llevan inscritos o bien nombres de compositores o bien de ríos, lo transmite a la perfección. Pero, ¿y los bancos que las rodean? “Espero que la gente se encuentre, hable, se relaje”, afirmaba Plensa.

Porque el espacio público, como bien comentaba, es algo en lo que el escultor ha trabajado durante casi toda su carrera. Ahora cuenta con piezas monumentales en ciudades como Chicago, Seúl o Barcelona, y además ha instalado más a lo largo de los años en Venecia, Río de Janeiro, Miami, o Tokio. “Cada vez que hago una instalación en un espacio público pienso que es un milagro”, decía humilde, a la vez que comentaba la importancia de los ángeles, esos seres que hacen que sea posible. “El espacio público es un espacio salvaje, no hay contexto. La obra tiene que sobrevivir por sí misma”.

La que seguro sobrevive es Invisibles, una escultura encargada por el Museo Reina Sofía y que se ha presentado esta semana en el Palacio de Cristal de Madrid, pocos días antes de inaugurar la exposición del MACBA. La unión hace la fuerza, dicen. Y la unión entre Plensa y el MACBA reafirma la relevancia y vigencia de su obra, que llevaba más de veinte años sin verse de manera tan espectacular en Barcelona. Una reconciliación que viajará al Moscow Museum of Modern Art a partir de junio.
La exposición de Jaume Plensa se inaugura el 30 de noviembre y se podrá visitar hasta el 22 de abril de 2019 en el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA), Plaça dels Àngels 1, Barcelona.

Texto
Arnau Salvadó
Fotos
Sebastian T. Thorsted

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