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Es jueves 21 de junio y en las puertas del Disseny Hub de Barcelona, una fila de gente espera para entrar en el recinto. El Hub es el escenario elegido para acoger una nueva edición del IED Barcelona Fashion Show, la cita en la que lo estudiantes del Título Superior de Diseño de Moda y el BA (Hons) in Fashion Design exhiben el resultado de su trabajo a lo largo de todos estos meses. Este año, diecinueve estudiantes presentarán sus colecciones ante un público compuesto por personalidades del mundo de la moda, profesores, amigos y familiares. En el ambiente, una mezcla de nervios y emoción: para estos jóvenes, el desfile supone un punto de inflexión. El final de una etapa y el inicio de la próxima, cargada de ilusión pero también de incertidumbre.

Pasan ya las nueve de la noche y en la sala, no hay un sitio libre. Y por fin, comienza el carrusel: la música empieza a sonar y con ella, el baile de modelos que van y vienen, exhibiendo las creaciones de los nuevos diseñadores. Sus colecciones, tan diferentes entre sí, son una ventana al mundo de estos jóvenes que desarrollan, a través de sus looks, su imaginario particular. Tienen en común un punto de irreverencia, propia de la edad… y poco más. Algunos de ellos apuestan por los materiales y técnicas más artesanales mientras otros trabajan más la deconstrucción.

Los desfiles tienen lugar bajo el marco de Fashioners of the World, una idea que nace para celebrar precisamente esta variedad de nuestro mundo y su eclecticismo. Busca ser un reflejo, por medio de las creaciones de sus alumnos, de la complejidad del tiempo en el que vivimos. “Cada look es el resultado de muchas horas de trabajo y demuestran el dominio de la técnica de estos jóvenes que, junto con la creatividad, son capaces de desarrollar innovadoras propuestas; la mayoría de las veces, atadas a historias muy personales”, explica Alessandro Manetti, Director General del IED Barcelona.

El carrusel llega a su parte final, los diseñadores salen a saludar al público, que les recibe entre aplausos, de la mano de uno de sus modelos. Ninguno consigue disimular la sonrisa de emoción. Es bonito ver entre ellos pequeños guiños y gestos de compañerismo: permite imaginar mejor lo vivido por los alumnos estos meses atrás.

Finalmente, la música se detiene y todo termina. El desfile deja paso al momento de la entrega de premios. La expectación en la sala aumenta. Alessandro Manetti dedica unas palabras a los jóvenes diseñadores y recibe a unos invitados de excepción, que se encargarán de repartir los premios de las cuatro categorías: Premio Manuel Outumuro al mejor shooting-diseño y mejor shooting-estilismo, Premio Isabel Coixet al Mejor Fashion Film, y el Premio a la Mejor Colección, otorgado por un jurado compuesto por Francine Pairon, Directora de FMI, Elisa Pervinca Bellini, Talent Editor de Vogue Italia, Inmaculada Jiménez, Directora de Elle España, y del diseñador belga Jean-Paul Lespagnard.


Y por fin, los vencedores. La gran homenajeada de la noche es Man o To, la colección de Inés Monjo, ganadora del Premio a la mejor Colección y del Mejor Shooting-Diseño. En sus looks, predominan los tonos tierra, caquis y verdosos y recurre a elementos como flores de crochet y pompones, que le dan cierto aire desenfadado y naive. Pero por otro lado, también hay algo de misterioso y onírico en todos ellos. Por ejemplo sus siluetas, con sombreros tapando medio rostro, nos evocan en seguida a las místicas estampas de la película Holly Mountain de Jodorowsky. Y lo cierto es que la diseñadora también ha querido presentar un viaje pero de otro tipo: su colección se inspira en el trastorno alimenticio que vivió, en su experiencia y en la relación entre mente y cuerpo. Así, cada uno de sus looks, representa su estado interior y los distintos momentos que pasó a lo largo de la enfermedad. Cerró el desfile con una explosión de luz y color, la superación del trastorno.

El Premio a mejor Shooting-Estilismo es para Berta Ricard, por su propuesta Kinopsia, una reflexión sobre la atmósfera que rodea lugares abandonados, entre la nostalgia y el misterio, tomando como punto de partida el tsunami de 2004 en Tailandia. Y por último, el Premio al mejor Fashion Film se lo llevó Anna Maclans, que recibe el premio de manos de Isabel Coixet. La directora destaca de su corto Santmercat que no aspira a la perfección sino que “enseña los poros”, que es lo que nos hace humanos. En él, Anna contrapone dos mundos: moda y alimentación, dos industrias diferentes pero con similitudes, y las muestra juntas, como una crítica a los sistemas de producción en masa que ambos utilizan.

Por otro lado, de entre los no premiados pero que derrocharon talento a través de sus propuestas, destaca por ejemplo, Claudia Aleu con Poal (cubo en catalán). Una colección masculina en la que, como su nombre indica, las líneas rectas y siluetas cuadradas toman protagonismo. Las presenta en colores arena y tierra, a los que intercala algún golpe de color más intenso. Además, la joven diseñadora rompe la rigidez en sus ‘cubos’ con la ayuda de complementos como zapatos de esparto, bolsas de viaje tipo vintage y toques de raso que dan a los protagonistas de su colección un aire naïve e inocente, como de niños grandes.

Por su parte, Sheila Alfonsín, presenta .G, una colección que remite a paisajes costeros, con texturas que evocan redes, conchas y bateas, tintadas la mayoría en tonalidades azul marino. Un universo de mar, tradición y artesanía en la que los plisados y la organza son protagonistas.

La propuesta de Vivian Alarcón 8 & Cherries nos remite a un universo completamente diferente. Su colección, una mezcla de entre la América más estereotípica de postales de Las Vegas con Elvis vestido de cowboy, contrapuesta con detalles ornamentales de artes más delicadas como el Art Nouveau. El resultado, unos looks con cierto aire kitsch que mezclan botas y sombreros de cowboy con colores pasteles, cuellos en pico, plumas y dorados.

Laura Domínguez y su colección Nothing’s Shocking son prendas holgadas y tonos neutros que intervenía, con golpes de color, en forma de detalles florales y complementos. Mención especial a sus prendas de abrigo, también oversize, pero que funcionan a la perfección, de forma muy estilosa y elegante.

En el caso de Julia Martín, la joven diseñadora nos transporta a un mundo donde lo rural y la tradición tienen un fuerte peso. Así, en su colección En-Plein-Air predomina lo artesanal con detalles en mimbre y rafia, pero también con un lado más arty, como por ejemplo en sus estampados en tonos rojos vivos, que parecen estar pintados a golpe de puro brochazo.

La colección de Maite Llorente, Interlude, mezcla la delicadeza de tejidos ligeros y vaporosos, estampados en suaves degradados y con juegos de transparencias con detalles de corte más sporty y golpes de colores neón.

Las apuestas más desvergonzadas del desfile, las de Anna Zamora y Luis de Javier. En el caso de la primera, presenta Aria 3xxx, una colección masculina a base de grandes abrigos con capas, botas de pescador y capuchas que cerraba (muchas veces casi del todo) tapando la cara de sus modelos. En sus looks se respira algo de brutalismo. Los finaliza con detalles de pelo y texturas plásticas.

Por su parte, Luis de Javier nos remite a un universo más destroyer: UPS-997 es hebillas y cadenas, prendas deconstruidas, tejidos patchwork, transparencias, rejilla... Una colección de evocación punk, con matices más personales, como botas altas estilo cowboy.

Texto
Blanca Quintanilla

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