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Emplazada en mil metros cuadrados de espacio expositivo permanente en el este de Berlín, el proyecto/centro Dark Matter presenta siete instalaciones multimedia, siete mundos paralelos multidimensionales, donde los límites entre el ámbito real y el digital se confunden. Desarrolladas por Christopher Bauder, en ellas la luz, el movimiento y el sonido se fusionan en emotivas coreografías de formas y colores luminosos. Desde composiciones lumínicas de una intimidad asombrosa hasta estructuras interactivas que se pueden tocar y pisar, y shows audiovisuales que abarcan toda una sala.

Esta exposición permanente es un ente vivo, etéreo, en perpetuo movimiento. De cada sala emana una atmósfera propia en la que los visitantes se mueven y se relacionan con los objetos, el sonido, la luz y el espacio circundante. Durante unos instantes, la apatía cotidiana de la vida urbana se interrumpe, cediendo su lugar a la fuerza meditativa e hipnótica de la luz, el movimiento y el sonido. ¿Preparados?

La instalación Liquid Sky consta de unos ochocientos puntos de luz individuales. El reflejo de las paredes de espejo de toda la sala crea al mismo tiempo un horizonte de luz interminable que brilla como un cielo estrellado. Tanto la superficie tridimensional como las animaciones de luz son el resultado de complejas simulaciones por ordenador que imitan formas y movimientos de la naturaleza. Las continuas variaciones algorítmicas reproducen un cielo de luz ‘líquida’ que se asemeja bastante al oleaje reconfortante del mar.

Combinando ciento sesenta y nueve objetos esféricos negros en movimiento, Inverse se materializa en una entidad aparentemente viva sobre un fondo blanco deslumbrante. A partir de una silueta oscura y amorfa, un organismo unicelular, un curioso ser se despierta lentamente con el propósito de seducir al público. A veces flota ligera y elegantemente como una hoja mecida por el viento, y luego vuelve a hundirse en el suelo como una sólida masa hastiada. La apariencia y el carácter de esta escultura cinética cambian sin cesar.
En el siguiente espacio un ballet hipnótico de tres anillos de luz, que ejecutan una danza ingrávida en el vacío de la oscuridad, conforma Circular. En sintonía con la partitura electrónica, los aros consiguen establecer un continuo juego de unidad e independencia. Mantenido en suspensión por una fuerza desconocida, este trío perfecto transmite una sensación contradictoria de libertad y conexión, de unidad e independencia. En armonía con el sonido, las animaciones luminosas pulsantes y los elegantes movimientos suscitan un ambiente tranquilizador, propicio para la abstracción.

Estas tres primeras instalaciones de la exhibición comparten banda sonora de ocho canales compuesta por el diseñador de sonido holandés Boris Acket. Los sonidos se desplazan de una sala a otra y conectan las instalaciones como seres vivos indeterminados que se comunican entre sí.

Empleando tecnología moderna, la instalación Bonfire simula toda una institución humana de tiempos remotos: la hoguera. La tecnología digital genera la ilusión de estar sentado con amigos alrededor de una hoguera bajo un cielo estrellado. Pero Bonfire también aborda el modo en que las personas cada vez más reniegan de la naturaleza. Dispuesta de manera tridimensional, esta hoguera digital —que parece muy real— alcanza cinco metros de altura y consta de ciento sesenta y dos elementos luminosos con más de veinte mil puntos de luz controlables de forma individual.

Polygon playground consigue trasladar un objeto generado por ordenador al espacio real. Una proyección sin fisuras de trescientos sesenta grados cubre la superficie de esta suerte de graderío como una ‘piel’ digital que reacciona a los movimientos del visitante mediante sensores. Se trata de un parque infantil que invita a experimentar. Al entablar contacto con él, el público se convierte en parte de la obra e influye directamente en su aspecto. Se configura así una escultura digitalizada y expandida que cambia constantemente y sobre la que es posible trepar, caminar o descansar. Sincronizado directamente con la superficie cambiante interactúa el paisaje sonoro galáctico del estudio de sonido KlingKlangKlong de Berlín.

Armonizando el movimiento cinético, la luz y la música electrónica, Grid toma la apariencia de una gigantesca escultura audiovisual que planea sobre el público tumbado sobre almohadones en el suelo. Como un camaleón, Grid adopta continuamente nuevas formas y colores. A veces la instalación parece ingrávida. En otras ocasiones, se convierte en una nave alienígena que amenaza con engullir al público, para disolverse poco después en una nube crepitante. Un colosal sistema de sonido cósmico desarrollado por Roberk Henke acompaña esta penúltima instalación.

En Tone Ladder, tres escaleras domésticas con sensores se convierten en un verdadero instrumento musical. Si se pisa un peldaño o se toca con la mano, se difunde un sonido o ritmo que varía de un estribo a otro. Cada sonido reproducido desencadena simultáneamente una animación luminosa asociada. La interacción del visitante con esta ‘escalera sonora’ regala en cada ocasión un concierto audiovisual diferente. Esta fue la primera obra interactiva que Christopher Bauder ideó mientras estudiaba en la Universidad de las Artes de Berlín.
Puedes visitar la exposición permanente Dark Matter en Berlín, Köpenicker Ch 46, 10317.

Texto y fotos
Paco Neumann

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