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Hoy voy a presentaros mi último y mejor descubrimiento musical en lo que va del año. Se trata de Being Berber, un grupo que descubrí gracias a la plataforma musical Valle Eléctrico, que los incluyó como uno de los tantos conciertos del festival con el que decidieron celebrar su primer aniversario. No tenía idea de la existencia de la banda, pero siempre le doy un voto de confianza a todo lo que hacen los chicos de Valle Eléctrico. Así que me puse en contacto con ellos y quedamos para un shooting.

La cita fue en el estudio de Brian Hunt y, como aún estaban ensayando, me invitaron a pasar y escucharlos. Luego nos presentamos oficialmente: Christopher Peterson, David T. Ginzo (TUYA, El Hijo, Sidonie), Juan Diego Gosálvez Fernández (Russian Red, TUYA, Lex Makoto) y Gonzalo Ruiz (Mechanismo, Owl Captain). Al minuto, ya eran, respectivamente, Chris, Gonza, Jimmy y Juandi, cuatro chicos encantadores dispuestos a quitarse la timidez delante de mis cámaras. Primero en interiores y luego bajo el sol abrasador de Tetuán a la hora de la siesta. Pero lo cierto es que, durante el shooting, no nos dio mucho tiempo a profundizar en nada, porque entre risas, carretes y cigarros echamos la tarde casi sin darnos cuenta. Así que –nobleza obliga– volvimos a quedar para hablar un poco más y hacer la entrevista. Esta vez ya sin cámaras intimidantes y con cervezas de por medio. Entonces, ya más relajados, me contaron su historia.

Sí, se llaman Being Berber, no lo escribí mal. Y aunque todos tienen barba, de diversos estilos, largos y recortados, el nombre se refiere a la cultura berebere. Y la historia empieza con un viaje de Chris a África. “Imagínate dos guiris perdidos en medio de las montañas Atlas con un bereber, uno que era la persona más amable que habíamos conocido en la vida”. La experiencia, cuenta Chris, fue totalmente mágica. Y tanto lo fue que se pasaron el resto del viaje comenzando las conversaciones siempre con una misma frase: “If you were berber…”. La lista de frases y anécdotas que me contó es demasiado larga para reproducirla, pero tuvo el suficiente peso para plasmarse a fuego en su memoria.

Nacido en Portland, Chris pasó una parte de su infancia en un pequeño pueblo cercano a Bruselas y otros siete años en Banyoles, “un pueblo con un lago precioso”, cuenta con los ojos llenos de recuerdos. Corrían los ‘80 y Chris ya viajaba por Europa acompañando a sus padres en sus giras. Por ese entonces, ambos cantaban y tocaban en Anno Domini, aunque durante los ‘70 su padre había tocado con la orquesta de Glenn Miller. “Tus viejos eran unos auténticos hipsters”, le solté. Y entonces, con una sonrisa, evoca la imagen de su padre, un hombre de pelo largo que se hacía la permanente desafiando los conceptos estéticos de la época. Así que, después de todo, no suena ilógico que Chris haya sabido desde siempre que quería dedicarse a la música. No pude evitar decirle que su voz me recordaba terriblemente a la de Ben Gibbard. Entonces se sonrojó y me dijo que cuando escuchó por primera vez a Death Cab for Cutie lo primero que se le pasó por la cabeza fue “yo quiero hacer eso”. Sin embargo, la lista de sus influencias también se extiende a Radiohead y TV On The Radio y describe su trabajo como un montón de cassettes. De esos que viajan durante años en la guantera o en el suelo del coche, llenos de polvo y a veces rayados, pero que te acompañan siempre en la carretera. Un mixtape que representa una recopilación de historias mínimas, pero importantes, y que son los himnos de cualquier espíritu nómada.

La vida quiso que llegara a Madrid, donde decidió fundar su propio grupo y la elección del nombre resulta más que obvia. Con Chris encargado de la voz, teclado y loops y su amigo Blake Bishop en guitarra, banjo y vocales, fueron elegidos por Red Bull para formar parte de la primera convocatoria de música del Matadero. Pero Blake tuvo que regresar a los Estados Unidos y Chris volvió a quedarse sólo con el proyecto entre manos. “Estuve tres meses buscando otro guitarrista y nada me convencía”, cuenta. Mientras tanto, conoció a Gonzalo y a David en distintos sofá underground (microfestivales de música y arte en pisos particulares). Luego, en una grabación de su anterior proyecto, Slowdance in Flannel, conoció a Juan Diego en el estudio de Brian. El círculo estaba cerrado.

Así que, tras darle muchas vueltas y admirar el trabajo de los tres, los contactó para mostrarles su trabajo, sin pensar siquiera que podría interesarles. Pero los tres dijeron que sí. Inmediatamente y casi sin pensarlo. Y la elección de los nuevos compañeros de viaje ha sido, según Chris, una de sus mejores decisiones. El resultado: uno de los grupos nacionales más prometedores del año. Electro-pop del bueno, más electro que pop, menos indie que sólido. Con ellos grabó en los estudios de Red Bull y tuvieron su primer concierto oficial en Fringe Madrid el pasado 5 de Julio. Allí adelantaron algunos de los temas de su primer EP Anthem, que están autoeditando y que verá la luz en otoño. Un estación perfecta para dejarse llevar con sonidos que parecen salidos de una película de los 80, melodías que te envuelven en una atmósfera de instrospección y peregrinación hacia las alturas. No sé vosotros, pero yo no puedo dejar de escucharlos.

TEXTO Y FOTOS
ALINA LAKITSCH

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