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Te propongo algo. Trata de recordar un momento del día en el que no hayas estado expuesto a algún tipo de sonido durante al menos cinco minutos. ¿No? ¿Y de la semana? Tal vez del mes… Tranquilo. Si no has sido capaz de recordarlo, no enloquezcas. Esto es así para la mayoría de las personas. El silencio es un bien escaso. Lo que ocurre es que en ocasiones es necesario silenciar todo para lograr escuchar. Esto lo sabe bien el músico y productor Seb Gainsborough, o lo que es lo mismo, Vessel, quien para la producción de su último trabajo decidió mudarse al Gales rural y vivir allí, alejado, durante dieciocho meses. Un tiempo en el que, según dice, lo más importante con lo que se encontró fue precisamente esto: silencio. Y entonces, comenzó a componer.

Lo cierto es que ya en sus dos álbumes anteriores habíamos podido comprobar que estamos ante un músico fuera de la norma, y aquí está la prueba definitiva. Y aunque Queen of Golden Dogs (Tri Angle Records, 2018) evoca universos muy distintos a los que el artista de Bristol nos tenía acostumbrados, todo forma parte del mismo plan: el proceso. La manera de aproximarse a una idea o concepto que, en su caso, es despacio. Con tiempo. Por cierto, otro bien escaso hoy en día.

Aunque para materializar su nuevo universo, Seb no estuvo solo. Contó con la ayuda del artista visual portugués afincado en Berlín, Pedro Maia. La relación entre ambos viene ya de atrás. Seis años llevan colaborando y enriqueciéndose el uno al otro. Pedro aporta su visión y mirada personal a la música de Vessel transformándola a otros medios y ampliando sus horizontes. El resultado de este esfuerzo conjunto es un trabajo maduro y compacto, una pequeña joya llena de matices y contrastes entre luz y oscuridad, frenesí y quietud, serenidad y desasosiego, y en el que sonidos de la música renacentista y electrónica avanzada conviven en perfecta armonía.

Vessel lleva unos meses visitando España en contadísimas fechas, imprescindibles, para presentar su Queen of Golden Dogs. La más reciente, el Mira Son Estrella Galicia festival en Barcelona, donde hechizó al público en un entorno industrial. Hace apenas unas semanas visitaban Santiago de Compostela con motivo del festival internacional de cine Curtocircuito, un evento que destaca por lo innovador y fresco de sus propuestas y que, con su cuidadísima programación, apuesta fuerte por servir como nexo entre el cine y otras expresiones artísticas.
Seb, hemos podido comprobar que el proceso en sí mismo tiene un valor especialmente significativo en tu música. En tu anterior disco tenías claro que, para dar con el sonido que buscabas, tenías que dejar de lado las herramientas digitales y los ordenadores y adentrarte en otras cosas. Y entonces creaste tus propios instrumentos con los que experimentar. Para Queen of Golden Dogs, ¿partías también de alguna idea base? 
Seb: Es difícil de decir... llevo sin escuchar apenas música electrónica cinco o seis años. He estado escuchando más que nada música clásica, folk. Lo que ocurre es que cuando trabajo solo con música electrónica no encuentro nada realmente nuevo. Pero cada vez que utilizo otras cosas, como instrumentos reales o voz, es diferente. Así que realmente ese fue también uno de los puntos de partida para este álbum.
Buena parte de la preparación de este disco tuvo lugar en el Gales rural. Dieciocho meses alejado de todo, sumergido en un mundo muy distinto a tu día a día. ¿Qué fue lo que encontraste allí durante este tiempo?
Seb: Silencio. Espacio. Nada de internet ni teléfonos. Apenas gente.
Lo cierto es que el álbum se percibe muy libre y tiene un sonido muy diferente a todo lo que nos tenías acostumbrados. En la electrónica más vanguardista, a veces da la sensación de que hay una cierta carrera por dar con el sonido más raro. ¿Alguna vez has sentido esta presión?
Seb: Es cierto. En la electrónica muchas veces todo se centra en el futuro y en cómo suena –lo que es irónico porque es imposible hacer cualquier tipo de arte estando fuera del tiempo en el que te encuentras. De ninguna manera. Si te obsesionas con eso, en cuanto salga ese trabajo, ya será antiguo y sonará forzado, poco natural. Porque se tratará solo de una cuestión de conseguir un sonido, de que sea impactante o diferente. La realidad es que a día de hoy no hay muchos sonidos que podamos escuchar y que nos impacten.
Personalmente no me podría importar menos tratar de hacer esto. De hecho me encuentro con que, cuanto más atrás me voy a la hora de buscar y experimentar, más afecta a mi percepción del ahora y también del futuro. Y esos sonidos son los que se me presentan más extraños –unos cristales rotos y todo ese tipo de cosas.
Seguramente todo esto que comentas sea el motivo por el que Queen of Golden Dogs desprende esa cierta libertad. Tiene un sonido diferente pero, y aquí está la clave, sin pretensiones. Sin preocuparte demasiado por todas estas presiones de cumplir unas expectativas.
Seb: Intenté no hacerlo. Y pienso que la mayoría del tiempo, o por lo menos mientras estaba haciendo el álbum, no lo hice. Una vez está acabado, ¡claro que quieres que a todo el mundo le guste! Pero es muy difícil, por no decir imposible. Sobre todo cuando lo que estás haciendo es una música que tiene cierta complicación. Cuando la estás haciendo no ves que es difícil porque te encanta. Así que, en realidad, también tiene una parte divertida la forma en la que después la llevas al resto mundo.
Pedro, por tu parte, en tus creaciones audiovisuales recurres al analógico y a materiales y técnicas de antaño, también más tradicionales. Ese interés por volver a la raíz, a la base, es algo que ambos tenéis en común, ¿no?
Pedro: Sí y no. En mi caso, el motivo de recurrir al analógico se trata más de lo que el propio medio te permite hacer, algo que para en mi trabajo muchas veces es tan importante como la propia narrativa. Con la Super 8 o la 16 mm sé que voy a tener que fiarme de mí mismo y de lo que dispare en ese momento. En oposición a los tiempos actuales, en los que puedes coger tu teléfono y hacer diez millones de vídeos, vas a tener que esperar una semana para verlo todo, y esto también es uno de los motivos por los que lo hago, porque es excitante.
Definitivamente no me interesa nada rodar, rodar, rodar y no pensar acerca de lo que estoy grabando. Al trabajar en film puedes tener sorpresas buenas o malas, pero una vez dispares, no hay forma de volver atrás. Aunque lo trates de repetir, va a ser distinto. Realmente me interesa mucho esta singularidad que da el material.
Entonces, para ti recurrir al analógico en realidad tiene más que ver con el futuro que con el pasado, ¿no?
Pedro: No es el pasado ni el futuro, es el presente. Yo vengo del cine experimental de los 70 y los 80 y siempre ha sido una gran inspiración para mí. Pero no estoy interesado en hacer una película de los 70, me interesa hacer un proyecto de ahora. Aunque mi trabajo sea completamente analógico, después utilizo escáneres de alta resolución y otros instrumentos del mundo digital. Así que tengo esa aproximación desde los dos mundos.
Escuchando lo que comentáis uno y otro, en realidad tiene mucho sentido vuestra colaboración. Discursos diferentes pero que se complementan y compaginan, como distintas caras de una misma moneda.
Pedro: Sí, creo que las dos cosas funcionan muy bien y juntas cobran sentido. Para mí es también muy importante cuando colaboro con músicos aportar algo y no solo pensar en lo visual. Se trata de que cuando lo pongas todo en conjunto sea una única pieza.
Han pasado seis años desde que empezasteis a trabajar juntos. ¿Cómo empezó todo y cómo han cambiado las cosas durante este tiempo?
Pedro: La primera colaboración surgió durante uno de los tours de Seb. Yo vi su show y pensé, ‘Wow, creo que puedo aportar algo en esto.’ Entonces le contacté. Entre nosotros siempre ha habido muy buen entendimiento. Aunque nuestro anterior trabajo juntos es muy diferente. Su música ha cambiado mucho y mi estilo, aunque quizás en menor medida, también. Todo viene de la base de un buen entendimiento de su música, de mi obra, como amigos, de lo que nos gusta, de lo que no... es importante conocer las dinámicas de cada uno.
Respecto al proceso de creación conjunto, ¿cuál es vuestra forma de proceder?
Pedro: Al principio era muy diferente. En nuestra primera colaboración era yo aportando sobre algo ya terminado, que ya tenía música y concepto. Para este último, Seb trajo un concepto para el álbum y algunas imágenes y piezas audiovisuales que tenía en mente. Fue un proceso de debate y de ir a través de esas imágenes buscando cuáles tenía sentido traer, de qué manera y qué debían representar.
Seb: Yo sé que puedo dejar mi música en manos de Pedro. Por supuesto vamos a disentir en algunas cosas, pero sé que me puedo fiar y que sabrá dar su propia visión de lo que yo le estoy transmitiendo. Que hará su interpretación de mis palabras y que no se limitará a coger todo sin más. Esta confianza es una parte fundamental del proceso de creación. Sé que si le dejo hacer esto, el resultado será algo brillante, algo que yo no podría expresar solo.
Ciertamente, Seb, tu último trabajo es una pieza muy completa y cerrada –el arte, el título, los sonidos que traes; todo funciona de manera muy orgánica. ¿Cuál dirías que es la clave para lograr este resultado?
Seb: El tiempo. Todo esto lleva su tiempo. Horas y horas de trabajo terrible para obtener una única cosa. Solo del single hay doscientas ochenta versiones diferentes.
Pedro: Sí, y algunas versiones yo las escuchaba y era como, vale... ¿es lo mismo?
Seb: (Risas) Sí, se estaba volviendo un poco loco. Pero la cuestión es que fueron tres años en los que no había música, era más leer y no escuchar demasiado. Y después, en Gales, fueron dieciocho meses, doce horas al día de trabajo… Fui muy privilegiado por tener este tiempo y, además, de contar con el apoyo de mi pareja, familia, Pedro, etc. Para mí, esa el clave. Es la única manera de dejar atrás todo el material malo y lograr que las ideas maduren.
Pedro: Creo que esto se percibe en todo el disco, que por cierto, para mí es su mejor trabajo. Realmente percibes que se trata de algo maduro. Y de primeras no es fácil. De hecho, cuando Seb me lo envió por primera vez, no me gustó y tuve que darle un par de escuchas más. Porque no es un álbum para escuchar una vez en tu ordenador mientras estás trabajando. Es más complicado, tiene muchos niveles, muchos matices, y absorber todo esto también lleva su tiempo. Lo escuchas una vez, y otra, y otra… y después, todo cobra sentido. Cuanto más lo escuchas, más te gusta. Y la cuestión en este caso también gira en torno al tiempo.
Así que es tiempo en su producción pero también tiempo del público, como oyente. Y también estando abierto a un sonido que tal vez no sea lo trendy. Creo que este es uno de los problemas que tiene la electrónica actualmente. La gente no le dedican tiempo, quiere la tendencia, lo quiere todo ya. Y la realidad es que las tendencias son muy cortas. Esto también es un problema a veces a la hora de nuestros shows porque muchos promotores hoy en día no tienen (o no hacen) el tiempo para entender realmente de qué va la música que tienen delante. Escuchan dos canciones porque tienen que cerrar un programa, y en trabajos como el de Seb no se puede. Claro, tienes un par de singles, pero forman una única pieza y solo cobran sentido cuando lo escuchas al completo. Esto es muy importante.
Hablando de vuestros lives, últimamente lleváis ya varias fechas por España presentando el disco. ¿Cómo percibís el circuito de la electrónica por aquí en comparación con otros países?
Pedro: Lo cierto es que en España el público siempre responde muy bien, incluso cuando estás tratando de hacer trabajos algo más experimentales. Nunca hemos tenido una mala experiencia aquí. Por ejemplo, el pasado Sónar, para mí fue el mejor show del tour. La gente, cómo respondieron; todo estaba en perfecta armonía. Y eso que fue a las cuatro de la tarde y hacía muchísimo calor. En general, en España siempre es así, la respuesta es muy buena.
Seb: Incluso antes de que trabajásemos juntos yo ya había venido aquí con algunos shows que habíamos programado con pequeños colectivos en el País Vasco, Madrid, Galicia. Creo que España es mi sitio favorito para tocar. La pasión y el apoyo es increíble aquí. Y la comida (risas).
Me alegra mucho oír esto porque hasta hace unos años, en España de alguna manera solíamos arrastrar cierta carencia por falta de una cultura fuerte y extendida en electrónicos, sobre todo frente a otras con más tradición. Pienso por ejemplo en ciudades como París, Londres o Berlín.
Pedro: Sí, y precisamente creo que ciudades como las que nombras se han vuelto ahora muy conservadoras en relación a la electrónica en el sentido de que hay muchos prejuicios entre la gente cuando intentas hacer una propuesta diferente a lo que a ellos esperan. Es curioso, por ejemplo, que en una ciudad como Berlín, en la que debería haber más libertad en estos aspectos, tras siete años que llevo viviendo allí, me parece justo lo opuesto. Y por otro lado, puedo decirte que las veces que hemos tocado aquí en España me siento mucho más libre. En España y también en Japón. La gente, su reacción; ellos esperan algo, pero si propones algo distinto reaccionan bien, están abiertos y esto les permite disfrutar más.

Texto
Blanca Quintanilla

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