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Beats electrónicos en bases de perreo, ritmos oscuros que distorsionan las líneas entre los géneros urbanos, letras explícitas y un afán insuperable por el dinero. Sí, indudablemente hablamos de Tomasa del Real, el arcángel neogótico que empezó haciendo música por aburrimiento y que se ha convertido en una de las mayores exponentes del panorama. Representa al perreo de las nuevas generaciones y la figura identitaria de un estilo musical del que ha nacido una subcultura de estética vampiresca. Del Real ha decodificado una nueva era en la que no existen las etiquetas y a todas las personas les une la misma causa: menear el culo hasta el suelo y barrer el piso con el pelo.
Tras caer el sol en Barcelona y mediante una videollamada conexión Los Ángeles, pude descubrir su faceta más humana mientras compartimos anécdotas y risas y me confesaba el lanzamiento de su próximo disco Revenge Porn. La cantante originaria de Iquique no parará hasta expandir su imperio de Neoperreo alrededor de todo el globo terráqueo, así que, más vale que nos vayamos arreglando, porque solo es cuestión de tiempo que llegue a nuestras ciudades.

No sé si esto lo sabe mucha gente, pero tu verdadero nombre es Valeria Cisternas, ¿en qué momento decidiste apodarte Tomasa del Real? ¿De dónde surgió este alias?
Valeria Cisternas es el proyecto de mis padres y Tomasa del Real es el mío. De todas formas, el nombre se me ocurrió porque mi madre y mis amigos, cuando era más pequeña, me llamaban negra o negrita por lo morena que era en aquel entonces. Después, entre los 13 o 14 años, derivó a La Negra Tomasa y, más tarde, cuando nació Facebook y quise crearme un perfil, me puse del Real por el integrante de la banda Teleradio Donoso, Martín del Real, al que adoro. Y así hasta ahora, ¡y todavía me encanta! (risas).
Para los que fuimos unos nerds de todo lo underground que empezaba a moverse por España hace unos años, el nombre de Tomasa del Real estuvo en boca de todos y, la verdad, se ha perpetuado en el tiempo. Eras y sigues siendo una de las mayores exponentes en la escena. Tus primeros temas y vídeos los lanzabas a YouTube con producciones totalmente caseras mientras tatuabas en un estudio. Y aquí me pregunto, ¿empezaste en la música por vocación o más bien ha sido parte de un proyecto inocente?
La verdad, fue por aburrimiento (risas). Tuve un local de tatuajes durante 5 años, por aquel entonces tenía mucho tiempo libre. Había mucha gente trabajando para mí así que no necesitaba trabajar tanto y tenía un buen sueldo. Mi madre me compró un MacBook Air con el que empecé a trastear jugando con programas como el GarageBand o el Photo Booth haciendo cosas súper random. Me puse a montar vídeos con las fotos que tenía en el iPhone, y me di cuenta de que todos estos materiales necesitaban añadirles música. Y así fue todo, sin querer, ni planearlo creé canciones de reggaeton. Todavía no sé el porqué, pues no es que fuera reggaetonera de corazón ni nada. Los colgué en Youtube y Facebook, por todos los seguidores que tenía al ser tatuadora, y cuando los subí la gente se volvió loca. Fue sin querer y aquí estoy ahora (risas).
Hay cierta tendencia a las comparaciones entre las que os dedicáis a géneros urbanos que si Albany con La Zowi, o Ms Nina con La Goony Chonga… En tu caso, ¿cuál dirías que es tu esencia? ¿Qué es aquello que te diferencia del resto?
En realidad entiendo que nos comparen, porque cuando nació todo este movimiento neomusical, por así decirlo, y aunque cada una fuéramos a nuestro propio cuento, teníamos similitudes. La música y el reggaeton que yo hago es mucho más agresivo, más club también que el de las otras chicas. También tengo una parte estética más gótica, como de súper mala onda en comparación a lo que hacen otras colegas del panorama.

Es interesante el hecho de que clasifiques al reggaeton como un lubricante social. Un género que defines crudo, real y que dice cosas que no nos atrevemos a decir cuando estamos bailando o ligando con alguien por ahí de fiesta. En este sentido, ¿qué te hizo dedicarte a él? ¿Tienes pensado en un futuro cambiar tus producciones hacia otro género musical?
Fue algo totalmente inconsciente, en ese momento de mi vida ni lo planeé. Al ser del norte de Chile, donde se escucha muchísimo reggaeton, lo normal es salir a bailar con ese tipo de música. Por aquel entonces yo estaba en Iquique y allí no habían discotecas que fuesen inclusivas para toda la diversidad de amigos que tenía. Así que empezamos a buscar dónde podríamos encajar todos, y nos dimos cuenta de que lo mejor sería crear nuestras propias fiestas. Y así fue, yo empecé a cantar y crear espacios donde pudiéramos ir a bailar reggaeton. Por eso empecé en el género, porque quería bailar junto a todos mis amigos. Al mismo tiempo, también me gustan mucho otros géneros. Ahora mismo estoy trabajando en mi nuevo disco que va a salir este año, Revenge Porn, en el que habrá diferentes tipos de canciones, desde más emo, estilo My Chemical Romance, hasta hyperpop; todo con una vibe muy cercana al neoperreo y al dembow, pero explorando otros sonidos. También habrán canciones en inglés, que también es algo nuevo para mí.
¡Wow!
¡Sí!, porque en Los Ángeles hay un gran porcentaje de población que no tiene ni idea de español y les cuesta entender todo este nuevo movimiento que está surgiendo entorno a la música. ¡No existe ningún tipo de reggaeton en inglés! La música de Estados Unidos es súper diferente, sobre todo en las letras, que son menos violentas y sexuales. Por eso quiero enfocarme en esto, para que la gente entienda no solo las letras, sino también los sonidos. También porque nos asocian a los latinos con el carnaval y cosas así, y quiero demostrar que también somos modernas, futuristas e incluso cyborg, quiero cambiar mi sonido para demostrar que quien crea que no podemos ser nada de esas cosas se dé cuenta de que sí.
Y hablando de estilos musicales, fuiste la primera persona en clasificar al neoperreo como tal. Esa influencia de lo estéticamente digital, casi gótico, fundido en bases y sonidos reggaetoneros que, además, mezcla estilos del trap, la cumbia o la bachata. Desde dentro, ¿cómo viviste el momento en el que este género empezó a tener representación y tanta gente se animó a crear o ser consciente de que pertenecía a este movimiento?
¡Qué fantasía! (risas). Me pasó algo super loco. Todo fue mientras me entrevistaron en Nueva York en la Redbull Radio y me dijeron que hacía reggaeton. Y a mí, que dijeran eso, me pareció apropiación cultural porque no soy de Puerto Rico. Lo que yo hago es aportarle nuevos sonidos para que sea diferente, no lo utilizo tal y como es. Entonces frené un poco a los entrevistadores y les dije, miren, ¿sabes qué?, no me siento cómoda con ese término, solo estoy segura de que mi música es para perrear, y no solo para esto, sino para que lo hagan las nuevas generaciones. A partir de ahí y después de hablar con un grupo de amigos, nació la palabra neoperreo. Es algo como, ¿qué uso de la música hacemos a esto que es tan raro y nuevo? Porque yo puedo bailar Bad Gyal y no es reggaeton o perrear con una canción electrónica… Después el nombre avanzó a nuevos artistas y se ha expandido a una subcultura que tiene su propia estética, al igual que cuando nació el rock y después surgió el rockabilly y todos sus fans se empezaron a vestir de una forma determinada, a nosotros nos ha pasado lo mismo.

Precisamente en 2019 lanzaste un mini documental explicando qué es y cómo surgió el neoperreo en el que aparecen varias caras conocidas de la escena actual como Jedet, La Flavia o Rip Txny. Llama la atención eso que explicas junto a Ms Nina, que ambas estabais haciendo el mismo tipo de música sin ni siquiera saberlo, cada una en una punta del mundo. Os han llegado a calificar como las mayores exponentes de este subgénero, pero realmente, pese a haber creado la etiqueta como tal, ¿crees que ambas lo creasteis sin saberlo?
No, para nada, solo lo bauticé, tuve la suerte de poder articularlo, pero no lo creé para nada. De hecho, cuando yo empecé me inspiré en una canción de Mafia del Amor, Maldades. Salían todos los chicos bailando, super raros vestidos y dije, ¡wow!, si es lo mismo que yo estoy haciendo yo. Vamos, que al cien por ciento no lo creé yo.
En el documental también cuentas que cuando ya no puedas dedicarte a ser cantante por la edad, lo que te gustaría es representar u organizar eventos. Llevas ya un tiempo planificando fiestas de perreo alrededor del mundo, ¿cómo surgió lo de crear algo así? ¿Es uno de tus planes a largo plazo?
Fue por lo que te contaba al principio, nos faltaban espacios inclusivos donde pudiéramos bailar todos, y donde personalmente, pudiera ir con toda la diversidad de mis amigos (risas). También cuando empecé a cantar no existían espacios donde yo pudiera actuar, y mis amigos, que estaban ya dentro de todo este mundo de la música, me propusieron montar nuestras propias fiestas y llamarlas Neoperreo para que la gente supiera de lo que iban. Empecé haciéndolas pequeñas en Iquique. Después, la primera tuvo lugar en Santiago de Chile donde la gente tuvo que esperar dos filas de cuadras para entrar. Además, fue todo lo que se generó entorno a estas fiestas, esa subcultura que te decía antes, y cómo la gente acude súper extra sin importar su orientación sexual. Después también las organizamos en México, Argentina y España y, en ese momento, las firmas se interesaron en nuestras fiestas. Ahora tenemos nuestro propio logo e incluso somos una marca, curramos con Instagram y tenemos un programa de radios en la NTS.
Y sí, me planteo esto a largo plazo. De hecho, nos estamos organizando ahora mismo en Los Ángeles para tratar de llevarlo a algo más profesional, con agencias y todas esas cosas. Así que en nada, ¡festival de neoperreo en tu ciudad! (risas).
Hace unos meses actuaste en Ecuador con todas las entradas vendidas. Cuéntanos, ¿alguna historia que quieras compartir con nosotros?
Se agotaron todas las entradas y empezamos a avisar a la gente de que fueran a la puerta, no sé, algo normal. La cuestión es que vino tanta gente que no pudieron entrar. Los organizadores se pelearon con los de la puerta porque con esto de la Covid-19 y las restricciones de aforo… Al final son números que se tienen que respetar, así que no pudimos hacer nada más. Aún así me alegré mucho de que fuera tanta gente, vinieron incluso personas de otras ciudades. Este show fue demasiado increíble porque, al ser la primera vez que iba, no sabía cómo el público iba a reaccionar a mi música ni nada, pero fue todo increíble y después nos fuimos de after (risas). De todas formas, qué pena si alguien de los que se quedó fuera está leyendo esto, sorry.

¿Qué destacarías de estos shows? ¿Cuál crees que es la canción por la que todos se desviven que cantes?
Destacaría el hecho de que cada vez somos más y estamos por todas partes. Ya no existe eso de que el punk no pueda asistir a una fiesta de reggaeton. En mis shows existe ese concepto de bienvenida e incluso son un espacio de liberación (risas), de hacer lo que tú quieras y que nadie te juzgue. También veo que hay una evolución entre los que empezaron a venir a estas fiestas y lo que hacen actualmente; conozco varios casos de gente que ahora se han convertido en cantantes, cada vez se multiplican más y no tenía duda de que era lo que yo esperaba.
De hecho, tengo otra historia del show de Ecuador con Perra del futuro. Mientras la estaba cantando, agarré del público a dos chicos para que subieran al escenario a bailar conmigo, es algo que suelo hacer en mis shows, pero no me di cuenta y a esa invitación acudió todo el público. Ni si quiera podía cantar de la cantidad de gente que estábamos en el escenario y casi me caigo (risas). Los tablones no paraban de moverse de arriba a abajo y mientras cantaba mi mente no paraba de pensar en lo que ocurrió en Astroworld, pero llegaron los de seguridad y sacaron a la gente de ahí. Este es el poder de Perra del futuro, y en general, de la música.
Recuerdo perfectamente escuchar hablar sobre ti tras el lanzamiento de tu mixtape Bien y mal en 2016. La producción y sonido del disco es súper diferente a lo que haces ahora, quizás también porque decías que este disco lo grabaste con apenas recursos y de forma más underground. Mirando hacia atrás, ¿hay algo que recuerdes con añoranza de esa época? ¿Mantienes la misma ilusión de seguir lanzando música al igual que cuando empezaste o sientes que algo ha cambiado en ti?
Sí, echo de menos el hecho de grabar sola en casa, de hecho casi no hay featurings en ese disco porque lo grabé yo todo con el Garage Band. En esta época seguía siendo tatuadora y no tenía muchos medios, hasta le cambié un tatuaje a un amigo por un micrófono para montar un mini estudio. Aún así, también me gusta mucho el tipo de sonido de este disco, con una letra más inocente y un sonido más crudo. Ahora solo pienso en el dinero. Todo lo que hago es por dinero (risas), el tipo de sonido o cómo soy. Me encanta este negocio, no me puedo creer que exista. Lo que hago ahora es otra vibe, de todas formas, ambas épocas me encantan, tanto el sonido punk de antes como la profesionalidad con la que trabajo a día de hoy.
Es algo que he cambiado al cien por cien. Antes hacia música simplemente porque estaba aburrida, no tenía ninguna meta ni pensaba dejar de tatuar. La hacía porque estaba en casa con mis amigos y decíamos, venga, sí, vamos crear una canción que se llame La vampira (risas), ese era el mood. Ahora todo lo pienso mucho, las canciones que lanzo, que voy a tener que repetir unos 5 años, y también pienso en el dinero que puedo generar con lo que lanzo. Podríamos decir que evolucionó a otra cosa, aunque quizás, también podríamos categorizarla como otro tipo de emoción.
¡Total! (risas).
Como el que pinta un cuadro por aburrimiento, que al final sabe que puede ganar un montón de plata por ello. Antes tenía mi propio negocio y ahora mi propio negocio soy yo. No hay nada más que decir.
Tu último lanzamiento, La putería, lo lanzaste junto a Lizz hace unos meses ¿Tienes preparado algo más? ¿Algún adelanto que puedas darnos de próximos proyectos?
El tema La Putería estuvo increíble. La canción me encanta y es el último lanzamiento antes de mi próximo disco, del que no te puedo adelantar nada más de lo que te he contado antes. De todas formas la canción es un single de Lizz, que también sacará disco próximamente. Ella es DJ y ahora está haciendo música. Invito a la gente a que vea el vídeo, lo dirigimos las dos y es súper gracioso. Simula una pelea de boxeo en un ring y habla de ser puta y de hacer cosas por dinero. Al final del vídeo mandamos un mensaje: “Fuck you idiotas, nosotras nos vamos con el dinero”. Estamos sangrando por la pelea, pero con el dinero y juntas. De hecho Lizz dice: “Esto no es una competencia puta, todas venimos a hacer dinero, muack”. Para dar así también poder a esas chicas que se dedican a ese tipo de trabajos.

Texto
Antonio Alfaro

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