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Una estética que se caracteriza por la especial atención en los materiales y los tejidos, así como en la naturaleza y sus orígenes. Así es Sol Dela Villa, la marca de Marta M. Soldevilla. Hablamos hoy con ella para que nos cuente su trayectoria profesional y nos dé su visión particular sobre la moda.

Marta, ¿qué fue lo que hizo despertar en ti el interés por la moda?
Desde pequeña he tenido una relación bastante estrecha con la moda, aunque la decisión de dedicarme a ella profesionalmente fue bastante improvisada –y a día de hoy, aún sigo creyendo que fue de las mejores decisiones que he tomado. Lo que más me apasiona de mi profesión es poder crear con las manos.
El nombre de tu marca, Sol Dela Villa, me da a entender que hace referencia a uno de tus apellidos, Soldevilla. ¿Con que intención decidiste hacer este juego de palabras?
He pasado por muchos nombres artísticos y en este caso fue bastante fortuito y poco planificado. No tiene un significado concreto, aunque son palabras que me identifican bastante. Sin embargo, siempre he tenido claro que quería que estuviera relacionado con mi segundo apellido y por la relación con mi abuelo materno, el cual dedicó su vida a la industria textil.
Das mucha importancia a los materiales. En tu última colección usaste lana, algodón, mohair, lino, etc. Todos naturales. ¿Qué importancia das a los materiales así? ¿Es una apuesta también por la ecología?
Para mí los materiales responden a la estética, su textura, acabado, grosor y cómo se desarrollan con el movimiento. Es una de las principales herramientas de un diseñador para trasmitir su mensaje. Los volúmenes vienen después y también estarán condicionados por el material elegido previamente. Un material te puede dar calidez o más bien frío, adaptación al cuerpo o todo lo contrario; tiene infinitas posibilidades.
En la colección Raw quería trasmitir algo muy cálido. La lana i el mohair, así como trabajar el lino en knit, me ayudaron a reforzar el concepto. Sin embargo, en la segunda colección me encontré frente a una estética que requería unos materiales mucho más artificiales. Me tomé como un reto trabajar con materiales naturales y resultó ser el eje central del proceso de la colección. Acabé trabajando principalmente la seda, con su acabado brillante, y algunos tratamientos del algodón, que le dan un aspecto parecido.
Trabajar materiales naturales al final ha acabado formando parte del universo Sol Dela Villa y sí, es una apuesta por la sostenibilidad. Aunque es un proceso muy largo, y más cuando eres pequeño. Nuestra intención es acabar siendo una marca sostenible y comprometida con el planeta.

Cada día aumenta la consciencia social sobre la crisis medioambiental que estamos provocando, y la industria de la moda es una de las más contaminantes. Pero las marcas que se definen como sostenibles o ecológicas siguen siendo minoritarias. ¿Cómo ves tú el futuro de la industria? ¿Crees que llegará el momento en el que la norma sea el respeto hacia la naturaleza?
Llevamos unos años frenéticos. La moda ya es una industria que, por definición, es rápida y cambiante; las tendencias llegan y se van, y esto genera un estado de constante creación, ya sea artística o industrial. Pero el fast fashion ha llevado esto a un extremo en el que la gente ya no es consciente de lo que consume. Hay que reeducar los valores del consumidor, apreciar la calidad por encima de la cantidad, valorar el trabajo manual como la artesanía, y el valor cultural por encima del material.
Actualmente, lo sostenible no deja de ser un valor añadido al producto que las marcas generan, pero en un futuro va a tener que ser lo normal. Los orígenes de la moda están en la naturaleza y sus recursos, y es por eso que tenemos que mirar atrás y pararnos a pensar en cómo los estamos tratando.
La tierra, el mar, el sol, las piedras y minerales, etc. son una fuente de inspiración y creatividad para ti y se ve reflejado en tus prendas. ¿En qué otros sitios o ideas encuentras inspiración?
Me gusta inspirarme en cualquier cosa, sacar formas de la música, inspirarme en la gente y cómo se relaciona, composiciones cotidianas. Viajar también es una gran fuente de inspiración. Es la culminación de la naturaleza, que se manifiesta en un paisaje desconocido para los ojos con gente que se comporta de manera distinta y con sonidos nuevos, en una tonalidad de colores especial para cada sitio. Me gusta buscar en la esencia de estas cosas, que en realidad son tangibles a diario. Los ojos del ignorante en cuanto a diseño o moda me parecen un mar infinito de posibilidades, mucho más frescas que las de los ojos cultos, trabajados y enfocados a solo esto.
No sueles vender tu ropa. Al menos, no he visto que tengas tienda online ni un apartado donde se especifiquen los sitios donde podamos encontrarla. Cuéntanos si es así y si te estás planteando venderla al público general. Si no, ¿por qué?
En estas primeras colecciones nunca ha habido un fin comercial. He preferido investigar sin tener la presión de vender y así generar una identidad más propia y no simplemente destinada a complacer a un posible consumidor. No estoy cerrada a vender, y de hecho he ido realizando pequeños encargos. Pero mis piezas, en muchas ocasiones, suponen un trabajo muy manual, lo que hace que sean bastante exclusivas y para nada enfocadas a una producción en serie.

Acabas de colaborar con Keef Palas en un shooting en Mallorca, donde lo natural y orgánico, algo que caracteriza ambas marcas, es protagonista. ¿Cómo surgió esta unión y qué relación crees que guarda Keef Palas con Sol Dela Villa?
Es un proyecto que surgió junto con la fotógrafa Silvia Conde, quien también se caracteriza por ser una gran pionera del zero waste y reivindicar la importancia que tiene cuidar el planeta a través de su trabajo. Juntamos tres personalidades muy diferentes y a la vez muy similares.
Keef Palas tiene un concepto súper rompedor que, mediante un producto muy respetuoso con el planeta, consigue meterse en el sistema frenético de la moda a través sus complementos efímeros.
¿Podemos esperar otra en el futuro?
Por ahora no esta planteada ninguna futura colaboración pero sería un placer volver a hacer algo con ellas.
Antes de esta nueva colección, y justo después de graduarte en diseño, creaste tu primera colección, Raw, una oda a lo crudo y, otra vez, a lo natural. ¿Qué es para ti el concepto ‘raw’?
Es una buena pregunta. Me la hacen muy a menudo y aún me cuestas responder objetivamente. Por definición, raw reivindica la belleza del proceso, tal como también hicieron los japoneses a través del wabi sabi. Pone en duda la belleza socialmente establecida para explorar nuevas acepciones. Se trata de un momento de constante cambio que nunca se da por finalizado, ya que si lo hiciera dejaría de tener sentido.
En otras palabras, es el “paralelismo con un momento de transición, en que se cuestiona la belleza como la placentera reacción sensible que se puede generar en torno a cualquier idea. Cuando ser sensiblemente amable o poseer fealdad no son opuestos, sino que pueden ser sinónimos. Tiene que ver con la receptividad del psiquismo al verse afectado de una manera u otra, cuya solución pretende verse involucrada en el racionalismo y al no ser posible puede causar frustración.
Esta frustración puede llegar a caer en lo mediocre y esta es de las pocas cosas que uno no puede ser, mediocre. La mediocridad se debe a una falta de sensibilidad, debida a una obsesión por un final objetivo y probablemente convencido por una utópica perfección; ¿y si este final es una falacia? ¿No existe? Entonces deduciremos que la belleza está en el proceso, y el proceso puede no ser bello, pero sí amable. Lo definiría como arriesgado, ambiguo e incierto. Pero perseguir un imprevisible final es triste y utópico, hasta irreal; aunque por ahora vivimos en una realidad aun tangible, que puede llegar a ser sensiblemente bella y fea a la vez en todos sus estados.”

“Hay que reeducar los valores del consumidor, apreciar la calidad por encima de la cantidad, valorar el trabajo manual como la artesanía, y el valor cultural por encima del material.”
¿Cómo crees que has evolucionado desde entonces hasta ahora?
Con el tiempo, y con perspectiva, me he dado cuenta que fue un momento de muchos cambios y decisiones que aún, en el presente, voy descubriendo. Fue una fase de moldeamiento, transformación y cuestionamiento muy intenso. Pero finalmente ha acabado siendo un concepto que me identifica mucho y el punto de partida de mi proyecto de vida, el cual no tendría sentido sin este proceso.
Trabajas como freelance pero estás abierta a nuevas colaboraciones. ¿Qué tipo de proyectos (fuera de la moda) te gustaría realizar?
Este último año he hecho el vestuario para una pieza de video arte con la artista Berta-Blanca T. Ivanow, que se va a presentar este mes. La idea era dar vida a sus esculturas a través del baile. Me impresionó muchísimo ver cómo las bailarinas se movían dentro de las piezas que creamos para esto y cómo tuve que trabajar adaptando la ropa al movimiento del cuerpo.
También he colaborado en proyectos de diseño industrial en los que se requerían conocimientos en textil y patronaje. Es muy interesante ver cómo el proceso de diseño en esta disciplina es totalmente distinto al de la moda y bastante más lento, permitiendo prestar atención a detalles que en el entorno acelerado de la moda, la mayoría de veces se nos escapan.
Así que la moda no es tu único interés.
Me gusta mucho ver cómo diferentes disciplinas artísticas se fusionan con la moda y cómo la moda responde a ellas, en cuanto a función y forma. Considero que enriquece mucho. La moda siempre se ha nutrido de estímulos exteriores y no deja de ser un reflejo de la sociedad. Así pues, poder trabajar en ella con un ojo fuera le da mucho más sentido.
Ahora te estás preparando para hacer un máster. ¿A dónde quieres legar como diseñadora?
Sí, quiero consolidarme y acabar de definirme como diseñadora. Considero que aún me quedan cosas por aprender y me gustaría especializarme en knitwear –es una especialidad un poco olvidada y con muchísimo potencial.

Texto
Clara Muñoz
Fotos
Silvia Conde
Video
Sabrina Hubert

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