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Rafa Yuste empezó su carrera artística estudiando diseño de moda cuando se dio cuenta que lo que realmente le apasionaba era el diseño gráfico, que aprendió de manera autodidacta y le llevó a trabajar en una agencia madrileña. A día de hoy, la mayoría de su producción gráfica está íntimamente relacionada con la fotografía, donde convergen sus dos facetas como diseñador gráfico y de moda. “Mi producción se centra en la búsqueda y creación de fantasías visuales”, nos dice. Hemos tenido la ocasión de hablar con el diseñador y artista sobre el proceso de creación de sus obras, la importancia de la música, por qué necesita una mesa gigante para trabajar, y algunos de sus proyectos.
Empezaste estudiando Diseño de Moda en EASD (Valencia), luego te decantaste más hacia la fotografía, y ahora estás estudiando un máster en diseño gráfico en la Central Saint Martins de Londres. ¿Hay alguna de estas tres ramas artísticas por la que sientas predilección?
Recuerdo la EASD como un período en el que mi formación estaba muy orientada al valor por el acabado técnico de las piezas; estaba muy enfocado en el diálogo que se producía entre las piezas diseñadas y su aspecto. A finales de segundo de carrera empecé a tomar fotografías de los diseños de mis compañeros. Esto dio pie a que me empezara a interesar por las posibilidades comunicativas de los elementos visuales en función de cómo sean expuestos o mostrados. Encontré que la respuesta a lo que estaba buscando perseguía valores a los que el diseño gráfico (como herramienta) podía dar solución en ese momento.
Comencé a hacer experimentaciones gráficas y cada vez estaba más preocupado por la resolución de mis propuestas que por el valor en sus costuras o funcionalidad. Finalmente generé un porfolio para aclarar mis ideas y ver hacia donde se dirigía mi práctica. Por fortuna, este porfolio llegó a las manos de alguien en una agencia de comunicación en Madrid que decidió contratarme como diseñador gráfico en tercero de carrera. En ese año también trabajé con una agencia de modelos en Valencia como fotógrafo.
Y ahora estás en Londres.
Ahora mismo me encuentro finalizando una maestría de dos años en Central Saint Martins. El máster está enfocado a la comunicación gráfica –el diseño gráfico es una herramienta a nuestra disposición. Mi trabajo de tesis está centrado en la generación y definición de universos estéticos, fantasías visuales, y la experiencia de visualizarlos. Estoy abarcando este tema mediante la fotografía abstracta. 
¿Qué te aporta cada una de estas disciplinas (fotografía, diseño gráfico, y moda)?
Al fin y al cabo, veo estas tres disciplinas como herramientas de las cuales pretendo hacer un compendio y un uso más holísticos porque pienso que están al servicio del desarrollo conceptual. Sinceramente no siento presión en elegir un camino, no considero que haya soluciones únicas a los problemas. Veo que estos tres campos me aportan diferentes vías para afrontar las diversas situaciones a las que me pueda ver expuesto, y una facilidad para la iteración.

Tus obras destacan por tener un gran poder y fuerza visual. ¿Cómo definirías tu identidad como artista?
Primeramente, muchas gracias por tener en tan alta consideración mis obras. Creo que tienen una tendencia a la abstracción y a la creación de nuevas experiencias visuales. Busco la intersección entre la experimentación contemporánea con el uso de técnicas clásicas. Mi deseo y objetivo es que mi obra se convierta en atemporal. Mi obra quiere aludir a los pilares fundacionales de una práctica. No me gusta tomar ninguna decisión basada en gustos, modas o tendencias. Espero no sonar pretencioso, no es mi intención.
¿Tienes alguna manía o ritual a la hora de empezar un proyecto? Guíanos un poco por tu proceso creativo.
La verdad es que considero que mi proceso es algo que ha de estar cambiando constantemente. Siempre pretendo iterar en la manera en la que hago las cosas o mis puntos de vista sobre las mismas. Lo encuentro de suma importancia. Sin embargo, si que tengo manías. Creo que no es una excentricidad muy grande, pero antes de empezar un proyecto necesito dejar la mesa completamente vacía. En este punto empiezo a diseñar mi estrategia de trabajo. Si considero que necesito empezar con ordenador, lo coloco de nuevo en la mesa; si considero que necesito leer, entonces solo un libro; si necesito empezar el proyecto a mano, entonces instrumentos de dibujo.
Una vez que he utilizado una herramienta, ese objeto no se va de la mesa. Todo lo que interviene en el proceso se queda hasta la finalización del proyecto –recortes, marcas, notas, libros, etc. Esto me ayuda mucho a visualizar lo intervenido, la formación de la idea, o la complejidad de la misma. Hay proyectos que cabrían en una bandeja de avión y para otros no hay mesa en Ikea lo suficientemente grande. Por cierto, necesito que la mesa sea gigantesca. Me ayuda a ver las posibilidades del proyecto y cómo he de organizarme.

“No siento presión en elegir un camino, no considero que haya soluciones únicas a los problemas.”
En tu trabajo gráfico Every Day Music, usas la música para crear. ¿Qué importancia tiene para ti la música en tu día a día?
Ahora mismo estoy empezando a desarrollar portadas de discos e identidad de álbum. Es algo maravilloso, ya que mi inspiración se convierte en la propia tarea de diseño. Es de las cosas más maravillosas que me pueden pasar en mi trabajo.
La naturaleza del proyecto Every Day Music es la misma que la del propio uso que le doy a la música. Este proyecto nace como una necesidad de ejercitarme cada día, entrenar. Son series de ilustraciones que se generan de manera ‘aleatoria’ mediante el uso de software. La cuestión es trabajar buscando una abstracción que verdaderamente consiga decirme algo. Muchas veces tengo que fusionarlas con otras, recortar, reencuadrar o continuar dibujando, pero siempre encuentro algo. Ese ‘algo’ que busco es un trazo, un esbozo de idea relacionado con alguna canción o pista que esté escuchando en ese momento.
¿En qué género encuentras inspiración?
Suelo escuchar cualquier tipo de música, aunque normalmente pretendo alejarme del mainstream. Y no por acercarme a otro género en particular. El mainstream que acostumbraba a escuchar cuando era más pequeño era una mezcla de diferentes influencias intervenidas para que cooperasen en encontrar un sonido muy definido. Empecé a encontrar esta cooperación un poco peligrosa porque el sonido empieza a perder identidad. Por eso, normalmente acostumbro a ir a las raíces y buscar los géneros musicales originales. Escuchar música es parte de mi investigación. Spotify es realmente una biblioteca.
Ahora hablando como fan, me encantan las piezas instrumentales de William Basinski, Max Richter y Brian Eno. Me parecen que son artistas que transcienden la música. Bueno, Brian Eno se denomina a él mismo como ‘no-músico’.
24 Project forma parte de la práctica del máster que estás cursando. Se trata del resultado de tomar una foto todos los días durante 24 días y nombrarla. ¿Qué conclusiones pudiste sacar de ello?
Esta práctica fue un paso muy valioso en mi investigación. El objetivo era crear narrativas lineales con los títulos de estas imágenes. Es una carga de contenido según la información circundante a la obra. Ahora mismo mi tesis está avanzando por un camino derivado de este experimento. El objetivo es estudiar o diseñar ideas y formas de visualización de mis imágenes. Crear verdaderamente una experiencia. El objetivo de mis imágenes es hacer que las personas se sientan flotando en el espacio. Sería interesante que tuvieran que montarse en un transbordador para verlas.

Trump Nation fue tu trabajo final de carrera de diseño de moda, en el que diseñaste y fotografiaste una colección basada en frases de Donald Trump, una clara crítica social donde plasmas al político sin tapujos. ¿Cómo te decidiste a tratar este tema? 
En ese momento estaba leyendo Fascismo eterno, de Umberto Eco, y me pareció que la figura de Trump iba, en cierto modo, en sintonía con el contenido del libro. Me pareció una manera interesante de expresar interés por algo. Además, quería romper con las inspiraciones románticas que la mayoría de mis compañeros estaban trabajando entonces.
¿Por qué el formato de las fotografías y el fashion film es en blanco y negro?
El blanco y negro con contraste alto fue una elección planteada como una broma interna, para mí mismo. Las barreras definidas de las que hablaba el candidato por aquel entonces. Además, el punto de vista dramático que aporta la fotografía en blanco y negro es una referencia clásica. El usarlo en el fashion film, en parte, fue para unificar más el proyecto a nivel visual, que hubiera una conexión gráfica entre las fotos y el vídeo. Quiero aprovechar la situación para, una vez más, agradecer el trabajo maravilloso de todo el equipo que formó parte de este proyecto.
Fuiste nominado como finalista en los ADCV Awards (Asociación de Diseñadores de la Comunitat Valenciana) con Livin’ like Rando, un trabajo personal donde muestras una biografía narrativa visual sobre tu bisabuelo. A parte del factor emocional, ¿qué es lo que lo hace especial?
Este es el proyecto que presenté para acceder a Central Saint Martins. En realidad, fue un regalo que quería hacerle a mi abuela. Por desgracia, esa oportunidad se cerró antes de poder terminarlo. Fundamentalmente, el libro es la narración de mi abuela y mi interpretación gráfica de la historia. Quería contarla mediante documentos, fotografías y pequeños textos –muchos eran creados o inventados, aunque también había muchos que realmente eran los originales.
Mi abuela a veces contaba una historia distinta, se perdía en los detalles o incluso algunos creemos que mezclaba la vida de su padre con otro tipo de aventuras. No es que ella estuviera mayor y confusa, sino que el ejercicio de recordar una vida que no es la propia, habiendo vivido casi la completa integridad de la tuya, es un ejercicio francamente difícil. Además, este señor era un personaje digno de estudiar, cada uno en la familia tenemos una opinión distinta sobre él.
Personalmente, el valor de este proyecto es que fue el primero que estuvo guiado por un profesor de diseño gráfico. Lo hice el último año de carrera, ya que escogí optativas del grado de Diseño Gráfico. Llevaba trabajando meses en una agencia y me estaba formando por mi cuenta desde hacía ya varios años, pero el encontrar el valor de un profesor como David Zanón me cambió mucho.

Tras hacer un repaso por lo que haces, ¿con qué tipo de proyectos disfrutas más? ¿Hay alguno con el que te quedarías hasta el momento?
Pues para mí los proyectos más interesantes en mi práctica profesional son aquellos en los que consigo que el cliente verdaderamente se involucre en el proceso de diseño. Nadie conoce su proyecto mejor que él mismo, y la posibilidad de que se manche las manos y se genere un diálogo en el que los dos nos nutramos acostumbra a conseguir que salga un proyecto francamente bueno. Además, considero que como diseñador doy un servicio.
Creo que es evidente que la calidad del diseño tiene que ser muy buena, esta persona deposita su confianza en mí. Pero si el cliente no está totalmente contento, el proyecto es un fracaso en parte. Cuando los clientes se reúnen conmigo, mi propósito es que ese día sea especialmente divertido. Mi práctica personal es algo que disfruto muchísimo, aunque también me hace sufrir en ocasiones. Siempre intento romper barreras mentales que a veces me conducen a situaciones un tanto dolorosas.
¿Fotografía abstracta o de moda? ¿Con cuál te quedas?
Ahora mismo abstracta. Espero contradecirme en breves.
Y por último, ¿tienes algún proyecto nuevo entre manos del que puedas hablarnos? ¿Dónde te ves en un par de años?
El proyecto de tesis del que he ido hablando a lo largo de esta entrevista. Mi objetivo es poder exponerlo y en un par de años me gustaría tener una práctica compartida entre diseñador (dirección de arte) y artista. Me gustaría exponer mi obra y estoy estudiando maneras de hacerlo. Muchas gracias a todo el equipo de METAL por vuestro interés en mi trabajo, y en especial, a los lectores por tomarse unos minutos de su tiempo en leer la entrevista completa. Pienso que en una película no hay que parpadear hasta el final.

Texto
Clara Muñoz

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