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Cuando pensamos en una jarapa, si hemos estado en el sur de España, recordamos el típico tapiz de casa andaluza, hecho a mano y con ropa de segunda mano. Obviamente, Luis Rueda pensó en lo mismo, y tras un salto de valentía hace cinco años, ha presentado su marca de la mano de una exposición inmersiva en Barcelona. Tras su presentación en Studiostore, hablamos tanto con el diseñador como con la curadora del proyecto, Lafede, para que nos aclaren los propósitos de Japaca Jarapas.
Para quien no sepa quién eres, ¿puedes presentarte?
Soy Luis Rueda, de Barcelona, siempre he tenido la tienda Paco Rueda en esta ciudad. Desde hace cinco años estoy fuera, en Andalucía, con un proyecto de recuperación de nuevo oficios.
Japaca Jarapa es una marca relativamente joven, ¿cuándo y cómo surge?
Surge de volver a los orígenes –mis padres son andaluces. Llevaba muchos años aquí con mi tienda y necesitaba un poco de cambio; entonces, casi sin querer empecé a hacer una deconstrucción de la moda. También volví a Andalucía, y ya hacía tiempo que andaba interesado en el tapiz, en el punto, en los telares, etc. Vi que podía haber una tendencia, tanto de recuperación de oficios como de actualizar todo lo antiguo. Comencé a telar a mano, pero al ver que era un poco limitado (y como siempre me ha gustado buscar en Los Encantes o en rastros), descubrí unos telares en desuso. Y, por culpa del destino, me puse a restaurarlos. Han sido dos años muy duros porque la información es mínima en estos aspectos, pero he tenido la suerte de haberme llevado a Paco Boluda, el único maquinista joven de oficio del país. A día de hoy, tras años de restauración, estamos en un buen principio.

El lugar desde donde vienen las jarapas es Casarabonela, Málaga. ¿Por qué escoger este pueblo? ¿Qué te aporta como diseñador? ¿Y qué le aporta a la marca?
Luis: La jarapa viene de un medio rural, de un medio antiguo. También es una manera bastante desusada de hacer los tapices, era cómo una casa podía hacer una alfombra de manera barata. Se hacía con los restos, de manera aislada. Hoy en día, Casarabonela es un sitio así, hay un Wi-Fi y lo compartimos todos (risas). En realidad, no es así, pero es una zona muy rural en la que puedes respirar un ambiente más antiguo, es muy vital. También es un tema de oxígeno: irte de una ciudad en constante movimiento a un pueblo –como si fuese un retiro espiritual– es un gran cambio. Actualmente, estoy volviendo más a la ciudad para encontrar un equilibrio y pasar la marca a lo urbano.
Lafede: Además, creo que las marcas artesanales tienen un punto donde es propicio el aislamiento. Todo este trabajo hecho a mano es algo que requiere muchísimo tiempo y concentración. También se desalinea un poco de la vida ciudadana, ya que no tienes que estar cogiendo el teléfono cada diez minutos; cuando él se sumerge en el telar, se pierde en ese mundo.
Luis: También es otro ritmo, los telares son de los años 30. Son como las imprentas antiguas, hay que aprender su ritmo. A día de hoy, es muy arrítmico en comparación con la vida urbana. Es un constante de ensayo-fallo-error. En la ciudad me hubiese pasado el día hablando por WhatsApp pidiendo ayuda. En Casarabonela era una lucha constante hombre-máquina. Sin contemplaciones. Hasta que hemos ganado los dos, tanto el telar como yo. 
Vemos mucho este tipo de alfombra en casas andaluzas, ya que son típicas de ciudades como Málaga o Sevilla, ¿por qué te interesa abrir las jarapas a un mundo separado de la tradición? ¿Y por qué trasladar esta contemporaneidad de las grandes ciudades a algo que siempre ha sido fabricado de una manera más manual?
Luis: Está claro, hay que transmitir estas cosas que todavía están y que gracias a este tipo de proyectos no desaparecen. Actualmente se está trabajando muy antropológicamente para que no todo se vaya a la modernidad, hacia este absoluto del ‘fast’. Hay que buscar un equilibrio, que ya casi nunca existe, y ofrecer más opciones tradicionales.
Lafede: Creo que está floreciendo una consciencia a nivel de desarrollo urbano y de vida, tanto social como personal, en este medio contemporáneo. Hay una oleada muy grande de gente que está volviendo a buscar un cierto tipo de carácter, de originalidad. También tenemos mucho cuidado con la comida, con los recursos energéticos, etc. Todos somos conscientes que no hay agua, y que hay que apagar la luz o el gas. Esta sensibilidad que añadimos a nuestra vida diaria se traslada también a un nivel de producto; cada vez tenemos más ganas de tener cosas que no vengan de grandes cadenas de moda.
Luis: No usamos tintes ni ensuciamos el agua. No deja de ser una industria, pero puedes incorporar algo más legítimo para el medio ambiente porque no es una fabricación masiva.
Lafede: Aparte, la comida orgánica, por ejemplo, es carísima porque tiene que pasar por muchas pruebas y certificaciones para poder tener ese sello. Curiosamente, este producto en sí es de lo más es barato. Creo que Japaca Jarapas refleja que a veces reciclar es barato, pues una de nuestras japacas es casi un treinta por ciento más barata que cualquier alfombra de calidad.
Luis: Nosotros trabajamos muy bien la primera materia; es ropa de segunda mano muy conseguida. También trabajamos con lanas merino, con lino, etc.
Lafede: En la exposición tenemos una chaqueta de Dior cortada.
Luis: ¡También rompemos Ralph Laurens! La verdad, tenemos un servidor de ropa al que le gustó mucho el proyecto y se comprometió a traer las mejores prendas de segunda mano. Hay muchísima ropa de este tipo. La gente consume vorazmente, y uno se cansa. Yo también puedo tener camisas nuevas sin usar que pueden haberme costado mis ciento cincuenta euros.
Una de las cosas más interesantes de las jarapas que creas es la manera en la que están fabricadas: usáis telares de los años 30 que han sido renovados o montados de nuevo. ¿Qué supone usar una máquina tan antigua? ¿Ha sido uno de los retos más difíciles a los que te has enfrentado?
Luis: El más difícil, sin duda. Todos los proyectos en los que quieres innovar son difíciles, pero podríamos decir que el uso de telares es a la vez el primero y el segundo de más dificultad. No hay un libro de instrucciones; siempre es, como comentábamos antes, ensayo-fallo-error. Todo esto requiere un tiempo y un proceso. El telar no funciona hasta que no está completamente bien. Estas máquinas tienen cien años, así que tienen un poco de vida propia. Arreglando la primera nos dimos cuenta que las otras también cooperarían, pero tienes que conocerla al cien por cien.
Lafede: También han querido hacer una pequeña modificación para conseguir ciertos resultados. El telar ha tardado cinco meses para entender este pequeño cambio, aunque no lo ha aceptado muy bien.
Luis: Cierto, no lo ha aceptado (risas). Son modificaciones para el género y tipo que trabajo, pero que no tiene nada que ver con todo lo demás que se estropeó. Tenemos que aceptar que estos telares son el principio de una máquina inteligente, de los primeros ordenadores que llegaron a España. Es la primera vez que con ellas llegó el código binario a este país.

Encima son máquinas enormes…
Sí, miden cinco metros y son lanzaderas. Son máquinas muy bonitas porque tienen madera, hierro y cuero. Es increíble la calidad de los materiales; la madera no tiene ni un poro, y contando los años que ha estado en desuso… Es muy bonito ver cómo trabaja la máquina, la trama; es como ver bailar.
Anteriormente, la gente no podía permitirse comprar telas nuevas, y por eso los materiales eran restos de las fábricas textiles. Los materiales con los que trabajáis son de segunda mano, justo como se hacía antaño. ¿Es usar ropa de segunda mano un guiño al pasado? ¿Por qué usar algo que ya no tiene vida y revalorizarlo?
Realmente sí puede tener vida, hoy en día todo se puede reutilizar. Me he dedicado mucho a la moda y me he dado cuenta de que casi siempre sobra ropa. Actualmente puedes comprar prendas tanto a cuatro euros como a ochocientos porque hay un consumo muy fuerte. Es una materia prima en la que yo tengo mucho mercado: la tengo ordenada por colores, tipos, material de invierno o verano, etc. Tengo una amalgama cromática brutal.
Desde tu punto de vista como fabricante, ¿es utilizar material de segunda mano una manera de concienciar socialmente a los clientes, o realmente lo haces para seguir las técnicas de confección tradicionales?
Por partes iguales, pero me interesa mucho más la consciencia. Al menos en estos primeros pasos. No digo que luego no pueda usar materiales nuevos porque me parece muy interesante y bonito abordar esta opción un poco más filosófica del ecofriendly. Darle a la gente algo más y concienciar que se puede comprar menos y vivir mejor.

“Venimos de un medio natural-orgánico al que no oímos. Yo era un ciego o un sordo porque ni me daba cuenta de lo que pasaba en lo rural.”
Como anécdota, recuerdo que mi abuela tenía una jarapa en la casa del pueblo. Otro punto interesante en la marca es la nostalgia.
Luis: Absolutamente, y también es recuperar oficios. Es muy importante que todo aquello que hemos desarrollado durante el siglo pasado siga vigente en un futuro. Hay mucha historia, y a la velocidad que vamos es posible que nos olvidemos de ella. Estos telares son el inicio de la época moderna, y hay que constatar que gracias a estas máquinas estamos donde estamos.
Lafede: A Luis, después de haber estado diez o quince años con su tienda en Barcelona, todo lo que le ocurrió cuando decidió hacer el cambio encajó. Cuando hizo este salto, este acto de valentía de dejar atrás tantos años manejando ropa, colecciones, pedidos, pagos, clientes, rebajas, etc. todo funcionó. De repente toda esa ropa se vuelve una materia prima que él mismo destruye y luego le da una segunda vida. Más allá de lo que transmite a nivel de consciencia social, también hay un momento catártico de cambio más personal.
Luis: Todo es vital, todo ha ido encajando. Venimos de un medio natural-orgánico al que no oímos. Yo era un ciego o un sordo porque ni me daba cuenta de lo que pasaba en lo rural. Este proyecto aporta positividad porque es un proyecto que vale la pena de verdad. El cambio no te rechaza, solamente confluye, y eso es esperanzador.
Has presentado la nueva colección de Japaca Jarapa en Barcelona con una exposición llamada Second Life (supongo que el nombre también viene de darle el nuevo valor a esta ropa usada). ¿Cómo planteaste esta exposición para llegar al público? ¿Qué valor añadido se les aporta a las jarapas expuestas dándole el valor de arte? ¿Cómo has visto la recepción por parte del público de esta temporada?
Luis: La verdad es que muy bien, la experiencia ha sido muy positiva. Aparte de tener la colección en sí está también todo el campo que aborda.
Lafede: Nosotros desde el principio dejamos claro que queríamos presentar un concepto de colección de manera muy comprensible, y que además se notara que detrás de todo esto hay muchísimo trabajo. En la exposición, si bien quería presentar el producto final, porque es lo que te vas a acabar llevando, también quería traer la impresión del trabajo y el proceso. Por ejemplo, en el pie de cama que mide un metro y medio, quizá se ha tejido en total veinte metros. ¿Dónde están estos metros que sobran? Pues también los exponemos. Cuando trajo las pruebas, incluso llegué a pensar que eso era la jarapa.
Esta exposición tiene una mezcla entre sonido, música, herramientas, piezas especiales y referencias al proceso tanto creativo como tecnológico en la creación de una jarapa. ¿Es esta inmersión en un proceso que al principio es desconocido para el cliente una experiencia más a la hora de comprar una japaca?
Luis: Absolutamente. Además, con el propio producto estamos logrando que la gente comprenda este concepto. No es una jarapa que puedas comprar en cualquier cadena de muebles; se ve la calidad, las tramas son de lino, de seda, los acabados en lanas merino, etc. Hay mucho amor en una jarapa y la gente enseguida lo ve en el producto –aunque también se ve en la página web, donde se muestra el proceso.
Lafede: Y sobre la palabra inmersión, que es muy interesante, estamos trayendo a los compradores o encargados de tiendas a ver la exposición. Una cosa es presentarte en la tienda con dos alfombras y otra cosa es vivir este proceso de trabajo. Esta exposición tiene muchos significados y quiere alcanzar a mucho tipo de público, no solamente al comprador privado.

Otra de las cosas en las que me he fijado es que trabajáis bajo pedido. ¿Son todas las jarapas creadas hasta hoy diferentes? ¿Es cada una un reflejo de la persona que la encarga según sus gustos? ¿Has pensado alguna vez en crear una línea de productos que estén hechos en serie?
Luis: Por ahora, como cada jarapa tiene su tiempo de fabricación y es diferente, en el proceso hay dos diferencias: puedes hacerla personalizada o puedes irte a una base preestablecida, pero nunca será igual. Nunca se hacen dos a la vez; puede ser que la base cromática sea semejante, puedo buscar una igualdad en paralelo, pero no que sean idénticos. De hecho, si pones dos iguales al lado puedes jugar al pasatiempo de las siete diferencias.
Lafede: En la exposición tenemos dos jarapas que son el mismo modelo, donde se puede entender muy bien cómo son iguales y a la vez diferentes. Hay un ochenta por ciento que se mantiene, pues Luis tiene un control del color muy preciso, pero sí que hay momentos en los que puede acontecer algo nuevo. Creo que esto es lo que le da vida a la marca, separarse de lo robotizado. Es un aburrimiento hacer cien tapices iguales.
¿Cómo ves el futuro de la marca? ¿En qué otros proyectos (tanto tecnológicos, como creativos) ves que Jacapa Jarapa podría evolucionar?
Lafede: No nos gusta mucho el término alfombra, pues la jarapa es principalmente una jarapa, que pertenece a la familia del tapiz. Y desde ahí podemos ir a una hamaca, a mantas, cojines, a tapizar mobiliario, cosas más pequeñas como pañuelos y bolsos, etc. No deja de ser el mundo textil. Si conseguimos haces tres metros por tres, cuando tengamos que hacer un cuadrado de treinta centímetros será facilísimo. La idea actual es estabilizar el manejo de telares, pero también soñamos con todos estos otros elementos. Nosotros no queremos ser ricos ni tener una fábrica; queremos vivir bien haciendo lo que hacemos y con cariño.
Luis: Obviamente queremos una base económica, como todos, pero también compartir estas experiencias y aliarnos con gente que las comprenda. Estamos trabajando mucho, no para que sea lujoso, sino para que en concepto sea muy buen producto. No solamente queremos vender la calidad y el diseño, sino también transmitir esa proyección de vida, esa actitud contemporánea.

Texto
Sandra Iglesias

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