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Jesús Monterde creció en Benassal, un pueblo de montaña de Castellón donde las costumbres pueden tornarse turbias y bárbaras si no se observan desde el prisma del mundo rural. Después de un curso de fotografía descubrió el lenguaje fotográfico y empezó a crear Nemini Parco, una serie convertida en fotolibro y que nos muestra una atmósfera cargada de realidad y crudeza. Con la muerte como protagonista, la publicación nos adentra en un mundo misterioso donde las tradiciones más ancestrales no dejan de sorprender a quien las ve desde fuera, mostrándose cotidianas y naturales para el autor y los habitantes de su pueblo.
¿Cómo te definirías?
No me gusta definirme a mí mismo, pero intentaré hacerlo. Soy inquieto y curioso, cualidades que me hacen ser constante y perseverante en todo lo que hago. En estos últimos años, gracias a mi proyecto Nemini Parco, he aprendido a ser más reflexivo y resiliente, lo cual me ha ayudado a mejorar como persona. Pero por encima de todo creo que soy respetuoso con todo y un enamorado de la naturaleza. Creo que una de las cosas más importantes es conocerse a uno mismo y aceptarse tal y como uno es. Esto me ayuda a creer más en mí. Como fotógrafo soy instintivo, directo y sobre todo sencillo. Creo que la sencillez no está reñida con la profundidad y llega a más gente.
¿De dónde eres? ¿Sigues viviendo en el lugar donde has nacido?
Soy de Benassal (Alt Maestrat) un pueblo de montaña de Castellón (España). Hasta ahora siempre he vivido en este encantador pueblo.
¿Qué te hizo llegar al mundo de la fotografía? ¿Cuándo empezó todo y por qué ahora estás más volcado en esta disciplina?¿A qué te dedicabas antes? ¿Te dedicas ahora a tiempo completo a ello?
Por una parte, la fotografía nació en mí gracias al senderismo. En aquella época –sobre el 2001– sentí una gran necesidad de compartir todo lo que veía en mis caminatas por la montaña. Aunque lo que realmente me empujó a este mundo fue la muerte de mi padre en 2005. En aquel momento sentí un gran vacío en mi interior y pensé que nunca volvería a llenarlo, pero gracias a la fotografía y al senderismo lo conseguí.
Después de pasar por una etapa como fotógrafo autodidacta, en la cual subía fotos que no tenían personalidad propia, un día decidí apuntarme a un curso de fotografía documental –en 2010– en el que Julián Barón me hizo ver el verdadero potencial de este medio.
La fotografía, junto con el senderismo, han alimentado mi sed de conocimiento, dándome fuerzas para viajar por todo el mundo y leer cosa que antes no hacía. Soy trabajador textil desde hace veintiún años en la empresa Marie Claire y no vivo de la fotografía. Para mí ella es mucho más que una disciplina o un trabajo; me está ayudando a entender el mundo y a mí mismo. Además me permite expresar mis emociones más profundas y compartirlas.

Hemos leído acerca del lugar donde vives, un pueblo rural en Castellón donde las costumbres permanecen congeladas y donde lo que para la mayoría de la sociedad en conjunto es extraño, en tus imágenes se presenta como algo cotidiano, habitual. ¿Cómo es convivir con estas situaciones o escenas? ¿Te ves reflejado en las costumbres que retratas?
He vivido y respirado estas costumbres desde niño, por eso me siento identificado con ellas. Son mis raíces y la base de mi personalidad. De ellas he aprendido a querer y a respetar la naturaleza. Desde fuera algunas pueden parecer bárbaras, pero nada más lejos de la realidad. En el mundo rural se quiere a los animales, pero hay que matarlos para comer. Es una dualidad difícil de entender en la ciudad. Hay que entender que la vida vive de la vida.
Por otro lado, la gente de estos pueblos suele tener un carácter austero, cerrado e incluso obsesivo. Esto es consecuencia de las dificultades económicas, la orografía y la falta de servicios públicos como universidades, hospitales, asistencia social, etc. Sin embargo, a pesar de eso no te puedes llegar a imaginar la bondad y los valores que tienen algunas de las personas que aparecen en mi obra. Creo que en la sociedad hacia la que vamos será difícil encontrarlos.
Estamos ante un momento en el que tradición y progreso generan un debate intenso en nuestra sociedad. ¿Cómo gestionas tú la ambivalencia entre lo nuevo y ‘lo de toda la vida’? ¿Crees que realmente hay cosas que se pueden justificar por el simple hecho de ser tradiciones o costumbres arraigadas? ¿O, por el contrario, sí que se puede transformar (o destruir) todo lo existente en nombre del progreso y del cambio?
Pienso que soy un privilegiado por vivir en la frontera entre dos mundos tan opuestos. El mundo rural me mantiene cerca de mis orígenes –recordándome cada día de donde vengo– y además me llena de sentido común. Por otro lado, el progreso me llena de nuevos conceptos que me permiten evolucionar y crecer. Esto me permite ensanchar mi mente en todas las direcciones y encontrar un mejor equilibrio entre todo lo que me rodea y sucede.
Es evidente que con el paso del tiempo las tradiciones se transforman o desaparecen, pero hay que darles su tiempo. Las tradiciones cambian a medida que cambia la mentalidad de las personas o su percepción del mundo. Esto se consigue con una educación de calidad, la cual es muy limitada en algunos lugares como consecuencia de una mala gestión de nuestros recursos desde todos los ámbitos de nuestra sociedad. Solo se piensa en términos de capital, olvidándose de lo que realmente importa.
No hay nada que justifique ciertas tradiciones. Yo espero que algunas no tarden en desaparecer de forma natural. Hay algunas de ocio muy arraigadas que incluso yo, en lo más profundo de mi ser, acepto; pero gracias a mi capacidad de reflexión, rechazo. Aún así, hay que respetarlas y entender por qué hay gente que las acepta. No todos tenemos la misma percepción del mundo y cada uno tiene sus circunstancias. ¿Qué le puedes exigir a una persona que ha vivido siempre solo en medio de la montaña? ¿Tenemos derecho a quitarle sus tradiciones sin darle nada a cambio?
Como ya he comentado antes, es fundamental una buena educación que llegue por igual a todo el mundo. Una educación que potencie la sensibilidad humana hacia todo el universo. La empatía es una cualidad que por desgracia está muy olvidada en nuestra sociedad y es esencial que la recuperemos si queremos construir un mundo más justo.
Por curiosidad, si tuvieras que mudarte ahora mismo, ¿irías a otro pueblo o zona rural? ¿O te llama la atención la vida cosmopolita?
Aunque es cierto que echo de menos muchas cosas de la ciudad me iría, sin dudarlo, a otro pueblo o incluso a una masía. Con las nuevas tecnologías puedo suplir lo que necesito de la ciudad.

“Para mí la fotografía es mucho más que una disciplina o un trabajo; me está ayudando a entender el mundo y a mí mismo. Además me permite expresar mis emociones más profundas y compartirlas.”
Te hemos traído aquí, sobre todo, para que nos hables de Nemini Parco, ese libro espectacular y tan esperado que has publicado. ¿Qué significa el título? ¿Qué misterio esconde?
Nemini Parco es latín y significa ‘a nadie perdono’. En la antigüedad estaba inscrito en las guadañas, símbolo de la muerte. No hay ningún misterio, solo muestro esa parte de la vida que nadie quiere ver y que nadie quiere vivir, pero de la que nadie escapa. Vivimos en un mundo donde se idealiza todo y cuando se rompe el hechizo caemos en nuestro propio vacío y nos sentimos perdidos. Tenemos que conocer todos los aspectos de nuestra existencia y estar preparados para que cuando lleguen los momentos menos deseados podamos tener la capacidad de enfrentarnos a ellos. Momentos en los cuales todos nuestros temores y debilidades se muestran con toda su plenitud. En esos duros instantes tenemos la oportunidad de aprender de nosotros mismos y madurar. De este modo conseguiremos vivir con más plenitud.
¿Cuántos años llevas trabajando en el libro?¿Podrías explicarnos el proceso de construcción de Nemini Parco? Cómo surgió la idea, cuándo sales a hacer las fotografías y cómo es el proceso de selección a la hora de narrar la historia.
Empecé a formarme como fotógrafo documental en febrero de 2010, en BlankPaper Castellón. En aquella época no tenía ningún conocimiento de arte. Nemini Parco es la evolución del tema que elegí en aquel primer curso, pero realmente siento que empezó el día que nací, ya que al fin y al cabo este proyecto no deja de ser una búsqueda de mis raíces, de mis orígenes y de mi personalidad.
La idea surgió de las mismas fotos; ellas son las que me han guiado e incluso me han ayudado a conocerme. Como ya he dicho soy un fotógrafo intuitivo, cuando encuentro una escena que me emociona el tiempo se detiene, mi mente se calma y solo estamos yo y lo que tengo ante mis ojos. Cuando edito trabajo de forma similar, me dejo llevar.
En los primeros años no entendía mi propia obra. Fue gracias a la lectura de los autores Josep Campbell y Josep Pla, entre otros muchos, lo que me hizo descubrir qué historia quería contar. Esto fue fundamental para poder seleccionar las imágenes y secuenciarlas. De Campbell aprendí a leer mis propias imágenes y de Pla saqué la idea de cómo estructurar mi libro, concretamente de su libro El cuaderno gris. Todo este proceso ha sido para mí como un máster. Ahora no tengo un título, pero tengo un libro que me llena y consolida mi autoestima.
Tus fotografías son sórdidas, duras, directas y a veces, incluso complicadas de ver. En una era donde Instagram es el rey de la imagen y la tendencia es crear imágenes blancas, limpias e idílicas para atraer los likes, tú mantienes tu estilo feroz, crudo y agresivo. ¿Por qué eliges esta manera de trabajar? ¿Cómo has ido desarrollando este estilo? ¿Lo has usado especialmente para este proyecto con el fin de transmitir el mensaje de crudeza de los personajes/escenas que aparecen en tus imágenes?
Como ya he comentado, antes hacía fotos de paisajes, flores, imágenes sin personalidad propia. Pero cuando descubrí todo el potencial que puede tener la fotografía decidí embarcarme en este proyecto, que fue tomando forma con los años. En un principio solo quería documentar un estilo de vida que estaba y está a punto de desaparecer, y esto fue lo que me guió. Como comento en la pregunta anterior, Campbell me hizo ver que mis fotografías podían ir mas allá. Por todo esto es por lo que decidí trabajar así; mi intención era aportar algo diferente a la fotografía y a la cultura.
Tras una visita al Museo del Prado fue cuando empezó a surgir mi estilo, probablemente influido por sus pinturas. Es evidente que el estilo está relacionado con la temática. Con el uso del flash y esos colores, lo que pretendo es dramatizar más la escena y darle una personalidad propia.
Por otro lado, yo cuestiono todo lo que sé. Hay que pensar que estamos condicionados por la cultura en la que nos ha tocado vivir, la cual nos dicta cómo debemos ver el mundo. Es cierto que la sociedad nos da una estructura que facilita nuestra existencia, pero también nos la limita. Últimamente me hago muchas preguntas, como por ejemplo: “¿qué es bello? ¿Qué es duro?” Creo que deberíamos intentar ser nosotros mismos y ver las cosas con nuestros ojos y no con los de los demás. Hay culturas que ven la muerte de una forma menos traumática que la nuestra.

Según veo, tus imágenes pretenden hablar de la verdad, de historias reales que suceden lejos del caos y el ruido de la ciudad. Y para ello utilizas tu estilo más sincero y transparente. ¿Qué sientes cuando observas tus imágenes?
Las emociones al observar mi obra han ido evolucionado a medida que he ido ensanchando mi mente. En estos momentos veo mis raíces, pero sobre todo veo mis miedos, mis obsesiones; esa parte de mi personalidad más profunda y desconocida que me ha dominado durante mucho tiempo. El miedo a la muerte, a la enfermedad, y a la soledad ha estado esculpiendo mi vida durante muchos años. Gracias a todo este proceso los he sacado a la superficie. Ahora que los conozco es más fácil encontrar mi libertad o salir más fácilmente de un pozo cuando caigo en él.
Precisamente por lo que decíamos, parte del público no se sentirá muy cómodo mientras pase las hojas de Nemini Parco debido a su contenido explícito. ¿Buscas la provocación, o incluso el rechazo por alguna parte de la gente? ¿O simplemente retratas la cruda realidad, y la dejas para que cada uno haga con ella lo que pueda?
Sé que mis imágenes son difíciles de ver para mucha gente pero no busco para nada la provocación, sólo pretendo compartir todo este proceso que tanto me ha ayudado a mí con los demás. Pienso que cuando alguien se enfrenta a una obra de arte y esta le conmueve, en ese momento esta teniendo una oportunidad de conocerse. En instantes así yo me pregunto, ¿por qué me golpea esta obra con esta intensidad? Esa reflexión me ayuda a conocerme. Esto también intento aplicarlo en la vida real y me ayuda a tomar decisiones más acertadas.
Pero cada uno que saque sus propias conclusiones. Las diferentes lecturas que cada espectador puede dar de mi obra hace que esté viva y crezca. A veces la opinión de un espectador amplía y profundiza mi conocimiento sobre mi propio trabajo.
Si tuvieses que elegir un referente de tres disciplinas artísticas distintas que te inspiren a la hora de trabajar, ¿quiénes serían? ¿Por qué?
En pintura elegiría a Goya. En sus pinturas negras muestra cómo una persona puede llegar a atormentarse con sus pensamientos; fue donde empecé a conocer mi subconsciente. En fotografía, Cristóbal Hara. Fue el primer fotógrafo que me cautivó y entendí. Me sentí y me siento muy identificado con su forma de ver el mundo rural. Me recuerda parte de mi infancia. Y por último, el escritor Josep Pla. No he leído mucho de él, pero su obra El cuaderno gris me pareció magnífica. Su prosa y sus descripciones me cautivaron, pero sobre todo la maestría con la que utiliza los adjetivos –te llevan a otro nivel.

“La naturaleza es mi templo, mi artista preferido y saco de ella mi inspiración.”
En tu web sólo tienes colgado parte del proyecto de Nemini Parco por ahora. ¿Estás trabajando en más? ¿Qué temas atrapan la atención de Jesús Monterde?
No estoy inmerso en ningún tema en concreto aunque continúo trabajando. Estoy seguro de que surgirá un nuevo proyecto, pero no tengo prisa. Ahora me muevo por la montaña, en medio de rocas y bosques milenarios. Creo que continúo buscando mi esencia. Cuando camino por la montaña, la niebla se desvanece de mi mente, pero voy aún más lejos cuando encuentro un árbol milenario o un animal salvaje. En ese instante el tiempo se detiene y me siento eterno. La naturaleza es mi templo, mi artista preferido y saco de ella mi inspiración.
Naciste cuando los ordenadores y los gadgets todavía no estaban a la orden del día, así que suponemos que tienes un background bastante intenso y repleto de historias cargadas de realidad, ¿no? ¿Cómo recuerdas tu infancia?
En los años 70 y 80 la infancia era muy diferente: jugábamos con palos, hacíamos cabañas con ramas y piedras en el monte, subíamos a lo árboles, buscábamos caracoles para sacarnos un dinero, etc. Eran otros tiempos. Había más contacto con la montaña y los animales. No cambiaría para nada mi infancia porque soy como soy por ella y me gusta ser así, aunque a veces dude.
Recuerdo que un día dos amigos y yo encontramos un perro vagabundo y fuimos a la carnicería para que nos dieran comida para él. Estaba muy a menudo con nosotros, era un amigo más, lo queríamos con locura. El día que el dueño lo reclamó, yo por lo menos lloré.
¿Qué opinas de esta nueva era tecnológica? ¿Escapas de ella a través de tu trabajo? ¿Cómo nos ves a los jóvenes de hoy en día? ¿Crees que, en sitios como en tu pueblo, acabará llegando y rompiendo todos los paradigmas sobre los que sus habitantes viven actualmente?
La nueva tecnología y la ciencia son una bendición y el futuro, pero no debemos olvidar de donde venimos. Yo no escapo de la tecnología, me gusta. En mi adolescencia me compré un spectrum y con revistas aprendí a programar en Basic. Fui capaz de hacer un programa para jugar al Mastermind contra mi ordenador.
En cuanto a los jóvenes de hoy en día hay de todo, como siempre, no me gusta estereotipar. Es habitual decir que los jóvenes de hoy en día no son como los de antes, pero creo que esto siempre se ha dicho de generación en generación. Todos solemos recrearnos en cómo éramos.
La tecnología ya ha llegado a los pueblos y como en la mayoría de los sitios ha influido en la forma de comunicarnos, sobre todo en los más jóvenes. Una sociedad o un estilo de vida es como un ser vivo: nace, crece, envejece y muere; todo tiene un final.

Texto
Lorena Varela

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