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Acaba de estrenarse en cines Ojos negros, la película dirigida por las jóvencísimas Ivet Castelo y Marta Lallana, un largometraje que a través de su protagonista nos transportará a un pequeño pueblo de Aragón donde sentiremos el sofoco del campo a la par que su libertad, las relaciones pasajeras, o las tensiones familiares. Todo esto, desde los ojos de una adolescente que ha dejado de ser una niña pero que aun no comprende del todo el mundo de los adultos.

Para empezar y conoceros un poco, ¿en qué momentos os dais cuenta de que trabajáis tan bien juntas?
Marta: La verdad es que una relación muy larga, ya que siempre hemos hecho muchos proyectos juntas. Nos conocimos en la carrera de Comunicación Audiovisual en la Universitat Pompeu Fabra. Es muy de hacer trabajos en grupo, e Ivet y yo siempre los hemos hecho juntas, así que ya sabíamos que funcionábamos.
Ivet: También nos fuimos un verano a Italia a grabar cosas juntas y gracias a ello ya sabíamos que teníamos muy buena relación en ese sentido.
La periodista Beatriz Martínez dice esto cuando habla de vosotras: “La juventud ya no espera a que le den paso sus mayores, ahora es ella la que coge impulso para salir adelante por su cuenta”. ¿Estáis de acuerdo? ¿Qué estímulos creéis que ha tenido nuestra generación para despertar este sentimiento emprendedor?
Marta: Estoy totalmente de acuerdo y estoy segura que Ivet también porque la película la hemos construido bajo una constante de buscarnos nuestros propios recursos –antes de que se incorporase Nanouk Films, nosotras ya habíamos empezamos a producirla. Fue un esfuerzo muy grande descubrir cómo podemos llegar a esto partiendo de que no tenemos ni experiencia, ni contactos ni dinero. Pero fue esa energía de querer hacer algo con mucha pasión la que luego se ha podido materializar en algo sí.
Ivet: Muchas veces hablamos de esta combinación de pasión y energía con inocencia. Tampoco sabíamos lo que iba a comportar hacer un largometraje, nos tiramos a la piscina con todas las ganas del mundo sin saber bien el sacrificio que llevaba detrás. Y es esta inocencia la que nos ha empujado a hacerlo, ya que una vez sabes exactamente todo lo que comporta, te lo piensas dos veces.
En los últimos años, hemos podido ver como cada vez más mujeres ocupan lugares de importancia en la industria y su trabajo es más reconocido. ¿Cómo de importante ha sido este hecho a la hora de querer hacer una historia totalmente centrada en mujeres y sus sentimientos visto desde diferentes generaciones?
Marta: Yo aquí creo que hay dos cosas distintas. Una es que nosotras siempre hemos querido que los personajes de nuestras películas sean mujeres porque, quieras que no, nosotras lo somos. Estamos rodeadas de mujeres fuertes –de madres, tías, abuelas– que han sido totalmente referentes, así que era la realidad que queríamos mostrar. También escribir unos personajes que, siendo mujeres, no sean tan planos como lo que se han podido ver hasta ahora. Estos son poliédricos. Sentíamos que teníamos esta capacidad de darles una vida más compleja.
Y por otra parte, para nosotras ha sido muy revelador darnos cuenta que formamos parte de un nuevo género de películas. A veces se llama ‘escuela’ pero no creo que sea nuestro caso. Pero sí que, de repente, Las amigas de Ágata se convirtió en un referente. Vimos cómo un grupo de mujeres que son amigas y cineastas pudieron hacer algo que nosotras también; algo que parecía muy lejano lo bajamos a la tierra y lo vimos capaz y posible.
Que haya mujeres directoras ayuda a que otras chicas jóvenes aspiren a serlo.
Sí, pero además nos dimos cuenta de lo importante que es que haya diversidad real en el cine, esa ‘mirada femenina’ como se llama a veces, pero en todos los cargos. Ahora se está hablando mucho de directoras mujeres pero, ¿dónde están las directoras de fotografía, las productoras ejecutivas, etc.? Es algo que está muy monopolizado por los hombres. Se tiene que hacer una reflexión y tomar medidas al respecto.
La película trata principalmente de la historia de la protagonista, contada de forma muy introspectiva. Pero como acabáis de comentar, los demás no son personajes planos. y Paula no es la única que experimenta una evolución. ¿Qué evolución creéis que tienen los otros personajes?
Ivet: Uno de los personajes que también es muy fuerte es Elva, la tía de Paula. Me gusta mucho cómo al principio lo ves todo desde el punto de vista de Paula, desde el que puede parecer una mujer muy distante, fría y que carga con un peso y una soledad inmensos por dentro. Entonces no acabas de entender por qué es así, parece que simplemente es su carácter y no quiere simpatizar con Paula. Sin embargo, creo que es bonito ver cómo a medida que se va desarrollando la película puedes ir entendiendo más el porqué de su carácter.
El hecho de saber que se ha tenido que quedar en el pueblo cuidando de su madre y que ha sacrificado su propia vida cuando su hermana ha podido hacer lo que ella realmente quería hace que te vayas reconciliando poco a poco con Elva y puedas entenderla. Además, también tienes momentos muy tiernos, como cuando está bailando con Rodrigo. También ves otro momento de complicidad cuando Paula está hablando con la abuela en la cama y puedes ver esa mirada de ternura de Elva.
No es que Elva sea la tía mala, para nada, sino que ha tenido que llevar esta carga encima durante toda su vida y no ha podido sentir lo que es tener una hija ni ha podido establecer una relación con Paula. Por eso creo que es uno de los personajes que hace uno de los viajes más importante durante la película.

Al principio hay una escena relacionada con la menstruación que da a entender que las cosas están empezando a cambiar en su vida. Es una peli muy introspectiva, se hace un viaje al interior de Paula. Ese viaje de autoconocimiento, ¿creéis que es algo por lo que pasan todos los adolescentes, o queréis hacerlo más universal, como un proceso personal más humano por el que pueden pasar personas de cualquier edad?
Marta: La película está tratada desde el punto de vista de Paula, el espectador siempre está con ella y ve y siente la manera cómo recibe el mundo, los estímulos, las relaciones que va estableciendo y descubriendo, el pasado familiar, la nueva amistad con Alicia, la pérdida de su abuela, etc. Es cierto que muchas de las situaciones se concentran en la adolescencia, pero para nosotras era más importante la toma de consciencia del paso del tiempo, aceptar la finitud de las cosas y de las personas, la muerte, la vida, etc.
Este conjunto es tan amplio que apela no solo a adolescentes. Creo que lo bonito de esta película es que gente de todas las edades se siente muy identificada, ya sea porque le trae recuerdos de su propia juventud o porque está en una situación similar (a la de la tía, por ejemplo) o porque tiene un familiar que está en un momento como la abuela.
Ivet: Al fin y al cabo, a lo largo de la vida, no paras de vivir transformaciones, cambios, perder a personas cercanas; lo bonito es que esta historia la puedes pasar en cualquier momento de la vida.
Alicia y Paula tienen una relación muy estrecha y cercana, algo ambigua incluso. El límite entre amor, amistad y atracción se desdibuja. ¿Es algo intencional o queréis que el espectador interprete esos sentimientos confusos?
Marta: Es algo totalmente intencionado. Queremos mostrar las relaciones que sientes en esa edad de impás en la que los sentimientos son nuevos. Creo que es importante mostrar estas amistades a las que te aferras muchísimo y que parecen amor; no sabes si es solo amistad o hay algo más. Aunque en esos momentos tampoco te lo planteas, simplemente la persona te atrae y quieres pasar tiempo con ella, te pasarías toda la vida en ese momento. Creo que es bonito.
El público adulto siempre espera un beso o algo similar, pero la gente más joven –que no inocente– simplemente interpreta esa relación como algo importante y ya está, sin etiquetas. Queríamos mostrar que no hay que encasillarlo, simplemente vivirlo como ella hace, y luego, que cada uno piense lo que quiera. Pero en ningún momento se esconde, y de hecho creo que es algo muy común, el haber vivido una amistad muy intensa con la magia de la infancia y experimentar algo que no sabes qué es.
Ivet: Sí, es la necesidad que tienen los niños de no querer encasillarlo, de no ponerlo en palabras, simplemente vivirlo.
A mí es algo que me ha gustado mucho porque me ha llevado a los videoclips de The Blaze, en los que también hay esa ambigüedad entre amistad y amor. Es bonito no definirlo.
Marta: Sí, totalmente, ¡nos encanta ese grupo!
La película transmite esa sensación del pueblo como lugar de sofoco y tensión, pero a la vez es un sitio muy libre, la naturaleza sirve como recurso liberador para Paula. ¿Cómo pueden llegar a entenderse estos dos contrapuntos?
Ivet: Una de las ideas que teníamos muy claras desde el principio era el pueblo como ese espacio donde tienes muchísima libertad. Pero a veces, siendo niño o adolescente, también hay esa especie de brutalidad y violencia incomprensibles –como el hecho de que abandonen a la perra, por ejemplo. El marco que nos ofrecía el pueblo era perfecto para combinar esto.
Marta: Esta libertad y ebullición de sentimientos son los motores con los que avanza Paula. Sin embargo, también hay una parte muy marcada de la sensación de extrañeza de llegar a un sitio, que es tu casa y de algún modo te pertenece, pero al que no te sientes conectado. Y de cómo los adolescentes se relacionan con esta parte de la familia más olvidada. A mí personalmente me ha pasado mucho. Mi pueblo es Ojos Negros, que es de verdad, y pasé por las mismas sensaciones cuando iba a visitar a mis familiares lejanos. Me besaban mucho y tenían muchas ganas de verme, pero yo no sentía nada porque no había pensado nunca en ellos. En cambio, ellos sí me tenían en mente. Es esa cosa más extraña, más onírica, de ir a un sitio en el que todo el mundo te espera pero tú no a ellos no.
Ivet: Y también buscamos hacer un contraste a nivel visual: interiores oscuros y los exteriores muy luminosos. Este es el imaginario que nos da la casa de la abuela, en la que los interiores son oscuros, las paredes frías, persianas bajadas, el pan ahí acabándose de secar, y en el exterior, el verano es muy fuerte.
He leído que a pesar de que teníais un guion, las escenas fueron un poco más improvisadas. Lo leíais una vez, lo hablabais y partíais de una anécdota. ¿Podríais desarrollar y explicar más cómo ha sido este proceso?
Marta: El trabajo de las actrices ha estado basado sobre todo en ellas dos, que no habían hecho nada antes. Lo que hacíamos era crear una relación anterior, no solo en rodaje, sino que hablamos mucho con ellas, les contamos las cosas que habíamos vivido y ellas a nosotras para trazar un vínculo más estrecho. No era solo la dirección de actrices.
Ivet: Sí, ponernos al mismo nivel.
Marta: Con las niñas fue distinto. Había un guion con diálogos y sabíamos dónde queríamos llegar en cada escena, pero no se lo dábamos, sino que les explicábamos lo que queríamos. Así, ellas no cogían frases o tics ni se quedaban encasilladas o acartonadas. Les dábamos mucha libertad a la hora de hablar. Queríamos ver cómo dirigirlas dentro de la realidad que se estaba creando entre ellas dos. Por ejemplo, con una trabajábamos una cosa y con la otra, otro tema. Por separado. Cuando se juntaban, no sabían qué iba a pasar. Así se creaban esos momentos de más verdad, de gestos reales, que es lo que buscábamos.
Ivet: Sin embargo, el trabajo que hicimos con Ana Sabater (Elva) fue muy distinto. Con ella sí que seguimos más pautadamente el guion, pero aun así, tuvimos muchas sesiones de charla con ella para explicarle muy bien el personaje. Con ella queríamos pulir las frases. Y también trabajamos mucho el cuerpo, todo el peso que lleva su personaje a los hombros, la cara, la tristeza. Ahí pudimos matizar más el trabajo de actor tradicional. Creo que fue muy interesante tratar las dos partes y creo que es de las cosas más interesantes que pudimos hacer en este rodaje.

Siguiendo con este tema, la gran mayoría de actrices no eran profesionales o estaban justo empezando, ¿Qué creéis que le ha podido aportar a la película?
Marta: Algo que me parece muy especial en la película es la relación de ellas dos. Es algo que se estaba creando en la realidad. Se estaban haciendo amigas a la vez que estábamos grabando, y a día de hoy, Julia y Alba siguen siéndolo. Hay realidad dentro de la propia ficción, y esto tiene un valor que a mí me gusta. El tipo de cine que a mí me apela realmente tiene esta verdad a nivel actoral.
También una cosa que fue muy curiosa en el casting fue que las dos coincidieron. Mi hermana no estaba segura de hacer el papel y se lo estuvo pensando mucho tiempo. Por una casualidad, llegó tarde y Alba la esperó, hicieron la prueba juntas y descubrimos que había una complicidad preciosa. Tuvimos claro desde el minuto uno que ya teníamos a los dos personajes, y es que Alba además también provenía de Ojos Negros, que era una casualidad muy rara. Además, ella veraneaba allí cada año y mientras que mi hermana no, ella tenía una relación más similar a la mía de ir muy poquito. Nos dimos cuenta de que teníamos la oportunidad de poder filmar algo que era tan real como la vida de ellas.
Ivet: Yo creo que también con relación a la abuela, ella es una de las mujeres más ancianas de todo Ojos Negros. Fue muy bonita la escena del jardín. Lleva viviendo ahí desde que es pequeña y lo que estaba saliendo fue muy bonito porque era realmente lo que había visto a través de sus propios ojos. Era precioso que pudiera estar compartiendo ese momento de verdad con Paula, así que se crearon complicidades muy bonitas. El hecho de poder ponerla a ella entre unas paredes en las que ha vivido.
El film transmite una gran sensación de realismo. Es una película sin idealismos o dramatismos exagerados y muestra situaciones en las que mucha gente se encuentra. A parte de los actores, otro elemento muy importante –sobre todo para conectar escenas– es el sonido, la música. ¿Cómo fue el proceso de escoger la música? ¿Era algo que ya teníais en mente y visualizabais o fue más improvisado?
Marta: Pues con la música nos pasó que el proceso de montaje fue super largo –un año y medio hasta decir, ‘aquí está la película’. Durante todo el proceso de montaje nos acompañaron unas músicas que colocamos de manera inconsciente. Al principio de todo se habían quedado ahí y pensábamos que cuando lo tuviésemos que cerrar ya elegiríamos una banda sonora; era algo que íbamos arrastrando y que nos costaba.
Nunca habíamos tenido un acercamiento a crear una banda sonora, a intentar ver cómo el sonido podría afectar de una manera que no se comiera la imagen. Queríamos algo que tuviese el mismo tono de la película. Al final tuvimos que afrontarlo, pero acabó de la manera más fácil: estaba escuchando mucho un disco de Raül Refree, titulado Jai Alai, y encajaba muchísimo. En cierta manera, yo vivía esta música mucho con la película, en mi cabeza las tenía juntas. Se lo enseñé a Ivet y a ella también le encajó, así que le escribimos a Raül. Fue algo un poco caótica pero nos lanzamos para ver qué pasaba.
Ivet: Le enviamos un email super largo explicándole la película, pero pensamos que a lo mejor ni leía el mail.
Marta: Sí, y en nada nos respondió diciendo que no le había dado tiempo de verla toda pero que había visto solo los diez primeros minutos y quería hacerla. Creo que se enamoró un poco del proyecto porque también le apelaba de manera personal, había algo ahí que le encantó. Él también desciende de Soria. Con la música ha hecho un trabajo muy bonito, ha sacado todas las emociones de Paula y las ha llevado al sonido. Es una línea narrativa más, no solo un acompañamiento. Aunque cuando estábamos trabajando la propuesta, que me encantó, tenía miedo.
Ivet: Era una propuesta muy distinta.
Marta: Sí, totalmente. Y yo tenía miedo que no gustase. Pero luego, todos desde Nanouk estuvieron totalmente de acuerdo en que era el camino que había que seguir. Además, Raül tenía muy claro que era el tono que tenía que coger la película.
Ivet: Al ser Paula un personaje que vive tanto las cosas por dentro y a veces tarda en exteriorizarlas o no lo llega a hacer de ningún modo, necesitábamos algo que realmente subrayase qué le estaba pasando, que uniera los dos mundos (el interior y el exterior de la casa). Fue increíble. Además, cuando Raül apareció muy al final, nos dio un vuelco a la película y la acabó de redondear.
Respecto a los sonidos en general, también encontramos que son muy importantes esos ruidos más corrientes, como cerrar un cajón, el reloj, las gallinas, etc. Es un recurso que habéis utilizado mucho, supongo para crear esa tensión. ¿Qué otros elemento creéis que os han ayudado a crear esa atmósfera de intensidad?
Ivet: Formalmente, creo que su mirada. Poder trabajar lo que ella está mirando y observando, muchas veces a través de estas rendijas, estas puertas medio cerradas, un contra plano, prácticamente es un icono que recorre toda la película y que representa sobre todo esa mirada de niña que aun está observando la edad adulta desde cierta distancia. Diría que esta incomprensión yo es uno de los puntos.
Marta: Sí, y a nivel de sonido, me parece muy interesante que lo hagas notar, ya que es algo que normalmente la gente no dice y es un trabajo que hicieron Eloi, Roger y Laia (de sonido) muy muy cuidadoso. Buscábamos esos contrastes de tensiones que iban en aumento pero con sonidos cotidianos –los pájaros revoloteando, las hojas de los árboles, las ventanas, etc. Algo muy de amplificar los sonidos naturales que puede haber pero con una intención dramática. O por ejemplo, de repente cortar con un sonido de un cajón que rechina y te saca de ahí.
Ivet: También hay muchos silencios en toda la película y hay muy poco dialogo. Era una forma de remarcarlo aun más, de remarcar más el silenció a través de sonidos repentinos o secos.
Ya por ultimo, ¿me podríais decir en qué proyectos estáis trabajando en la actualidad, ya sea juntas o separadas?
Marta: Vivimos separadas porque Ivet se ha ido a vivir a Viena, entonces no estamos en ningún proyecto juntas ahora mismo. Con la película nos hemos dado cuenta un poco de los caminos que nos gustaría tomar. A mí sí que me gustaría seguir dirigiendo y escribiendo, es algo que me apetece, pero también me apetece un momento de calma para poder reflexionar qué es lo siguiente que quiero hacer o qué historia me mueve para contar.
Ivet: Yo, por ejemplo, me he dado cuenta de que me interesa mucho la parte de producción y distribución. Creo que a menudo pasa mucho cuando estás en escuelas de cine que lo más importante es poder hacer la película y poder acabarla. Muchas veces lo que es el destino, todo el tema de la distribución, acaba llegando cuando estás ya muy al final. Me gustaría mucho poder plantearnos proyectos enfocándonos en lo que es la parte de la venta, que a veces suena un poco mal en el ámbito artístico, pero me gustaría reconciliar ambos conceptos. Creo que es muy importante poder hacer proyectos que sean fuertes y que den un paso dentro de la industria.
Supongo que en un futuro os gustaría trabajar juntas otra vez, ¿verdad?
Marta: Sí, sí, ¡claro! Creo que ahora lo más importante –y de lo que tenemos más ganas– es de disfrutar mucho el proyecto. A día de hoy, aun seguimos trabajando mucho. Al ser nuestra primera película, no la estrenamos y ya. Tenemos la cabeza libre para otros proyectos. Un largometraje que nos ha llenado tanto no solo a nivel profesional sino a nivel personal creo que necesitamos un poco más de tiempo para poder desprendernos, tomar distancia y emprender nuevos caminos y poder empezar a escribir.

Texto
Alba López
Retrato
Viridiana Morandini

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