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Gloria Martín es una artista sevillana, ciudad que asegura imprimir un carácter especial a toda manifestación artística que se crea allí. Su arte se basa en todo aquello que tiene que ver con el objeto artístico y el marco contextual, situacional e institucional de la obra de arte. Por ello, su trabajo pictórico parte del universo museístico y la sacralización del objeto artístico como vestigio contemporáneo, y reflexiona sobre su significado, historia y modo de contextualización.
Eres es una artista sevillana de nacimiento, allí se respira arte en cada rincón. ¿Qué monumentos, lugares, ambientes o sensaciones de esta ciudad tan única te resultan inspiradores?
Es cierto que Sevilla es una ciudad con una serie de particularidades que de una manera u otra se reflejan en mi trabajo. No solo es mi lugar de nacimiento, sino también la ciudad donde he decidido vivir. Hay algo en la forma de percibir la belleza, en cómo se vive en el día a día de la ciudad, que a la vez encierra una contradicción que se repite en muchos ámbitos. Y es que en el mismo espacio-tiempo conviven tradición y vanguardia de una forma muy extrema, eso, en mi opinión, imprime un carácter especial a toda manifestación artística que se cree desde aquí.
El flamenco podría ser quizás lo más evidente, porque en esa contradicción radica su naturaleza, pero es muy general. A Sevilla le pasa lo mismo que otras ciudades con un fuerte pasado, y es que el peso de la historia recae en sus habitantes, para lo bueno y para lo malo. Sin duda es algo positivo, pero a la vez, una especie de lastre que dificulta la evolución. En mi trabajo la tradición pictórica sevillana tiene un peso importante, mi posición desde esta ciudad me permite revisar el pasado y atisbar el futuro, y en este juego me sitúo.
Completaste tus estudios en la Universidad de Sevilla, convirtiéndote en licenciada en Bellas Artes, en la especialidad de pintura. También cursaste allí el Máster en Arte, Idea y Producción. Años después, ¿crees que esta formación ha sido necesaria para llegar a donde estas hoy? Siendo crítica, ¿dirías que has aprendido más en tu formación o más tarde llevándola a la práctica?
El arte es práctica, siempre. Y a través de la práctica, sigo aprendiendo. Es un camino que se hace al andar. En la carrera y en el máster aprendí una serie de herramientas y desarrollé unas capacidades que me han permitido llegar al momento artístico en el que hoy me encuentro. Pero en el arte no hay fórmulas, no hay reglas fijas; no por estudiar una carrera artística vas a ser mejor o peor artista, tiene que ver más con tu experiencia vital, con la intuición... con otras cosas. Las preguntas están dentro de ti y la práctica artística es un viaje interior.

He visto a tu hija Oliva en tu Instagram. ¿Cuánto tiempo tiene? ¿Actúa como una inspiración más para ti? ¿Qué has aprendido de ella en este tiempo?
Soy madre de dos niñas, Pastora de 3 años y Oliva de 15 meses, y mi maternidad ha supuesto una auténtica revolución, en todos los sentidos. Es un aprendizaje continuo. Ser madre me ha dado calma, aplomo, capacidad de resolución, sí es cierto que ya no puedo dedicarle todo el tiempo que quisiera a la creación, el tiempo del arte es ahora también el tiempo de mis niñas, lo que me obliga a buscar un equilibrio. Es muy complicado, pero a la vez muy enriquecedor desde el punto de vista artístico, volver a ver el mundo a través de los ojos de tus hijas, aprender de sus soluciones creativas, me gusta involucrarme con ellas en tareas más o menos artísticas.
En tu exposición De varia commensuración analizas lo que hay detrás del arte: los soportes, los bastidores, los estudios de los pintores, los almacenes de obras y esculturas etc. ¿Cómo es tu taller? ¿Qué nos encontraríamos allí?
Ahora mismo, el que durante años ha sido mi espacio de creación, es hoy un campo base. La pandemia y mi segunda maternidad han hecho que la creación se produzca en otros lugares. He vuelto a meter el estudio en casa, trabajo mucho durante los trayectos en tren, soy profesora en la Escuela de Arte de Jerez y viajo diariamente. Tengo cierta predilección por los espacios de creación, los lugares de almacenaje de obra, los momentos previos y posteriores a los montajes expositivos... En definitiva, los lugares donde el arte habita y donde este se contextualiza, es una constante en mi trabajo desde hace unos años.
Esta exposición Regina Pérez la catalogó como “metapictórica”, es decir, reflexiona sobre la actividad del dibujo o de la pintura a través de su práctica. Hiciste otra exposición anterior Modelo y modo que seguía los mismos tintes. ¿Cuándo se despertó en ti este interés por lo que el público no ve?
En esa exposición hablaba de la pintura y sus modos de hacer. Creo que esto tiene que ver con mi faceta de profesora y con eso de tener que explicar el cómo se hace. Me fascina toda esa estética del enseñar, de la pedagogía del arte, la cocina de las técnicas pictóricas, que a veces tiene más de receta que de otra cosa. Al fin y al cabo, estoy hablando de algo que tiene que ver con mi día a día; y como cada proyecto supone una oportunidad para investigar, revisé tratados de pintura, de dibujo, de perspectiva... Me interesó trabajar las imágenes a partir de los grabados que ilustraban esos tratados para continuar con mi relato pictórico.

Uno de los pilares de tu pintura son las formas geométricas, la perspectiva y el detalle de las texturas, lo cual nos lleva directamente a la arquitectura. ¿Qué arquitectos influyen en tus obras? ¿Te atreverías a probar esta disciplina a lo grande alguna vez?
Me interesa todo aquello que tiene que ver con la representación del espacio, doy clase en Estudios Superiores de Diseño de Interiores, y tengo que revisar conceptos referentes al lenguaje visual, desde postulados muy cercanos a la arquitectura a ponerme en el papel de un arquitecto de interiores para poder explicarlo. Esto hace que de forma más o menos inconsciente lo incorpore a mi trabajo artístico. Y aquí es donde se produce esa especie de retroalimentación entre el trabajo artístico y la práctica docente y es maravilloso.
Me faltan muchos conocimientos técnicos para poder embarcarme en un proyecto arquitectónico, no me siento capacitada para eso, aunque podría ser un reto interesante realizar una colaboración.
Une peintre en bâtiment es tu exposición más reciente, y está basada en el trampantojo, principalmente. Las ilusiones ópticas de texturas o relieves y las profundidades hiperrealistas sobre lienzo son los pilares de esta muestra, ¿podríamos semejar estas ilusiones que recreas con la apariencia de normalidad que nos trae este 2021?
Podría ser... Está bien visto por vuestra parte, no habría caído en eso. Quizás estos tiempos extraños y el Barroco –época en la que cobran fuerza todo este tipo de recursos, artificios y engaños visuales– se parecen más de lo que creemos.
Tu arte es un diálogo entre una artista del siglo XXI con un lenguaje pictórico plenamente contemporáneo y un compendio teórico práctico del Renacimiento y el Barroco. ¿Con qué artista de esta época te gustaría tomar una café? ¿Qué le preguntarías?
Yo me tomaría un café con Pedro de Campaña, le preguntaría mil cosas sobre pintura, sobre su experiencia en Italia antes de llegar a la Sevilla del siglo XVI, sobre Bruselas, su ciudad natal y sobre el proceso del Descendimiento, el cuadro de referencia de Murillo que podemos ver hoy en la Catedral de Sevilla y al que dedico mi proyecto Réplica y mi investigación académica. Le hablaría de mi experiencia en su Bruselas, de cómo descubrí su figura, cómo la descubrieron otros, y todo lo que supuso su trabajo para la pintura. Y, por supuesto, le daría las gracias.

Trabajaste en tu obra Yesería con el maestro en escultura árabe Ramón Rubio, que actualmente es el restaurador oficial de yesería de la Alhambra. En repetidas ocasiones has pintado en tus lienzos piezas de yeso y cerámica con todo detalle. ¿Qué conocimientos te llevas de esa experiencia? ¿Veremos más trabajos tuyos en esta nueva disciplina?
Nunca se sabe... Lo fascinante de la creación es que no sabes a dónde te llevarán los pasos que estás dando en este momento. Hay un componente de incertidumbre, de intuición, con el que hay que aprender a vivir e incluso del que hay que disfrutar.
Llegué a Ramón Rubio, a través del proyecto Crear sin prisa, en el que se me invitaba a realizar una obra en colaboración con un artesano inspirada en la Alhambra. Como me interesa la idea de copia, de reproducción, de verdadero-falso vinculada al objeto artístico, recurrí a él para realizar una escultura basada en una maqueta de la Alhambra de Rafael Contreras, uno de los artífices de las restauraciones, o más bien reconstrucciones, más o menos inventadas del monumento nazarí. Trabajamos con técnicas tradicionales que mezclamos con el novedoso sistema de restauración que el mismo Ramón Rubio patentó, consistente en un mortero fluorescente, solo visible a la luz ultravioleta. Los propios materiales empleados eran a su vez concepto de la obra.
Giorgio Vasari en su tratado Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos, recopiló las biografías de los mejores artistas italianos a su parecer del siglo XVI. Si tuvieras que hacer tu propio tratado, ¿a qué artistas incluirías?
La mayor parte de mis referentes son artísticos, bien desde la práctica del arte como desde la Historia del Arte, y a lo largo de mi trayectoria han ido entrando y saliendo de mi particular lista. Pictóricamente son muy de Francisco de Zurbarán, por otra parte está lo que llamo el “frente Bruxellois”, René Magritte y Marcel Broodthaers, también Carmen Laffón, Édouard Vuillard y Pierre Bonnard, Pedro de Campaña, Soledad Sevilla, Leon Spilliaert, Antoni Muntadas, Francesc Torres i Iturrioz, Guillermo Pérez Villalta, Sophie Calle, David Hockney... Y artistas próximos, unidos además en lo personal como Ramón David Morales, Curro González, Pedro G. Romero, Cristóbal Quintero, Rubén Guerrero, Juan José Fuentes, Cristina Lamas, Concha Ybarra o Miguel Ángel Moreno Carretero conformarían mi constelación de referentes.

Texto
Carmen Marigorta Shaw

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