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Podría pasarme horas escuchando hablar a Georgina Amorós, actriz catalana de meteórica carrera. Desde el principio, su vida ha sido una aventura en la que, con valentía, ha sabido navegar las bravas aguas de la industria del cine y la televisión. El thriller, la comedia, el drama e incluso el misterio, no hay género que se le resista.

Con tan solo 23 años sus registros interpretativos son tan dispares como sorprendentes y abarcan desde la hija de una peligrosa asesina, a una colegiala problemática y soñadora, o incluso a una intrigante y sensual joven a la que dará vida el año que viene en Código emperador, un nuevo thriller junto a Luis Tosar.

Su ambiguo pero adorable personaje de Cayetana en Élite le ha encumbrado a la cima como una de las actrices más solicitadas de España, pero Georgina mantiene su mirada en lo importante: el arte. Ella, a través de sus personajes busca impactar al espectador, busca remover conciencias y plantear poderosas reflexiones. Le gustan los riesgos y no teme a nada, tiene hambre de más. Y es que ella es el futuro, el futuro del cine español.
¿Qué tal va la tarde, Georgina?
Estoy preparándome una hamburguesa vegana: un cuadro. (Risas).
¡Qué chica más sana!
¡Es que soy vegetariana! Otro se haría un sandwich de jamón y queso y yo una hamburguesa vegana.
Bueno, vamos a meternos en materia.
¡Perfecto!
Creo que tu primera participación en el cine fue en 2004 en el film Febrer, una intriga muy sugerente y surrealista en torno a la fecha 29 de febrero.
Cuando hice esa película yo tenía 5 años y no recuerdo casi nada. Salía en una escena, decía unas frases y poco más. Lo curioso es que la directora era Silvia Quer con quien luego, ya con 16 años, coincidí en el thriller de Antena 3, en Bajo sospecha, también dirigió varios capítulos de Élite y he rodado con ella una película en catalán para TV3 titulada Berenàveu a les fosques, que se ha estrenado este diciembre. La vida como que nos ha ido uniendo con el paso del tiempo, desde los 5 años hasta la actualidad.
¡Artistas paralelas! Casi como la película de Almodóvar (risas).
¡Total! (risas).
Pero, cuéntame, ¿cuál es el primer recuerdo que tienes en un estudio o en un plató?
Mi primer recuerdo trata sobre un anuncio para Canal +, que se hizo bastante popular por aquel entonces. En él yo hacía de una niña que le decía a Papá Noel: “Por qué te llevas el plus, esto es allanamiento de morada”, o algo así. Vamos, que le soltaba un discurso (risas). Me dejaban descansar entre parón y parón, me ponía a dormir, me despertaba, grababa unas escenas y me volvía a dormir, como si estuviera en el preescolar haciendo la siesta. También hice mucho doblaje de pequeña. Empecé por doblarme a mí misma en los anuncios y las pelis, y muchos días al salir del cole iba directamente al estudio de rodaje. La gente de allí eran como mis amigos. Entraba, conocía a todo el mundo, merendaba un ColaCao… como Pedro por su casa. Tengo muy buenos recuerdos.

¿Dirías que a la hora de crecer has notado diferencia con las infancias y juventudes de tus amigos?
Lo noté sobre todo en la adolescencia. De alguna forma, al empezar tan joven a trabajar tuve que madurar más rápido de lo que me tocaba, ya que te mueves en un ambiente laboral desde muy pequeña. No puedes estar haciendo tonterías. En la vida hay momentos para todo, e igual me hubiera tocado equivocarme más y hacer la loca en aquellos años, pero tenía que ser profesional. Noté la diferencia con mis compañeros de colegio. Ellos salían más de fiesta y yo me cansé bastante rápido de todo el descontrol que conlleva. Cuando mis amigas empezaron bachillerato o la carrera la cosa ya se igualó.
Pero tus años locos tendrías…
A los 14 y a los 15 se me pasó. Me junté con malas compañías, mentí un poquito a mis padres, salí a las discotecas… Recuerdo un momento en el que mis padres me advirtieron sobre la confianza y lo difícil que es recuperarla una vez se pierde. Ahí justo me cagué, ya que tengo muy buena relación con ellos. Me dije: no merece la pena todo el descontrol por perder la confianza de mis padres, y volví a ser como soy yo. Se juntó el haber madurado pronto por trabajar desde niña con ser Tauro, que somos muy perfeccionistas y cabezotas y de tener nuestra gente y nuestro curro. El trabajo me apasiona y no me interesa jugar con eso.
Unos 14 rebeldes es muy propio de la serie Skins, que nos marcó a muchos adolescentes de entonces.
¡Qué va, no la vi! Tampoco Física o química. Yo vi Hispania, imagínate (risas). En mi casa se veía House y Homeland. Lo más teen que vi fue Crónicas vampíricas, y me obsesioné mogollón.
¿Tú eras Team Damon o Team Stephan?
Yo era de Damon, de Ian Somerhadler.
A mí me molaba Tyler, el hombre lobo, que lo interpretaba Michael Trevino.
Ese estaba muy bien también (risas).
Ahora que hablamos de actores norteamericanos. A los 17 te fuiste a estudiar a Los Ángeles. Háblame un poco sobre esa aventura.
En las entrevistas siempre me lo preguntan, pero que conste que solo estuve un mes (risas).
Bueno, oye, un mes es un mes, ¿eh? Ancha es Castilla.
Sí, sí estuvo muy bien. Fui sola, me alojé en una residencia con tres chicas más, dos de Los Ángeles y una de Colombia, que estaban estudiando para ser directoras. Pasé un mes estudiando cine con gente a la que también le apasionaba la industria. Me hice muy amiga de dos chicas de Palestina que querían dirigir y cada semana tenían que montar un cortometraje. Lo que escribíamos todos era tan diferente que me abrió mucho los ojos a la importancia de tener una voz propia, y a la diferencia que marca que un proyecto lo dirija o lo produzca una mujer o un hombre de Palestina o de México, por ejemplo. La voz de cada uno es lo que de verdad tiene importancia.
Yo, que he entrevistado a varios chicos de Élite, me pregunto si con tanta entrevista, tanta foto, tanto todo sobre vosotros mismos… ¿No termina uno perdiéndose un poco?
Un poco. A veces tengo muchas cosas mecanizadas y es raro encontrar un momento para tener una charla sincera y a gusto. Siento que hay un personaje y luego la Georgina de verdad. A muchos periodistas les interesa lo mismo y no quién soy en mi día a día. Quieren saber sobre la fama y esos temas. Obviamente estoy en un momento diferente que hace 3 años, pero no es mi vida cotidiana. Ahora que hago trabajo en el teatro y me paso ensayando gran parte del día, cuando termino, vengo a casa a estar con mi pareja, tranquilamente. No me da tiempo de pensar en muchas más cosas. Sé que Élite nos ha posicionado en un lugar de visibilidad muy afortunado, pero en mi día a día no es algo que perciba. Yo a mis redes sociales no entro demasiado.

Teniendo tantos seguidores, gestionar tu Instagram será una locura.
Los mensajes directos están como en carpetas separadas. Solo me salen los de la gente que yo sigo y no recibo las notificaciones de los likes. Estoy intentando hacer detox y usar el tiempo que antes lo gastaba en las redes en estar con mi gata y hablar con mis padres; hacer cosas que sean una conexión de verdad, no virtual, que genere ese vacío que la propia red nos crea. Es un pez que se muerde la cola y estoy intentando no depender de eso.
Pero entonces, tú llevas tus redes.
Sí. Todo eso lo llevo yo. De repente, tengo semanas en las que cuelgo muchas cosas y otras en las que estoy más desconectada.
¿Te rallas mucho con las fotos?
Sí. No soy muy de hacerme fotos en mi día a día. Sí me gusta hacer fotos a los demás: tengo varias cámaras analógicas, una Polaroid… Cuando viajo suelo fotografiar mucho, pero mi vida diaria no es tan interesante. En Instagram me gusta mucho cuidar el contenido. Lo he visto siempre como una herramienta artística. Lo cuido a nivel global, que las fotos sean bonitas y todo siga un mismo estilo.
Oye, dime, qué debe tener un papel para que digas: quiero hacer esta película.
Te juro que en mi caso se trata de intuición, de entrañas. Que el guion te enganche, y no puedas dejar de leerlo. También que el personaje tenga una historia interesante, que sea algo diferente. Me gusta mucho explorar, experimentar y ponerme en la piel de distintos personajes. Que me lleguen papeles diferentes a lo que he hecho hasta ahora es muy importante para mí. No quiero hacer algo que al salir del cine no te haga reflexionar. También depende del resto del casting, del director que esté al frente del proyecto.
¿Recuerdas algún papel que no lograras y que se te haya quedado clavado en la memoria?
Al empezar tan pequeña tuve la suerte de que mis padres me inculcaron la máxima que si algo no salía era porque no tenía que salir. Esas palabras me las he llevado a un punto en el que no solo las tomo como un consuelo, sino como una manera de reflexionar. Cuando no logro un papel en un momento concreto y más tarde consigo otro, pienso en lo que hubiera dejado de aprender si hubiese hecho ese proyecto en el que me dijeron que no, en lugar del que he hecho y en el que he disfrutado muchísimo. Confío en el destino, nunca me lo he llevado a lo personal, no me cuestiono como actriz.
Ya que mencionas los castings, me vienen a la cabeza personajes como el de Joaquin Phoenix en Joker, de Carey Mulligan en Una joven prometedora o el de Agathe Rousselle en Titane. ¿No tienes la sensación de que en España no abundan los papeles potentes con los que lucirse?
A mí me viene a la cabeza el papel de Vicky Luengo en Antidisturbios, que me parece un personajazo. Sí que puede ser que arriesguemos menos que en otros países, aún estamos un poco atados a eso del “gusta a todos los públicos”. Es un sitio de comodidad que impide que nos lancemos a experimentar, aunque luego no salga bien. Me parece que, en los trabajos creativos, hay una parte muy importante de experimentar, sin tener en cuenta el resultado, simplemente por probar, ya que hacer eso te va a llevar a un lugar mucho más interesante que haciendo lo mismo de siempre. Sería muy guay apostar por algo más diverso.
A ti, por ejemplo, te llama mañana Julia Ducournau o Lars Von Trier para hacer un papel de estos fuertes y polémicos, ¿lo harías?
Sí, me fliparía. Además, a mí Julia me gusta mucho, Crudo me encantó cuando la vi. Pero justo es por lo que te digo, por poder interpretar a una mujer como Alexia o Justine, que haría preguntarme por qué coño hace este personaje lo que hace, me parece muy interesante. De hecho, el año que viene estreno Código emperador, protagonizada por Luis Tosar y dirigida por Jorge Coira, en la que el papel que hago es justo lo que estamos hablando, algo muy diferente de lo que he hecho hasta ahora, con mil quinientas capas y que supuso una experiencia genial. Es algo muy potente.
He tenido la suerte de interpretar papeles muy diferentes. El de esta película que te comento no tiene nada que ver con Cayetana de Élite, que tampoco es parecido al de Fátima, en Vis a vis. Tengo tantísimo que aprender que por eso me gustan los retos.
¿Piensas en premios como los Goya cuando trabajas?
Si llega fenomenal, y si no, pues estupendo también. Depende de tantas cosas que no tienen que ver con el talento o el esfuerzo que no es un objetivo para mí. Eso sí, si me lo dan, bienvenido sea.

Acabas de mencionar que uno de tus papeles más míticos es el de Fátima, la hija de Zulema. Sé que eras fan de la serie antes de empezar a participar en ella. ¿Cómo fue el entrar a formar parte de ese universo?
Fue muy guay, Fátima era increíble. Cada escena que leía me emocionaba más que la anterior. No había transiciones, todas las escenas eran potentísimas y el ambiente era muy bonito. Llevaban 4 años trabajando juntas, era un equipo mayoritariamente femenino, algo con lo que no me había encontrado hasta entonces. Me arroparon muy bien y lo disfruté.
Siempre me he preguntado si llevabas peluca en esa serie…
¡Era mi pelo! Para el casting lo tenía rubio, pero como sabía que era para hacer de hija de Najwa Nimri me tiñó de negro mi compañera de piso y me quedó hecho un Cristo. Resulta que me cogieron y me volvieron a teñir. Lo tenía hecho una mierda, pero para hacer de presa desaliñada me venía perfecto.
Oye, menudo final te dieron, ¿eh? A tomar viento desde el helicóptero. Así dicho mal y pronto.
¡A tomar viento, sí! ¡Qué risas! Fue muy especial, porque el primer y el último capítulo que rodé en Vis a vis fueron dirigidos por Ramón Salazar, con quien después rodé Élite, otra casualidad (risas).
¿Te gustó ese final?
¡Me encantó! Soy súper fan del drama y una buena muerte siempre es mejor que irte sin más.
¿Te molaría eso para Cayetana de Élite?
No, para ella no. Le tengo mucho cariño y ojalá su final sea muy feliz, haciendo realidad sus sueños y convirtiéndose en quien quiere ser. Ella es muy de soñar y cree en los cuentos de hadas.
La verdad es que, de la fauna de Élite, tu personaje es de los más bondadosos.
¿Sí? ¿Eso te parece?
¡Hombre, son todas unas bichas que flipas!
Yo no creo que sea mala. Sí, miente y encubre a un asesino, pero esa trama de hacerse pasar por quien no es es un tema universal con el que es muy fácil identificarse. En mayor o menor medida, todos hemos hecho eso durante nuestra adolescencia. En su momento tuvo una recepción muy ambigua y yo no lo entendía. Se creó un debate muy curioso, que me dio mucho que pensar.
¿Echas alguna de vez de menos los tiempos pre-Élite, antes de toda la locura?
No, en mi vida diaria yo voy con mis pintas, muy normal, consigo pasar desapercibida. El otro día estaba viendo vídeos de cuando me mudé a Madrid y era muy niña, muy inocente. Empecé Élite con 19 años o así, y en comparación con el momento en el que me encuentro ahora es muy diferente. Ya sea por esa serie que te hace enfrentarte a muchas cosas de golpe o, simplemente, por el curso natural de la vida, echo de menos esa inocencia, decir lo que pensaba, aunque aún lo haga, me corto más por la responsabilidad que tengo.

¿Te gustaría seguir dando vida a Cayetana por muchos más años?
Si hubiera más temas que contar no tendría ningún problema. No me gusta alargar la vida de un personaje contando lo mismo. Un proyecto gana más cuando lo que tiene que contar lo cuentas y luego dejas paso a lo nuevo. Yo soy muy feliz interpretando a Cayetana y ha tenido arcos muy bonitos, todas las temporadas han sido muy diferentes entre sí.
¿Alguna vez le has querido parar los pies a Cayetana a causa de todos los marrones en los que se mete?
Obviamente, por ejemplo, en la tercera temporada me enfadé mucho, entre comillas, porque habíamos hecho un arco de personaje y, al leer la tercera temporada, sentí que los errores que cometía eran muy parecidos. Pero entendí que, en la vida, nos pasamos constantemente repitiendo los mismos errores y que hasta que no nos metemos la hostia, no paramos. He pensado muchas veces: “¡No, Cayetana no te metas en eso!”, pero siempre intento entender el motivo que le lleva a hacerlo y nunca lo juzgo. No se puede interpretar a un personaje si se le juzga.
En la tercera temporada tu personaje se montaba un trío con dos chicos bastante peculiares. Élite parece querer dar visibilidad a las nuevas relaciones, como las parejas abiertas o los tríos. ¿Sumergirte en uno te ha hecho reflexionar sobre los nuevos usos amorosos de la actualidad española?
Claro. Me interesan mucho esos temas. Hay un libro de Coral Herrera titulado Mujeres que ya no sufren por amor que me hizo pensar mucho. A mí no me gusta poner etiquetas a nada en la vida. Hay situaciones que surgen y que nunca te hubieras imaginado inmersa en algo así. No me cierro a nada en la vida.
Por cierto, hace poco debutaste en el teatro con La gaviota o los hijos de, la ópera prima de la compañía Los Hijos De. Pablo Quijano fue el encargado de escribir la obra que protagonizaste junto a Alejandro Jato y Xoán Fornéas. ¿Cómo fue la experiencia?
Muy bonita. Éramos un equipo muy joven de colegas dándolo todo por amor al arte. Aprendí muchísimo. Ahora sigo haciendo teatro, precisamente Comedia sin título de Federico García Lorca, que tiene mucho que ver con los tiempos en los que nos encontramos. Sorprende cómo textos de hace años resultan chocantes, al ver que las cosas no han cambiado tanto desde entonces.

Texto
Juan Martí
Fotografía
Jordi Terry
Estilismo
Enol Blasco
MUAH
Noemi Nohales
Asistente de fotografía
Aitor Sola
Retoque digital
Adrián Gabarrón
Asistente de producción
Daniel López

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