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Ya no era un festival de cine convencional pero ahora lo es menos: se ha convertido en itinerante. Los organizadores dan una patada a las fronteras y a los muros para reivindicar los derechos humanos. Este año, en su quinta edición, el Censurados Film Festival recorrerá los muros visibles e invisibles de algunos puntos de Latinoamérica para proyectar films que han sido censurados (o no), pero que son siempre reivindicativos y ponen los pelos de punta mostrando algunas de las realidades más crudas del globo. Con la gente que vive esas desgarradoras historias en primera persona presentes, todo se convierte en más genuino y puro. 

Nos lo explica Teresa Castillo, su Directora Artística y una de las fundadoras del festival, con quien hablamos para conocer todo lo que sucederá y las novedades que se presentan para esta quinta edición, que se inaugura el 21 de abril en el Muro de la Vergüenza de Lima, y que sigue su recorrido por Guatemala, México, y Estados Unidos.
Hola Teresa, eres la directora artística del Censurados Film Festival. ¿Qué significa para ti poder desarrollar esta labor y llevar a cabo una iniciativa de estas características?
Soy la directora del festival desde que empezó. Desempeñar este papel supone organizar todo lo que tiene que ver con la programación, que es un poco complicado porque llegan muchas películas y es difícil decidir cuales proyectamos. Nosotros las pondríamos todas porque no censuramos, pero no tenemos todo el espacio. Nos centramos un poco en las películas que creemos que tienen que estar sí o sí. Además, el filtro para decidir qué se proyecta es importante: no ponemos cualquiera por el hecho de que haya sido censurada (no proyectaríamos nunca pornografía, por ejemplo). Intentamos que siempre tengan un vínculo con los derechos humanos, que traten y/o defiendan el tema.
¿Quiénes sois los fundadores del festival y cómo surge la idea de dedicar un evento al cine censurado?
El grupo de fundadores está compuesto por un grupo de gente de Perú y de España que hemos vivido, al menos durante un tiempo, en el país latinoamericano. Somos personas que llevamos mucho tiempo tratando el tema del cine itinerante en Latinoamérica, y la idea surgió hace cinco años a raíz de eso: trabajamos en visuales con jóvenes con ganas de decir muchas cosas. Con esto nos dimos cuenta que siempre que veíamos un documental sobre tribus indígenas lo había producido gente extranjera o de la capital.
Empezamos a realizar talleres en diferentes comunidades y a recibir feedback del festival para que todo fuera más genuino y real. Con estos proyectos nos dimos cuenta de que había muchas películas poco visibilizadas y que si no existía un festival o un evento localizado donde se proyectasen, no las podías ver. Además, nos sorprendió el alto número de casos de censura que había al año.
En un principio queríamos hacer un festival sobre derechos humanos, pero al darnos cuenta de esto, pensamos en tratar el tema desde este punto, el de la censura. En realidad, la idea del festival es hacer reflexionar: estamos tratando mucho el tema de la libertad y la responsabilidad de expresión. Eso sí, no damos cabida a cualquier cosa, intentamos que las películas que proyectamos tengan un buen fin. Además, hay que destacar que tenemos películas que no son censuradas. Por ejemplo, este año tenemos un documental español que se llama La libertad de expresión, que trata todo lo que pasó con la revista Jueves; no es un documental propiamente censurado, pero sí que trata la censura. 
¿El proceso de investigación para decidir qué películas se van a proyectar queda completamente a cargo vuestro o los directores de cine os envían sus films censurados? ¿Cuáles son vuestras herramientas de búsqueda?
Cada año lanzamos una convocatoria a través de la página web y otras plataformas como Festhome. A parte, investigamos sobre películas que deberían estar y nos ponemos en contacto con los realizadores, distribuidores o las productoras para poderlas proyectar. En realidad, somos un colectivo que hace esto por amor al arte; recibimos ayudas pero sirven básicamente para cubrir desplazamientos, derechos de películas, etc.
Para que el festival sea más rico también invitamos a distintas personas, como por ejemplo investigadores, para que hagan muestras. Por citar alguno, un año tuvimos un especialista en medioambiente que nos preparó una muestra desde su punto de vista sobre todo el tema de la contaminación en Latinoamérica, con las petroleras y demás. Es decir, no toda la programación la hacemos desde dentro sino que también invitamos a personas externas a colaborar.

Este año la temática alrededor de la cual gira el festival son los muros visibles e invisibles. ¿Por qué os habéis decantado por él? ¿Creéis que es justo ahora el momento de tratar este tema?
La idea de hacerlo sobre los muros surgió no solo porque seamos un festival sobre el cine censurado, sino porque somos un festival que quiere llegar a todos los colectivos que creemos que, de algún modo, están censurados o insensibilizados. En cada lugar al que vamos también hacemos proyectos con la población e intentamos que haya una inmersión por su parte. Creímos que no había mejor temática a tratar que la de los muros, que son los lugares donde hay problemas con la inmigración, poblaciones vulnerables, etc. No creemos en las fronteras ni en los muros; pensamos que hemos venido a vivir y no a levantar muros que coarten libertades.
Como he dicho, el festival se desarrolla en Latinoamérica y muchos de nosotros hemos vivido allí. En Lima (Perú) hay un Muro de la Vergüenza que separa dos barrios y que nos ha indignado muchísimo, ya que supone que la población rica y la pobre no se vea. Además, con todo lo que está sucediendo ahora con los muros, pensamos que podíamos sacar el festival del país (que ha sido el único espacio durante las cuatro ediciones anteriores), y nos fuimos a otros puntos de Latinoamérica como la frontera entre Estados Unidos y México, o la de Guatemala y México. Este año lo hacemos allí y, además, nos hemos encontrado con gente muy comprometida y que nos ha ayudado mucho.
¿Tiene alguna connotación la ruta elegida que aporte algún significado (tanto por el orden como por los lugares en sí)?
Decidimos empezar por Lima porque es donde vive gran parte de los organizadores. Además, allí hacemos una inauguración donde habrá algunas bandas tocando y ‘derribando el muro’ con su música. Empezaremos allí porque esa siempre ha sido nuestra sede. Durante el período del festival se harán más actividades y durará más días que en los otros sitios. Nuestra idea era ir luego a la frontera de Tijuana con San Diego, pero cuando nos fuimos de viaje de producción allí hablamos con instituciones y otras personas que viajan por la zona y nos dijeron que el problema real estaba en el sur –aunque en esa zona fuera más sonado por el tema de Trump. Entonces bajamos a la zona y decidimos que también teníamos que estar allí.
Ciudad de México ha sido otro de los lugares elegidos porque nos da más juego a la hora de proyectar determinados films. Tampoco queríamos ir a un pueblo donde lo están pasando fatal a ponerles según qué contenido que pueda afectarles más de la cuenta. En las grandes ciudades proyectamos los films más enfocados a sensibilizar a la población, y en las zonas más desfavorecidas intentaremos proyectar otro tipo de contenido, más suave: historias que sean más lejanas, que tengan relación con cosas más positivas. Por eso decidimos también ir a Ciudad de México, donde nos hemos unido con el Centro Cultural de España, y se van a organizar muchísimas charlas, van a venir ‘las patronas’, que son las mujeres que dan de comer a los migrantes cuando van en tren, etc. Al final, se nos ha hecho más grande de lo que pensábamos, pero estamos muy contentos.
Has comentado que en la inauguración en Lima actuaran diferentes bandas. ¿También tienen alguna relación con la censura?
Los grupos que van a actuar sí que tienen mensajes de lucha y activistas; sus letras van por ahí. Igualmente, hemos intentado escoger música de diferentes tipos. Decidimos no llevar solo grupos rockeros, sino que también vienen salseros, reggaetón, etc. Un poco de todo. Además, todas las bandas se han involucrado mucho y actuarán gratis. Su concierto, además, conlleva que venga la prensa, y todo favorece a que haya más visibilidad y que se sepa más sobre todo esto. La situación es realmente alarmante: en un lado del muro la gente tiene piscinas enormes en sus casas y en el otro no hay ni agua.

“No creemos en las fronteras ni en los muros; pensamos que hemos venido a vivir y no a levantar muros que coarten libertades.”
Esta edición del festival forma parte de un proyecto más amplio que viajará por otros países de otros continentes posteriormente, como Turquía, Grecia, Bulgaria o Marruecos. ¿Qué se pretende con este proyecto en general y en qué consiste?
La idea es que en las próximas ediciones del festival nos traslademos a otros muros de Europa. Además, coincide con que el año que viene es el trigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín y nos parecía interesante reflexionar sobre el hecho de que actualmente hay muchos más muros que cuando cayó el muro en cuestión. Según un informe publicado, ahora existe un total de setenta muros en el mundo. Creíamos que vivíamos en una sociedad más libre y es mentira. De hecho, uno de los cortos que vamos a proyectar en el festival, que es español, pone los pelos de punta: trata sobre todo el conflicto en Burkina Faso con la estafa en la comercialización de la chufa. El documental se llama Tiger Nuts.
No somos un festival convencional con una sede fija. Somos itinerantes y nos gusta llegar donde está la gente real, por eso queremos expandirnos. La idea es que el año que viene podamos ir a Europa y, poco a poco, ir completando otros lugares en todos los continentes. Este año, de hecho, se proyectarán films que hablan de otros países en continentes que no son América porque creemos que es importante que la gente vea que hay realidades muy parecidas en diferentes puntos del mundo. Los resultados que dé todo este proyecto, con las actividades que desarrollamos en un sitio y otro, darán lugar a contenido producido por la gente de allí, contenidos reales y puros hechos por la gente que vive la realidad de los muros, de las censuras y de las prohibiciones, y no por los que estamos en la ciudad. Lo ideal sería crear un buen archivo y poder tener una biblioteca de cine censurado que sirva a muchos para saber la verdad.
Imagino que los films que se van a proyectar en el festival no son precisamente grandes producciones. ¿Qué opinas de que sigan produciéndose tantas secuelas de películas con, a veces, contenido de baja calidad en Hollywood, por ejemplo, y se dé tanto poco apoyo económico y cultural al cine más independiente y con más trasfondo político y social?
Pienso que el cine tiene una parte comercial que definitivamente depende de nosotros, de los espectadores. Si seguimos viendo las series de Netflix, las superproducciones de Hollywood, etc., lógicamente, se seguirán haciendo más. A nuestras proyecciones suele venir bastante gente, pero me da pena que a veces se organicen cosas muy interesantes y no tengan éxito. A veces es frustrante porque queremos seguir trabajando en esto, pero si la gente no responde, es complicado.
Creo que todo debería empezar en el colegio. Actualmente estamos realizando un proyecto que consiste en crear una biblioteca de derechos humanos con películas hechas por comunidades o colectivos, y queremos que los colegios utilicen este material y que desde pequeños se les inculque a las criaturas cosas diferentes de lo que se puede ver en la televisión convencional. Es verdad que en Europa hay más apoyo, pero en Perú la ayuda es prácticamente inexistente: allí todo es independiente y se hacen las películas como se puede. En definitiva, todo depende de nosotros, los espectadores, y de nuestro criterio a la hora de consumir.
¿Habrá diferencias a nivel organizativo y temático entre las diferentes localizaciones donde se desarrolla el festival?
En Lima, los primeros días, las actividades se desarrollarán en la zona del muro, donde no hay salas de cine. Allí vamos a llevar una pantalla hinchable de siete metros y lo haremos todo al aire libre: tanto en la zona pobre como en la rica. Proyectaremos películas de la realidad de ambos lados. Luego, en la ciudad de Lima en sí, lo haremos en lugares más convencionales: salas de cine, centros culturales, universidades, etc.
En el caso de Guatemala-México, la frontera sur, va a ser todo al aire libre porque los lugares son muy pequeños y nunca hay festivales. Además, allí vamos a hacer una volada de cometas en la que se ha involucrado el cónsul mexicano: las volarán los niños de ambas partes del río y serán cometas con mensajes para reivindicar la unión. Intentaremos no meter el dedo en la llaga porque son lugares donde los habitantes viven realmente mal, pero haremos muchos talleres, una exposición itinerante de fotografía (acumulativa en los diferentes lugares), etc.
En la frontera de Tijuana, una realidad completamente diferente, hay espacios mucho más grandes. En San Diego lo haremos en el Centro Cultural de la Raza y veremos toda la cultura mexicana que hay allí. También irá gente de Estados Unidos y veremos todas las realidades. También vamos a poner una pantalla en la playa, al lado del muro –que por cierto, no sé como hemos conseguido que nos den el permiso (risas). Finalmente, otro de los espacios será el cine Tonalá, que siempre proyecta contenidos independientes.
Después, en Ciudad de México, a parte de al Centro Cultural de España, iremos a un centro penitenciario. La verdad es que la programación de la cárcel no la hemos pensado aún porque allí tampoco puedes poner según qué cosas. Creo que haremos una sección de cortos que pueda dar pie a una charla. La verdad es que la programación este año está siendo más complicada porque estamos hablando de veinticuatro fechas, muchas salas, y más de cien proyecciones. Obviamente repetiremos algunas películas, pero hay algunas programaciones que cuestan más, como la de la cárcel. Por ahora, tenemos solo una programación completamente cerrada, que es la de la primera fecha, Lima.

Ya que el festival gira en torno de la censura, me gustaría saber tu opinión sobre la censura en general que vivimos hoy en día: redes sociales, músicos, etc. ¿Crees que está habiendo un retroceso en lo que a las libertades se refiere, en lugar de seguir hacia delante?
Totalmente. El otro día, Human Rights Watch sacó un informe donde por primera vez España aparece con trece casos de censura. Normalmente, los casos se suelen dar en países con muy pocos derechos, como Irán, por ejemplo. Creo que tiene que ver un poco con el contexto político actual. Lo bueno de todo es que ahora, con las redes sociales, tenemos otras formas de comunicar que nos permiten ahondar más en las cosas. Antes solo leíamos dos periódicos y no sabíamos más: este boom de información nos permite enterarnos de todo. Pero sí, definitivamente creo que se está viviendo un retroceso de libertades.
Para acabar, ¿cuáles serían tus tres recomendaciones de películas que no se pueden perder los asistentes al festival?
Koudelka, Shooting Holy Land: este documental habla del fotógrafo checo Josef Koudelka y es muy interesante porque trata su experiencia en el muro construido por los israelíes en Cisjordania. Está muy bien hecho y es uno de los documentales por los que hemos tenido que pagar para poder proyectarlo.
Tigernut, la patria de las mujeres íntegras: creemos que es un documental que hay que ver por todo lo que le está pasando al director y a la gente de allí. La gente entrevistada por el director, Antxon Monforte, está siendo amenazada por la mafia de empresas expoliadoras destapadas. El documental, de hecho, no se puede mostrar en España.
La cocina de las patronas: es un documental que trata sobre un grupo de mujeres conocidas como Las Patronas, que son un grupo muy organizado que cocina para los migrantes que pasan en trenes por La Patrona, en Veracruz. Me gustó mucho esta película porque dentro de todo lo malo de la migración y del peligro que hay allí, rescata un poco la calidad humana de algunas personas del otro lado.

Texto
Jesús S Ferrera

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