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Antes de mi entrevista con Álvaro Rico, me vienen a la cabeza aquellas líneas de la obra cumbre de Muñoz Molina, Plenilunio, en la que al inspector protagonista, le aconsejan indagar en los ojos de la gente para encontrar un culpable. Alguien de mirada inconfundible, marcada por vivencias imposibles de olvidar. Y yo me encuentro con los ojos heladores de un actor triunfal, de una cercanía sorprendente. Así es Álvaro, quien apenas en unos años, ha pasado a ser uno de los rostros más reconocidos y reconocibles de la televisión mundial, gracias a su valentía a la hora de interpretar personajes impredecibles. Porque Álvaro ha puesto el cuerpo y la voz a esa oscuridad humana que camina impune por la sociedad a golpe de billetera y encanto. Toda una galería de tipos peligrosos, siempre al borde del abismo, que van desde su inolvidable Polo a Javi Cuesta, turbio protagonista de su nueva obra de teatro, Dribbling, dirigida por Ignasi Vidal y que acaba de aterrizar en Teatro Maquina de Madrid hasta el 3 de octubre.


Un chico algo tristón, con barba, pelo corto y camiseta verde sale en pantalla por primera vez. Centro médico fue tu primera aparición televisiva, una docuserie de Televisión Española. Los medios se han encargado de recordar al público tus comienzos como actor pero, ¿qué sientes tú cuando ves esas imágenes?
Pues como un niño, que es lo que era y lo que soy, pero ahí, mucho más (risas). Esa serie ha sido como una cantera para muchos de nosotros, ya que hemos pasado por allí. Por aquel entonces yo era un niño que quería descubrir esta profesión, conocer el funcionamiento de una cámara, descubrir la manera en la que debía moverme… Podría decirse que fue un poco como perder la virginidad.
¿Y qué tal fue la experiencia?
La recuerdo muy bien. Mira, yo soy una persona que normalmente suele ser extrovertido, con un punto canalla, pero en aquel momento yo era un polluelo saliendo del cascarón con, incluso, cierto miedo. Miro hacia atrás y veo esa experiencia como algo bonito, ya que lo viví siendo más vulnerable de lo que soy ahora y, a veces, echo en falta sentir esa vulnerabilidad.
¿Qué te ha hecho más vulnerable?
Cuando descubres y sabes que perteneces a un entorno, en este caso, una profesión, hay viejos miedos que desaparecen dando paso a otros nuevos. Me viene a la memoria una entrevista que escuché con Ricardo Darín, en la que decía que esto de la fama y que te reconozcan hace que llegues a un punto en el que se pierde parte de tu inocencia. Yo me sentí muy identificado con esas palabras. Sobre todo porque es cierto, cuando sales a la calle y te conocen, o como tú, que en este caso sabes hasta lo de Centro Médico, provoca esa pérdida de vulnerabilidad en mí que, por otro lado, ha hecho que ganara otras cosas a favor. Ante todo, debo decir que un actor debe proteger esa inocencia y esa vulnerabilidad para no perderlas, ya que es de ahí de donde se obtiene la profundidad a la hora de interpretar a los personajes.
Entonces, esa inocencia ¿se pierde o te la quitan?
¡Eso es un buen debate! Yo creo que se pierde si tú no te proteges lo suficiente. La verdad es que no sé cómo explicarlo. Es un proceso natural que sucede más aún cuando te pasa algo como nos ha pasado a nosotros con Élite. Va inherente en un éxito así porque tu vida da un vuelco. A mí antes, cuando iba a un restaurante, no me miraba nadie; ahora es muy probable que sí. Entonces, por mucho que uno tenga los pies en la tierra es inevitable que algo en ti cambie.
La verdad es que es un tema muy interesante. Entonces, cuéntame. Tú que acumulas ya un buen número de proyectos televisivos a tus espaldas con tan solo veinticuatro años, una edad en la que todavía estamos construyendo nuestra propia identidad, ¿cómo ha sido madurar viviendo tantas vidas ajenas a través de tus personajes?
Lo mejor que me ha pasado en la vida. Hoy soy como soy por la profesión a la que me dedico y los personajes a los que he interpretado. Si Álvaro hubiera estudiado relaciones públicas o marketing en Segovia, hoy sería una persona completamente distinta, con otras inquietudes y curiosidades. Creo que el entorno en el que te mueves, más cuando estás todo el rato tratando con nosotros mismos, con las emociones, forja un carácter, obviamente tienes que añadir todo lo que uno ya trae de su infancia y su adolescencia. Siempre he dicho que los personajes me han dado más a mí que yo a ellos.
¿De qué manera dirías que te definen los personajes a los que has interpretado?
Como un actor que está en continuo proceso de aprendizaje, no creo que haya llegado el personaje cumbre para mí, tal vez no llegue nunca. Yo lo que quiero es hacer buenos personajes y diseñarme como tal, como alguien que quiere contar historias interesantes interpretando a personajes que me supongan un reto.

¿Por qué tanto cabrón entre tus personajes?
¿Tú crees que tengo cara de cabrón?
Cara no, pero gusto por los cabrones quizás sí. 
(Risas) No lo sé. Me lo han preguntado mucho. Desde Élite, todos los personajes que han ido llegando era muy cabrones, como tú dices. Realmente ha sido una cuestión de azar. No es que me decante o me guste interpretar a ‘los malos’, por llamarlo de una manera que no me gusta. A favor, te diré dos cosas. La primera es que hacer de malo siempre mola más.
¡Eso dicen!
Y segundo, que todo ha sido una cuestión de azar. Yo lo que quiero es hacer buenos personajes, y los personajes que me han ido llegando han resultado ser muy divertidos y gustosos de hacer, muy profundos. No me ha importado que se pareciesen, ni tampoco he tenido miedo al encasillamiento, porque creo que eso, directamente, no existe.
¿Cuál es el más cabrón de todos para ti?
Si como espectador debo juzgarlos, que no lo hago como actor, diría que Jacobo, mi personaje en Alba. Partiendo de la base en que Jacobo está en las antípodas de lo que yo soy y que es un tío poderoso, capaz de violar una chica, eso ya te pone en una tesitura bastante heavy.
¿Ha sido el más difícil de interpretar hasta ahora?
No, no es una cuestión de dificultad. Todos han tenido su nivel de dificultad, todos. No diría tampoco que es el más complejo, ya que yo intento currar siempre hacia el fondo y no hacia la forma. Con Polo tuve tres temporadas fantásticas para desarrollarlo y, claro, a la hora de interpretar a Jacobo, yo ya venía con unas armas que quizás no tenía cuando empecé con Polo.
¿Te ha influido en algo ponerte en la piel de estos villanos?
No, no.
Hay actores a los que interpretar a cierto personaje les marca, como si se quedara una parte con ellos. ¿Dirías que Polo, tu personaje más célebre hasta el momento, se ha quedado un poco contigo?
Todos los personajes se quedan contigo. De alguna manera te pertenecen o, mejor dicho, les perteneces a los personajes. Cuando una serie tiene éxito y pasa a ser un fenómeno social que traspasa fronteras inesperadas, digamos que siempre lo tienes más presente, ya que ha habido un punto de inflexión en tu carrera. Si tuviese que elegir a uno, seguramente, me quedaría con Polo, aunque, por mí, me quedaba con todos. Escoger es algo que a mí me cuesta, no me gusta, me parece egoísta.

Pero, ¿no te parece que los personajes son como hijos de padres divorciados? Pertenecen a mucha gente, al director, al guionista…
Pertenece, para empezar, a la audiencia. Es que esto de la pertenencia... Como tú dices, también pertenece al escritor, a nosotros, que levantamos eso del papel. Pero mi concentración siempre está puesta en los ojos que miran el televisor o el escenario de un teatro, que se emocionen y se cree una conexión. Ese es mi trabajo. Los personajes se hacen para la gente, para intentar cambiar un pedacito de alguien, aunque suene muy pretencioso.
Ahora que ha salido la cuarta temporada de Élite, que supone la primera en la que tú no participas, ¿cómo te has sentido viviéndolo esta vez desde el otro lado?
Muy raro. Al final, yo he vivido el nacimiento y el desarrollo de Élite. De repente, ver a mis compañeros y amigos ahí, me provoca nostalgia, pero también orgullo y tranquilidad. Yo me fui de Élite por la puerta grande, contando lo que queríamos contar y estando todo el mundo de acuerdo. Yo quería poner un gran final a Polo, despedirme por todo lo alto y volar hacia otros proyectos que continuarán haciéndome crecer.
¿Descartamos entonces un cameo de Polo a lo Obi-Wan Kenobi en las futuras temporadas de Élite?
Eso nunca lo descartes. Yo conozco muy bien a los creadores y a Netflix y nunca descartaría nada. Estas mentes nunca sabes lo que te pueden deparar.
¿Hay compañerismo entre los actores jóvenes?
Sí. Tú lo has definido muy bien: compañerismo. Te voy a decir una cosa, compañerismo para mí es igual a profesionalidad. Yo no busco llegar a un rodaje y ser el súper amigo de todos; si soy compañero de mis compañeros es porque soy un profesional. El que no es compañero, lo que le sucede es que le falta más que profesionalidad, educación. ¿Tú tienes amigos en tu profesión?
Sí, los tengo. A veces hasta hago nuevos.
Pues nosotros igual.
Álvaro, ¿echas de menos tu vida anterior a la fama?
Sería hipócrita si te dijera que no ha cambiado. Claro que mi vida ha cambiado, pero yo sigo haciendo las mismas cosas que antes de Élite. Sí que hay cosas que echo de menos, como lo que hablábamos antes de la espontaneidad y la inocencia. Pero de lo más esencial y lo más íntimo, no hay nada que añorar, porque, por ejemplo, si yo me quiero ir a tomar algo con mis amigos, con mis colegas o hablar de mis problemas con mi hermano, lo sigo haciendo. La columna vertebral de mi vida no ha cambiado porque yo me he encargado de que no cambie.

¿Es más fácil o difícil entablar nuevas amistades?
Es más sencillo. Yo nunca he tenido problemas a la hora de socializar. Supongo que todo esto de que la gente te reconozca les invita a que te quieran conocer, luego uno tiene que ser lo suficientemente inteligente para ver quien te aporta de verdad algo o quien es solo para tomarte una Coca Cola un rato o hacerse una foto. A todos nos pasa eso. ¿A ti no te pasa eso, Juan?
¡Imagino que sí! (risas). Por cierto, ¿eres de los que revisiona sus propios trabajos? ¿te preocupan las críticas?
Te seré sincero, voy por etapas. Élite sí que la volví a ver porque estábamos todos pegados al televisor. Creo que es bueno verse, siempre que no te juzgues, ya que ayuda mucho y de eso se aprende. El problema es que es muy difícil no juzgarte. Aunque en una serie salga yo, debería poder verlo como un espectador normal, con la mirada limpia. Pero no, siempre terminamos pensando en si me hubieran dado otra toma lo habría hecho diferente o cosas así. Es muy difícil verse, pero es un acto de autocrítica y generosidad hacia uno mismo. Con esto quiero decir que a veces lo hago y otras no. Me gusta ver la serie cuando ya ha pasado un tiempo, no cuando se estrena. Prefiero que pase toda es locura, ese torbellino y, luego, tranquilamente, verlo.
¿Te afectan las críticas?
Hago caso a lo que me dice mi managers, la gente que trabaja conmigo como mis compañeros o mi director, también a mi tío, a toda esa gente que sé que me va a hacer una crítica constructiva. Yo no soy de los que se mete en Internet a mirar lo que dicen de Álvaro Rico. Muchas veces te llega, pero diría que por ahora no me han tratado muy mal, no he leído nada grotesco. Mi trabajo no consiste en estar pendiente de las críticas.
¿Crees que los actores jóvenes que, por así decirlo han pegado el boom por una serie de corte adolescente, se les toma menos en serio?
Sí. Todo esto es una cuestión pura y dura de prejuicios. Élite me ha traído muchas cosas maravillosas, nos ha colado en un lugar que muchos compañeros quizás tarden en alcanzar años, a veces ni siquiera se llega. Por otra parte, genera muchos prejuicios en torno a la crítica y a la profesión. Pero, al final, está en ti el poder decir que eres un actor que quiere hacer una carrera y aprovechar el momento y no dejar que todo se quede en fuegos artificiales.
Oye, no me quiero quedar con la duda de por qué elegiste un proyecto como Alba.
Bueno, como te he dicho antes, quiero contar historias que me apetezcan y que también sean necesarias. No dudé mucho en aceptar el proyecto. Cuando me hablaron de él, y me dijeron que íbanos a tratar prácticamente el caso de La Manada descontextualizado, ya que no es ese caso en concreto, pensé que España y el mundo vivía un momento de gran concienciación social, creí que sería tonto no formar parte de un proyecto que cuenta algo así.
Por cierto, ¿para cuándo una comedia?
¡Buena pregunta! Me apetece muchísimo. Además, es qué Álvaro es más comedia que otra cosa. Creo que igual que he esperado el momento adecuado para lanzarme al teatro con Dribbling, espero lo mismo con la comedia. Llegará, estoy seguro.
Hablando del teatro, ¿por qué Dribbling?
Yo, en realidad, vengo del teatro, más que de la televisión. La televisión ha sido como el primo que me ha acogido en casa. Después de todos estos años, a nivel personal, me apetecía volver a las tablas, que es donde yo más me pongo en riesgo. Cuando notas que ya controlas las cosas y sientes cierta comodidad, malo. El actor siempre debe estar al borde del abismo, y Dribbling tiene una intrahistoria detrás que, por azares de la vida, llega a nosotros. Conocí al director, hablamos… me pareció una obra fantástica con un compañero como Nacho Fresneda, a quien yo ya admiraba y me pareció perfecto.

Texto
Juan Martí
Fotografía
Jordi Terry
Estilismo
Enol Blasco
MUAH
Mar Muñoz
Asistente de fotografía
Aitor Sola y Jose Señorán
Asistente de estilismo
Hugo Latorre
Retoque  digital
Adrián Gabarrón
Vídeo
Sergio González

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