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Entrevistar a un actor como Àlex Monner, famoso desde los 15 años gracias al éxito de series como Héroes o Pulseras rojas, me parecía una tarea imprevisible. Un músico primerizo, un hijo perdido, e incluso un muerto resucitado durante unas vacaciones de verano… Su filmografía, de la que he tenido el placer de disfrutar, me ha resultado siempre una colección de personajes honestos, dramáticos e incluso siniestros, que una y otra vez fuerzan al espectador a enfrentarse a realidades propias y ajenas, a veces tan duras, que encogen el estómago. 

Y es que Àlex parece tener una de esas almas antiguas y sabias, con la fortaleza suficiente para contemplar su propio reflejo e indagar en él, sin asustarse por aquello que descubre; todo lo contrario. Puede que ese sea el secreto para lograr ser un gran actor, el poderse mirar al espejo y reconocerse. ¿Acaso no se trata de eso?

¿Cómo estás? Querría felicitarte por tu última película, Mediterráneo, dirigida por Marcel Barrena, recibida con estupendas críticas y que muestra una realidad social muy dura relacionada con los refugiados. ¿De qué manera te ha afectado como actor y persona sumergirte de lleno en un conflicto tan actual?
Esta experiencia me ha hecho ser consciente de una realidad que, a veces, parece tan alejada, al vivir uno entre birras y edificios bonitos, todo muy bien puesto. Pero de repente, te vas a Nea Makri a rodar y te encuentras con un hotel que Grecia le ha cedido a todos los refugiados. Al no rodar muchos días, me iba a la cancha de fútbol y me encontraba con ellos. Algunos me contaron cosas muy impactantes que te hacen valorar mucho y de verdad lo que uno tiene. No solo creer que lo valoras, hacerlo honestamente, con ahínco y esfuerzo.
Tienes toda la razón…
Tú y yo nunca hemos vivido una guerra, nunca hemos tenido que huir de un país y tenemos a nuestras familias cerca. Unos chavales que venían de Afganistán me contaron que uno era huérfano, otro que a su padre, un cantante famoso, lo mataron… Unas locuras terribles.
¿Cómo has sobrellevado la situación de crisis mundial que empezó el pasado año a raíz de la crisis del Covid-19?
Diría que lo he pasado como la media. He estado jodido por la pandemia, pero no más que cualquiera. Fue una etapa bastante rara. Parte de esos días los viví confinado en una nave industrial en el Raval.
¿Una nave industrial? Tío, pero qué frío en invierno… 
Nos apetecía tener espacio físico y mental. Hacía mucho frío en invierno, eso sí.
Volviendo un poco a tu carrera, en muy poco tiempo has estrenado Mediterráneo y El cover, dos películas tremendamente diferentes; la primera un drama social, la segunda una comedia románica. ¿Cómo te preparas para dar semejantes giros en tus registros interpretativos?
Leyendo los guiones. Desde que acabé El cover en junio, hasta que grabé Mediterráneo, pasaron un par de meses. Me iba leyendo los guiones con mucho detenimiento, entendiendo lo que quieren mis personajes y lo que el director busca transmitir con ellos. 

Una cosa que me resulta muy curioso de los papeles que interpretas es que haces muchos y muy distintos pero rara vez te cambian el aspecto… 
A muchos actores les pasa esto. A mí me fliparía hacer un cambio radical.
El cover se ambienta en Benidorm, una ciudad llena de artistas que imitan a grandes estrellas de la música en sus espectáculos. Si pudieras elegir, ¿en la piel de qué artista te pondrías tú?
Escogería a Jean Genet.
¡Una elección poco común!
Jean es un tío que le pierde el miedo a ser vagabundo, que va de un país a otro, enamorándose y desenamorándose en muchos sitios y siendo capaz de transmitir así de bien, con tanta sensibilidad, una vida tan liberada, y me parece muy inspirador.
Qué ganas de sufrir, ¿no?
¿A quién hubieras escogido tú?
A Mick Jagger o alguno así más básico. 
Te digo yo que Mick Jagger es como una especie de aristócrata. Pisa mierda de perro y tiene ganas de cortarse el pie, seguro.
Sé que a lo largo de tu carrera no has interpretado a personajes especialmente felices, pero, ¿has deseado alguna vez quedarte en la vida de alguno de ellos?
Todos los personajes, en general, tienen algún conflicto. De lo contrario no habría película. Pero sí que es verdad que siempre me toca interpretar al joven atormentado. La vida de Santi Palacios, mi personaje en Mediterráneo, es bastante inspiradora. Es un tío que va donde hay conflicto, conoce a gente, se embarra y además los retrata con sus fotos… A mí me hubiese encantado vivirla más.

La vida de tu personaje en Vivir sin permiso también era muy sugerente. Un mundo muy rollo de telenovela de lujo.
Ya, pero era un pobre diablo.
Tampoco tanto… (risas).
Era un pobre chico que no sabía querer porque no lo habían querido nunca… Que conste que me encanta y me hace reír, pero es un tío que no le han sabido transmitir amor de verdad, y está en una constante lucha contra sí mismo. Para irme de fiesta cuatro días, su vida me parece de puta madre.
Tuvo un final bastante trágico.
Sí, se quedaba bastante tocado.
Empezaste muy joven en el mundo de la interpretación. ¿Es duro encontrar tu propia identidad cuando trabajas siendo otras personas?
Es más difícil buscar la identidad de otros, cuando tú todavía te estás buscando a ti mismo.
¿Dirías que aportas rasgos a tus personajes o que ellos te los pegan a ti?
Las dos cosas: tú te puedes llevar cosas de varios personajes, no de uno solo y, evidentemente, tus personajes llevan rasgos tuyos.
¿Reconoces tics en tus interpretaciones?
Hay personajes que son directamente yo, pero situados en un contexto que no tiene nada que ver conmigo. Hay un máximo común divisor. Cuando eres un actor adolescente, normalmente lo que pasa es que te interpretas a ti mismo. Mi gran meta es convertirme en otra persona completamente distinta, utilizando a mí mismo y a mi ‘base de datos’ de experiencias y emociones, pero volcándolas en alguien completamente distinto. 
Pero muchos de tus personajes están muy locos, como el de La próxima piel, que no estaba muy en sus cabales…
Solo te digo que ya me conoces un poco más (risas). 

A raíz de hablar de tu carrera, y ya que hemos mencionado tu película El cover, plagada de personajes que no han alcanzado sus ambiciones, ¿qué tal gestionas los baches que han podido ir surgiendo durante tu carrera?
Como puedo. Saber fracasar es muy importante, y es un estado más por el que pasar para conseguir algo que requiere mucho esfuerzo y por lo que tienes que pelear. No hay que tenerle miedo. Se aprende muchas cosas que del éxito no se aprenden. Te obliga a realizarte más, a escucharte y conocerte mejor.
Mira, a mí toda esa insistencia que hay hoy en día por tanta introspección…
Yo la encuentro interesante e inevitable, el tener que pensar por qué las cosas nos hacen sentir de una manera o de otra. Si para ti algo supone una hostia, un fracaso, quizás debes preguntarte el motivo de que te afecte de esa manera. Ojalá poder vivir sin miedo a nada, pero no es el caso. No queda otra que pensar (ya que si no vas viviendo por inercia), hasta que te preguntes por qué has sido tan frívolo escapando de todo.
Para ser actor necesitarás estar preparado para llevarte muchas hostias…
Como en todos los trabajos. No solo en este mundo te llueven los palos. En todos los sitios hay competitividad, egocentrismo y gente de todo tipo, buena y mala.
El cover está dirigida por Secun de la Rosa, un director novel, mientras que Mediterráneo es de Marcel Barrena, quien lleva dirigiendo desde 2010. ¿Se nota la experiencia del director a la hora de dirigir a sus actores?
La verdad es que no. Yo me fijo en las decisiones que toman. He currado con directores con una carrera muy larga y me ha resultado una experiencia terrible; y he trabajado con directores noveles que he flipado con cómo lo hacían. Evidentemente la experiencia es un plus, pero también lo es la intuición.
Durante tu carrera has tocado numerosos géneros cinematográficos, ¿cuál es el que más te atrae?
Siento debilidad por el drama. He sentido grandes cosas haciendo de hijo de, primo de o hermano de.
¿Crees que el background personal que uno pueda tener influye a la hora de escoger papeles?
¿Te refieres a la familia?
Sí.
En mi corta vida, uno de los pozos de los que más emociones he podido sacar las he sacado de mi familia. Ha sido la materia gris con la que he trabajado. Yo tengo mis dramas familiares como todo el mundo, nada especial. He tenido la capacidad de poder expresar todo lo que tengo detrás y el valor está en eso, en poder expresarlo. Conozco a gente con vidas comunes, pero que son expertos en emocionarse hasta con una piedra. Ahí está lo bonito de la profesión de actor; ser capaz de emocionarte con una hoja que cae o con una estación del año. Por cierto, también he disfrutado mucho haciendo de zombie (risas).

Me encantaría hacer de zombie. Eso sí, lo de emocionarse por una hoja que cae movida por el viento parece una cursilería de flipar.
¡Exacto! (risas). Yo te lo digo de verdad, cuando acaba el verano me afecta. Durante el otoño estoy muy introspectivo y melancólico.
Mira, hoy en día en Barcelona no hay término medio con los tíos. O son unos intensos bohemios o unos locos del tecno y las raves (risas).
Yo creo que sí hay término medio (risas).
Por cierto, ¿qué disfrutas más como actor, sumergirte en la bondad de alguien como Dani de El cover o en las sombras del niño perdido de La próxima piel?
Los dos me han molado mucho. Tengo ganas de probar algo que se aleje más de mí, o que yo sepa alejarlo de mí. Algo más random, un espía ciego o algo así, como no ve, lo capta todo con el oído.
Pues es una buena idea. Oye, ¿hay algún personaje de toda la historia del cine que te hubiese molado hacer?
El personaje de Tim Roth en Made in Britain. Y ya que menciono a Tim Roth, su personaje en Four Rooms también me hubiera molado. El de Leonardo Dicaprio en Infiltrados también me gusta bastante.
No puedo evitar preguntarte por tu experiencia en Rec 3, película de zombies dirigida por Paco Plaza. ¿Cómo recuerdas esa experiencia?
Me llevé muy bien con é.  Me encantó todo el proceso de maquillaje y le perdí el miedo a las películas de terror.
¿En serio?
No, sigo sin poder verlas (risas).
En una entrevista tuya leí que echas de menos la pureza perdida de aquellos años en Héroes o en Pulseras rojas. ¿No crees que hemos romantizado un poco las primeras veces? Suelen ser casi todas terribles.
Tienes razón, no sé por qué dije eso (risas). No es tanto por recuperar, por ejemplo, el primer polvo, que es siempre una mierda. Me refería a la pureza de la inocencia. La adolescencia es una puta mierda. Buscas, te comparas, te sientes abandonado, aunque tengas mil amigos, deseas estar con quien está lejos, sin prestar atención a quién tienes cerca… A mí me gustaba mucho esa época, poco antes de volverme popular aquí en Catalunya. Soy muy consciente de lo feliz que fui rodando Pulseras rojas.

Texto
Juan Martí
Fotos
Poncho Paradela

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