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EL WOS x SON Estrella Galicia es un festival pequeño y grande al mismo tiempo: tamaño bolsillo, todo concentrado en el centro histórico de Santiago, pulpo, albariño, sin colas y con amigos de siempre y otros nuevos que aparecen a base de repetir a cada concierto; y al mismo tiempo, enorme en ambición y resultados artísticos: visuales de impacto, shows de altísimo vuelo sónico, ambient oscuro que te expande la mente y mucha música que apunta hacia adelante. Ahí va un resumen en diez momentos, pero fueron más. El año que viene repetimos.


El concierto de Caterina Barbieri

Espectacular puesta en escena y maravillosa música = concierto perfecto. Los arpegios en constante espiral de Barbieri encuentran en el maravilloso diseño lumínico (y de humo) de Marce Weber el mejor aliado para llevar la propuesta muy muy lejos.


Los conciertos en las iglesias

En Santiago hay muchas iglesias, todas ellas además hermosas; y es un acierto que varios de los shows más contemplativos y ambientales de la programación tengan lugar en dos de ellas: la de Santo Domingos (lugar emblemático de la ciudad) y la de la Universidad, con un retablo barroco que es puro impacto visual.


La inauguración con Holy Other & Pedro Maia

Otra conjunción ideal de sonidos e imágenes: los desarrollos oscuros, seductores y penetrantes del músico inglés con las visuales siempre imaginativos del portugués, uno de los realizadores más respetados y solicitados de la escena audiovisual europea.


La gastronomía local
Qué decir sobre esto que no se haya dicho ya. Comer en Santiago es un placer. Y beber también: albariños, ribeiros, mencías deliciosos, licor café, orujo… Cuando se da la combinación entre arte y gastronomía (pienso en el festival de cine de Donosti, por ejemplo) la experiencia no puede ser más plena.


Coby Sey en una terraza en pleno centro de la ciudad

La curaduría de espacios son sin duda uno de los principales atractivos del WOS. Además de las Iglesias y lugares tan ideales como el Teatro Principal, quizás el más celebrado de todos sea el de la terraza de la Fundación Eugenio Granell, que brilló especialmente en horario nocturno la jornada del sábado con el concierto del músico y vocalista londinense Coby Sey.


La noche en la Malatesta

La primera de las dos jornadas de clubbing del WOS se vivió en la Malatesta, una carismática sala de maravilloso nombre y estética ochentera que contrastó con la modernidad de los sonidos que se escucharon dentro: el collage-rave loquísimo de Aya, los ritmos hipnóticos de Azu Tiwaline y la sesión mirando a Marte de Mad Miran.


La noche en el Capitol

La segunda de las noches, en un antiguo cine de techos altos y tamaño perfecto, fue también bestial. Y no escogemos este adjetivo porque sí: los conciertos de Prison Religion y Blackhaine destilaron rabia, intensidad, ruido y violencia. El punk también tiene sitio en el WOS.


Las buenas personas de la organización

Fueras donde fueras, en los accesos, en los transfers, en los puntos de información, siempre te encontrabas alguien amable y dispuesto a ayudar de buena gana. No siempre se dice y no todos los festivales lo tienen, pero es necesario reconocerlo cuando así es. Extensible también a la mayoría de personal de restaurantes y comercios de la ciudad.


Los breaks de Yugen Kala en un parque y a pleno día

Si no conocéis a Yugen Kala ya tardáis. Nico y Héctor, gemelos y jovencísimos (no tienen aún 20 años) pusieron patas arriba el Parque de Santo Domingo de Bonaval, al aire libre y a las seis de la tarde, con su revisión del jungle, el breakbeat y otros sub-géneros clásicos del hardcore y la rave music británica. Digamos SÍ a las fiestas de día, y más si son con ellos a los platos.


Las charlas (y las pelis)

El WOS no solo se alimenta de conciertos. En su programación tienen también especial relevancia los debates y la reflexión: mientras en un panel se habla del impacto del cambio climático sobre los festivales, en otra sala podemos descubrir el proceso creativo de alguno de los artistas involucrados. También se incluyen pases de películas, conferencias e instalaciones sonoras para todos los públicos y abiertas a la ciudad.

Texto
Leo Kaplan

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