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La Semana del Arte de Madrid es casi inabarcable: ferias, expos, fiestas, charlas. Pero una cita que no nos hemos querido perder ha sido la de ME Madrid. El hotel de la plaza Santa Ana ha acogido exposiciones e instalaciones en todo el edificio –lobby, terraza, etc.– de artistas como Eduardo Balanza y los colectivos Nave Oporto y Pink Intruder, que han transformado el espacio por completo. Además, la han liado en su terraza montando una fiesta con Neo2 de la que todavía nos estamos recuperando. Y como guinda del pastel, nos han llevado de ruta a tres puntos ineludibles: la feria ARCO, Casa Decor, y la expo de Warhol en CaixaForum.

Pero lo primero es lo primero. El hotel ME Madrid Reina Victoria se ha unido a celebrar el arte porque, según afirman sus responsables, puede –y debe– estar en todos los lados. ¿Qué es eso de encerrarlo en un cubo blanco donde solo profesionales del sector se atreven a visitarlo? Por eso, ME Madrid ha querido usar su espacio para promocionarlo. El artista invitado Eduardo Balanza ha presentado una escultura donde luz de neón y metacrilato se unen. También el colectivo Nave Oporto, formado por una decena de personas – Irma Álvarez-Laviada, Elvira Amor, Nicolás Combarro, FOD, Raúl Hidalgo, Miki Leal, Sonia Navarro, Belén Rodríguez, Manuel Saro y Miguel Ángel Tornero– ha ocupado paredes y salas con fotografías, pinturas, ilustraciones, esculturas y collages.

A la que el sol se ha ocultado, la Untitled Party en colaboración con Neo2 le ha dado caña al asunto. Con la plaza Santa Ana a nuestros pies, hemos disfrutado de los DJ sets de Kaixo, La Resistance, Yann Leto y Antía & Luis en la terraza Radio hasta bien entrada la noche. El rooftop también venía con arte incluido, con unas cabezas de color flúor de Pink Intruder. La diversión estaba garantizada, y esto que justo empezábamos. Y con poco tiempo para descansar pero con muchas ganas, nos fuimos de ruta por las otras citas obligatorias.


Primera parada: ARCO. Tratando de luchar contra juicios preconcebidos, referentes históricos, estilos y prescripciones varias, aparece la obra de Tomás Saraceno. El artista argentino expone GJ 676 A c/M+I, tres dodecaedros de colores que se presentan colgados del techo. El juego de reflejos y luces no deja a nadie indiferente pero es al entrar en los entresijos de la galería donde consigue cautivar al público. La obra de Saraceno se crea, en parte, gracias a unas arañas que conviven dentro y que tejen libremente sus telas, que después se tintan de negro.


Al salir del universo de Saraceno nos encontramos con el juego de luces irisadas de Ann Veronica Janssens. Una de las particularidades de la obra es su presentación: entra en el campo de visión de un niño de cinco años, es decir, está casi a ras de suelo. Es un volumen cuadrado y metálico cuyas paredes de policarbonato crean celdillas laminadas recubiertas de una película translúcida de colores (azul, rojo, amarillo) que en su interior contiene una especie de densa y coloreada bruma artificial que va cambiando en función de la posición del espectador y de su proximidad.


Serpenteamos a través de transeúntes de apariencia reflexiva y nos encontramos ante el paisaje onírico de Chiharu Shiota, quien ofrece un pequeño atisbo de sus majestuosas obras y performancea habituales. Contemplamos un cubículo envuelto en lana, como si de un ovillo se tratase, en el que infinitos hilos rojos atrapan un libro que la artista japonesa afincada en Berlín se niega a desvelar. Juega así el papel de censora, pero a la vez alienta al público a descubrir qué se esconde. La visita a la feria sigue, pero hay que seguir adelante.

Parada número dos: Cada Decor. Nos adentramos en el recinto y cada uno de los stands/dependencias hace que nos queramos quedar a vivir aquí, cambiando cada día de habitación y de identidad, como si de Mr Nobody se tratase. Sin embargo, es la de Virginia Gash y su tropicalismo el que más nos llama la atención y en el que más rato estamos. Roza el límite entre casa de ensueño y realidad, y no podemos dejar de imaginarnos cómo de bien se estaría si fuera ‘de verdad’. Mucho rosa, terciopelo, una alfombra que parece un jardín, paredes empapeladas con motivos florales y animales hacen que nos transportemos a otro mundo.


Y para acabar, última parada: la exposición del rey del pop art en CaixaForum. Tras su paso por Barcelona, Warhol. El arte mecánico ha llegado a Madrid y se está hasta el 6 de mayo. La muestra es un escaparate gigantesco de la obra del prolífico artista norteamericano, que a pesar de ser mundialmente reconocido por sus retratos de celebrities y de sopas Cambell, trabajó haciendo carátulas de discos, ilustrando revistas y publicaciones, así como haciendo películas experimentales. Poco queda por decir sobre su figura excéntrica y a la vez misteriosa. En la exposición nos encontramos con todas las obras ‘clásicas’ del artista –Marilyns, Liz Taylors, sopas Campbell, cajas Brillo, etc. – así como piezas más desconocidas, como vídeos-retrato de personajes famosos como Susan Sontag y William Borroughs, o sus primeras ilustraciones para revistas de moda.

Texto
Patricia Waltz
Fotografía
Eneko Fernández

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