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Sensible, intimista, personal, terapéutica; así es la exposición de este fotógrafo asturiano enmarcada en la vigésima edición del FotoPres de CaixaForum, que se puede visitar hasta el 30 de julio en Barcelona y que aterrizará en Madrid a partir del mes de octubre. Nacho Caravia es el responsable de tocarnos la fibra con Mamá, un proyecto fotográfico centrado en la relación con su madre, la persona con quien más tiempo ha pasado en su vida. Su objetivo al empezar era ayudarla, pero acabó descubriendo que en realidad se estaba ayudando a sí mismo al esforzarse en comprenderla. Tras emocionarnos con un proyecto tan crudo y sincero, decidimos hablar con él para saber cómo se siente al exponer algo tan personal y en qué punto se encuentra la relación con su madre.
Esta exposición es un homenaje a tu madre. Ella es la musa y las imágenes giran entorno a su rutina y vida diaria. ¿Qué te llevó a centrar tu trabajo en ella?
Posiblemente mi madre es, incluso a día de hoy, la persona con la que más tiempo he pasado en mi vida. Soy hijo único pero, además, en nuestra casa solo vivimos mi madre y yo hasta que me fui de casa. Después, el vivir en ciudades separadas y las peculiaridades de nuestros caracteres nos distanciaron en cierta forma, creo. Así que, quizá, el punto de partida de este trabajo fuese el acercarnos de nuevo.
Esta exposición también tiene como fin algo tan bonito como ayudar a tu madre con su problema con la acumulación de objetos. ¿Cuál es el resultado que pretendes conseguir?
Bueno, el resultado que pretendía conseguir no tiene nada que ver con el final. Yo pensaba en mi madre como una persona que tenía un problema. Imagínate a alguien que no tiene dinero porque no tiene trabajo; pues su problema se solucionará cuando encuentre uno. Pensaba que deshaciéndose de los objetos que la entorpecían seriamente en su día a día haría que todo estuviera perfecto, pero fue un planteamiento bastante infantil.
Fue durante mi tiempo en Oviedo con ella cuando una persona me hizo ver que su relación con las cosas no es sino una expresión de su personalidad. Los objetos vendrán, se irán y tal vez volverán, pero su sensibilidad particular es una parte de sí misma que yo no puedo cambiar. Esto supuso un giro radical en el acercamiento al trabajo: ya no estaba tratando de ayudar a mi madre, sino que estaba tratando de entenderla para ayudarme a mí mismo.
¿Qué pretendes trasmitir con esta selección de imágenes?
La fotografía tiene una versatilidad increíble, y creo que por eso es tan importante en la sociedad. A mí me ha servido no solo para homenajear a mi madre, sino también para reconocer mi relación con ella. En la exposición se refleja el tiempo que hemos pasado juntos reencontrándonos, su forma de relacionarse con el mundo y, espero, que los sentimientos que yo siento por ella.

Esta exposición es muy íntima. ¿Cómo crees que está siendo la reacción del público y cómo es la reacción que realmente pretendes crear?
Sé que a algunas personas les choca o incluso les incomoda este grado de intimidad. Es verdad que mi madre es la que está delante de la cámara pero yo soy el responsable de la forma en la que sus fotografías se exponen. Creo que la manera de fotografiarla y también cómo estas imágenes llegan al público hablan mucho de nuestro vínculo, de nuestra relación y también de mí mismo. Y me consta que muchas y muchos visitantes han sentido esto al ver el trabajo.
Sobre tu historia, ¿cuándo empezó tu amor por la fotografía? ¿Hubo alguna foto en particular que te hiciera decantarte por esta carrera?
Desde pequeño he sentido una atracción por la imagen, primero fija y después en movimiento. Creo que he usado la fotografía porque es la que técnicamente me parece más sencilla.
¿Dedicas tiempo a otras facetas creativas? 
Soy un gran apasionado de varios actos creativos improductivos, tales como mirar por la ventana, ordenar y desordenar lo que haya en la mesa del comedor de mi casa, y pasear. Pero nada serio.

En tus imágenes expresas sentimientos únicos y muy personales, capturas a seres queridos, y llevas tus fotografías a una parte intimista para luego revelarlas ante un público. ¿Qué miedos y qué satisfacciones produce esto en ti?
Mi mayor temor es que las personas a las que fotografío sientan que la imagen que doy de ellas es injusta. Cuando trabajas con temas emocionales son muy importantes la edición, el ser cuidadoso y el no caer en recursos rápidos que puedan ofrecer una visión demasiado simple del tema. La satisfacción es descubrir que estos sentimientos tan personales no son únicos, sino que otras personas pueden reconocerlos y verse reflejadas de una u otra forma. Cuando veo una peli, o leo un libro o un cómic, a menudo los que me interesan más son aquellos en los que puedo descubrir algo de mí reflejado en algún personaje o situación. Si esto le pasase a alguien viendo la exposición, sería fantástico.
Como autor investigas las relaciones personales mediante el uso de la fotografía. ¿Cómo consigues mostrar algo tan auténtico de una forma tan sutil?
Para hacer un proyecto de lo que sea necesitas planificación, cosa que no está reñida con tomar imágenes espontáneas. Cuando trabajo con una persona creo rutina y nos vemos asiduamente –no para tomar fotos, sino por otros motivos–; esta es la clave, pues es lo que te une a la persona y, a partir de ahí, las fotos van viniendo. El tiempo y la intensidad que les dedicas a un proyecto son muy importantes.
Tu trabajo está impregnado de cierto punto nostálgico, y parece que el paso del tiempo se detenga en las imágenes. ¿Qué produce en ti ver tus fotos al cabo de los años?
Generalmente no veo más que defectos y, ocasionalmente, veo alguna que me hace pesar que no soy malo del todo haciendo fotos. La cuestión de la nostalgia es algo que está presente en la naturaleza de la fotografía. Justin Bieber también será viejo, su cuenta de Instagram algún día será vintage, y cuando alguien la vea recordará su juventud conmovido. Así de poderosas son las imágenes.

Sin historias no hay fotos. ¿Alguna historia a destacar detrás de una fotografía en particular?
Para mí uno de los momentos más especiales del trabajo fue cuando mi madre me contó algo que le pasó una vez en la playa. Es un relato tan revelador que decidí transcribirlo para la exposición.
Por otro lado ¿qué está suponiendo o crees que supondrá para tu carrera ser uno de los seleccionados del FotoPres?
La carrera de un fotógrafo de proyectos personales es tan azarosa que, a pesar de haber conseguido esta beca, nada me garantiza poder tener recursos para otros proyectos en el futuro. Aunque tener la posibilidad de montar una exposición con el equipo y los medios de CaixaForum es un lujo que no sé cuando se volverá a repetir, y junto con mis compañeros y compañeras de la beca creo que hemos hecho una exposición de la que podemos estar orgullosos, aunque sea un poquito.
Mirando hacia el futuro, ¿tienes algún proyecto a la vista que nos quieras comentar?
Mi proyecto más inmediato y urgente es transformar esta exposición en un libro. En la sala hay una maqueta, pero espero que muy pronto podamos ver un libro impreso.
Mamá de Nacho Caravia se puede visitar hasta el 30 de julio en el CaixaForum Barcelona, Av. de Francesc Ferrer i Guàrdia, 6-8, Barcelona.

Texto
Míriam Fraga

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