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Cuando varias personas comparten el mismo punto de vista sobre un tema todo es mucho más sencillo. Y esto es lo que sucede con el proyecto de Jorge Algaba y José Palmero. Estos dos artistas multidisciplinares se unen al poeta Ezequiel Gaviota para crear una colección de poemas acompañados de fotografías, estructurados en seis dípticos. Inspirado en el mediometraje Simón del Desierto de Luis Buñuel, este poemario con imágenes indaga en el concepto de eternidad, cómo lo tangible y lo intangible se relacionan en un nuevo siglo donde parecemos distraídos por el placer. 
Para empezar, ¿podrías presentaros?
Somos Jorge Algaba, artista multidisciplinar e investigador de la sexualidad y la espiritualidad; Jose Palmero, fundador de håus design, director de arte y actualmente desarrollando proyectos textiles para Gancedo; y Ezequiel Gaviota, periodista freelance, profesor de español en la Universidad Nebrija y poeta.
¿Cómo surge la colaboración entre vosotros y Ezequiel Gaviota?
Surge de la amistad, de una misma visión, de un prisma muy similar desde el que miramos el mundo. Surge de la perplejidad ante los hechos que acontecen y de una meditación sobre cómo abordarlos, individualmente y en colaboración.
El poemario que presentáis está estructurado en una colección de 6 dípticos. En ellos vemos cómo la fotografía complementa al poema que la acompaña. A parte de complementar, ¿qué papel creéis que juegan las fotos?
El poder de la imagen es incuestionable y nuestro entorno ha hecho de cualquier individuo un especialista en su lectura. Pero la imagen no es más que un soporte de una información, y su interpretación, a veces, es muy subjetiva. De la combinación de texto e imagen surge un canal muy inspirador, el texto matiza esa información visual, la acota y guía al observador hacia una de las posibles interpretaciones que cada fotografía contiene.
Una de las necesidades por las que creáis esta colección de poemas es para mostrar la relación entre lo humano y lo eterno...
El humano está destinado a formar parte de la eternidad, en cualquiera de sus modalidades, ya sea como eslabón desaparecido y fallido o desde la comprensión y la integración de este concepto en nuestro comportamiento, en nuestra manera de ver el mundo. La eternidad es un concepto que no puede ser comprendido profundamente utilizando la razón, a través del uso de la lógica. Este tema nunca ha dejado de interesar a la humanidad y la muerte es la prueba constante y evidente de ese tránsito. Pero está claro que la toma de conciencia de la finitud de la vida, de la existencia de la muerte, afecta profundamente a cómo entendemos la eternidad y la vida misma.
La religión es un elemento del que se habla en los poemas. En ellos se menciona a Buda, Alá e incluso se hace referencia a ciertos temas de la Biblia (el séptimo día, el juicio final…). ¿Pensáis que las religiones han sido clave para que las relaciones del ser humano con lo eterno, la vida y la muerte, sean tan débiles?
Las religiones no son más que la burocratización, institucionalización y liturgificación-ritualización de un elemento muy primitivo y humano que es la espiritualidad. Son una creación cultural y social en base a unas necesidades, muchas de ellas muy mundanas. Ya se teoriza sobre una inteligencia espiritual, sobre una parte intrínseca en la condición humana que nos anima a preguntarnos y a trascender. Las religiones han jugado a ser intermediarios entre lo divino y lo humano. Se pasó del dios-amor, al dios-justiciero, consiguiendo instalar el miedo como herramienta de control. La relación entre la vida y la muerte puede ser adulterada y esto conlleva desazón. En la época que nos encontramos, tenemos una asignatura pendiente, especialmente en este país, de limpiar de connotaciones negativas palabras como alma o Dios. Por ello, sí se puede decir que las religiones han alejado al individuo de sí mismo, de Dios y por lo tanto de la experiencia mística y de lo eterno.
El paso del tiempo, el miedo a lo desconocido, un cierto aire de misterio… todo eso podemos verlo en vuestro proyecto. ¿Actualmente nuestros miedos como sociedad serían otros?
Por supuesto que esos miedos, ese temor a lo desconocido, permanece en la sociedad. Igual que hay impulsos primitivos, hay miedos que lo son; pero hoy más que nunca contamos con poderosas armas de distracción. Vivimos una existencia estética, presa del instante. El placer y la distracción, los estímulos constantes impiden la introspección. No estamos acostumbrados a permanecer en silencio el suficiente tiempo como para despertar el impulso a observarse, y es solamente en el silencio con uno mismo donde se desvela y se cultiva el autoconocimiento que libera de esas tensiones. El sistema se aprovecha de ello, por eso procura crear un ideal juvenil que nos aleja de la idea del envejecimiento y cuando la muerte llama a la puerta, directa o indirectamente, procuramos ocultarla, maquillarla, hacer de ella una experiencia lo más aséptica posible.
En uno de los poemas se habla del Paraíso. ¿Un paraíso para vosotros sería algo donde lo eterno fuese real?
El Paraíso no tiene porque ser eterno, de hecho la eternidad produce cierta sensación de aburrimiento y agorafobia, visto desde la experiencia humana. Lo más parecido que puedo concebir a nuestro ideal de Paraíso es volver a nacer en este mundo siendo consciente de toda la experiencia y conocimiento acumulado durante esta vida. Saber dónde buscar y cómo lidiar con el amor. Después de esta segunda oportunidad creo que estaría preparado para la disolución total.
La parte estética del proyecto es muy interesante. Para ilustrar los poemas habéis contado con diseñadores y artistas. ¿En qué os fijasteis para seleccionarlos?
El poemario se fue creando de una manera muy fluida. Entre nosotros hablamos el mismo lenguaje, nos conocemos. Los modelos fueron el comienzo de la obra, hemos compartido trabajo con ellos y sabíamos que queríamos retratarlos. Joan Ros e Indra Zabala funcionan muy bien juntos, comparten una belleza lánguida y pálida, casi de hermanos; Andrei Warren y Lara Quetglas tienen una mirada muy intrigante, una fisionomía muy contemporánea. Fueron muy inspiradores para empezar a construir la historia que queríamos contar. A partir de aquí la idea fue tomando forma y la ejecutamos exactamente como habíamos pensado.
En la parte visual del poemario podemos ver similitudes con ilustraciones del Renacimiento. ¿Hacer referencia a ese período del tiempo tiene que ver con la relación que el ser humano tiene con lo divino actualmente?
El Renacimiento es una corriente artística y filosófica que surge como respuesta a siglos de oscurantismo cultural y religioso. Durante los seis siglos posteriores, la razón y su hija; la técnica, han ocupado su lugar, pero en ese movimiento pendular puede que hayamos alcanzado el otro extremo. Los clásicos nos devuelven aspectos de nosotros mismos que como sociedad teníamos olvidados. Ciertas reminiscencias al periodo renacentista ayuda a volvernos a colocar en esa situación que nos obliga a mirar hacia atrás, a reconsiderar, en este caso, la espiritualidad de nuevo.
En las instantáneas siempre aparece un objeto blanco. ¿Esto va más allá del simple hecho de decorar?
Los objetos blancos son figuras de hielo que contienen las plantas disecadas o sirven para posar estas. Se podría decir que es una vanitas actualizada, habla de la fugacidad de la vida, del memento mori. De alguna manera los modelos interactúan con estas figuras, que sufren el paso del tiempo y el contacto con el calor humano, por lo que se derriten y pasan a dejar un efecto húmedo en el tejido cambiando su textura de forma temporal, por lo que el instante capturado es irrepetible.
En el proyecto se crea una armonía entre colores cálidos y fríos. ¿Cómo relacionáis esta armonía con los temas del proyecto?
Los tonos tierra se funden con la piel de los modelos, integrándose en su entorno, las plantas secas y la arena junto con el azul cielo recrean el estado y el ambiente que debió vivir Simeon el Estilita, personaje que viene a recoger Luis Buñuel en Simón del Desierto, contemplativo, introspectivo, atemporal.
¿Hasta dónde os gustaría llegar con el poemario? 
Este poemario tiene la intención de sumergir al espectador-lector durante unos instantes en algo parecido a una evocación mística, reconectarse por un instante con esa experiencia que es el rezo, que es la meditación, que es el observarse uno mismo o, al menos, volver a hacerse esas preguntas para ver si las respuestas han madurado, han cambiado con el tiempo y la experiencia. Pretende ser un lugar de recogimiento y de reflexión. En la actualidad estamos preparando una segunda publicación de otra serie de dípticos. Este poemario era algo que tenía que tomar forma y ver la luz. El proceso de creación ha sido muy natural.

Texto
Lluís Giménez
Fotografía
Jorge Algaba
Poemas
Ezequiel Gaviota
Modelos
Andrei Warren, Lara Quetglas, Joan Ros, Indra Zabala
Maquillaje y peluquería
Berta Torrecilla
Dirección de arte
Jorge Algaba & Jose Palmero

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